Antonio Aliberti

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PALABRAS PRELIMINARES

Definir una postura estética referida a la poesía es siempre difícil, puesto que el poeta está continuamente buscando un modo de expresión que no se resuelve nunca. En todo caso esa también puede ser una postura estética: ir descubriéndose mientras se está elaborando la obra. Mi poesía habla de mí y de mi entorno, mi preocupación es el destino del hombre. No puedo ser feliz mientras veo que mis congéneres siguen siendo explotados en sus justas aspiraciones como hace miles de años. La cultura del trabajo ha sido devastada, la globalización se funde con la pérdida de los sueños. Y en ese sentido, ésa es la tarea del poeta: cuidar los sueños, defender las utopías, gritar (es un modo de decir) que todo es posible todavía.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Antonio Aliberti nació el 15 de diciembre de 1938. Es poeta, narrador, traductor y crítico literario.
Colabora en diversos suplementos literarios argentinos y es corresponsal de tres revistas italianas. Es asesor editorial.

Algunos de sus dieciocho libros de poesía publicados

  • Límites posibles
  • Cuartos contiguos
  • Todos recordaron a Casandra
  • Delicado equilibrio
  • Incierta vocación

Ensayos y antologías

Publicó cinco libros de ensayos y varias antologías

Premios y distinciones

Obtuvo algunos de los mayores premios que se otorgan en el país y en el exterior.

Traducciones

Ha sido traducido a varios idiomas.
Tradujo alrededor de treinta libros de narrativa y poesía italianas y argentinas.

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Antonio Aliberti

POEMAS

El saludo

Mi abuelo se paraba para saludar;
se llevaba la mano a la cabeza
(había usado gorra alguna vez)
y saludaba con una reverencia.
A veces la gente salía
sólo para cruzarse con mi abuelo:
no era un saludo como tantos,
sino una ceremonia,
como cuando uno despierta de mañana
y ve la punta del sol en la cortina.
Cuando el día está nublado parece más largo.
No recibir su saludo era lo mismo.
Pero de pronto se le dio por mirarse al espejo
y no pudo reconocerse.
Entonces se sentó a buscarse adentro,
como quien se sumerge en una laguna de sueños.
Y los sueños tienen sus riesgos:
se parecen al agua turbia de un estanque,
al humo espiralado que llena la memoria.
A veces quisiera ir a visitarlo,
hacerle señas, llamarlo por el nombre;
pero no sabría responderme
porque está en su propio sueño,
que es posterior a mí,
y yo lo vería como si todavía no hubiera nacido,
como si todavía no tuviera nombre
y todo estuviera a£n por suceder.
Vivimos en un mundo de cartón.
Ninguna cosa ha sido nunca.
O acaso sea sólo una metáfora,
como la gorra que alguna vez usó.

Tantálica

Nos enamoramos de la noche 
porque acumula los sueños de días muy largos.
Todo lo acumulado se ve a través de un velo
picoteado por las aves magníficas de la memoria;
pero no hay forma de mirar por las hendijas
que la escarcha va dejando en los ojos de los muertos,
porque los muertos, cuando menos se espera,
salen a caminar por las ramas de los árboles
y, desde lejos, parecen manzanas ahorcadas,
juegos de palabras, signos de interrogación
de preguntas que nadie ha elaborado todavía.
Hay sin embargo un dios en cada uno
y es ese dios que gobierna nuestros actos
cada vez que el cúmulo de días y los sueños
se funden en noche muy oscura,
donde las aves magníficas empollan
sobre un viejo fuego solapado;
y la memoria avanza, nos supera,
se ubica cada vez más adelante,
como un futuro que nunca alcanzaremos,
siempre en fuga,
siempre más allá de nuestras intenciones.

Internet

No renuncio a entrar a la red
y ser un punto virtual
entre millones de puntos virtuales
de todo el universo. Acepto el juego.
A lo que me opongo es a renunciar
a la caricia, a la palmada en el hombro
y, sobre todo, a prescindir
del antiguo saludo del sol,
los dedos de la lluvia
meciendo mi escasa cabellera.
Adhiero a la ilusión,
pero aspiro a la necesidad
de que el hombre se conmueva por el hombre.