Efraín Huerta

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

       Nació el 18 de junio de 1914 Guanajuato, México. Hizo sus primeros estudios en León y Querétaro. En la ciudad de México cursó la preparatoria y los primeros años de la carrera de leyes. Fue periodista profesional desde 1936 y trabajó en los principales periódicos y revistas de la capital, además de varios de provincia. Formó parte del grupo que editó la revista Taller, en donde se buscó la coincidencia de las poéticas individual y social. Realizó viajes a Estados Unidos y Europa. En sus poemas sobre la ciudad de México y en sus "poemínimos" puso una nota de humor y desenfado. Falleció el 4 de febrero de 1982 en Ciudad de México.

Libros publicados

Entre otros:

  • Absoluto amor
  • Línea del alba
  • Poemas de guerra y esperanza
  • Los hombres del alba
  • La rosa primitiva
  • La raíz amarga
  • El Tajín
  • Estampida de Poemínimos
  • Transa Poética
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Efraín Huerta

POEMAS
HOY HE DADO MI FIRMA PARA LA PAZ

					
a Carlos y Eugenia en Nueva York
Hoy he dado mi firma para la Paz. 
Bajo los altos árboles de la Alameda 
y a una joven con ojos de esperanza. 
Junto a ella otras jóvenes pedían más firmas 
y aquella hora fue como una encendida patria 
de amor al amor, de gracia por la gracia, 
de una luz a otra luz. 
Hoy he dado mi firma para la Paz. 
Y conmigo, en cien países, cien millones de firmas, 
cien orquestas del mundo, una sinfonía universal, 
un sólo canto por la Paz en el mundo. 
Hoy no he firmado el poema ni los pequeños artículos, 
ni el documento que te esclaviza, 
no he firmado la carta que no se siente 
ni el mensaje que durará un segundo. 
Hoy he dado mi firma para la Paz. 
Para que el tiempo no se detenga, 
para que el sueño no se inmovilice, 
para que la sonrisa sea alta y clara, 
para que una mujer aprenda a ver crecer a su hijo 
y las pupilas del hijo vean cómo su madre 
es cada día más joven. 
Hoy he dado una firma, la mía, para la Paz. 
Un mar de firmas que ahogan y aturden 
al industrial y al político de la guerra. 
Una gigantesca oleada de gigantescas firmas: 
la temblorosa del niño que apenas balbucea la palabra, 
la firma de humildad -la firma del poeta. 
Hoy he elevado en una el número mundial 
de firmas por la Paz. 
Y estoy contento como un adolescente enamorado, 
como un árbol de pie, 
como el inagotable manantial 
y como el río con su canción de soberbios cristales. 
Hoy parece que no he hecho nada 
y sin embargo, he dado mi firma para la Paz. 
La joven me sonrió y en sus labios 
había una paloma viva. 
y me dio las gracias con sus ojos de esperanza 
y yo seguí mi camino en busca de un libro 
para mis hijos. 
Pues ahí estaba mi firma, precisa y diáfana, 
al pie del Llamamiento de Berlín. 
Parece que no he hecho nada 
y sin embargo, creo haber multiplicado mi vida 
y multiplicado los más sanos deseos. 
Hoy he dado mi firma para la Paz. 
Tomado de Los poemas de viaje (1949-1953), México, Ediciones Litoral, 1956
Publicado inicialmente en Violín del Diablo
PARA GOZAR TU PAZ

						
Como el viento agita las altas hierbas
así mis dedos vuelan sobre tu cabellera de diamantes,
y la noche de alcohol y los árboles de oro
encierran para siempre un sollozo de triunfo,
el ay de la alegría, el ah definitivo. 

Como el aire de junio en la colina
mueve la dulce sombra de la nube,
así mi corazón se sacrifica
en el húmedo templo de tu pelo. 

Nave sin dueño, sombra de ardorosa
violencia, esta mi mano canta
bajo el murmullo alado de tu gloria. 

Porque tienes la luz y la belleza
en el sereno estanque de tu rostro,
así el negro laurel es tu corona
y es mi fatiga y es
la sangre del insomnio. 

Sólo cuando el pecado es la guirnalda
y la atadura, la cadena infinita
y el profundo latido; sólo cuando
la hora ha llegado, y tú,
joven de rosas y jazmines,
miras al horizonte del deseo
y dejas que el tesoro de seda y maravilla
sea la noche en mis manos,
sólo entonces, dorada,
todo me pertenece:
las hierbas agitadas y el viento
corriendo como el agua entre mis dedos:
agua de mi delirio, eterna fiebre,
espejismo y violencia, dura espina
pedernal de la muerte, lento mármol,
millón de espigas negras. 

Donde nace la idea,
donde tus pensamientos
-aves en dulce selva sometidas-,
donde mis labios buscan el milagro,
ahí estará mi fuerza. 

Ahí estará el dolor de mi presencia:
al pie de tu dominio y tu pureza,
sin más aroma que el júbilo
y una medalla de aire,
palpitante, como el fuego
de una lágrima viva. 

Crece la hierba, el río,
y el ala de la garza
es la mano de Dios que se despide. 

Crece el amor en invisible grito
¡quemante, activa espada),
y el corazón despierta
como herido de muerte. 

Doblo la lenta hoja del silencio
y te apareces tú, página y perla,
con el cabello al viento
y una cierta sonrisa de alta luna. 

Suave y veloz, como el aire de junio,
beso tu cabellera de diamantes,
el tesoro escondido de tu sueño,
y digo adiós a la violencia
para gozar tu paz,
tu dulce, tu gloriosa geografía,
por siempre detenido,
por siempre enamorado.