ECLlPSE TOTAL EN EL ZÓCALO
La luna dio la primera mordida al sol
desde el hotel donde durmió
D.H. Lawrence en 1924
soñando una serpiente emplumada
con rostro de barro del sol
aparejando la esclavitud en mito
para despertar el continente de su complacencia.

Arrogancia rubia, disparates gringoides,
no tan falsos Veamos más atrás
Una tribu vagaba las orillas soloscuras
del lago de lágrimas tantas huellas desde Aztlán
cuando las fauces negras del jaguar
devoraron al señor Sol Cuando volvió la luz
un águila apresó una serpiente en la roca del nopal
donde ahora el Metro Zócalo
von ita su cansada muchedumbre.

Ya la gente en su miseria y bondad
mira al cielo por los filtros, disco blanco
borrándose por disco negro, las balaustradas
de las nubes veraniegas y el Palacio Nacional
Ya los danzantes coronados pisotean
cascabeleando muñecas y rodillas al tambor.

Semillas de la víbora en la milpa,
las escaleras de tezontle al dios colibrí
que hace arder la retina azul
y el dios de la lluvia con gafas oscuras
que suena la concha para terminar el mundo.

Estrechamos las manos de piedra para aullar:
un pulso humano golpea la piel del venado
diluida la luz mas rara cien veces
que el agua, magenta y jade plateada
manchan la carne de nubes,
abajo del cenit oscuro las patrullas giran
sus láseres rojiazules y florecen las velas
en la noche del día ya que se arremolinan los danzantes.

Desde un golfo más celeste que cualquier mar
dulce Venus va nadando, luciérnaga del amor,
y tenues, despacio, al fin, los telones revelan
el Sol Negro
viva luz dentro de oscuridad,
oscuridad dentro de viva luz,
corona del aliento,
imán sin sonido que hierve cada día,
cotidiana luna y estrella,

creando un sitio donde los peces imaginaron ojos,
donde los bebes respiraron fuera del agua,
donde cultivamos plumajes de arco iris,

donde hemos mordido los años de la vida
regresando hacia antes de las lágrimas
en el momento de la estrella tragada,
cuando las frases no sirven.

Pronto otra mañana nos retumba desde el norte
Un diamante descuidado está brincando
y esparce sus redes al lado de las nubes
para prender fuego nuevo en el corazón
Aplaudimos por ¡México! como si el sol,
el niño dorado nacional, hubiera enrollado
el yin-yang en una sola pelota
y le diese un cabezazo por las puertas del tiempo.

En el suplemento literario Rilke nos hablaba
en castellano: si te encuentras con el ángel, decía,
no le hables de lo indecible,
mejor cuéntale de los niños de la calle
que miran por un filtro descartado
al sol creciente,

no trates de balbucear de la eternidad
mientras siguen en movimiento los planetas
y nuestros corazones emplumados laten
con más fuerza que los tambores luminosos.
Traducción de Roberto Rico y John Oliver Simon