LA ESCUELITA
Todas esas caras antiguas e inocentes,
elemento oscuro en la composición de Rivera,
que se agarra, se sostiene y edifica
un árbol de almas, una cruz de maíz ardiente,
una fuente de candeleros en la noche
donde aun el más chaparrito aprenderá a leer,
encontrará una palabra de pedernal para cortar
lo que amarra las muñecas de los desollados,
y diez mil gorriones cantan
en la oscuridad alta y verde del patio.

Sólo quise construirlo en una escuela,
informal, harapienta y sin importancia,
la lectura, la poesía, las ciencias, las matemáticas
¡por todo lo que valgo! y lo veo ahora
disolverse entre los dedos, bajo la influencia
de las actividades irresponsables del amor.

Aquí en el patio de la Secretaría de Educación Pública
suelto las manos de mis compañeros y compañeras.
Empiezo de nuevo en una escala aún más pequeña.
Si es necesario, enseñaré a las hormigas
que vagan instruidas por senderos químicos
por las avenidas milenarias de los árboles grandes.
Traducción de John Oliver Simon