Ernesto San Millán

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PALABRAS PRELIMINARES

POESÍA

Debo confesar que siempre creí que la poesía ayudaba a resolver nuestros propios enigmas. Me equivoqué. Todas las mañanas me despierto, como un náufrago, preso de la incertidumbre, con muchas más preguntas que las que tenía cuando me acosté. Es ahí cuando corro a la PC, a revolcarme con ella; con esa obsesión que me provoca y me provoca, como una amante escurridiza, y jamás podré alcanzar. La poesía es lo más rematadamente utópico que habita el Universo; cuanto más me acerco a ella; ella, más se aleja de mí.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Ernesto San Millán nació y vive en Río Cuarto, Córdoba, República Argentina.

Libros publicados

Poesía

  • Cantalao, 1990
  • Trópico, 1991
  • 50 poemas rotos tirados en la calle (en colaboración con los PoEtAs DeL AiRe), 1992

Novela

  • No name, 1994

Inéditos

Poesía

  • Sexo en la luna/Pájaro roto

Novela

  • Alcoholes del crepúsculo

Antologías

Integra la primera antología de la poesía joven argentina Poesía de la fisura y antologías nacionales y extranjeras

Premios y distinciones

Ha sido distinguido en numerosos certámenes literarios.

Otras actividades

Es miembro fundador del grupo de poesía callejera PoEtaS DeL AiRe. Desde sus inicios integra la dirección editorial del periódico literario La MoScA MuERtA.

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Ernesto San Millán

POEMAS
UN SOL

						
Con  esta voz rasposa y oxidada
llena de whisky amanecido en la garganta,
con la resaca intoxicando el aire
y haciendo chilenita con la nada,
estoy caminando con mi otro
llenando el éter de palomas muertas
tiroteando a los tontos que se cruzan con mi alma.

Todo, o casi todo, lo he perdido.
El resto es sangre a cuestas: virulana.

En el filo del cuchillo, los enemigos íntimos caminan;
van de la mano, sin decir palabra.
Se quieren tanto, se odian tanto,
que se destrozan como animales en la cópula;
como simbióticos anfibios de la nada.

Al llegar a la esquina, un sol que los derrite; los desangra.
El silencio aturde, pero ninguno habla.
 
SIN FONDO

						
No sé qué hacer con estos huesos.
Con las arañas, los fantasmas, las moscas
que bajan desde el techo
usando de escalera mi esqueleto.

Junto a esta habitación oscurecida,
mi mujer, en la cocina, fríe huevos.
El mundo se vuelve una tortilla
es un inmenso panqueque cercado por alambres
donde las púas bailan sobre un sutil ombligo.

¿Quién sabe qué pasa, dónde, cuándo, cómo?
Cuando pasan tantas cosas en mi cuerpo.
No es tan simple escribir, cuando la carne,
crepita en la cocina con sus jugos,
de voraz animal hecho pedazos.

Aquí donde me pongo escucho todo.
Y no quiero estar aquí ni en ningún sitio.
Sólo sé que paso, del frío al calor al mismo tiempo.
Quiero ser David, y Goliat, y hormiga y dromedario;
y jurásico saco donde enterrar mis huesos:
desolados, hambrientos, filosos, malheridos.

Mejor me voy a ventilar, con mi miseria humana de testigo.

En fin: HOY ME SIENTO IMPORTANTE.
He sacado sin querer a relucir mis miedos,
y vieran qué peso a cobrado mi vacío !
 
NI REMATADAMENTE SOLO NI PERDIDO

						
Se lo ve de pie ante la tarde,
con su frágil cuerpo incólume,
atravesado por un rayo de luz.
Depende, de leyes generales,
y su lógica de príncipe,
resiste, la fría hendidura del cuchillo.
El rigor del invierno es su único temor.
La atávica mirada del verdugo,
que se parece al hombre con su mirada obtusa
y su crueldad feroz.
Yo lo miro de lejos, lo estudio, lo provoco,
y él se limita a mover, en un péndulo de aire,
su follaje verdoso, sus vainas alargadas.
Mi corazón quieto, que reposa en el llano,
de pronto se ha vuelto más humano.
Le gustaría columpiarse en su esplendor.
Adquirir su templanza, su paciencia de voces,
su quietud infinita de silencios fugaces.
Afuera están los bancos, los ministerios y los cheques.
Los besos y las cárceles
y a veces hay trabajo, y a veces hay amor.
Y seres taciturnos sin grandeza ni ideales.
Afuera está la guerra, con sus sombras de niebla,
con su montón de huesos y argumentos,
y sus falsos profetas de un mañana mejor.

Pero mi fibra óptica del alma,
apuesta a ese arbolito.
Estoy desesperado y lúcido
como un cordero berreante entre la noche.

Es todo lo que tengo.

En ese jacarandá está mi futuro.
En ese azul violáceo mis hijos y mis manos.
Allí dormirá mi monstruo de algodón.
 
EL QUE NO VE

						
Miren como se me cae la voz,
como bailan mis huesos moribundos,
como paso del frío al esqueleto.
No sé que hacer con este niño
no sé qué haré con este yacaré feroz.
De la noche a la mañana vivo entre serpientes
entre bífidas lenguas, que son gigantes de humo,
y que aplastan la casa donde vive la luz.

Estamos todos rematadamente cuerdos,
hay una gran ausencia de videntes y locos.
Hasta los buenos perros, han perdido su rumbo,
se golpean y caen, se disuelven y mueren.
Es tan difícil vivir como uno piensa !

Miren !

En qué infinita manifestación de ciegos y de tontos
se ha convertido el mundo.

Desconfiemos del tuerto.
Desconfiemos del rey.
 
BACKSTREET BOYS

						
Y a la mañana del domingo
José juntó cerebros
de minitas desnucadas por el piso.
Tenían los ojos como vacas locas
desorbitadas por el electro shock,
las cabezas fulminadas por el láser
en un sudor frío de control remoto.

José apila las cabezas y les prende fuego,
      llora
mientras mira cómo arde la salud de esos cadáveres,
y un pájaro negro cruza el cielo.
Cancha de Boca, Noviembre de 1998.
 
MI PELÍCULA

						
Masticando el pasto de los años
no sé cómo seguir en pie y estoy cansado.
La radio anuncia, intermitentes lluvias,
y la tele, una histriónica lucha para mi corazón.

Pero vos dormís y todo está estrellado.

Un perrito temerario, cruza la calle con sus pulgas,
y un obrero chala, en la parada del 12, un tabaquito en los labios.

El mundo avanza sin pudor.

Debatiéndome, entre la burguesía y el temor,
en la honda quietud de mi silencio
las botellas bailan la alegría del malbec.
Son una foto vieja en el bouquet de los recuerdos.

Hoy estoy hecho de mitos, de palabras,
de una historia que nunca contaré.
Pero vos dormís y yo no puedo
dejar de contárselo al planeta.
Porque quiero perpetuarme en ese plazo, instante sideral,
donde habita el lenguaje de los sueños.

Por eso canto.

Como si en mí creciera,
el otro lado de tus cosas, miro,
tu media mano, tu medio cuerpo, tu media sombra.
El 50 % de lo que todo
fatalmente no me diste: y estoy contento.

Ahora puede llegar el sepia de los años.
Las injurias de la vejez, la decadencia del alma, las cicatrices del tiempo.
Pueden volar de mí todos los pájaros.

Porque yo me quedo con esa gota de sudor,
como un tatuaje,
que tu lengua de azúcar pulveriza,
en la boca del viento.