Eugenio Montale

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PALABRAS PRELIMINARES

      Fue un gran lector. Entre sus favoritos se contaban Rousseau, Constant, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Cervantes, Manzoni y los filósofos Croce y Bergson. Llegó a su primer libro, Huesos de jibia (Ossi di seppia), a través de la lectura de sus contemporáneos de la década precedente: Pascoli, Gozzano, Saba, Palazzeschi, Marinetti, Ungaretti y Campana. Fue ese primer libro  por el que fue llamado un poeta físico y metafísico por Pietro Pancrazi (Scrittori d’oggi, Laterza, 1946).

      Un ensayo publicado en estos años por el mismo Montale  nos da la clave:  El estilo, el famoso estilo total creado por los poetas de la ilustre última tríada (se refiere a los tres más populares del momento) está enfermo de furores jacobinos, de superhombrismo, mesianismo y otras enfermedades.

      En tiempos que parecían contraseñados por la inmediata utilización de la cultura,  la polémica y la diatriba, Montale pensaba que el estilo no podía venir de otra parte sino de los buenos hábitos. Veinte años después, hablando del primer libro, agregó que su propósito era que su palabra fuese más adherente que la de los otros poetas

      Montale confesó que le parecía vivir dentro de una campana de vidrio aunque, al mismo tiempo, se sentía cerca de cualquier cosa esencial; un velo sutil era todo lo que le separaba de ello. La expresión absoluta buscada sería, entonces, la ruptura de ese velo, una explosión que pusiera fin al engaño del mundo como representación. Aún así, veía este objetivo como inalcanzable, al tiempo que sentía esta voluntad de adhesión como musical y no pragmática. En suma, lo que quería Montale era tomar por el cuello la elocuencia de la vieja lengua áulica, tal vez con el riesgo de una contraelocuencia.

      No hay duda que lo mejor de Ossi di seppia está en la sequedad lapidaria de algunas sentencias y en una subjetividad que rompe todo esquema realista. Con Le occasioni desarrollará una sugestión cósmica, una objetivación profunda mediante la aproximación a un tiempo histórico amenazante y a una búsqueda desesperada de la salvación. La figura emblemática, aquel “tú”, los animales que aparecen en abundancia, serán capaces de salvarlo.

      Finisterre es publicado en Suiza y no en Italia por la antipatía de Montale por el fascismo. Este folleto se convertirá después en la primera parte de La bufera e altro. La tensión poética adquiere aquí niveles altísimos. De la oscuridad emergen figuras que vuelan teniendo como fondo el conflicto.

      Montale recoge sus ensayos publicados por años en “Il Corriere della Sera” en dos libros, Farfalla di Dinard y Auto da fe. Allí podemos encontrar sus escritos políticos, su tormentosa relación con el fascismo, con la literatura, su inmensa soledad y una muy interesante reflexión sobre la cultura en la sociedad tecnológica: sobre todo, se nos presenta a plenitud el escritor en absoluta desarmonía con su propio tiempo y con el mundo en general, el Montale que no entiende la oferta de crédito al régimen fascista de la mayor parte de sus compatriotas y, en fin, que hace de esta “desarmonía” su propia condición existencial.

      Los numerosos viajes los recogió en Fuori di casa. Ya en plena fama, el Presidente Saragat lo designó Senador Vitalicio, lo que puso fin a sus permanentes angustias económicas, le permitió dedicarse más a la poesía y reducir sus colaboraciones periodísticas. En 1963 murió su inseparable compañera. Cinco meses después Montale escribió el poema “Xenia”, después convertido en una serie en memoria de la mujer muerta.

      Los primeros 14 son recogidos en un libro; otros 14 vendrán después bajo el título “Altri Xenia”, poemas todos que conforman Satura. Era un Montale nuevo y diverso, como coincidió toda la crítica. Textos cortos en un diálogo de ultratumba, corrosivos, donde pulveriza los objetos simbólicos tan apreciados en sus libros anteriores. Diario del ‘71 y del ‘72, que bien puede definirse como la última estación montaliana, es un hurgar en un universo en continua modificación.

      En 1975 le otorgan el Premio Nobel de Literatura. Salen de las prensas Quaderno di traduzioni y, en revistas, algunos poemas inéditos. Montale contó en vida con un gran éxito en el exterior. Sus poemas han sido traducidos al francés, alemán, español, sueco, griego, inglés, rumano, húngaro, serbocroata, turco, y otros. La crítica se ha ocupado, igualmente, de su obra en manera abundante.

      Montale tradujo a Steinbeck, Cervantes, Melville, Dorothy Parker, Fitzgerald, O’Neill, Hawthorne, Shakespeare, Pound, Nicolás Guillén, Eliot, entre otros.

      Al entrar en el análisis de sus libros es imprescindible referirse al discurso que pronunció con motivo de la entrega del premio Nobel. Allí resalta la vinculación de la poesía con la música y al sonido como la verdadera materia de la poesía. La poesía se hace lentamente visual, explicó, porque pinta imágenes, pero aún así sigue siendo musical, reúne dos artes en una sola. Reflexionó sobre la tecnología y reveló la existencia de dos poesías, una de consumo inmediato que se muere apenas se expresa y otra que dormirá sus años tranquila para despertar un día, si es que tiene la fuerza para hacerlo. El arte es siempre para todos y para ninguno. La poesía sobrevivirá - afirmó - al mundo tecnológico.

      En Ossi di seppia vemos cómo una árida desolación camina los poemas y la naturaleza toma colores encendidos y encantados. Una cansada sensualidad se internaliza en el ánimo. El poema se torna escabroso, triste, produciendo la sensación de que el poeta ha demolido la materia. Hay una profunda reflexión que se mueve como una ola que se empina en las palabras escabrosas y se distiende después en una pincelada.

      La bufera e altro nos ofrece un mundo instantáneo de esperanza, una ambigüedad que algunos críticos han llamado “realismo existencial”. En un mundo sin futuro, los hombres no son más autónomos que las sombras; los muertos, depositarios del pasado, representan la plenitud de la vida.

      Satura está caracterizado por un cambio de trasfondo y objetos, por lo tanto de lenguaje. Hay un cambio en relación con las cosas vivientes, seres humanos y animales (no olvidemos la pasión del poeta por estos últimos). En Satura están incluidos los poemas de Xenia, dedicados a la esposa muerta, escritos entre 1964 y 1967.

      El cambio se veía claro, surgía una tendencia a “narrar”, tal vez a la manera de Farfalla di Dinard. La crítica italiana, no obstante, ha preferido siempre hablar de “diario” para referirse a estos textos montalianos. El propio poeta hizo notar que entre los tres primeros libros y éste habían pasado algunos años dedicados al periodismo. Montale aseguró, al momento de la aparición del libro, que esta poesía tendía a la prosa al mismo tiempo que la rechazaba. Xenia está escrita en un permanente “tú”, en un “yo” hacia un “tú”, perdidos ambos en el vacío universal. Satura tiene una estructura musical; los motivos entran en diversas claves, se desarrollan y se abrazan. A ratos, es cierto, aflora el periodista, pero que participa también de la música. Los antiguos temas se asoman en algún momento del poema. En este libro hay menos uniformidad temática, o como lo dijo el propio Montale, una dimensión musical diversa. En Diario del 71 y del 72 Montale da la impresión inicial de desorganización, de un simple ordenamiento cronológico, pero poco a poco se descubre que la organización subyace a la manera montaliana. Estos poemas están plagados de expresiones de la conversación común. Está aquí el lenguaje contemporáneo, anónimo, presente con todas sus banalidades familiares pero también con floraciones cultas. Muchas veces el lenguaje de Montale es un metalenguaje, un discurso sobre la lengua.

      En Quaderno di quattro anni la aproximación a la prosa es más fuerte. La poesía de Montale no había alcanzado antes tal grado de libertad frente a los juegos fónicos o a las exquisiteces estilísticas. Alfredo Guilcani (En Autunno del Novecento, Feltrinelli, 1984) encuentra un “violento elogio de la locura y un cortejar a la crueldad”. Cree, al mismo tiempo, que hay en este libro extrañas vibraciones que apuntan a lo oscuro. Si Ossi di seppia es un viaje a través de los modelos más válidos de la tradición poética italiana (Carducci, Pascoli, D’Annunzio), Le occasioni es el perfeccionamiento de los instrumentos técnicos.

      La bufera e altro marca la irrupción violenta de la realidad histórica. Ese mal de vivir que la crítica ha señalado en Montale desde sus primeros poemas, toma cuerpo en la historia, realizándose. Los últimos libros se caracterizan por la tendencia al “diario”. 

      En el poema  “I limoni”, incluido en Huesos de jibia, se canta a los limones por contraste con los poetas que sólo hablan de plantas de nombres raros. Es un evidente rechazo a la poesía académica, aunque el poema sigue cargado de metafísica. En un elemento común se deposita una gran ansia por descubrir una respuesta al deseo de vivir. La tendencia a la narración está ya en el primer poema del primer libro. Al mismo tiempo que manifiesta rechazo, Montale recupera elementos estilísticos de la tradición; ese “escúchame” con que se abre, dirigido a un mudo interlocutor, será recurrente en toda su poesía. Del mismo Ossi di seppia es el poema “Non chiederci la parola”, una auténtica definición existencial de toda una generación, como lo observa Marchese. En la negatividad,

hoy sólo podemos decirte
aquello que no somos
aquello que no queremos

se resume la tesis montaliana de que no se pueden dar más mensajes, fórmulas, seguridad o certezas, sino sílabas que expresan una convicción, la de la caída de toda posibilidad de consuelo. El mensaje está en versos que declaran la imposibilidad de mensaje. Ossi di seppia es el principio ético de toda una generación, el refutar todo optimismo consolatorio, el revelar la conciencia del “mal de vivir” que en muchos se traducirá en un antifascismo militante.

      Algunos poemas de Le occasioni muestran nuevas sobreimpresiones en la memoria; el poeta se pregunta si en realidad los sucesos fueron como los relata y se declara imposibilitado de recuperar el pasado. Letra a letra, poema a poema, se constata la erosión del tiempo sobre los sentimientos y sobre la memoria. No hay manera efectiva de defender los recuerdos, una especie de neblina oculta los rostros y los hechos del pasado. En el poema “Dora Markus” se funden en un retrato de mujer todas las tendencias montalianas, el silencio, la indiferencia, la inquietud. En la segunda parte del mismo hay una referencia histórica: la vecindad de las tinieblas sobre Europa. Dora es, prácticamente, inevitabilidad e impotencia, “...pero es tarde, siempre más tarde”. En los poemas de La bufera e altro hay una evidente referencia histórico-política, pero vinculada a la trágica condición existencial del hombre y el mal histórico es presentado como una epifanía. Los poemas son casi un balance de la conducta del poeta, una verificación de los principios que lo han guiado, ahora dirigiéndose a una mujer a la que ratifica el sentido desencantado del vivir.

      En Satura reflexiona sobre el sentido de la historia y sobre el lenguaje. Está allí “Xenia II” (palabra griega que significa mujeres ofrecidas a los amigos y a los huéspedes), poemas discursivos y coloquiales que “leen” la realidad y nos dejan un sabor de sabiduría. El último Montale es reflexivo, el poeta que pide a los amigos hacer una gran hoguera con todos sus libros, el que pide olvido proclamando que la tranquilidad de los poetas sólo es perturbada por el recuerdo.

      Para finalizar es necesario hacer referencia al Montale prosista. Dos libros famosos fueron Farfalla di Dinard (artículos en Il Corriere della Sera) y Corriere d’informazione. En ambos libros hay numerosos elementos autobiográficos donde se puede seguir a Montale desde la infancia, su estudios de canto y su fructífera y dramática pasantía por Florencia.

      El poeta no es muy dado a las confidencias, pero, aún así, podemos ver en la tela de la nostalgia algunos duros juicios sobre los pueblos de la infancia y la adolescencia, las mujeres aparecen agresivas y soportadas con estoicismo, casi como si la idealización en la poesía fuese un contrapeso al fastidio por la feminidad terrenal. El poeta hace auténticos estudios de la tipología humana, camina el sendero del hedonismo y hasta nos muestra sus aficiones gastronómicas. Cesare Segre ha hecho un estudio comparativo entre la poesía y la prosa, remarcando cada lugar y cada motivación. Otro texto destacable es Fuori di casa, un libro de viajes lleno de juicios literarios y artísticos. También hay que mencionar Auto da fe, Nel nostro tempo, Sulla poesia y su intercambio de cartas con Italo Svevo y Salvatore Quasimodo.

Extraído parcialmente de Ameritalia

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

      Nació en Génova el 12 de octubre de 1896, y murió en Milán, el 12 de septiembre de 1981.

      Eugenio Montale, poeta, ensayista y crítico de música italiano, era el sexto y último hijo de una familia de prósperos comerciantes de productos químicos de Génova. Sus padres eran proveedores, entre otros de la familia de Italo Svevo. Montale tuvo dificultades de salud durante la infancia que lo obligaron a interrumpir sus estudios, y fue su hermana Mariana quien se encargó de su cuidado. Quería ser cantante y, al retomar sus estudios formales, tomó paralelamente clases de canto. Su afición por la música se reflejaría en muchos de sus poemas y lo llevaría finalmente, en su madurez, a ejercer la crítica musical. Obtuvo el título de contador, carrera a la que lo había orientado su padre.

      Leyó ávidamente, durante su juventud y adolescencia, a los simbolistas franceses, entre otras lecturas. Sin maestros, aprendió francés e inglés.

      En 1917, fue incorporado al ejército y luchó en la Primera Guerra Mundial, experiencia que también tendría resonancia en su poesía.

      En 1925, firmó un famoso manifiesto de los intelectuales contra el fascismo, documento inspirado por el filósofo Benedetto Croce. Se trasladó a Florencia para trabajar en la editorial Bemporand. Conoció a la mujer con la que estableció una relación profunda, y que duró muchos años, Dursilla Tanzi. En 1929 fue nombrado director del  Gabinete Vieusseux, una de las bibliotecas y archivos más prestigiosas de su tiempo,  que atraía a intelectuales del país y del extranjero. El poeta T. S. Eliot tradujo sus poemas al inglés.

      Después de diez años al frente del Gabinete Vieusseux, el gobierno fascista lo dejó cesante. Durante la Segunda Guerra Mundial, hospedó en su casa a escritores perseguidos, —Umberto Saba y Carlo Levi, entre otros—. En esos años de guerra, se dedicó a la traducción de autores como, por ejemplo, Miguel de Cervantes, Christopher Marlowe, Herman Melville, Mark Twain y William Faulkner. Después de la guerra, se empleó como crítico de música en el diario Corriere de la Sera, de Milán.

      Viajó por Europa y a los Estados Unidos. Le otorgan el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Milán. Recibió el importante premio Feltrinelli. Se casó con Dursilla Tanzi en 1962, y su esposa murió al año siguiente. En 1966, fue nombrado senador vitalicio por el presidente Giuseppe Saragat. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975.

Extraído parcialmente Wikipedia

Libros publicados

Poesía

  • Ossi di seppia, (Huesos de jibia), 1925
  • Le occasioni, (Las ocasiones), 1939
  • La bufera e altro, (La tempestad y otros poemas), 1956
  • Satura, 1971
  • Diario dei ‘71 e dei ‘72, (Diario del 71 y el 72), 1973
  • Quaderno di quattro anni, (Cuaderno de cuatro años), 1977
  • Altri versó, (Otros versos), 1981
  • La casa dei doganieri e altre versó, (La casa de los aduaneros y otros versos), 1932
  • Finisterre, 1943
  • Accordi & pastelli, (Acordes y pasteles) 1962
  • Xenia, 1966
  • Il poeta/Diario, (El poeta/Diario), 1972
  • Otto poesie, (Ocho poesías), 1975

Prosa

  • Farfalla di Dinard, (Mariposa de Dinard), 1956
  • Auto da fe, (Auto de fe), 1966
  • Fuori di casa,  (Fuera de casa), 1969
  • Nel nostro tempo (En nuestro tiempo), 1972
  • Sulla poesia, (Sobre la poesía), 1976
  • I miei scritti sul “Mondo” (da Bonsanti a  Pannunzio), 1981

Traducciones de poesía

  • Quaderno di traduzioni, (Cuaderno de traducciones), 1948
  • Diario póstumo
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Eugenio Montale

POEMAS
LOS LIMONES

Óyeme, los poetas laureados
se mueven solamente entre las plantas
de nombres poco usados: boj, ligustros o acantos.
Yo, para mí, amo las calles que conducen
a las herbosas zanjas donde en charcos
casi secos acechan los muchachos
alguna enjuta anguila:
los senderos que siguen los ribazos
bajan ente el penacho de las cañas
y llevan a los huertos, entre los limoneros.

Mejor si la algazara de los pájaros
se apaga devorada por el cielo:
más nítido se escucha el susurrar
de las ramas amigas al aire casi inmóvil,
y las sensaciones de este olor
que no sabe separarse del suelo
y llueve en el pecho una dulzura inquieta.
Aquí, de las pasiones apartadas
por milagro calla la guerra,
aquí también a los pobres nos toca nuestra parte
      de riqueza
y es el olor de los limones.

Mira, en estos silencios en que las cosas
se abandonan y parecen muy próximas
a traicionar su último secreto,
a veces esperamos
descubrir un error de la Naturaleza,
el punto muerto del mundo, el eslabón perdido,
el hilo que al desenredarlo finalmente nos ponga
en el centro de una verdad.
La mirada sondea a su alrededor,
la mente indaga, concuerda, desune
en el perfume que se propaga
cuando más languidece el día.
Son los silencios en los que se ve
en cada sombra humana que se aleja
alguna perturbada Divinidad.

Mas desfallece la ilusión y el tiempo nos devuelve
a las ciudades rumorosas donde el azul se muestra
solamente a retazos, en lo alto, entre molduras.
Después, la lluvia cansa el suelo; se espesa
el tedio del invierno sobre las casas,
la luz se torna avara, amarga el alma.
Hasta que un día, a través de un portón mal cerrado,
entre los árboles de un patio
se nos aparece el amarillo de los limones,
y se deshiela el corazón
y retumban en nuestro pecho
sus canciones
las trompas de oro del esplendor solar.
EN EL SILENCIO

Hoy hay huelga general.
No pasa nadie por la calle.
Sólo una radio portátil al otro lado de la pared.
Alguien debe vivir allí desde hace algunos días.
Me pregunto qué pasará con la producción.
La misma primavera tarda bastante en producirse.
Anticipadamente, han a apagado la calefacción.
Se han dado cuenta de que es inútil el servicio postal.
No es un gran mal el retraso de las funciones normales.
Es fatal que algún engranaje no engrane.
Hasta los muertos están agitados.
También ellos forman parte del silencio total.
Tú estás bajo una lápida. De nada vale despertarte
pues siempre estás despierta. Incluso hoy,
      que hay sueño
universal.
SESTEAR PÁLIDO Y ABSORTO...

Sestear pálido y absorto
junto al muro ardiente de un huerto;
escuchar entre espinos y zarzas
chasquidos de mirlos, susurros de víboras.

En las grietas del suelo o en la algarroba
espiar las filas de rojas hormigas
que se rompen o se entrecruzan
en la cima de minúsculas parvas.

Observar entre ramajes el palpitar
lejano de escamas de mar
mientras se elevan trémulos chillidos
de cigarras desde calvos montes.

Y caminando bajo el sol que deslumbra
sentir con triste maravilla
como es la vida entera y su penuria
en este andar bordeando una muralla
que encima tiene trozos filosos de botella.
LA CASA DE LOS ADUANEROS

Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
sobre el barranco a pico de la escollera.
Desolada te espera desde la noche
que en ella entró el enjambre de tus pensamientos
e inquieto se detuvo

El viento bate hace años los viejos muros
y no es alegre ya el sonido de tu risa;
la brújula se mueve enloquecida al acaso
y el azar de los dados ya no es más favorable.
Tú no recuerdas; otro tiempo distrae
tu memoria; un hilo se devana.

Aún sostengo un extremo; mas se aleja
la casa y sobre el techo la veleta
ennegrecida gira sin piedad.
Tengo un extremo; pero tú estás sola,
ni respiras aquí en la oscuridad

¡Oh el horizonte en fuga, donde se enciende,
rara, la luz del petrolero!
¿El paso es éste? (Nuevamente el oleaje
pulula sobre el barranco que se parte...)
Tú no recuerdas ya la casa de esta
noche mía. Y no sé quién se va ni quién se queda.
POEMA 5 DE XENIA II

Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón
      de escaleras
y ahora que no estás cada escalón es un vacío.
También así de breve fue nuestro largo viaje.
El mío aún continúa, mas ya no necesito
los trasbordos, las reservaciones,
las trampas, los oprobios de quien cree
que lo que vemos es la realidad.

He bajado millones de escaleras dándote el brazo
y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos.
Contigo las bajé porque sabía que de ambos
las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas
eran las tuyas.
TAL VEZ UNA MAÑANA

Tal vez una mañana caminando por un aire de vidrio,
árido, volviéndome, veré hacerse el milagro:
la nada a mis espaldas, el vacío detrás
de mí, con terror de borracho.

Luego, como en una pantalla, se detendrán de pronto
colinas, casas, árboles para el común engaño.
Pero será muy tarde, y yo me iré callado
en medio de los hombres que no se vuelven,
con mi secreto.

Los poemas fueron traducidos por Horacio Armani