NOCTURNO

Todo en la noche vive una duda secreta: 
el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar. 
Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos 
nada podemos contra la secreta ansiedad. 

Y no basta cerrar los ojos en la sombra 
ni hundirlos en el sueño para ya no mirar, 
porque en la dura sombra y en la gruta del sueño 
la misma luz nocturna nos vuelve a desvelar. 

Entonces, con el paso de un dormido despierto, 
sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar. 
La noche vierte sobre nosotros su misterio, 
y algo nos dice que morir es despertar. 

¿Y quién, entre las sombras de una calle desierta, 
en el muro, lívido espejo de soledad, 
no se ha visto pasar o venir a su encuentro 
y no ha sentido miedo, angustia, duda mortal? 

El miedo de no ser sino un cuerpo vacío 
que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar, 
y la angustia de verse fuera de sí, viviendo, 
y la duda de ser o no ser realidad.