La mujer poeta en América Latina
siempre escribe sobre un hombre que se llama Tú
que de pronto se para como una flama
en la orilla de su oscuro planeta.
El mundo de ella es todo el verde negro
del reverso de las hojas nocturnas.
Tú es un sol que acerca una antorcha
a las ramas. Sólo con esta luz
ella puede ver para escribir poesía.
Pero esa luz está ciega,
brutal y ciega, no la ve.
Todo lo que él sabe de su mundo
está escrito en algunos libros de la infancia
sobre María Magdalena la Madre de Dios.
Cuando Tú ha quemado el lugar,
ha acabado con ella, y ella puede cocinar,
lavar platos, limpiar pisos para mantenerse.
Lastimada, quemada, desgajada, escribe
desde sus heridas, sus pertenencias
más perfectas. Estos días, sin embargo,
al Tú se le empieza a llamar Usted.
Pronto ella le encontrará otros nombres.
Traducción de Mónica Mansour