GANGLIA
Los aztecas hicieron alianza con el cerebro reptil,
la culebra enrollada a la base del tallo,
mirada de halcón y pico de navaja, los sapitos
que viven en el limo donde el manantial verde
rezuma de la axila del monte, que controlaban
la lluvia, la ecología, la economía y entonces
todo se balanceaba, con una deuda anual
de corazones pagados al horno del sol
y manos y costillas, hígados cocidos con chiles
más perro y ardilla como fuentes de proteína.

Había poetas que miraban tras del agua oscura,
el lago salobre centellando sus estrellas,
miraban a través del espejo pulido por el humo
y se estremecían ante la nada que vibraba allá,
protegieron a los dioses con un armario de calaveras,
horrores mas viejos que las orejas de los murciélagos,
y ahora sus huesos se encuentran en el polvo
su tributo y sacrificio de vidrios rotos
y la actividad económica de la ciudad sigue sin pausa
una desarmonía de conchas sopladas desde el mar
como un coro de coches desbocados.
Traducción de John Oliver Simon