El río, la familia sagrada y los milagros

A los que obran milagros,
crean o no.

Fui al río en Navidad.

Deseaba estar solo, alejado de los ruidos y los festejos
llevaba en mi mochila unas cervezas y unos libros.

Cerca de mí, una familia asaba un cordero
en silencio

destapé una botella, encendí el farol
y me puse a leer

luego el padre se acercó
me dijo si quería compartir la mesa
no dudé
pensé en un milagro navideño
él giró y pareció sonreír.

La mesa era sencilla
entramos en confianza
les conté de mi vida, y ellos de la suya

él era carpintero, en un barrio humilde
José
el chico jugaba con las piedras
corría hasta la orilla del río y volvía con su madre
a abrazarla.

Conversamos hasta tarde
me preguntaron si creía en los milagros
les dije que no
que apenas creo en mí.

Desperté en el pasto
soñé que el chico caminaba sobre el río
que obraba milagros.

Cuando volví a la pensión
encontré tu carta
diciendo que no me habías olvidado.