Facundo Leone Gómez

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PALABRAS PRELIMINARES

       Muchas veces he oído: lee la Biblia y entenderás la permanencia del hombre en la tierra y sus pasiones. Yo, a propósito, agregaría: lee Dante y William Blake y entenderás la trascendencia hacia ultratumba. Y pues, en efecto, la Poesía es eso, el arte para entender lo que existe de este y del otro lado, es como un veneno que se les destila a los vírgenes de carne y espíritu, el cual, los hace levitar y atravesar lo oscuro.

       Exalta de manera imponente la vida que se vale de los deseos e instintos y no aquella rebajada por la represión del Pecado, es el cántico Sublime que emana de las criaturas celestiales y el fruto germinal sembrado por la Serpiente que se nos da a gustar sin que nos conquiste la putrefacción. Y es que, a fin de cuentas, nada más casto y sucio hay como una buena Poesía. De los excesos de los juglares al engendro castigador de los malditos o clarividentes, es la Poesía la encarnación de la palabra en la música, de la música en la palabra, y el fuego interior que la domina está siempre alerta a encender el carbón apagado en la caverna del alma.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

       Nació el 10 de octubre de 1979, después de diez meses de internación por una transposición de los grandes vasos, sufriendo tres paros cardíacos y un encuentro sobrenatural. Estrena a la edad de quince años A la medida de todo, drama escrito según patrones renacentistas. Miembro del elenco “Expresión Contemporánea” recorre San Juan, actúa en la Fiesta Provincial del Teatro y redacta una obra acerca de la vida del músico Beethoven que nunca llega a las tablas. Abandona el teatro y se interesa por la poesía. Gana dos años consecutivos (1996, 1997) el concurso de Lírica organizado por la Universidad Nacional. Desde entonces no se presenta a ningún otro concurso, cosa de la que descree. Ha escrito y publicado por cuenta propia, repartiendo sus poemas y relatos a íntimos. No le agradan los talleres ni las cofradías de escritores. Dicta clases de Literatura y dedica sus tiempos de ocio a la lectura de textos medievales.

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Facundo Leone Gómez

POEMAS
Escrito por el Poeta y Dramaturgo, el Joven Heinrich von Kleist a su amante, Henriette Vogel

						
Al atardecer, cuando languidece la luna en el trópico
y el día ya caldeó las ramas con mesura,
el pensamiento es una Rosa en cuya textura
te adormeces, aplacada por un pesado narcótico.
Así, al pensarte, sin otra ocasión que esta tregua
que desdeñará el mañana, nos amamos, con delicia,
en el tranquilo camposanto que nos preservó la nostalgia; 
pero pronto expira la velada que creí perpetua.
Y la duda arranca la flor de incurable savia
haciéndola morir y deshojándola, con finos bisturíes;
y tú vuelves a tener la insensibilidad de los carmesíes
yo, los atenazantes caprichos, el egoísmo.
Dudo, descreído del amor, contrario a mí mismo, 
veo, abatido, renacer el tedio, me rindo a la renuncia
Muerte

						
Me gustará el rostro, la mirada pálida, el corazón mustio
si al corromper lo demás, el deber persevera
y ni el Pesar que ha deparado la encadenada esfera
ni la Conciencia podrán decir en un presagio
el reposo inútil de la carne, los trenzados siglos del sueño.
La Piedra lo observa todo, y prevalece el tiempo en la raíz,
las velas en la tormenta y el enemigo en el cáliz
cuando, contra tantos redobles del tambor, tras el empeño
de la memoria, vuelve el necio a la pobreza de la soledad
y el humilde soñador a la sentencia de la herida.
¡Oh!, vientos que con un batir vulneran la verdad,
                        tientan a la arrogancia en la cruz de una rebajada vida.	
Desespera ya... la exquisita culpa aun azota al cardo
en la cosecha de la indulgencia más protegida.
Brebaje de Viudez

						
Para compartir la angustia del marchito retoño
y del pétalo arrancado con apenas una caricia, 
eres una de esas caléndulas que poco a poco enmustia                
sin culpar a la guadaña de un ingrato otoño.
No obstante, mientras a ellas, pasado el verano,
el tiempo las arrebata, tú perduras, adormecida,
dejando en el dolor que encarnaste la amorosa vida
que el perfume de tus días jamás derrama en vano.
Aunque te me figuras todavía más apacible
si te comparo a una de las florecilla de la primavera
herida por la saeta de una espina terrible;
ante una aparición triste e inadvertida,
desgarras los capullos de un amor que espera,
al resguardo del sueño, una de sus vetas perdida.
LA MORGUE DE SABBÂH

Nota: La propaganda negra de Hassan Sabbah dice del jefe de la secta de los haschischinos, o Assasiyoum, que estimulaba por el consumo del hachís a sus miembros, quienes luego de participar de placeres, se arrojaban a la muerte con la fe de que en el Paraíso disfrutarían de cosas semejantes. Estudios recientes demuestran la infidelidad de estas leyendas y hasta ponen al descubierto algún posible error de Marco Polo y de las crónicas de las Cruzadas. El autor no se hace eco de ningún comentario ni historia al respecto del fundador de la facción ismaelita del Islam. Este proemio de la muerte sólo le fue dictado tal como sigue.

1

Rugen las tormentas en las Montañas, región de Alamut, la de los fieles al Assa; vejan a los valles, a los glaciales, a los pantanos, a las tribus del Este y del Oeste, las del Norte y del Sur.

Mientras las ráfagas devuelven sus ruinas rezagadas, nace una nueva Era, y las oscuras cornisas de las tierras estériles se convierten en arcilla fértil.

En el año del tórrido sol, que desde los descompuestos bosques arenas yertas están violentando furiosamente y arrancan los cáñamos y los racimos de glicinas,el advenimiento del Padre, perdurable aún en la memoria agria de las tumbas, detendrá el hastío, y los huesos caídos y los renegados, los insensatos y los indolentes,abandonarán las tiendas, y los palacios encontrarán el esplendor de antaño.

Oh, mirad entre las rendijas de las cavernas, oíd a la casta del Mar Caspio,a las criaturas del aire, y que cada cual se escudriñe a sí mismo y a los demás.

El torrente correrá con aguas dulces y saladas, y los cementerios y los lechos recuperarán la extinción, los cadáveres de los ataúdes, las orugas y los insectos, puesto que la fuente de los progenitores alimenta la prosperidad en el cautiverio.

Himno Preliminar al Hudshet

Los días darán una brillante diadema que adornará la cabeza del gran maestro una vez que estén reverenciados y benditos los repudiados de la osamenta y la obscenidad.

Los ciclos repondrán las órbitas, y a los ejércitos y a los apóstatas se los destruirá, y habrá un criadero del usufructo, para que se exterminen los corruptos e infieles.

Al afligir los chivos, las moscas y las aves es tan áspera y exangüe la libertad que no existe aliento de amor y se riega la desdicha en el curso de las primaveras.

Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús, Mahoma y aquél, el Séptimo, el Jefe de las Edades.

A éste habremos de rendirnos, con la Razón Universal, la que hace posible la Ciencia.

A éste glorificaréis, vosotros, los hijos de la Vida, de la Materia, del Tiempo y del Espacio.

2

El que otrora se hallaba entre los súbditos del califato de oriente, Hassan-ben-Sabbâh, congregó a su alrededor a sus adeptos y emprendió su marcha hacia las montañas.

Y vagó por selvas y desiertos y soportó el maltrato de las fuerzas hostiles.

A los setenta y siete días de peregrinar, desprovisto de bebida y alimento, habló:

«En loor de los esposos y las esposas virtuosas, en loor de la impudicia y la castidad,
acabará la época dogmática que vaticina la inmortalidad del impuro».

Pigmentos de la flor bermeja adquirió el crepúsculo, tajado por las nubes.

Suplicó Hassan y disuadió los torbellinos calientes que se estaban avecinando y procuró engendrar una luna incandescente que a la caravana le sirvió de lumbre, y fue de tal manera, que traspasaron el país y se asentaron en la fortaleza de Alamut.

Aquí tiene lugar la reforma y la espiritualidad de Hassan-ben-Sabbâh, natural del Jorasán de Persia.

De la Muerte

Al poco adentrarse en los páramos, Hassan-ben-Sabbâh se acercó a los suyos y les dijo:

«¿Teméis a la muerte? Porque voy a disertar acerca de este temor, que, aunque horrible sea, lo tienen tanto los piadosos como también aquellos a los que no calma la queja.

La muerte es una ramera de sombría garganta a la que hay que escupirle fuego.

Proporciona un cosmos de piedra a los que por su bien o mal no pueden enfrentarla.

Ardéis, abrazado en la muerte. Pero yo os exijo que domes a esta solterona, que no los arrebate, pues cada uno está llamado a abolir las plagas, la prudencia, la putrefacción.

A las almas execradas les llega una muerte nauseabunda. No permitan que ésta en vosotros propague sus várices.

Las heladas vendrán a quitaros la vida y hay que estar dispuestos a ofrecérsela.

Seguidme y os enseñaré tal cosa, ya expulsado el pesado revestimiento de la piel y todo perjurio inmoral».

3

Después de que hubo hablado así, se retiró a la completa soledad y meditó:

“A los dignos de fe los aplacará la salvación de un regio final, este será su opulencia.”

Los vientos oyeron sus pensamientos, y entonces le preguntaron “Oh, Encarnación, ¿darás esperanza a los dolorosos que tropiezan con los muertos en los riscos minados de huesos?”

Y el Vacío agregó “¿La serenidad de una noche cubierta de astros obedece firmemente a tal mandato?”

Y los horizontes inquirieron “¿Vestiréis con prendas sanguinarias a los que consideréis una amenaza?

¿Habréis de penetra y visitar los aposentos, os acostaréis en las camas y serás sincero?”

Y los ángeles dijeron “¿Aprenderéis su lenguaje y sin ira, os regiréis por sus Leyes?”

Contempló el Firmamento Hassan-ben-Sabbâh, ahí, donde serpientes de blandas alas escribieron su repuesta:

«Jamás se habrá de lamentar la descendencia, enlistándose en las huestes desoladas».

4

Largo tiempo transcurría con absoluta paciencia Hassan. Los amaneceres eran bolas refulgentes.

Efectivamente, los despertares del día se semejaban a esferas que se deslizaban frente a él.

A veces los albores de antes, los de la vieja vida cabalgaban sobre los montes adónde él iba a coger raíces verdes.

Se le manifestaban albores complacientes, que reunían los vientres salvajes del futuro.
Luego estos gestarían la morgue de Sabbâh, los reclutas de los inmolados.

Un pájaro negro cruzó encima de Hassan-ben-Sabbâh. Traía un recado del más allá.
«Te conozco», dijo Hassan. «Tú eres el que yo fui, cuando todavía era una yema de la religión».

Y el pájaro contestó «No repugnará el hedonismo a los totalmente entregados».

Huyó el pájaro negro y Hassan oró en voz baja. De regreso a su castillo, lo interrumpió un hombre mayor.

«Alabado seas Señor. Alabada sea vuestra sabiduría. A despecho de la muerte, pelearé contigo».

Hassan lo hizo levantar y asintió con la cabeza. «Sé que sois un honrado seguidor».

A los que Hassan-ben-Sabbâh llamaba «los que se sacrifican», a estos instruidos nizaríes, los había adiestrado en la doctrina del depreciado preparándoles un piadoso destino.

Durante años estuvieron sirviéndole, dentro o fuera de sus tierras. Él los aplacó con sus palabras.

5

Y aconteció que los crepúsculos sangraron a borbotones en los sucios albergues de las sombras, las frondas se hicieron difusas cuando los céfiros que las aventaban fueron una prole que desenterraba la sepultura.

Estaban vengándose los reinos soberbios que todavía tronaban sobre los perfumados paraísos.

Y desde el seno del mar los pescados miserables avanzaron en los féretros, y los culpables volvieron a ser libres y los regentes volvieron a ser esclavos con sarna.

El vulgo desnudó a los antiguos héroes y conservó luchando sus escudos.

«Copulad con la Muerte, en una orgía interminable», impuso Hassan-ben-Sabbâh.

«El aguijón de la cordura, los nervios y los músculos del ocio deben darse a conocer».

Fue entonces que las disolutas manos empuñaron las armas y se atrevieron al asesinato.

El Despojo

«Estoy aquí para hablaros del despojo», dijo Hassan. «Despójate de todo lo que poseas, pues es inútil esta vida. La recibimos sin pedirla y con indiferencia la entregaremos.

En las islas un nuevo orden se impondrá. Id a través del polvo hacia el holocausto.

Las épocas giratorias hieren desde lo alto. De sus confines descienden las huellas a envenenar el camino.

Despójate de ti mismo, que en los sedientos refugios mi alma amortajará a la vuestra como a un animal mortuorio.

La noche extiende sus costillas roídas por las ratas ensangrentadas del mañana.

El alba nutre a los jóvenes que atan los cráneos a sus píes. Es el cultivo insalubre de las profecías que el demonio no quiere terminar de develar».

Y la morgue exclamó: ¡Muerte! ¡Muerte!

6


Y se reunió el ejército. Las mujeres fueron atacadas por las astas de los toros humanos y los hombres treparon hacia las carnes violentas sin que los devotos detuvieran la profanación, y una centella en todos los espesos espectros de humo blanco hizo resonar el clamor de ¡Muerte! ¡Muerte!

Himno del Haschisch

¡Oh Hassan! ¡Hassan-ben-Sabbâh! Come de esto que os concede el bueno de Allâh.

Es una rica planta que vivificará la insensatez cuando los apartados y los pródigos salgan a recibir a la víbora que se enlaza con el águila. Todos estarán esperándolo.

Esperarán y entrarán adónde la sabiduría es el aletargante de los falsos credos y las fervientes plegarias.

Aunque has injuriado a los dioses por hostigar el humilde trabajo del hombre, ellos serán vuestros soldados y gritarán «¡Santificados los muertos del Anciano de la Montaña!»

¡Oh Hassan! ¡Hassan-ben-Sabbâh! Come de esto que os concede el bueno de Allâh.
Los dioses, al igual que vosotros, enloquecerán con el antifaz de sus íntimas masacres.

Tú los llamarás por sus nombres y te oiremos desde la extensa arboleda.

¡Oh Hassan! ¡Hassan-ben-Sabbâh! Proscrito en la choza de los preceptos, les enseñarás el pecado y amarán las fosas que cavas en el fondo del cielo.

7

El terror ha rociado ya de púrpuras venas a las tempestades de los siglos anteriores.

La tercera Era ha comenzado. He aquí, pues, el bautismo del imperio renaciente.

Las criaturas están obligadas a ser hordas, de sus jaulas germinarán machos y hembras embrutecidos, con los cálices mordidos por la castración que les profirió muchos años antes la existencia.

¡Ahora! ¡O nunca! Los cadáveres devorados tienen que recomponerse con el aliento interminable de la muerte.

¡Muerte! ¡Muerte! ¡Muerte! ¡Muerte!