¡CLARO QUE SÍ!
Juli en el taburete del bar a mi izquierda
habla un inglés tan a medias
como el español de Tom,
en la barra a mi derecha.

Entre ellos me siento como un diccionario
bilingüe, cortado a la mitad por un espejo
que siempre empieza con la A.

A ella le hablo con figuras
fluidas y en staccato, mis manos
bajan y giran como pájaros
sobre el puerto, con su crepúsculo
color turquesa chocolate y naranjas al curry.

Al hablarle a él, mis palabras se hacen sólidas,
angulares, las mastico
y las escupo como flemas,
huelen a oro, a trigo, a presidentes,
a los casilleros del gimnasio en secundaria.

Él quiere saber qué va a pasar.
Le digo que es grosero
y arrogante usar el tiempo futuro,
como si pudiéramos predecir los accidentes de Dios.
Ella dice: "¡Claro que si!",
que quiere decir "espera sentado".

He visto la frontera
dividir este continente como una linea
de costuras sobre la piel desnuda,
como una línea en el mapa.
Ya no sé de qué lado estoy,
me muevo hacia atrás, los dejo
mirarse,
me niego a interpretar.
Traducción de John Oliver Simon