Else Lasker-Schüler

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nació en Alemania y murió en Jerusalem (1869-1945). Estuvo estrechamente relacionada con el expresionismo durante las primeras décadas del siglo XX y llegó a consagrarse como una de las voces líricas más grandes de la literatura alemana.

Libros publicados

Poesía

  • Estigia, 1902
  • El séptimo día, 1905
  • Mis milagros, 1911
  • Baladas Hebreas, 1913
  • Mi piano azul, 1943

Prosa

  • El libro de Peter Hille, 1906, entre narrativo y biográfico
  • Mi corazón, 1912, novela
  • El príncipe de Tebas, 1914
  • El rabino maravilloso de Barcelona, 1921
  • Arthur Aronymus, La historia de mi padre, 1932

Teatro

  • El Wupper, 1909. Su último texto dramático, el fragmento
  • Yo y yo, (fragmento) se publicó póstumamente.

Ensayos

  • Visiones, 1913
  • Concierto, 1932
  • El país de los Hebreos, 1937
.

Else Lasker-Schüler

POEMAS
¡Viva!

						
Mi deseo hierve en la nostalgia de mi sangre
como vino salvaje que arde entre pétalos de
fuego.
Quisiera que tú y yo, nosotros, fuéramos una
fuerza,
que fuéramos de una sangre
y una consumación, una pasión,
¡Una ardiente canción de amor de los mundos!

Quisiera que tú y yo, nosotros, nos
ramificáramos,
cuando -loco de sol- el día de verano clama por
la lluvia
¡y nubes de tormenta estallan en el aire!
Y que toda vida fuera nuestra;
que arrancáramos a la misma muerte de su
tumba
y que nos regocijáramos por su silencio.
Quisiera que -desde nuestro abismo- se eleven
masas
-como rocas- una tras otra y desemboquen
en una cumbre, ¡inalcanzablemente lejana!
Que abarcáramos por completo el corazón del
cielo
y que nos encontremos en cada brisa
¡y que deslumbráramos toda eternidad!

Un día de celebración en el que murmuraremos
uno en el otro,
en el que -nosotros dos- nos precipitaremos
uno en el otro,
como fuentes que manan desde la escarpada
altura rocosa
en olas que escuchen el propio canto
y -de pronto- caigan rugiendo y confluyan
¡en inseparables manadas de aguas salvajes!
Sulamita *

¡Oh, yo he aprendido -en tu dulce boca-
a conocer tanto de las bienaventuranzas!
Ya siento los labios de Gabriel
ardiendo sobre mi corazón...
Y la nube de la noche se bebe
mi profundo sueño de cedro.
¡Oh, cómo me hace señas tu vida!
Y yo me consumo
con floreciente dolor de corazón
y me desvanezco en el espacio del mundo,
en el tiempo,
en la eternidad,
y mi alma se extingue en los colores de la noche
de Jerusalem.

* Sulamita, nombre que se da a la esposa en el Cantar de los Cantares.

Athánatoi **

						
¡Escucha, yo te amo sin límite!
¡Por sobre todo amor, por sobre todo odio!
Quisiera atraparte como una piedra preciosa
en los rayos de mi alma.
Tiende tu sueño en mi regazo,
yo lo cercaré con muros de oro
y lo rociaré con dulce vino griego
y con el bálsamo de las rosas.

Oh, yo volé hacia ti como un ave,
para encontrarte
en las tormentas del desierto, en los vientos del
mar,
en el rojo de sol de mis días,
en la estrella de mis noches.
¡Escucha!, extiende la fuerza de tu voluntad,
que flotemos sobre todos los otoños,
y -siempre verdes- abracemos a la muerte
y le demos vida.

** Athánatoi, en griego: inmortales; plural de athánatos, inmortal.

Mi canción silenciosa

						
Mi corazón es un reloj triste
que late sin hacer ruido.

Mi madre tenía alas de oro
que no encontraron un mundo.

Escuchad, me busca mi madre,
sus dedos son luminosos y sus pies, sueños que
caminan.

Y suaves vientos con soplo azul
entibian mi sueño.

Siempre en las noches
cuyos días llevaban la corona de mi madre.

Y de la luna bebo vino silencioso
cuando la noche viene solitaria.

Mis canciones trajeron el azul del verano
y regresaron sombrías a casa.

Has escarnecido a mis labios
y hablas con ellos.

Pero extiendo mis manos buscando las tuyas
pues mi amor es un niño y quiere jugar.

Tomé a uno de vosotros y luego al segundo
y lo besé,

Pero mis miradas se mantuvieron dirigidas hacia
atrás
hacia mi alma.

Me he vuelto pobre
en vuestra mendicante obra de caridad.

Y no supe nada de estar enferma
y estoy enferma de vosotros,

Y nada es más insidioso que la enfermedad
que quiebra los pies a la vida, 

roba la luz al camino del sepulcro
y calumnia a la muerte.

Pero mi ojo
es la cumbre del tiempo,

su brillo besa
el borde de Dios.

Y os quiero decir aun más,
antes que se vuelva oscuro entre nosotros.

Si eres el más joven de vosotros
entonces debes saber lo más antiguo de mí.

En tu alma jugarán -de aquí en adelante-
todos los mundos.

Y la noche se quejará
al día.

Yo soy el jeroglífico
que yace bajo la creación.

Y me hago semejante a vosotros
a causa de la nostalgia por el ser humano.

Rasgo la mirada eterna de mis ojos,
la luz vencedora de mis labios -

Conoces a un cautivo más difícil,
a un hechicero más malvado que yo.

Y mis brazos, que quieren elevarse,
se hunden...
Nostalgia del hogar

						
No conozco el idioma
de este frío país
ni sigo sus pasos.

Tampoco sé interpretar
las nubes que pasan flotando.

La noche es una reina madrastra.

Siempre debo pensar en los bosques de los
faraones
y beso las imágenes de mis estrellas.

Mis labios brillan ya
y hablan a la lejanía,

y soy un libro de imágenes coloreadas
sobre tu regazo.

Pero tu rostro teje
un velo de lágrimas.

Mis aves que chillan
son los corales clavados,

en los setos del jardín
se petrifican sus débiles nidos.

Quién unge mis palacios muertos -
Ellos llevaron las coronas de mis padres,
sus ruegos se sumergieron en el río sagrado.
En secreto hacia la noche

						
Te he elegido
entre todas las estrellas
y soy frágil - una flor que espía
en el follaje susurrante.

Nuestros labios quieren hacer miel,
nuestras noches brillantes han florecido.

En el bienaventurado esplendor de tu cuerpo
mi corazón enciende su cielo -

Todos mis sueños dependen de tu oro,
Yo te he elegido entre todas las estrellas.
Mi madre

						
¿Acaso era ella el gran ángel
que caminaba conmigo?

O -acaso- está mi madre sepultada
bajo el cielo de humo -
Jamás floreció azul sobre su muerte.

Pero si mis ojos brillaron claramente
y le trajeron luz.

Mi sonrisa no estaría sumergida en el rostro,
yo lo sostendría sobre su sepulcro.

Pero conozco una estrella
-en la que siempre es de día-
a la que quiero traer sobre la tierra.

A partir de ahora estaré completamente sola
como el gran ángel
que caminaba conmigo.
Juventud

						
Te escucho martillear esta noche
en un féretro en el profundo socavón de la tierra.
Muerte, ¡qué quieres tú de mí!
Mi corazón juega con la joven aurora
y danza en el enjambre de centellas del ardor del
sol
con todas las flores y el gozo del verano.

¡Sigue tu camino, vieja insaciable!
¡Qué haría yo en la ciudad de los muertos,
yo, con el júbilo en el pecho!
Despedida

						
Yo siempre quise decirte
muchas palabras de amor,

Ahora buscas inquieto
milagros perdidos.

Pero mis relojes musicales tocan
celebramos boda.

Oh, tus dulces ojos
son mis flores preferidas.

Y tu corazón es mi Reino de los Cielos...
Déjame mirar dentro.

Eres todo de menta resplandeciente
y tan tiernamente soñador.

Yo siempre quise decirte
muchas palabras de amor,

¿Por qué no lo hice?
Fin del Mundo

						
Hay un llanto en el mundo
como si el santo Dios hubiera muerto
y la sombra de plomo que cae
oprime con peso de sepulcro.

Ven, vamos a ocultarnos más cerca...
La vida está en todos los corazones
Como en féretros.

Oye, besémonos intensamente.
Una nostalgia llama al mundo
en el que debemos morir.
Dios, escucha...

						
La noche se concentra en torno a mis ojos
como un anillo.
Mi pulso transformaba la sangre en flamas
y, sin embargo, todo estaba
gris y frío en torno a mí.

Oh Dios, y en los días vivos
sueño con la muerte.
La bebo en el agua y la trago en el pan.
No existe medida en tu balanza para mi tristeza.

Dios, escucha... En tu preferido color azul
canto la canción del tejado de tu cielo.
Y, sin embargo, el día no despertó en tu aliento
eterno.
Ante ti, mi corazón casi se avergüenza de su
sorda cicatriz.

¿Dónde termino? - ¡¡Oh Dios!! Pues miré las
estrellas
y también a la luna, al valle de todos tus frutos.
El vino rojo pierde ya el sabor en su fruta...
Y sobre todo -la amargura- en cada pepita.
Plegaria

						
Oh Dios, estoy llena de tristeza...
Toma mi corazón en tus manos -
hasta que la noche llegue a su fin
en el permanente retorno del tiempo.

Oh Dios, estoy tan cansada... oh, Dios.
El hombre de las nubes y su mujer
en el azul del cielo juegan conmigo
siempre en verano, Dios amado.

Y creo en nuestra luna, Dios,
pues ella me envuelve con brillo,
como si yo estuviera desamparada,
como si yo aun fuera pequeña,
... Una pequeña flama de alma.

Oh, Dios; también ella está llena de fallas:
Tómala silenciosamente en tus manos...
para que termine brillando en ti.
Yo sé

						
Yo sé que pronto debo morir
pero relucen todos los árboles
después del beso de julio, largamente
anhelado...

Mis sueños se vuelven pálidos...
Nunca compuse un final sombrío
en los libros de mis versos.

Una flor me cortas como saludo...
Yo la amaba ya en el brote.
Pero yo sé que pronto debo morir.

Mi aliento flota sobre el río de Dios...
Sin hacer ruido, pongo mi pié
en el sendero que conduce al eterno hogar.
Entrega

"Miro las hileras de imágenes de las nubes, hasta dispersarse y descubrir su ruta azul. Flotaba solitaria en todos los mundos, descifré los estrelloglíficos y los signos lunares en torno al hombre. Y tímida me pregunté si, o cuando alguna vez he nacido y después muerto. Un vestido de duda tenía puesto, qué antiguo dolor, consagrado a mí, tejió en la rueda del tiempo. Y cada imagen que de este mundo gané perdí doblemente, y también lo que imaginaba."