Daniel Calabrese

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PALABRAS PRELIMINARES

Contradefinición de poesía

En una carta a su hermano Theo, Vincent van Gogh describe "una gran mariposa nocturna, bastante rara, de un color distinguido y asombroso, negro, gris, blanco matizado de reflejos acarminados o que giran vagamente sobre el verde oliva; es muy grande. Para pintarla, hubiese tenido que matarla y eso era una lástima..." Es exactamente lo que siento cada vez que tratamos de definir "qué es la poesía". El rigor es para los muertos. La ciencia no tiene nada que hacer aquí. Ahora bien, si quisiera acercarme a una sensación como lector o hacedor de poesía, más allá de la mera palabra escrita, creo que hablamos de una aventura espiritual, así como el universo es una aventura del espíritu absoluto. El artista quiere devolver el gesto de la creación, de esa manera se siente ligado a los ciclos eternos. Sin embargo, ningún hombre ha dado algo que no le haya sido dado antes. El germen de la creación está en el ser-poeta, y el acto que lo convierte en el "pequeño dios" del que hablaba Huidobro, se produce cuando mezcla, elige, huele, sufre, adopta, cuece, muele y reposa desde la primera hasta la última palabra de su poema. Esa es su invención, pero recordemos que filosóficamente sólo Dios puede crear a partir de la nada. Y no por evitar aquella teoría griega del poeta como un mero amanuense de la Divinidad pasemos pendularmente a las antípodas de esa idea. Antes de que existieran los perfumistas y los perfumes, existían el aroma y el olfato.

Espero de la poesía que viene el inicio del camino (o retorno) hacia una poesía pura, diferente de la verdad, de la moral y de la ciencia. Espero que la poesía que entró y murió en las academias se regenere lejos de las definiciones científicas. Un diamante sólo se puede cortar con otro diamante. La poesía, se ha demostrado, es demasiado resistente al filo de los críticos.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Libros publicados

  • La faz errante, Ed. RHE, Buenos Aires, 1989
  • Futura Ceniza, Ed. Cafè Central, Barcelona, 1994
  • Escritura en un ladrillo, Ed. Mitoh-Sha, Kyoto,(español-japonés), 1996.
  • Oxidario, Editorial Melusina, Chile, 2001

Antologías

Integra antologías de España, Estados Unidos

Premios y distinciones

  • Estatuilla "Alfonsina Storni", otorgada a la mejor producción literaria del año por "La faz errante", 1989
  • Segundo premio Fondo Nacional de las Artes, categoría obra inédita, por Oxidario, 2001

Seminarios

Su obra ha sido objeto de estudio en seminarios sobre la nueva poesía argentina realizados en México, Puerto Rico, Santo Domingo y Estados Unidos.

Otras actividades

Dirige las editorial Red Internacional del Libro en Santiago, Chile.
Es Director de Ærea, anuario hispanoamericano de poesía y traducción en Santiago, Chile

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Daniel Calabrese

POEMAS
ALDEA POÉTICA
           
Las nubes pasan cerca hoy
de nuestra casa.
            
La oigo entrar y corto el pan.
Hay un viento difícil,
hasta los pájaros prefieren no volar.
            
La veo llegar con el mismo abrigo,
me pregunto si traerá debajo
el corazón que la hizo así.
            
Una luz se derrumba y su cuerpo
parece tener menos peso.
            
Mira las piedras blancas de la casa,
como si viera el fuego, y envejece.
            
Son pájaros, prefieren no volar
(y los inventos derrotaron al amor
en este día aciago).
            
Unos pocos se buscaron la vida
en el pecho y la encontraron.
            
La oigo entrar y corto el pan
como si viera el fuego, azul,
inevitable.
      
SOMOS DE CARNE
    
Los ángeles se rompen.
            
Hay una blanca neblina
que puede convertir en ángeles
a todas las personas
y oxidar un barco.
            
El amor es justo,
es más de lo que un hombre puede resistir.
Como el vientre
de hierro de las naves,
se corroe justo ahí,
para que tarde o temprano te hundas.
      
EL DESPEÑADERO
      
Me vi muerto en aquel mapa
y no se hundían las piedras sobre el agua.
Las islas flotantes: las islas de fe.
               
Pensé y me vi muerto
como las manzanas pesadas, caídas
con todo su jugo a la tierra bestial.
Tierra que se las come y las ensucia.
               
Me he dicho siempre:
no caigas, no seas enfermo,
caedor: no.
               
En este mundo laborioso,
con la ira de los perros enterrados,
con la espuma,
si me ven caído, yerto,
mojado en el silencio de la costa,
no me digan entonces: usted,
no se levante, no ande.
   
UNAS HORAS DE PIEDAD
   
No me atropelles,
que yo era un niño.
   
 No me aplastes,
que yo era ciego, puro,
y me gustaban los juegos simples
como bañarme en el mar, o sentir
el pasto húmedo hundido
bajo mis botas.
   
No me atropelles,
que yo era un niño
y la luz de mi pecho se quemó.
   
Creo que puedo meter un brazo
en el fantasma que me anima.
Creo que puedo retorcer
mi corazón con estas manos
y lavarte los vidrios,
besarte los ojos.
   
EN ESTE LUGAR
   
Camino solo frente a los vidrios
y dos luces me atraviesan.
   
Pienso en los padres de mi cuerpo.
En la hija de mi cuerpo.
   
Camino, viajo, cruzo
y me atraviesan hondamente.
   
Pienso en el amor.
En los reflejos del corazón.
   
Una sombra está echada.
Una vida me lleva de los pelos.
   
Detrás de la paredes sufro.
   
Detrás de las paredes
se está haciendo la muerte.
   
A LA HORA DÉCIMA
      
Murió de pared y musgo, de cal
y de luces apagadas como en una calle.
Tenía un amor
-amor que deambulaba-
y de noche, todavía, junto a la puerta
latía un corazón igual que los caballos
madrugadores sobre el asfalto.
               
Sus ojos perdían el rumbo y volvían
cansados al redil.
               
Murió de laja, de granito,
porque los cielos pesan y van dejando
las cosas lentas y más tercas
en la idea que tenemos contra el tiempo.
               
Pero a las piedras no les entra la luz.
Las piedras no caen por su alma.
               
Murió de amor a los ladrillos
-con ese amor que deambulaba-
y porque no sabía qué hacer
cada noche de verano,
sentado en un patio,
con la luz de la luna tirada ahí
    en el piso.
   
LA INUNDACIÓN
   

Yo te vi encender las aguas.
Te vi encender la sombra que nos baña
y se oxidaron con el airelas pequeñas embarcaciones.
   
El río tenía un sola orilla.
Los pescadores
golpeaban la noche con sus remos.
Pero aún no se aprecia el dolor de los brazos.
Una noche golpeada
es como la luna que pudre los peces.
   
Y la luna no hace ruido.
Yo te vi sacarla por una semana de estas aguas
como si fuera una virgen ahogada.
   
No sabíamos nadar,
no sabíamos remar sino en la muerte
y yo te vi encender
una luz fría en los espejos.
   
El río tenía una sola orilla
y había que tocar la cuerda del horizonte,
la bella melodía sin retorno.
   
PROMESAS, PROM
   
Le dije que no.
El viento se traba en los árboles.
Yo le dije no.
Los ríos luchan, adelante
con sus aguas no bebidas.
Yo le dije, los candados no cerrados,
la página amarilla del desierto
y los ojos cansados, medio ciego,
que no, le dijeporque era un país y no
lo descubrieron los santos,
su tierra no tenía milagros,
no estaba fundada o prometida,
no había ni vientos, ni sol.
Me preguntó por eso de las aguas
no bebidas y le dije: no.
   
A TRAVÉS DE UN VIDRIO ESMERILADO
   
Me acerqué a la ventana
a la hora en que sale la lluvia.
   
A esa hora en que no estoy
hecho de m’ sino de labios
ceniza, detergente,
lechos y relojes,
de ilusiones y certeza,
fierros de la ciudad,
nubes de la ciudad misma.
   
De nada sirve que me desespere,
yo sólo estoy aquí
y ella es apenas una luz.
   
La silueta impide que se fugue.
   
La lluvia la va apagar.
   
CORTE
   
Ya busqué la muerte en mis poemas.
No la encontré, pero estaba ahí.
Ahí como las vértebras de los vertebrados,
la noche de los anochecidos,
la sangre de los sangrados.
               
Ya busqué la muerte y dicen
que se hunde como la parte ciega de los árboles.
No la encontré.
               
Leí todos mis poemas sabiendo
que estaba ahí.
Los árboles deben tener algo que se mueve
adentro de la tierra / mis poemas tienen muerte.
               
Así como los vertebrados vértebras,
los anochecidos noche,
y los sangrados la brutal
escritura del acero.
   
UNA NOCHE EN LA GUERRA
   
¿Te imaginas sobrevolado, muerto
en manos del viento?
Y el horizonte, ¿te imaginas, ese alambre
que rodea la distancia, partido en dos
porque a esa hora vas pasando?
¿Te imaginas un avión y el nombre
de tu hija escrito en un misil?
¿Tu hembra atada a la cama de bronce?
¿Te imaginas la noche cuando
te han sacado los ojos?
¿Y crees en los perros? ¿Le has rezado
últimamente a un perro? ¿Para qué?
¿Para que te cure las heridas
y no entierre los milagros
mientras haya suela que comer?
¿Te imaginas una noche en la guerra
después que alguien firmó, después
que alguien rompió ese pacto?
   
SILENCIO DE ABRIL
   
No se oye ningún ruido
pero les juro, en el medio
de esta tierra desolada, una bala
está pasando sobre mi cabeza.
   
No se oye nada.
Si los ángeles tiemblan,
no se oye.
Si las paredes hablan,
no se oye.
Si la lluvia picotea
un cráneo reluciente,
no se oye.
   
¿Estaremos muertos en este poema?
¿Muertos, es decir,
libres de la muerte?
   
MENSAJE DEL HOMBRE
   
Tenía muchas venas
pero dos tijeras.
   
El horizonte era un hilo
pero dos tijeras.
  
Había pensado que unir las almas
con ella era hundirse en un caudal rojo.
Unir con ella las almas
era ba–arse a la vez en dos r’os.
   
Pero no era así, se derramó el sol,
chocaron dos buses, invadieron la capital.
   
¿Dónde estará mi tumba?
Quiero volver.
Enterré un cuchillo en el campo
y lo regué con sangre.
   
Tenía muchas venas, señor,
pero dos tijeras.
   
INTOCABLE
   
Ella está en su lugar
y no hay nada que hacer,
Ni sacarla del mar, ni salir
a terminar con la dureza del sol.
Un deseo no es ley y la culpa
se paga matando unos cuantos
dioses de barro.
Yo la siento, la sentía
como al oxígeno
como a un cuello de botella
en los puños apretados.
               
Nada que hacer.
Ni entregarme como un bruto
a los trabajos de la mañana,
ni perder el tiempo armando cartas
o bendiciones públicas.
               
Ella está en su lugar.
Lo demás es materia de condenados.
   
EL REGRESAMOR

								
Aquello que terminó
está sucediendo todavía. 

Aquel amor que fue regresa.
Porque todo lo que lleva sangre o música
tarde o temprano se reanuda. 

Pero cuidado.
Mi carne te conoce,
mis dedos caminaron ya cien veces
en la luz señera de tu cuerpo. 

Y no es agua la sed.

No es clavar un puñal en el cielo
y desatar una tormenta.
ESCRITURA EN UN LADRILLO

						
¿Qué hemos escrito que lo cambie todo?

Hemos puesto los navíos
a agitarse en el océano,
y eran las luces el agua,
el sol aquella piedra con metal. 

En ese barco bebía un capitán
la espuma silenciosa de las horas
y, tal vez, llegaba tarde el sueño cada noche. 

Hemos dicho que la dársena
escondía una sirena
entre los hierros carcomidos por la sal,
pensamos en el frío,
en la luna desgarrada por las grúas. 

¿Creamos los fantasmas de humedad en la pared?

Es cierto, el cielo ha sido bestial
este año con los ciegos y ambulantes,
pero ¿qué hemos escrito que lo cambie todo?
TÉCNICA DEL AUTORRETRATO 

						
Fui construido en 1962.
Me sacaron bruscamente del cielo.
No de un cielo que después
sobrevolaron las gaviotas carroñeras.
No de un cielo blanco donde se pudre
la luz amarilla de una lámpara.
No de un cielo para que se revuelvan los aviones.
Me sacaron y tengo que decir quién soy. 
 
Fui construido en el sesenta y dos.
Las vueltas que dio el metal en cada reja.
Las que dio la sangre enterrada en este cuerpo.
Unos pocos se atrevieron a volver
al cielo más profundo (en esta época).
¿Has visto que la mayoría no se levanta
del cielo bajo, del que baña el horizonte?
Me sacarán bruscamente de la tierra.
De la tierra sobrevolada, revuelta.
Y tendré que volver a decir quién soy.