LA VÍBORA
El Sr. Tigre tenía algo muy brillante que decir
y su palabra era una víbora con el numero del año
previo a que nacieran nuestras hijas, las princesas
del continente. Cuando la víbora se deslizaba
por la maleza de laureles al borde del
campamento, el papá de Marisol la detuvo
por el cuello con un palo así no más.
El guardia abrió los brazos como ampayer:
bajo ningún motivo debía bajar a la tumba.
Seguí un sendero espinoso hasta volverme más viejo
que toda la gente del metro, un dios del fuego,
y todo lo hispánico y prehispánico
acudió para buscar escaleras abajo
donde el continente se enchufa con la oscuridad
pobreza, tristeza, miseria y revolución
y las banderas rojas que ondularán sin mi
en el milagroso Zócalo limpiado por una
tormenta de sangre, sapos, vino, por la tormenta
de las primogénitas. Todo esto quería decir el Sr. Tigre
pero cegado por su presencia en el pasado
todo lo que dijo fue víbora, una idea brillante,
una columna dorsal de consonantes chasqueando
entre la maleza soleada hasta que surja el manantial
y nazca la hija en un día numerado.
Aún así fue difícil convencerlo de que la soltara.
Que salga, dijimos, que se deslice por el mundo.
Traducción de John Oliver Simon