MÚSICA DE GUERRA EN QUINTO GRADO
Casi me olvido de traer el sonido
de Paul Horn tocando la flauta
dentro del cráneo transparente de la imaginación
de los niños, dentro del Taj Mahal,
una celosía para el amor, para el amanecer
con bombas contundentes de mil libras
cayendo alrededor, más hermosas que las estrellas.

El salón de clase es un santuario con velas
plegarias murmuradas al calor de la guerra,
mientras que Ibrahim, aplastado en el asfalto
del futbol, refunfuña mierda y carajo,
y por encima de Irak los mariscales águila
inician sus planes de juego hasta que los derriben
Miles de muertos, escribe Rosmeri.

Vi a Bobby Joe en uniforme camuflado
cuadrándose, firme y arrogante en algún
patio polvoso del desierto, el pelo de Alex
cortado más cerca del cráneo a prueba
de balas, la agresión de Jorge canalizada,
bajo control, destruyendo objetivos de video
en un planeta complejo e inhumano.

Un fantasma aúlla desde la tumba lunar
mientras Phi se acerca cubriéndose
la cara, se acabaron los pañuelos,
culpo a la guerra de nuestra pobreza,
me ruborizo, mi voz rechina
cuando me entrego a la rabia
Les enseñaré las fracciones si puedo.

Ah cultura tejida de luna y aliento
por encima de los huesos de los niños
que olvidan los años numerados de las guerras
Mi vida tan larga, sus vidas se enredan con
la mía, tan nuevas esta mañana.
Una música horrible entra al salón
Sus lápices raspan el ciclo
Traducción de John Oliver Simon