TEPOZTECO
Volé miles de millas y gaste cientos de dólares
y decenas de miles de pesos
para venir al centro del mundo.
Aquí nació Quetzalcóatl
Encima de esta montaña. Mirando
lo que me dijo el abogado que era el Edén.
Presente los papeles del permiso en un español muy formal.
Aquí.
Rodeado por los cuatro elementos,
los colmillos de la serpiente, las normas de la ley.
Flores moradas de garganta amarilla en perfectos
jardines de musgo que crecen desde el muro.
Tomé el metro y vi a un indio de dos años
que se agitaba para llamar la atención de su mamá,
se ponía de pie y se caía, le daba
besos húmedos, lloraba fuerte durante
tres segundos a la vez. Tomé
un autobús de segunda con ganas de orinar
todo el camino neblinoso en las montañas.
Pedí indicaciones en todos ]os idiomas que conozco.
Trepé mil pies de un barranco
ahogado entre helechos, magueyes y nombres
de árboles de hojas anchas que no he aprendido.
Dos mujeres bajaban de la montaña cantando,
aceptando la locura, con hojas verdes
que ocultaban su sexo.
Sudé en mi camisa negra
y no supe si era lluvia o agua que caía
desde los manantiales, arriba en los riscos. Trepé
una escalera de hierro a través de un agujero en el cielo.
Aquí, aquí aquí.
Donde flores y espinas se inclinan
sobre el golfo de niebla.
Quetzalcóatl nació en el momento
en que Velikovsky reajustó el cielo
según dijo el abogado. Mandé los papeles
por el aire de la manera más rápida.
Mariposas amarillas dividen el viento
sobre alas de pergamino. Mas adelante
Quetzalcóatl rigió con una guardia
de soldados de ciencia ficción fotografiados en Atlántida,
fue suave con los sacrificios humanos,
se emborrachó y durmió con una mujer
que podría ser su hermana,
temía los espejos,
file hacia el este en un barco lento buscando la sabiduría,
reapareció junto al cenote sagrado con colmillos de víboras
       y plumas,
reapareció en una nave espacial que llevaba fuego y acero.
Los sacerdotes aventaron el cuadro del dios
desde la montaña ante el desconcierto
de los locales que esperaban relámpagos y guerra nuclear.
Esto muestra qué fácil es destruir
la imagen de un dios. Luego, Emiliano Zapata
hizo lo mismo al cabalgar por haciendas azucareras
con las mansas estatuas de Jesús.
Hace muchos años tuve fiebre
en el día critico y perdí la oportunidad
de ver la cueva en que Jesús
nació entre animales comunes y tiendas de recuerdos.
Vine hasta acá buscando el centro
del mundo o de mí mismo o los muros
grises donde alguien nació, yo
o mi hija, o Jesús o su abogado
o Quetzalcóatl o la estrella de la mañana.
Mandé los papeles y ahora sólo podemos esperar.
Ya sé que podría haberme quedado en el patio de mi casa.
Traducción de Mónica Mansour