Fernando Báez

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PALABRAS PRELIMINARES

Ars poética

En todo caso, la poesía es un malentendido.

Una verdad en la poesía no necesita argumentos; es una coartada palindrómica.

La resonancia de la poesía es un dominio: sana o enferma la visión más transparente.

Resulta legítimo y extraño que nos pasemos la vida buscando el sentido de algo cuyo sentido puede hacernos perder la razón.

Pensamiento y gramática de atisbos simultáneos. Sesgo de duración original. Pero aún hay más. Poesía es todo lo que no explique sin la presencia escritural y premeditada del poeta.

Escribe
como si tu liberación
comenzara
al principio
de cada línea.

Los testimonios son inútiles. Lo que sucede en el poema es la satisfacción particular de un momento universal en un precipitado de palabras.
El poema auténtico se reconoce porque nos regresa a la luz que siempre nos pertenece; porque nos devuelve la memoria de una música que arde.

La poesía es un domicilio irreductible de la metafísica. No pretende un método de conocimiento: es un conocimiento en la medida en que es un reconocimiento de presencias perturbadoras que integran una concepción del mundo bajo un orden de convicción fulminante. Es cierto: la poesía ilumina hasta encender en llamas los bordes entre sujeto y objeto.

La poesía no enseña ni sirve; aprehende y detona una liberación asistida puntualmente por la solidaridad de lo maravilloso. Platón cerró las puertas de su ciudad a los poetas y no dudó en llamarlos mentecatos y mentirosos. De cualquier manera, las puertas conducían a una ciudad que nunca fue creada. Resultó mejor no entrar.

Intento que el poema retome mi destrucción con espesor geodésico.

El acceso es éste: la sensibilidad furibunda del poeta asume la mayéutica del instinto social y el mestizaje de formas unánimes intactas.

  • La poesía multimedios no bastará. La poesía hipertextual nunca será suficiente.
  • Un joven replegado a lo imprescindible en él que encuentre su manifestación mixta hará parecer a Empédocles y a Dante meros aprendices con suerte.
  • Ha preguntado Rimbaud qué es su estupor al lado de la nada que nos espera. Afortunadamente, en poesía las preguntas son respuestas suficientes.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nació en San Félix de Guayana, Estado Bolívar, Venezuela. Desde los cinco años vive en Mérida.

Libros publicados

  • "Aproximaciones" (1991)
  • "Alejado" (1993)

Traducciones

Ha traducido a diversos autores clásicos al inglés, griego y latín.

Conferencias

Ha sido conferencista en distintas oportunidades sobre materias culturales.

Colaboraciones

Ha publicado en numerosas revistas nacionales e internacionales electrónicas o impresas y es columnista de algunos diarios de su región.

Otras actividades

  • Director del Diario "Correo de Los Andes" (1992-1994)
  • Director del Suplemento Cultural "Aleph" (1993)
  • Director de la Revista "Ser" (1996)
  • Director de Publicaciones del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (1996-1997).
  • Actualmente es Director del Semanario "Hoy Viernes"
  • Es asesor de medios del Rector de la Universidad de Los Andes.

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Fernando Báez

POEMAS

Alejandría

"...el salvaje testimonio de una aventura de lo absoluto..." 
Enrique Molina
             I
              
Deshojo un zodíaco entrelazado a mis separaciones. Mi condición es un delgado
volumen de legajos inmersos en una crueldad de idénticas desembocaduras
--acaso un orden migratorio de excomunión, alegre nostalgia de peltre
negociando a razón de tantos eclipses por atabales en detrimento insaciable
de madréporas intraducibles.
              
Escucha una sola vez: también soy nadie. También estoy hecho de elementos que
en su transcurso son un grito del mundo, vestigios leporinos, palabras
geométricas para un tiempo instintivo en su halo de tótemes entreabiertos.
Insisto: no sé en dónde he estado. Todo cuanto sé de mí, duele. Atiende esto:
estoy hundido en el fango hasta la cabeza, pero mi cabello, como el de un
judío, toca a Dios. Hasta los extremos de su nada de empeño sustancial e
inconforme .
Yo escojo arrojar mis cenizas en reto por las ramas espesas. Lo que conozco
es el principio a unir en un fin de membranas intensas, hinchando con rabia
sus placeres domésticos ante el carbón coplanario de sus carcajadas.
Busco una nada absoluta, sal cerrada para nunca ondular en un sesgo indócil.
              
              
              II
              
              
Escucha: los testimonios son inútiles.
--Respira contenido y dueño de tus sentidos--.
Bastaría con suponer la gramática de tu alma,
irremisiblemente, para reconocer
los motivos unívocos.
Debo reprocharte tus reducciones: lejos
de un método propicia una calamidad;
no hay exhibiciones en lo inmediato.
Uno y lo mismo es librarse y ser
y aún esta totalidad no bastará
para tí, si despiertas.
              
Oye, primero, lo que otros
ven; esa luz te pertenece
y te entregará la raíz de una música
que quema.De este vacío,
tu fulgor segundo: trituración, sublimación, fijación,
calcinación, disolución, destilación,
coagulación, hospicio.
              
              
              III 
              
              
He estado allí. Con los huesos abiertos a orillas de ortigas arrojadas como
una liturgia. Rodeado y solo. Pero me dejo acorralar, sílaba a sílaba,
desgarrando, pesando, mintiendo, comprendiendo, penetrando un secreto
viscoso, concupiscente, nómade: describo mis intestinos. Todo aquello que he
explicado ha muerto en mi interior;
ahora,
afuera.
              
!Ah, sensualidad maravillosa! La exasperación, lo débil, lo oscuro, leves
levaduras de un bienestar voraz y antiguo, lo maligno, temida ecuación bajo
la sombra de la mano derecha. Lo sé. Los pasos no llevan a ninguna parte.
Aves evaporadas
que forman parte sin embargo
e inútil
de una satisfacción particular
fermentada en trozos de trópico con insomnios de pelícano, salvia, jengibre,
conmigo mismo,
enseñan a ver aboliendo los ojos. Adelante, entonces
              
              
              IV
              
              
Otra cosa voy a decirte: mi llamado es anterior.
Los números son plantas que se han negado
a la publicidad. Inicialmente
el primer estado posee función de infinita mitología.
Si lo reconoces tu resistencia será un sortilegio inconmovible.
No te detengas en ese instante.Un ente deviene en un estruendo
inferido: mutable, separado, mayor, ser-decir-en lo próximo.
El segundo estado retiene el mal; intentando
un idioma de oscuridad lo múltiple contiene brasas
a secar sin importancia. Ningún ángel, ningún dios.
Dí: existe excepcionalmente un espíritu emanando
en su abismo. El tercer estado es constitutivo.
Lo real es el horror metafísico del consciente:
diría que lo legítimo sería restituir un lugar
que no sea lugar en tí, un espacio que no sea espacio en tu exterior
en donde descifres, no el símbolo, sino la negativa sin contradicción.
Encontrando una percepción activa incapaz de subestimar
lo incierto y lo clandestino, la fórmula aritmética
de una incomprensión eficaz. No hablo del cuarto estado:
la energía del cuerpo nuevo se razona incondicionalmente
--cuarta dimensión del deseo--
desde un contacto depurador y un andén de índoles.
              
              
              V
              
              
Necesito describir mi mal. En todos los sentidos y en todas las direcciones.
Alejandría, al este. Escribo desde un ciclo de león y no invoco a nadie.
Alejandría, al norte. No veo a nadie.
Alejandría, al sur. No recuerdo nada.
Alejandría, al oeste. Oigo llorar con ira verde, con su anillo de cardúmenes
vencidos desde su mar carnal, al niño que corta de pronto un esplendor
comprometido de gloxinias.
Cuando su última lágrima me llega, enrollo el libro y me lo trago con amarga
mansedumbre.
Hablo entonces todas las lenguas
y todos los silencios
reponiendo entre carozos de inhóspita arquitectura
un vasto territorio de crisoles y ejercicios paralelos.
              
              
              VI
              
              
No busques caminos.
-No hay nada-.
!Salta!
              
Cela lo que acontezca. Repito, entonces: o atrapas el hilo de oro o no caerás
en un "yo" imprevisible. El hilo es un ars oblivionis.
Olvidar, ser, sostenerse.
!Salta en tí!
!Arrójate a tu origen!
Estudia los libros borrados en Pérgamo y Alejandría.
Has explorado demasiado espacio: tu mente está intacta. La historia del
cosmos es una cinta de Moebius radiografiada en tu mente.
Acéptalo: no conserves lo más interesante, lo más sagrado, lo más expreso.
Entusiásmate con aprovechar todo, con ser luz sin luz.
              
[Extraño: De eso se trata. Antes era cita de doble mercurio en fuego blanco.
Maestro : Exactamente. Los brezales, atados a una estrella, deslizada abajo,
con malestar ahogado, constelando lo semejante. No dejo de creer
que Dios es el verbo, pero nosotros el único sustantivo posible.
¿Tienes la salamandra?
Extraño : No. Creo que la sabiduría del himen es itinerante, maestro. Dejo en
usted mi exilio. No quiero hablar de otra cosa.
Maestro : Helena, Nadja, Beatriz, todo es un solo himen. La medida de todas
las cosas no es el hombre, es el pubis... La Virgen Negra te
recibirá una y otra vez.
Extraño : ¿Cuál es esta gratuidad fascinante?
Maestro : Alguien tiene en principio la costumbre de no aparecer en ninguna
falta; ese alguien, que es uno mismo, está asomado a una piel sin
reverso. Hace su regreso como si fuera ajeno, arde, existe por
décimas y su cuerda, sus mascarones, son un cordón umbilical a la
mujer que promueve la teología de sus piernas en formación de batalla.
Extraño : Creo en esa Trinidad.
Maestro : De todo, en todo; nada en el universo es superior al borde de este
odio y amor en una hora imaginaria. Fue dicho: "Totus mundus in
maligno positus est". Pero es el viaje del espíritu y nada más.
En su forma humana, el espíritu adquiere la certeza del repudio
material, vuelve a querer no ser carne.
Extraño : Siento que desaparezco. La salamandra está en mi mano. Tengo que
llegar.
Maestro : ¿A dónde vas?
Extraño : A ninguna parte; por eso tengo prisa.
Maestro . Anda, pasa.
Extraño : !Aquí no hay puertas, señor!.
Maestro : Pasa, pasa.]
              
              
              VII
              
              
Entre muros, entre números de agotada jerarquía, entre avientos de vientre,
durmiendo a costa de una violencia de altas habitaciones, conjurando el
incendio de un nombre secreto para pedir perdón y anticipar la intemperie de
una geografía expresamente instantánea en los codos, reaccionando sin un
collar de higos, sin cicuta ni saludos a la muerte desde la compartida
garganta de un cisne vehemente, vínculo a vínculo, inasible en la sorpresa
de aquellos besos a una mujer desvanecida en un clima de agrias migraciones
al borde de una comarca devuelta, he regresado.
              
No supe olvidar la cosecha de un rito de conocimiento perfecto:
anzuelos,
ingles,
leche,
pan,
mareas,
mientras la mueca descorre la cacería auténtica de una consideración
transparente, equinoccial, hecha en un reclamo de temblor elegido donde
expira la oblicua sensación que anuda la humedad apareada en su alivio.
              
Siempre me sudan las palabras, devenidas en una fragmentación de magnolias
rodando en la caída de su hoja. Sé que no hay perdón, en todo caso. El alma
se pudre antes que el cuerpo.
No importa.
¿Sabes cuánta comunión de soles que parecen anos brillantes en la noche roe
los prodigios asestando una enfermedad abominable a mi caridad?
              
              
              VIII
              
              
¡Las imposturas perdidas!
De raza cósmica a cómica. !Vasconcelos fue un idiota cultivado!
La rectificación nos distrae de la trascendencia íntima.
Queriendo satisfacer una liberación sin liberación asfixiamos el ocio.
Pero no temas. En mi marcha, noto que el Infierno existe progresivamente en
la medida de mi percepción y he visto que el pueblo respira su memoria detrás
de las puertas. A medianoche, tienen un pie en la sombra y otro en la luz.
Su rumor declara los principios:
Nunca te vayas de un lugar en el que no estás.
No despiertes de un sueño que no sea tuyo.
No dejes para hoy lo que puedes hacer mañana.
Que la patria muera por tí.
              
--Patea en todo caso a las yeguas.
Que se vayan.
Quema tu lengua.
Acompaña a las barraganas más fieles.
Escancia el vodka.
Derrama salsa tártara a las hostias.
Todo esto es saber superior.
              
              
              IX
              
              
No soy de ninguna parte. Es mi suerte. Vengo de una vigilia indivisible a un
desenlace de absolución.
Conozco mis necesidades, articuladas en un límite local de escepticismo
endémico, evasión de setos, danzando con retardo tu denuesto de ángeles para
nada y sobre todo para lo mismo en un ruido bisiesto de excepciones en regla,
convencido de los terrores que secan los jueves y los pactos que soplan su
fatiga con claridad, bordes de losa y escritorios dormidos.
              
Oh, las manos ocupadas detrás de espejos que nadie ha visto,
ayuno
y
desamparo.
Sin cómo,
sin por qué,
estando aquí
sin treguas,
sin nasas,
por doce vueltas de tusílago.
La desesperación descalza del poderoso me toca.
Y siempre la noche, estas lluvias heladas en las uñas, a distancia en la
orfandad del
reverso, con el odio que merecido se ofrece en una seducción irresistible
reconociendo una hipoteca por puerto. Desde la noche, desde tí, apenas unas
insinuaciones atérmanas, creciendo, dominando, descubriendo cada músculo con
un viejo sentido de puente de pardilla, con dolor de pálida ceniza por recelo
s rubricados en un solo río, Orinoco, Amazonas, Paraná, y sus jibias
transidas de escarnio fundiendo signos, vacilantes, impedidos, en alas que
cierran sus puños en la ortografía vindicativa de la aprehensión.
Y basta ya: Astaroth sabrá reconocerte y te llevará lo más lejos posible de
tí mismo. Hasta tí mismo si es preciso.
(1989-1996. Dedicado a Carlos Danez, en su metal de serena sombra)
           
Emanaciones desprovistas

"...para encontrar la página en que naciste..."
(Alain Bosquet)
            i:   
            
(He vuelto de mis vínculos. 
Un tiempo atrás yo sentaba a mis ángeles y demonios a la mesa y los nombres 
regresaban como pájaros por la gramática del aire. Me reconocían y su 
oportunidad doméstica era mi horror. Sacudía entonces,  aún demorado, mis 
valles izquierdos en las dehesas e invocaba mi satisfacción, este rumor que 
cierra los domicilios sedientos que penetra la máscara diestra.). 
            
            ii:
                        
Mucho después supe esta cicatriz de luz debajo del bronce y su oscuridad 
simultánea me deshizo al primer sueño. Creía en la amenaza de mis befas, 
estudiaba las emanaciones desprovistas. Era minucioso: mis documentos eran 
la mirada perdida, el mecanicismo de la abnegación y el desamparo tenaz del 
fuego. En las bibliotecas husmeaba el color del silencio, desempacaba mi 
vehemencia. 
Cada perplejidad en el límite me sostenía.
            
            iii:
                        
Siempre es esto: la voluntad terrible  del origen. 
		¿Quién de los dos estuvo antes en el otro? 
Yo he nacido en este poema que nace desde mí en tí; silbo sus sílabas en la 
misma medida que llamo alrededor al interior vertido o amaestrado con estrago 
invisible delante. 
Mi puño es el argumento creado en tus atacires de olor puntillado.
Tú me buscas
y no.  
Salpicas el espíritu a riesgo de esta esperanza cerúlea donde el nombre 
se consume en mí como una herida adentro llevada por la brisa. 
(Dedicado a Pedro Rincón Gutiérrez. 1993-1997)
        
Al Este de nadie
      
Qué duda
pones
como orilla
a estas ventajas
qué remedo	 
	/ qué dicha
qué desaire
desde su voz ahora
qué respuesta
a ninguna pregunta
qué luz
al este
qué tarde 
para decir agosto
qué sombra y pájaro
            
qué nada.
      
En la ceniza
         
Sería un Dios enterrando 
sus dientes, vivo en tí 	/ en la ceniza del mundo 
o tan adentro (desde ruidos más tempranos) 
para oír su silencio en el fuego 
tasado por la oscuridad: 
en particular llamado a la inexorable sucesión. 
            
Por eso
      
Por esta sed urdida
por el rojo ubicuo
de tu adentro débil
por los nunca			/ por entonces
por sosiegos
por nada		/ por todo
por venir solamente a tu mirada
por este horror que endosas 
al portador y pronto
por adioses tentados 
por rescoldos de llama
por mentiras sin récipe
por tus voces sin traje
por un no de pulmón
            
por eso
sólo por eso
yo también sabré querer
			/ tu indiferencia.
            
Y era olvido
      
Y era olvido 
un mirar de más cerca 
para reconocer 
salir de bruces 
y sentir la verdad	 
	/ lenta deferencia 
de la crin de los días 
            
y simplemente 	era coraza  
vida  
un soplo repentino 		/ y veraz 
concomitante	  / craso 
un entrar de muy tarde 
una distancia terca 
            
un olvido eficaz 
sin nadie que nos nombre.
            
(Dedicado a J. L. Hernández Rangel, nacido en 1970, suicida en 1993)
          
Breve jaculatoria
      
Que la impaciencia
idéntica en el deseo
nos toque
y la proximidad
sea un fragmento
universal y distinto.
            
Desde Empédocles
       
Absolutamente, reconozco mi origen. He sido antes una madera hacia Tiro, un 
cristal en Egipto, un cálamo en Rodas, un fuego en Atenas, un grito en 
Agrigento. Sé esto: antes de descender a la región interior la lira debe ser 
tocada como un anillo de arena.
(Dedicado a Angel J. Cappelletti, en memoria. 1993)