Eduardo Dalter

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nació en Buenos Aires en 1947. Es poeta, traductor e investigador cultural.

Libros publicados

  • Silbos, 1986
  • Aguas vivas, 1993
  • Mareas, 1997
  • N.Y. Postales para enviar a los amigos, 1999

Antologías

Está incluido en antologías y publicaciones del continente.

Otras actividades

Desde 1994 dirige Cuaderno Carmín.

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Eduardo Dalter

POEMAS

					
de Bocas Baldías 2000-2001
Una botella 
       rota 
en la cuneta, 
¿quién la bebió?, 
       ¿quién 
la rompió? 
Una botella 
       rota, 
con su etiqueta 
       y su barro. 
Su pico 
       apunta 
al cielo, 
y si te acercas, 
       a tu frente, 
como un dedo 
       vacío, 
sin uña, 
       sólo borde. 
Una botella 
       rota, 
más allá de todo 
       olvido, 
en la media cuadra 
       del suburbio.
            
Ese hombre inclinado con su palo 
       en medio del basural, 
donde las bolsas de nailon 
y los olores gruesos, 
en marejada, 
cubren el paisaje, 
no busca la felicidad, 
       en cualquiera de sus versiones, 
o acaso sí 
       creyó ver un atajo 
allá, en los límites 
       del horizonte, 
entre bolsa y bolsa, 
       o recuerdo y recuerdo; 
una felicidad fugaz, 
       con un palo, 
o posible o creíble, 
mientras el sol lo alumbra.
            
Dios por acá 
       anda borracho, 
no puede tolerar 
       tanta bolsa sucia 
       al viento. 
Con caña encima, barba, 
       pantalón colgando 
de su diosidad
              raída. 
No puede tolerar 
       verse 
en el fondo 
       de los ojos 
de las gentes 
       que bajan del tren 
con bultos 
       y changos torcidos 
       del mercado. 
Anda suelto por acá, 
       pirado 
de tristeza elemental, 
       platónica. 
El universo 
       es infinito, 
       el tiempo eterno, 
parece decir Dios 
       queriendo 
convencerse 
       en vano, 
entre las bocas 
       baldías 
y las miradas 
       de tormenta.
            
El amor por aquí 
       crece sudado, 
pura sangre, 
       en cualquier parte. 
Su naturaleza 
       está fundida 
a la tierra vaciada 
       y rellenada, 
a su saliva 
       turbia. 
Lejos, de otro mundo, 
       la ciudad 
es su cruz de fierro, 
su cerrojo 
       más triste 
y su espejo 
       imposible. 
Hierve sola, desierta, 
       la espesura 
       de este amor 
que va por agua. 
Amor a medio vestir, 
       que alumbra cardos 
en el sucio terraplén 
y en el baldío 
       poceado, 
frente a la carnicería.
            
Un corte en 
       la cara, 
       el revés, 
un corte ciego 
en la hora, 
un corte 
seco, sin dos, 
un corte 
       que crece 
hacia fuera, 
hacia abajo, 
un corte 
       como raíz, 
sin grito, 
sin garganta.
ANDÉN

						
Un hueco, un vacío 
              de tormenta 
       en las miradas, 
en la voz, las voces, 
              y un desierto 
precario 
       en la espera.
GRIETA 'E FRONTERA
(Venezuela, escúchame)

					
Al Chino Valera,
en memoria
Brilla un ojo neutrónico,  
       que apenas se advierte 
entre el agitar 
       de las banderas. 
Y brilla otro ojo 
       para adentro, 
un ojo virtual, 
       incesante, 
conectado también 
       a una central 
       múltiple 
(donde los ríos cifrados 
       y sucios 
       desembocan). 
Te están calculando, 
       Venezuela; 
te están filmando 
       en technicolor, 
       en el fragor, 
       en la neblina, 
y están invirtiendo 
       a cuenta, 
tu cuenta, 
       tu ñame, 
       tu memoria. 
Y brilla un tercer ojo 
       acechante, 
un ojo fijo, o fijado, 
       en el oro blando, 
       el oro oscuro 
(el oro que enciende 
       fiebres y turbinas). 
Un ojo 
       que el pescador de Uquire 
       ni imagina, 
un ojo 
       que el buhonero 
       de San Felipe 
       ni sospecha. 
Te están, desde 
       lejos, 
midiendo Venezuela 
       la sangre, 
       el aire, 
       el límite, 
y te están traduciendo, 
       calculadora en mano, 
en programas intensivos 
       y en barriles. 
Sueñan pesadillas, cerrojos, 
       Venezuela, 
en nombre de la gente 
       desprevenida 
       y sencilla, 
ésa que baja en burro 
       a La Salina 
o reza un ave maría 
       en Punto Fijo. 
Cuídate la espalda, 
       Venezuela, 
que un atrás inmenso, 
       metálico 
       y oscuro 
está creciendo 
       con tu sangre, 
tu marejada espesa 
       y tus espinas.
15 de diciembre 2002

La inclusión de Eduardo Dalter es una atención de Julio Carabelli
Obispo Segura 239
4700 Catamarca
Argentina.

carabelliju@hotmail.com