Anahí Abeledo

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PALABRAS PRELIMINARES

La poesía es andar por la vida cazando imágenes con todos los sentidos. Una cacería única en la que no sabemos cuándo o dónde se inicia el juego ni cual será la próxima presa hasta que ella misma nos sorprende. Nunca le damos muerte a ese animal que corre delante, inútilmente se lo intenta atrapar nombrándolo y en la palabra lo echamos a rodar con la inmodesta pretensión de que despierte una nueva imagen en otra persona que sale a cazar.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Cuando nació el 27 de julio de 1958, Buenos Aires se protegió del incendio de su fuego leonino con una semana de históricas tormentas e inundaciones. Más tarde no dejaría casi dolor sin padecer ni placer sin gozar.

Entre sus diversas actividades profesionales se destaca, en 1984, su labor en la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas donde investigó lo sucedido en los centros clandestinos de detención, y co-redactó el capítulo correspondiente en el libro "Nunca Más". Actualmente ejerce el periodismo para la agencia Diarios y Noticias y la revista Luna. Trabajó también para medios, tal como la agencia Prensa Latina, el diario Sur y las revistas El Periodista, Para Ti y Somos.

Libro publicado

Oscuras confesiones para el fin del milenio, poemas, Editorial Libros de Tierra Firme, 1996

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Anahí Abeledo

POEMAS

UNA LENGUA ERRANTE EN EL DESIERTO
   
  I
                        
            
Juro que fue lenguando.
            
Un Mojave mi lengua 
después que él dijo "dame tu último grito de humedad". 
            
Casi estéril, reseca
parió salivas sobre papel de lija
en las siete botellas de cristal de Murano
destiló caracoles del Pacífico Sur:
así lamerlo se tornara oleajes.
            
Él
me reclamó los ojos más enormes,
furiosos destellos en dos verdes hogueras,
quiso incendiarse al ritmo de mi boca
alienada
persiguiendo  la mímesis de su respiración
fue abrirla
rodearlo hasta el fin
tragarlo esperar
y tragar nuevamente,
ni una sola gota algún desvío,
gozarle espasmos
los máximos, los  menos, ya sutiles.
Soltar
un lento deslizarme
desde el mayor Poder hacia la incertidumbre. 
Gusto y llanto del alma: poseer y perder.
            
            
		II
            		
		
Juro que fue ese Hombre.
            
Hace vidas y siglos que lo extasio,
que lo abrevo lo acoso lo perdono en mi boca.  
            
El apagó de voz.
            
           
		III
            		
		
Enhebrando desiertos escondidos
va mi lengua sin brújula. Esta lengua   
repta por las salinas
bifurca
aletea en tormentas de polvo secular,
entalca con cemento, retuerce 
entre humo gris. 
Galguea en el viento patagónico
le ladra a cuatro arbustos. Errante de la Nada
aúlla por raíces.
            
No hay sequedad que devuelva su elixir.
            
Pero juro
que él fue Señor y Esclavo de mi boca.  

CELOS DE LUNA NUEVA
            
Redondel invisible
zambullo al centro de tu círculo negro
buceo en cada cráter
no preguntes qué busco
(es todo mi secreto con la noche)
  
pero te envidio ese crecer de a gajos
la plenitud del oro blanco
el deslumbrar oro rojizo,
giras sobre tu centro, recorres tus elipsis
casi como si no te involucraras 
-cierto aire de diva del cincuenta-
algo helada y distante 
desaparecerás por siete días
"la señora no los puede atender,
tiene jaqueca", les dirá el mayordomo  
aunque tu séquito
no cederá el umbral
el hambre cobrará cada presa endiablada y en celo 
que te suplique aullando.
 
Yo te codicio
tanta legión alzada y de rodillas.

HOMBRES DE CHILOÉ
           
Ojos de peces negros
saltan se esconden en el agua.
Gotas de lluvia clavadas en la piel
oscurecida a viento salitroso
donde otra piel resbala sin dejarse aquietar.

Latigazo de espumas en la boca,
este caballo se alocó duna abajo.
Un mareo de ostras y choritos
un hechizo de jaivas y salmón.

Hay Dios,
que abrió su puño le cayeron veleros
manchas de blanco tiza en el puerto de Achao
marinos naufragados en hondas carcajadas.

Tengo un golpe de mar entre los dientes
donde penetran Hombres de Chiloé.

Un escultor refugia dos ángeles perdidos
descubre a la madera sus duendes entrañados
le talla a los espíritus un cuerpo material.
El capitán persiste navegando hacia el Ahui,
espejan nuestras frentes sus marcas verticales
es el guiño iniciático de Ancud.

Y el que siguió de largo la fortuna dos veces:
el número premiado, las llamas de un Entierro,
negros ojos de pez,
no anclará aunque acaricie su lugar en el bosque
- espaldas que se alejan sin hilos de su voz -
agua oscura que pasa
un puñado de cuerdas será siempre su hogar.

EL PACTO
         
Ella esta ahí
sentada en lo alto de la piedra
borda extraños paisajes
a una alforja
encadena cristal
(el dorar facetado de los cuarzos citrinos)
con aguja delgada que entrelaza veloz.

Roca verdegris.
Lo demás, el ruido del desierto,
levedad
lagartijas convocadas al sol
solfea otro pájaro sin rama
ruge el Viento
sobre su Imperio polvo.

Un tintín,
monedas repicando las bolsas,
la caída a plomo de la oscuridad,
cada postigo un golpe,
contrachoque de escudos.

Cree debieran abolirse sonidos,
prohibir todo reloj,
amordazar especialmente péndulos.

(o si volviese sorda de cuando en vez)

Esos caballos que retumban su trote:
los hombres de la aldea llevan prisa
pedirán el bordado,
no acaba y ya sin luz.

Cree debieran abolirse sonidos,
prohibir todo reloj,
amordazar especialmente péndulos.

(o si volviese sorda de cuando en vez)

Esos caballos que retumban su trote:
los hombres de la aldea llevan prisa
pedirán el bordado,
no acaba y ya sin luz.
Indice izquierdo gotea bermellón
yema gimiente
bajo la punta fina levantada su piel,
hebra que cae delínea
sangregrafías en el delantal.

Ella angustia la hora
esa alforja se agranda punto a punto
encantó con los cerros
pide más,
cada rojo y dorado de Jujuy.
Sigue en lo más alto de la piedra
condenada a infinita labor
no recuerda ni cómo ni por qué.

Ruega al Viento desvíe
señores de la urbe,
los pierda para siempre
laberinto de alturas mareando
en ese desespero por seguir
- que hay diablo suelto desde Carnaval -
sople enajenaciones
filo de abismo
los engañe, los caiga,
los pueda como Él sabe

para eso, allí es Emperador.

FLASHES DEL IGUAZÚ
          
Torcer la ley.
Arrancarle un oráculo a los astros.
Implorar
una señal de pájaros al cielo.

Este cuerpo engrisado
puede
darse a luz en la jungla
prófugo andarle al desamor
pincel que cruza un arco iris
sobre el salto estupendo de las aguas
custodiar la caída
detrás de su cortina aluvional.
Torcer la ley
apenas seis horas de imprevisto verano
la leyenda presente pulsa claves en Mi.

Regresar
princesa india de esa raza otra vez
guerrera que me legó su nombre
¿si también su misión?
Ser
memoria atávica
en cada nervadura de la roca,
un implacable límite al Vacío
por si le apeteciera devorar la belleza.

La presente selección de poemas
integra el libro de próxima aparición "Lenguando"