EN TODAS PARTES
para Donald Schenker
Dice Don que hay poemas en todas partes.
Casi da pena, y asiento
sin entusiasmo, rumbo al centro
de Oakland, pensando sí, como esas palomas
sobre el letrero azul, HOTEL MORO,
en cómo lo que es poema ahí podría caerse,
aquello entre el verbo y el vuelo, o la palabra Moro:
se iría hacia atrás, hasta la reconquista de España,
y el hemisferio entero caería aquí,
en esta cuadra qué jamás quisiera ver de nuevo.

Dice Don qué podría parar a cualquiera
y observarlo; todos son tan profundos
y bellos. Digo yo que lo interesante
son las historias que se cargan,
más extrañas que ficción, más fuertes que la verdad;
toda esta gente esperando cruzar la calle;
cada uno olvida a sus tatarabuelos,
cada uno olvida contarles a sus nietos...
Y yo no soy novelista. No sé desplazar
a un personaje de la puerta a la ventana, y mucho menos
a dos tipos para que almuercen
platillos vietnamitas en la calle Webster.

En compañía de fideos traslúcidos y algo de carne,
dice Don que siempre ha sentido que los otros poetas
son los muchachos grandes, y veo que los nombres famosos
de sus pares, los que ahora sesentean,
se han convertido en los artefactos acojinados
de sus propias carreras, mientras que la oscuridad de Don
lo ha mantenido fresco y dulce, y Don dice
que ama sus tumores, el grande que
le muerde la cadera, el que le martilla el cráneo
entre el escaso pelo bajo su gorra,
y aunque su propia muerte le da su verdad,
estoy atorado y sin palabras en mi corazón,
mientras los poemas en vietnamita revolotean
por las mesas de este restaurante,
escapándose hacia la luz vacía.
Traducción de Sandro Cohen