Carles Duarte i Montserrat

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PALABRAS PRELIMINARES

Escribir poesía a las puertas del siglo XXI

La palabra es quizás la creación humana por excelencia. La poesía, que trabaja la palabra como materia y es una de las formas más antiguas de arte, se debate entre la sensación de agotamiento de los modelos clásicos, como sucede también con la música, la escultura, la pintura o la arquitectura y las dificultades por responder a las inquietudes del ser humano de hoy y por evitar una ruptura con los lazos —a veces frágiles— que la unen a sus lectores. No puede, pues, repetirse y debe, en cambio, adentrarse en nuevos territorios, pero es necesario que esa búsqueda no neglija la sensibilidad de nuestros contemporáneos. Yo creo en un poeta comprometido con el presente, con el dolor y la esperanza que agitan nuestro ser individual y también la vida de los pueblos, de la humanidad. Escribir poesía en catalán ya constituye para mí una primera afirmación de libertad y una forma de compromiso con quienes hablan mi misma lengua. Las dificultades que el catalán ha tenido que superar desde el siglo XVIII, y especialmente durante el régimen franquista, justifican mi actitud.

Si examinamos la poesía de este siglo XX que concluye daremos fácilmente a un tiempo con una persistente voluntad de experimentación, que en ocasiones ha llegado a reducirse a casi un simple juego pero que a menudo, abriendo nuevos caminos, ha dado frutos ciertamente interesantes, y con un regreso a las formas tradicionales. En catalán ambos planteamientos coinciden en autores como Joan Brossa, con sus poemas objeto y sus sextinas.

Mi impresión es que, si a formas nos referimos, se impondrá cada vez más una modernidad basada en el ritmo, en una música del verso que tiene más que ver con el pensamiento o la emoción que el autor se propone reflejar que con la métrica o la rima. Una modernidad que encuentre en la palabra precisa y en la metáfora evocadora la clave de su capacidad de atraer y conmover al lector. Se siguen —se seguirán— escribiendo sonetos pero, en mi opinión, cada vez más como un ejercicio alejado de la poesía del momento. Nuestra relación con la lengua se ha vuelto más llana, como ha sucedido con nuestra manera de mirar hacia el otro.

Pasando a los temas, percibo una cierta fatiga hacia la poesía que se nutre sólo del devenir cotidiano, de la experiencia personal, de tono intimista y confesional pero que se resiste a trascender a uno mismo. Me inclino, en cambio, por la poesía que, basándose en materiales auténticos de lo vivido y en los grandes temas de la poesía de los tiempos pasados y —a buen seguro— de los venideros —la ternura, el sueño, el olvido,...—, se enriquezca con un reencuentro de nuestras raíces culturales y con un diálogo tenso, amplio, profundo con la filosofía, con la historia, con lo espiritual y con la realidad externa a uno mismo, y sepa lanzar el verso más allá de sus antiguos límites, releyendo y reinterpretando nuestros propios fundamentos: el origen, el lugar del ser humano en el universo, el latido común con quienes celebraron la belleza del mundo hace ya muchos siglos. Quienes conozcan mi obra sabrán que estas palabras no constituyen una mera enunciación de intenciones, porque a ese criterio responden mi Tríptico hebreo (que retoma desde la mirada de hoy la biblioteca de la comunidad escindida de los esenios que vivía en Qumrán hace dos mil años), Ha-Cohen (un poema extenso sobre las vicisitudes vitales de Flavio Josefo y sus dilemas morales) o Khepri (un tríptico basado en la antigua mitología egipcia del Dios solar, que distinguía entre Khepri, el amanecer, Ra, el mediodía, y Atum, el poniente). Y puedo añadir que el poemario que ahora escribo se inspira en las Enéadas de Plotino, que se planteó la existencia de un alma universal.

El lector de hoy resulta menos ingenuo, más exigente, más lúcido, más escéptico. Y ante ello el poeta no puede refugiarse en un anquilosado artificio formal ni debe esquivar una autenticidad que el lector no sólo espera sino que incluso reclama. La poesía es y debe seguir siendo el fruto de un trabajo minucioso y honesto que alguien ha asociado a una cierta destilación de lo que somos y sentimos, de nuestro encuentro con el mundo, de nuestro afán por comprenderlo. En definitiva escribir poesía es en cierto modo una forma de interrogarse y tal vez de intentar explicarse, entenderse. En cualquier caso, la necesaria elaboración que la obra poética requiere del autor y la atención que exige del lector no pueden quedar inexorablemente asociadas a una identificación de la poesía como un género de minorías. Se ha dicho de forma certera que conseguir la esencialidad, la concisión que concentra en pocas palabras precisas todo el vigor de una emoción supone una laboriosa depuración del texto e igualmente cierto es el placer que el lector obtiene al completar y reconstruir el poema con materiales de su existencia o de sus sueños.

Para un ser humano que la gran cantidad de información que recibe hace cada vez más reflexivo la poesía es —puede ser— un espejo en el que interpretarse, en el que reconocerse.

Dejo anotada aquí una pujanza creciente del eclecticismo en las formas y los temas, quizás por el peso inexorable de nuestra dilatada y rica tradición poética.

Difusión de la poesía

Salvo contadas excepciones (algunos —pocos— autores, colecciones de bolsillo,...), las ediciones de libros de poesía siguen siendo de escasos ejemplares. Pero vivimos unos tiempos en los que la lectura pública de poesía ha retomado la fuerza de antaño, como si regresara a sus propios orígenes. Los festivales y las semanas de poesía se hacen cada vez más habituales y se consolidan por el éxito de público que alcanzan y el interés que suscitan en los medios de comunicación. Valga de ejemplo el Festival Latinoamericano de Poesía de Rosario, en Argentina, en el que la semana pasada tuve la oportunidad de intervenir. Dicho festival, como tantos otros encuentros que se celebran en París, en Barcelona, en Quebec,... es un verdadero acontecimiento en la ciudad que lo acoge y una muestra de la vitalidad que tiene hoy la poesía, de un acercamiento entre poetas y lectores, de la recuperación de la lectura pública de poesía como un espectáculo cultural que gusta, que encaja bien con la modernidad y que es capaz de llenar teatros y salas de conciertos . Quiero hacer mención además de la creciente actividad asociativa, que es otro exponente de la vitalidad actual de la poesía. Abundan las entidades que congregan a quienes escriben poesía y se reúnen para publicar revistas de poesía, para dialogar y para poner en común el resultado de su creatividad, a través de sesiones a puerta cerrada u organizando lecturas públicas,debates,homenajes,...

Por otra parte, lejos de convertirse en la amenaza para la poesía que inicialmente se temía, Internet ha pasado a ser una potente plataforma de difusión de la obra de los autores clásicos, gracias a las excelentes páginas web que se han ido construyendo, y también de las actuales generaciones de poetas, que crean sus propias páginas web (por ejemplo, la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana incluye la creación de webs de autor entre los servicios que ofrece a sus asociados) , que ponen en marcha revistas literarias con un coste menor que las impresas y de más fácil actualización,... A todo ello podemos añadir el encuentro de la poesía con los medios de comunicación, incluyendo, además de los habituales espacios de poesía en la radio y la prensa, una televisión que se ha venido resistiendo a integrar la poesía. En Cataluña se emite actualmente en televisión con muy buena acogida un microespacio diario de poesía, Miralls, en el que, en hora de gran audiencia, un actor, un cantante,... lee y comenta un poema.

Otro aspecto en el que la poesía vive un momento muy fructífero es el de la colaboración con músicos, pintores, escultores, arquitectos y los artistas de lo audiovisual para llevar a cabo proyectos conjuntos de creación, ya sea consecutiva —es decir interviniendo uno después de otro, cuando éste último ya ha finalizado su labor— o simultánea —cuando el proceso de creación es compartido y surge a un mismo tiempo y en un mismo lugar—, que refuerzan las potencialidades de cada uno de sus respectivos lenguajes y permiten avanzar hacia nuevas formas de arte. Citemos aquí a las exposiciones en que coinciden obra plástica y poesía, la colaboración de poetas con arquitectos y urbanistas para hacer presente la poesía en edificios o en las calles y plazas de las ciudades, las instalaciones efímeras de confluencia de poetas con otros artistas, los discos de poemas cantados o leídos junto a un trabajo musical o los videopoemas (que, iniciados ya en la época de la beat generation, se han ido difundiendo progresivamente), en los que la poesía se hace presente como instigadora de una creación más global o participando en ella. Por aquí pasa también a no dudarlo la modernidad.

La poesía, pues, llega al siglo XXI como un género literario lleno de presente, abierto a todas las posibilidades artísticas que la palabra ofrece y siendo el poeta consciente del reto que supone, desde la esencialidad de la forma, desde la honestidad y la exigencia en la mirada del autor, desde el compromiso con la realidad y la ética, desde el diálogo apasionante con los otros lenguajes del arte, encontrar el camino que nos lleva hacia el centro de nosotros mismos.

La poesía es, por su concisión e intensidad, por su inagotable capacidad de sugerir, de conmover, de resquebrajar ese caparazón de apariencias bajo el que tratamos de ocultarnos, un arte plenamente contemporáneo.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Carles Duarte i Montserrat nació en Barcelona en 1959.

Libros publicados

Poesía

Vida endins, Paisatges efímers, La pluja del temps, La pell del somni, Llavis de terra, Terra, D’una terra blava, el Tríptico hebreo que forman Cohelet, Ben Sira y Qumrán, Khepri, Ha-Cohen y El somni.

Narrativa

Somnis

Ensayo

La poesía catalana del segle XX.

Lingüística

Gramàtica històrica del català, junto a Àlex Alsina, El lenguaje jurídico, junto a Anna Martínez, o Llengua i administració. Durante diez años fue colaborador de Joan Coromines en su Diccionari etimològic i complementari de la llengua catalana.

Antologías

Su obra figura en la prestigiosa Antologia de poetes catalans, publicada a cargo de los profesores Martí de Riquer, Giuseppe Grilli y Giuseppe Sansone.

Premios y distinciones

Ha ganado los premios literarios Rosa Leveroni de Cadaqués y Vila de Martorell.

Traducciones

Su obra ha sido traducida a varias lenguas y ha leído sus poemas en ciudades como Barcelona, Buenos Aires, Melbourne o París.

Otras actividades

Actualmente es secretario general de la Presidencia de la Generalidad de Cataluña. Es presidente de los premios Recull de Blanes, vicepresidente de la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana y miembro de la Junta del Ateneu Barcelonès.

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Carles Duarte i Montserrat

POEMAS

Buenos Aires

									
El cielo es una sábana tendida hacia el poniente,
un mineral que se ilumina con el Sol que mengua,
el espejo azul que los océanos recorren,
un fresco pintado en el techo del aire.

El río es el horizonte.

Regreso al sueño,
al viejo bandoneón,
al gesto atrevido del tango,
al deseo,
que estos cuerpos subliman y esculpen
en una sala que recuerdan tantas pieles.

La tarde es un reloj que se detiene.

La Madre de Dios, según Guido Dettoni

						
Los ojos dibujan un camino
hacia la luz,
más allá del tiempo,
hacia el rostro infinito,
donde Dios se amparó
y donde de nuevo queremos encontrarte.

La madera es un gesto,
el trazo que en ella escriben las venas
y una ola esculpida,
una piel vegetal
donde esparce, la tierra,
el canto del agua
y el latido del color.

La raíz eleva la sombra
y el cielo cálido del día
se para en la materia
para pronunciar tu nombre.

Las formas del viento sin reposo
interpretan la imagen del sueño.

Las manos son una estancia
donde aprendo a invocarte. 
 
Chopos azules

						
Chopos azules llenan de hojas el aire,
la sombra gris del día acabado recorre unas voces,
la silueta lejana del mar se transforma en una ola imprecisa,
yace la piel sobre un cielo que detiene los colores
y libera las formas de su gesto cotidiano.

Unos ojos cansados ofrecen un sueño
a unas manos que evocan.
 
La lluvia

						
La lluvia fina cae al suelo
igual que las pisadas de un gato cauteloso;
el cielo es una piel de nubes;
manos y labios
extienden el deseo
entre los cuerpos,
los sexos fluyen y germinan
cuando el placer alcanza su cenit.

Esta mañana fatigada
reescribe unos versos de Homero,
mientras guardamos nuestra desnudez bajo la ropa
y saboreamos el beso oculto
detrás de nuestros ojos.

Vencidos ya de soledad,
regresamos al tiempo,
que se nos había quedado,
junto al reloj,
sobre la mesilla.
 
Alguien que no conoces

						
El ritmo plácido
de un latido lejano
adormece la intensidad de la mirada.

La música te lleva
a ese lugar donde te espera
alguien que no conoces.

La mente te ha dicho
el nombre de los rostros
que ahora olvidas.

Has aprendido los colores
al otro lado del tiempo.

Devuelves a las nubes
silencios que buscabas en ellas.

Te has levantado. Escuchas.
 
Plegaria

						
Guardemos la mirada
donde el azul confluye con azul,
busquemos en todo
ese gesto de Dios.

Roguemos por los colores de las horas,
por los árboles y las aves
y el rumor del agua,
porque se unan las manos
y la paz se proclame.

Roguemos por el sueño compartido,
que nos lleva, como una ola,
al origen del tiempo
y adonde el tiempo encuentra el origen.

Roguemos por los ojos,
que cuando se miran tejen un camino
y sienten el presente igual que un horizonte,
ese gozo de vida derramada,
el aliento que Dios nos va entregando.

Roguemos por el vacío doloroso,
por el silencio sin fin que nos enfrenta a la ausencia,
para que el llanto no nos oculte el alba,
cuando todas las memorias resurgen
y regresamos a Dios.
 
Detrás de los álamos

						
A Maria Mercè Marçal
	      I
Ebrios de un tiempo sin prisas,
el deseo decía palabras que rozaban
la desnudez de los sexos.

Murmuraban los labios
la impaciencia que duerme 
en nuestros ojos

Perduraba en los cuerpos
una lluvia de luz
que untaba nuestra piel
junto a las viñas.

Arde el azul
detrás de los álamos.
      	II
Álamos azules llenan el aire de hojas,
la sombra gris del día ya acabado recorre unas voces,
la silueta lejana del mar se transforma en una ola imprecisa,
yace la piel sobre un cielo que detiene los colores
y libera las formas de su gesto cotidiano.

Ojos cansados ofrecen un sueño
a unas manos que recuerdan.
 
(del Tríptico hebreo)

						
Hay un tiempo de nacer
y un tiempo de morir
ECLESIASTÉS, 3.2
Tiene nombres el tiempo,
y pieles distintas,
y ojos que se iluminan
y se consumen,
y manos,
sí, unas manos anchas
como las hojas de catalpa,
que te acogen a veces
y que a veces te olvidan,
y labios,
unos labios carnosos,
de sangre, de esta sangre
que la antigua corriente del tiempo
va convirtiendo en cuerpos,
que nacen, que ejercen el sueño
y lo asesinan
y que se mueren tan solos
que parece una venganza.
   
Y proclamaré más dichosos a los muertos que a los vivos,
y más que a todos ellos a los que aún no han nacido
ECLESIASTÉS, 4.2
Aquel que no ha nacido aún
no ha vivido ni el dolor ni la palabra,
ni el crecimiento ni el cansancio de los días,
ni lo ha herido la avidez de los cuerpos
o el tacto de la luz sobre las manos,
y no conoce la agilidad del puma
ni el plumaje vistoso del guacamayo;
ni ha sufrido tampoco el frío inhóspito
ni la humedad agobiante
que detiene las horas;
no se ha probado el viejo vestido de la mar
ni ha tocado el árbol ni la roca
ni conoce el trayecto de la muerte.

Tal vez sea feliz
quien no ha nacido aún,
pero no lleva
ni en la piel ni en la memoria
el gusto de los años,
y la textura del viento
no habita su sangre,
ni ha dado fruto entre sus labios
el grito de la ternura.

Quizás sea feliz
sin el olor del té
y el sabor de la naranja.

Yo no podría serlo.
   
Al principio Dios creó el cielo y la Tierra
GÉNESIS 1.1
Antes de la palabra,
de disponer las estrellas sobre el éter opaco,
cuando el espacio era un punto
en el que convergía la materia.

Antes de que una mente
intentase comprender,
que de los cuerpos fluyeran
semillas de otros cuerpos;
antes del deseo y del ansia,
del árbol y el pez,
del frío y el primer día.

Era el principio,
el universo se ensanchaba:
dibujaste el cielo,
creaste la Tierra,
hiciste que la vida se engendrara
como la ola inagotable.

Era el principio,
empezaste a soñar.
 
(de Khepri)

						
Extiende sus alas el halcón,
el río fluye,
derrama las semillas,
se ensancha en la crecida
y se desborda,
anega el valle,
se bifurca en el delta,
se lanza contra el mar.

Luce el Sol, 
ardiente,
encumbrado,
inunda las paredes del sueño,
enciende los labios,
se escurre entre las manos,
se esconde en las venas.

Dios mira el desierto
y el tiempo en el fondo de los ojos.
   
Este poniente de cobre
es ácido y brillante,
una vela de fuego en el aire,
una piel de metal desgajada
que navega en el viento
y se aleja del viento
y se oculta en la sombra.

Este poniente sabe a soledad,
a un cuerpo débil,
a sentidos gastados,
a una mente que aquieta tu ritmo.

Cierras los ojos,
respiras el silencio
y los colores del atardecer.

Abres los labios 
al batir de la olas.

Tus dedos llevan
la humedad del rocío.