He decidido esta mañana
hacer mi libro de poemas.
Me di un largo baño
y salí a la calle.
En un comercio
no muy antiguo
me hice de una cuerda,
treinta papeles azules,
un pedazo de cartón
que habría de cortar en dos partes
y me devolví al refugio,
amable.
El cartón carcelero del papel,
la cuerda carcelera del conjunto,
Qué inconfesablemente sencillo
es hacer un libro de poemas.