Angela Ball

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

       Nació en Athens, Ohio, Estados Unidos, en 1952. Vive en Hattiesburg, Mississippi y enseña en el Centro para Escritores de la Universidad de Southern Mississippi, donde es editora de la revista Mississippi Review

Libros publicados

  • Kneeling Between Parked Cars
  • Possession y Quartet
.

Angela Ball

POEMAS
1: WORLD'S END

						
A los veinte años terminó mi primer romance.
Quise emborracharme hasta morir. 
Mi amiga sugirió que me mudara: Chelsea,
un vecindario llamado World's End.
Una librería—
en el escaparate, plumas: rojas, azules, verdes, amarillas.
Compré una docena y cuadernos de ejercicios negros, con reglas,
y una botella de tinta y un tintero.
Alguna alegría para mi nueva mesa. 
Después de la cena cogí una silla y escribí.
Éste es mi diario. 
Esta es una de las razones
por las que creo en el destino. 
Sólo los libros importan.
Si dejo de escribir, mi vida
habrá sido un fracaso.
No me habré ganado la muerte.
Sólo escribir es importante, sólo los libros
te sacan de ti mismo.
2: CUARTOS

						
¿Música aquí? Si tu cuarto es lo suficientemente tranquilo
la puedes oír—
un sonido alto que es el sistema nervioso,
un sonido bajo que es la sangre. 
Tratando de parecer respetable, de nuevo
me pongo en evidencia.
Los ojos se abren grandes un segundo, luego se estrechan.
Si es una ama de llaves, hay una excusa
para no volver. Las caseras lamentan
haber comprometido mi cuarto para otro huésped. 
Entonces un cuarto más alto: más escaleras, menos luz.
Vestigios de una docena de aromas baratos. 
Vi un cuarto grande donde la gente pagaba
por dormir hacinados. Otros se rebelaban,
espectadores en el hotel barato. 
Un cuarto es un refugio contra los lobos de afuera.
Contra la nada que da un paso adelante
no la nada que no lo hace. 
Mi cuarto favorito no trataba de ser de nadie.
Se parecía a un restaurante.
3: INGLATERRA, 16

						
Esta no era Inglaterra, esta nunca fue Inglaterra.
Los trenes deberían haber sido rojos y azules
como los juguetes en Dominica.
No sabía de túneles.
después del primero, pregunté,
"¿Fue ese un accidente ferroviario?" 
Como siempre, debía haber esperado
algo diferente. El terrible zoológico:
un león que miraba con ojos tristes
y se paseaba sin detenerse.
Colibríes volaban confusamente
entre pedazos de panes colgando.
el loro dominicano era el más arisco,
el ave más resentida
que he visto. 
Llegando a Southampton,
miré a través de una tronera y lo vi todo,
todo lo que me sucedería.
4: AMOR

						
Es mala suerte decir que estás feliz.
Cuando estás feliz, la calle es un favor.
Las aceras son bonitas.
Cuando no estás feliz, eres la botella
parada con arena, el cigarrillo
tirado a la chimenea. Aquí porque estás aquí
porque estás aquí. 
En este juego sin redes
todo se desliza a cero.
Un huevo de gallina. Amor. 
Una vez que lo peor ha sucedido, ¿a quién le importa? 
El amor es terrible. Lo envenenas y apuñalas
y le disparas y sigue boqueando,
arrastrándose en el lodo. Como rasputín. 
Uno no se acostumbra
a olvidar los sentimientos. 
En el coro cantábamos así: 
Oímos la serenata
a una bonita doncella mona
y ahora en la aldea de la selva
la luna brilla
sin enojo
seré fiel
al mono. 
Soy un pedazo de enredadera derribada
buscando un roble —un roble inglés—
¿No esperará, Señor Destino?
5: LANCELOT

						
El nombre —como toda mi vida—
imposible, pero verdadero— 
Mi primero. Lo mejor fue cuando
me tomó, sin respirar, diciendo.
Queridita, amorcito.
Sabía que era incapaz de irse
y yo estaba perdida: Todo, cualquier cosa
que tú quieras. Sin pasado, sin futuro,
negrura. 
Las noches —me juntaba con él en un restaurante.
Luego la sala
con su rutilante fuego.
Luego hacia arriba. Las cortinas cerradas,
mil años se iban
en un instante. 
Regresaba a mi frío cuarto
cerca del amanecer, dormía. Luego vigilaba
la llegada del mensajero
que me traía sus cartas. 
¿Qué hizo que la luz se tornara amarga?
Un sueño dijo: "Es la colina
todos los seres deben morir" ¿Qué colina? 
Pensaba —eres una inútil
y nunca podrás conseguir un empleo
mucho menos conservarlo. 
Primero la amante de mi primo me daba dinero.
Después, incluso perdí ese contacto—
todos los miércoles llegaba un cheque
de H.E.W. Graves, Abogados.
Graves, por supuesto. 
¿Por qué lo llamaron entonces
la "operación ilegal" —culpa?
¿Remordimiento? 
Descanso de la esperanza, de la desesperación.
Ambas se han ido
junto con tu cuerpo. 
Aquí estás. ¿Dónde estás?
un lecho en que despertar. Café. Comida.
Una película. Un paseo. Esperando ver dónde la miseria
te llevará después. 
Era un brillante octubre y muy frío.
Las hojas parecían pájaros en vuelo. 
¿Por qué la mayoría de la gente piensa que la verdad
es asunto de poner una moneda en una ranura?
Ninguna moneda. Ninguna ranura.
6: DINERO

						
"El dinero piensa que estoy muerto",
dijo alguien. 
Las palabras "seco podrido" me hacen reír
como nada. 
El mozo estaba uniformado,
pero había un piojo en su cuello.
Risible —después anidarán en una lata de sopa
en la tapa de un tarro de basura— su cena, Madame. 
Una vez estuve dos semanas sin comer
excepto por el café y croissants en la mañana.
Un vaso de vino me empinaba al cielo. 
¿Es tan pequeño el repertorio de cada uno? 
amor y aniquilaciones, y problemas de dinero—
lo que significa el hado, una vida
con las mismas sílabas.
7: DOMINICA

						
Cuando digo que escribo por amor
quiero decir que hay dos lugares para mí:
París (o lo que fue)
y Dominica, donde fui niña.
Lugar muy encantador y melancólico,
no muy atractivo para los turistas.
Incendios, huracanes, revueltas—
típica Dominica. 
Aunque Obeah esté contra la ley
en las islas inglesas, es un arte gentil.
"Ella magia con él" es Obeah porque
él la ama. 
El sonido del mar avanza, retrocede
como una puerta cerrada y abierta de golpe. 
Montaña de agua contra una delgada hoja verde. 
Montaña Diablotin circundada por sus propias aves. 
Cabalgué a lomo de caballo al campo.
Tú cabalgaste a lo largo del mar, luego torciste a la izquierda
en la brisa de la tierra
y el perfume del prado. 
Los helechos dorados y de plata,
no altos como los árboles de helechos sino pequeños y familiares.
Dorado, verde y frío. 
Árboles de mango, orquídeas
floreciendo fuera del alcance, sol, cielo, infierno
(posiblemente vacío) repentina oscuridad,
estrellas enormes. 
Mamá estaba ahí, pero dejé de pensar en ella. 
Tenías una hermana pequeña, dijo,
que murió antes de que nacieras. 
Sonría por favor, dijo el fotógrafo,
poniéndose la tela sobre la cabeza.
No tan seria.
Pero mi mano se alzó, como haciendo una advertencia. 
El cementerio Negro (católico)
era hermoso: velas parpadeando todo el día,
flores (reales y hechas de papel),
cartas a los muertos,
con piedras como estampillas. 
Un jumby es una persona muerta
llamada por los vivos. Una persona viva
llamada por los muertos.
8: PARÍS

						
París te animaba.
Hacía empezar todo de nuevo. 
Montparnasse era la calle que corre por siempre.
Me situaría en ella, un trazo.
Parte de lo primero lo siguiente y lo final. 
Calles hechas de agua, noches, ojos.
Jazz suave, persistente como la esperanza. 
Era "América en París", "Inglaterra
en París". 
Calle larga brillante vacía. 
Trabajé en París, pero nunca por mucho tiempo.
En mis sueños y mis empleos,
todo conduce a un lavabo. 
En Paría conocí a Ford Maddox Ford
que me ayudó a escribir
que era (junto con Stella)
un horror. 
La prensa inglesa (considero a los ingleses
tanto ingenuos como resentidos) rumoreaban que Ford
nunca se lavaba los dientes. La higiene
no era su problema. 
La luna brilla
sin fruncir el ceño.
9

						
El dinero lo compra todo. 
La ropa es la mejor manera —nueva
posible magia, posible felicidad.
Un vestido algunas veces te hace algo
o bien no. Así es que he vendido
muchas bellezas, las he abandonado. Mi piel que me convirtió en
una dama. Fiera, con colmillos. 
En París hice parte del vivir
agregar mi vestido azul medianoche (yo en él)
a las escenas de multitudes en las películas.
Tuve que dejarlo —demasiado frío. El rostro de la estrella
estaba azul bajo su maquillaje. 
Traté de vender el vestido, nada que hacer.
"Nadie usaría algo así
excepto una mujer de la noche". 
Siempre quise ser bella.
Mucho después de que era demasiado tarde
me maquillaba a palmadas. 
Abría mi estuchito de maquillaje —mi cara
lo pedía ávidamente para mi cara.
La misma respuesta.
10: SOMBREROS

						
La peluquera se inclina. Hemos logrado
la hazaña más difícil: perfecto rubio ceniciento.
Combinado con el sombrero apropiado, podría ocurrir cualquier cosa. 
Una mujer vieja se prueba sombrero tras sombrero,
buscando uno que la rescate
de la simpleza y la edad. su expresión
es terrible: hambrienta, desesperada, esperanzada.
La gorda vendedora sonríe, un demonio menor. 
La muchacha que me ayuda es paciente.
Los sombreros ahora son muy difíciles, difíciles
de usar.Dígame, le pregunto
cuál debería tener. 
Abandono la tienda con un sombrero. Mi sombrero.
Nadie me mira, lo cual creo que es una buena señal. 
En uno de nuestros últimos encuentros Ford llevaba un bombín:
un sombrero de inglés burgués. En prisión,
mi primer marido aparecía en las horas de visita
con un pedazo de arpillera en la cabeza.
11: POSES

						
Cada uno respeta la arrogancia.
Cuando eres niño, eres tú mismo.
Después de eso, las poses
que te obliga asumir la gente. 
Te tambaleas, sin equilibrio,
con tacos equivocados, dolorida de la diferencia
entre lo que tú pensabas que eras
y lo que eres. 
Accidentes—
una media que se le corrieron los puntos.
La tristeza te sube desde los talones. 
Estaba en la parada de autobús despidiéndome
de un hombre que quería (rehusé)
desvestirme, y...
se me cayeron los calzones. Lentamente
levanté un pie y otro saliendo de ellos, los doblé
y los puse en mi bolso. 
Hace frío y se oscurece temprano.
Una se encuentra con figuras oscuras en el camino,
y hay escarcha y hielo en todas partes. 
Un hombre que me sigue mira mi cara arrugada
y se va, sorprendido
de su equivocación. 
Una pequeña llama —y los vecinos
querrían hacerme arrestar
por personificar a una escritora muerta
llamada Jean Rhys.
Me conocen como nadie —o peor. 
Selma —que desenterró Buenos Días, Medianoche—
dijo la cosa más amable que había oído de mí
era que yo había muerto. Se perdió (gracias a Dios) el titular
de mi juicio final: LA SRA. HAMER PERTURBADA.
SÓLO TENÍA VINO ARGELINO. 
Han habido meses de lucha—
comenzando por el infeliz que mató mis gatos.
Finalizando con el juez
que preguntó si tenía algo que decir
así es que lo dije. 
Luego el ala del hospital de la Prisión Holloway.
No me importaba la soledad. Te cerraban con un golpe la puerta
dejando fuera los demonios chismosos.
Me gustaba la gente de ahí —una dama gitana
que llamaba "perritos" a los cigarrillos y a Londres
"el humo". 
Un triunfo menor —el informe decía "No está loca".
Ahora soy una veterana de Holloway.
Conozco las canciones de allí. 
Nadie comprende cuán fácilmente
vuelan las palabras y no regresan.
Todas las cosas importantes
reducidas a desvaríos.
12

						
Lo fantástico es simplemente
aquello que no hiciste. Esto vale
para todos. 
Cuando nació nuestro hijo
ya se estaba poniendo frío. William.
No tenía leche. Pronto murió
y necesitó una etiqueta para su muñeca. 
Hay una canción que yo traduzco
del patois —Porque las flores
son tan bonitas, mueren al instante.
Un día y mil años
son lo mismo. 
Entremedio hay pequeños minutos felices.
Sensaciones —árbol, una luz sombreada.
Un plato de manzanas rojas sobre una mesa. 
Un momento
cuando caminaba en el calor,
pensando y luego sin pensar,
era intensamente feliz
porque ya no existía.
Pero estaban los árboles y el suave viento
que olía a flores
y el mar, y yo era el viento
los árboles el mar la tierra cálida,
y dejaba tras mí una prisión un sueño horrible
de prisión. Y mi felicidad—
imposible escribir sobre ella —activa,
riendo de alegría. 
esto sucedió cuando caminaba por un camino
de Théoule a Cannes
cerca de las dos o tres
un caluroso día de agosto. 
¿Cómo escribo? No tengo herramientas
y sólo me conozco a mí misma —desgastada casi hasta las raíces,
el puntal de un árbol viejo. 
Sólo importan los libros. 
Hay una hermosa flor roja
en el jardín —rojo-rosado para no creerlo—
tan amorosa.

Traducción de Oscar Aguilera F.

Publicado inicialmente en Enfocarte