IMBABURA
Es la luna o el único farol
en la república del ecuador
que delinea el continente del viejo hotel,
cargamento de durmientes, que viajan por el sueño.

Los hijos e hijas mas locos de la vieja Europa
fondean aquí, usando amuletos de coral negro,
ríen rígidos desde ojos resplandecientes,
fuman cigarrillos con los indios otavalos.

Ahora hacen tres suéteres baratos de acrílico
para cada uno al estilo antiguo de lana cruda.
Resta el sur del norte. Queda cero.
Marte es un buho de barrancos hasta arriba.

Los europeos ahora son indios con sus collares,
los otavaleños usan relojes suizos.
La iniciación medicinal con un chaman austriaco
anunciada en café socialista vegetariano.

Mi sombra se magnifica junto a la vela
del cactus con los dedos que apuntan
hacia el páramo invertido de las estrellas.
El arroyo corre hacia atrás desde el volcán.

Llámalo un farol que blanquea las paredes
que me busca por los pasillos del sueño
para sembrar estos antiguos retratos en el cráneo,
o el volcán desde los campos del lugar

hacia peñascos podridos contra la Cruz del Sur.
Mira por la luz de la sombra,
vacía las palabras para dormir.
Murallas de pueblos sobre la luna.
Traducción de Mónica Mansour