Boris Pasternak

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PALABRAS PRELIMINARES

No me gusta la gente que nunca ha tropezado ni caído.
Su virtud es sin vida y no vale mucho.
La vida no les ha revelado su belleza.

Boris Pasternak

      Boris Leonidovich Pasternak, una de las figuras más significativas de la literatura rusa, nació en el seno de una familia de origen judío y gran bagaje cultural. Fueron sus padres el prestigioso pintor y profesor de pintura Leonid Pasternak, retratista de Tolstoi y  Rilke, de los que fue amigo personal, y la pianista Rosa Kaufman, educada musicalmente por Rubinstein.

      Se instruyó a partir de 1908 en Derecho, Filosofía y Música en Moscú, y amplió sus estudios en la ciudad alemana de Marburgo. Finalmente se dedicó a la literatura. Además de escritor, Pasternak trabajó como traductor transcribiendo al ruso obras de Goethe, Rilke, Shakespeare y  Verlaine.

      Aunque en sus libros es evidente la influencia del simbolismo de finales del siglo XIX, con énfasis en el misticismo, estética pura e impresionismo, sus poemas revelan una nueva estética basada especialmente en inusuales asociaciones de imágenes y en una mirada filosófica a la naturaleza y la historia. Estas obras le consagraron como un magnífico poeta de la Rusia de su tiempo, aunque los críticos literarios comunistas le reprocharon que su poesía no seguía la línea establecida por el realismo socialista, lo cual generó que, luego de 1932, pudiera publicar sólo dos colecciones de poemas, En trenes de la mañana (1943) y La vastedad terrestre (1945).

      Boris Pasternak es uno de los poetas que padecieron los años de la dictadura de Stalin. Entre otros, también acosaron a Anna Ajmátova y Marina Tsvietáieva. A Gumiliov lo fusilaron, y Osip Mandelstam fue recluido en un “campo de trabajo” en las afueras de Vladivostok, Siberia. Cuando murió fue enterrado en una fosa común.

      La única novela de Pasternak, Doctor Zhivago, publicada originalmente en 1957 en Italia, fue rechazada por las editoriales soviéticas por su velada crítica al comunismo, pero mereció el reconocimiento internacional después de su publicación en Occidente, se la tradujo a dieciocho idiomas y se la adaptó para el cine.

      La novela narra una historia de vagabundeo, aislamiento espiritual y amor, y presenta una visión panorámica de la sociedad rusa en los años 1917. Su protagonista, el doctor Zhivago, es un intelectual cuya sinceridad, convicciones religiosas e independencia de espíritu chocan de frente con la teoría y la práctica del régimen soviético.

      Pasternak ganó y aceptó el Premio Nobel en 1958 pero fue denunciado como traidor por varios grupos comunistas soviéticos, soportando presiones de carácter político y amenazas de expulsión de Rusia tras lo cual, para escapar de los gulags,  anunció públicamente su voluntad de no partir al exilio y desistió del premio.

      Doctor Zhivago se publicó por fin en la Unión Soviética en el año 1987, más de treinta años después de su creación, y su autor fue rehabilitado oficialmente. Entre sus restantes trabajos se encuentran la autobiografía Salvoconducto (1931) y un libro de memorias publicado en 1957.

Extraído parcialmente de El poder de la palabra

Extraído parcialmente de Aloha Criticón

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

      Boris Leonidovich Pasternak  nació en Moscú 10 de febrero 1890. Se casó en dos ocasiones, la primera en 1922 con Evgeniia Vladimirovna Lourie, y la segunda en 1934 con Sinaida Neuhaus.

      Su primer libro de poemas fue El gemelo entre las nubes (1914), al que siguieron otros como Por encima de las barreras (1917), Mi hermana, la vida (1922) y El segundo nacimiento (1932).

      Las editoriales soviéticas rechazaron su única novela, Doctor Zhivago, ya que en ella se establecía una crítica al comunismo en su país. 

      Otros de sus trabajos son la autobiografía Salvoconducto (1931) y, en 1957, un libro de memorias publicado. Pasternak murió en Peredelkino, cerca de Moscú, el 30 de mayo de 1960.

Extraído parcialmente de Buscabiografías
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Boris Pasternak

POEMAS

La amada: ¡qué pavor! Cuando ama un poeta,
un dios desarraigado se enamora.
Vuelve entonces el caos a salir a la luz,
como en los tiempos de los fósiles.
Toneladas de bruma le nublan los ojos.
Él, está neblinoso. Se diría un mamut.
Pasó de moda. Sabe que esto no se hace.
Son otros tiempos, y además
es una falta de lenguaje.
Él ve: celebran nupcias cerca,
se embriagan, se espabilan
Y a esta hueva corriente de las ranas,
adornándola, dicen que es caviar.
Sabe cómo la vida -nacarada
bagatela Watteau- se enmarca en un pitillera.
Y se vengan de él justo por eso:
porque allí donde el confort sahúma y miente,
donde se falsea y se mutila,
donde los zánganos se arrastran, él
levanta a la mujer: una bacante
de las ánforas, y la desempolva
y le vuelve a dar uso.
En el justo momento cuando la noche cegatona
bala, blanquecina, por las calles del pueblo,
en su beso confluyen el deshielo de la montaña
y la mañana en la estepa bajo el polvo estelar.
Con toda la sombra de sagrario botánico,
la fragancia del bosque secular manará
sobre la angustia tifoidea del colchón,
salpicándolo desde el caos de florestas.
Traducción de Tatiana Bubnova
DEFINICIÓN DE LA POESÍA

Es un silbido súbito y maduro.
Chasquido de comprimidos carámbanos.
Es la noche que congela el follaje.
Es de dos ruiseñores el certamen.
Dulces arvejas de un campo lejano
o lágrimas del universo en vainas.
Fígaro que graniza sobre el huerto
desde los pupitres, desde las flautas.
Es lo que busca, afanosa, la noche
en el río, al lado de la represa,
para llevar al vivero una estrella
en sus palmas, húmedas y trémulas.
El bochorno es plano como el tablaje.
El firmamento se esconde entre alisos.
Las estrellas deberían reír,
pero es un sórdido lugar el mundo.

Traducción de Tatiana Bubnova

MARBURGO

Yo temblaba. Yo me encendía y apagaba.
Me estremecía. Hace poco le pedí su mano
Pero ya era tarde, me intimidé, y mírame: el rechazo.
¡Qué pena me dan sus lágrimas! Yo soy más santo
que un beato.
Salí a la plaza. Y me creí
vuelto a nacer. Cada minucia
vivía y sin tomarme en cuenta
se erigía en imagen del adiós.
El pavimento se fundía y la frente de la calle
se bronceó, un guijarro miraba de reojo
hacia el cielo y el viento, de barquero,
remaba por los tilos. Y todos ellos era aquella
semejanza.
Evadía sus miradas, como fuera.
No advertía mis saludos.
No quería saber ya nada de tesoros.
Huía de ellos para no estallar en llanto.
El instinto innato, ese viejo dadivoso,
me era insoportable. Por todas partes me seguía
pensando: “amor infantil, contra una desgracia
hay que andar detrás de ti”.
“Vamos camina”, ordenaba mi instinto
y me guiaba sabio como viejo escolástico
entre la virginidad de la espesura intransitable
de los árboles caldeados, de las lilas y de la pasión.
“Aprende a caminar primero, luego correrás”
afirmaba- y el nuevo sol desde el cenit
miró como enseñaban a caminar
a un aborigen planetario por su nuevo destino.
A unos todo esto encegueció, a otros
los tragaron las tinieblas como boca de lobo.
Escarbaban los polluelos entre las matas de dalias
libélulas y grillos tictaquearon cual relojes diminutos.
Flotaban las tejas. El mediodía sin pestañear
observaba los tejados y en Marburgo
había quienes silbando fabricaban las ballestas
y quienes se recogían para la feria de la Trinidad.
Arena amarilla las nubes devoraban.
Anunciando tormenta se enarcaban las cejas
de los matorrales.
Y el cielo se cuajó al caer
en un trozo de mica cicatrizante.
Aquel día, toda, de la peineta a los pies
como lleva un trágico de provincia
un drama shakespeariano,
te llevé conmigo y te supe de corrido
ensayándote al vagar por la ciudad.
Cuando caí ante ti, abrazado
esta niebla, este hielo, esta candente superficie
“¡que bella eres! – fue el torbellino de bochorno
¿de qué hablas?
vuelve en ti. Todo se perdió, has sido rechazado.

De Por encima de las barreras

MERANI

Como una flecha vuela el corcel de mis ensueños.
Lúgubre, un cuervo grazna por detrás.
¡Adelante, mi corcel, no pienses nada!
¡Adelante! ¡Dispersa al viento todas tus ideas!
¡Adelante, adelante, ignorando los obstáculos!
A través de torbellinos y granizos, y nieves y tormentas,
debes conservarme los días y los años.
¡Adelante, adelante, sin saber a donde vas!
Que me arranque a los lazos familiares.
No me importa. Si la noche me alcanza en el camino,
la nocturna lejanía posada me dará,
y he de hacerme ciudadano en las estrellas de los cielos.
Me entrego a tu carrera enloquecida;
daré mi confesión al bramido del mar.
¡Adelante, mi corcel, no pienses nada!
¡Adelante! ¡Dispersa al viento todas tus ideas!