Gonzalo Márquez Cristo

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PALABRAS PRELIMINARES

TEMPLO SIN DIOS

- I -

El poeta modela su dolor como el amante su soledad.

El deseo es imagen y el amor palabra...

- II -

Un deseo exacto al silencio.

¿Quién aún necesita la palabra?

¿Para qué su alto uso cuando ya olvidamos orarle al fuego y las fases de la luna propicias para el conjuro de los muertos? ¿Para qué su intercambio mágico si el viento o el jaguar, la serpiente o el dios que tantas veces habitaba en ella impera hoy en la imagen huidiza?

- III -

¿Y quién salva a la palabra? Yo espero su elemental retorno, su protectora y deslumbrante estadía entre nosotros. No busco la que ha sido disecada, ni la que presume ser objeto, sino la ligera, la humilde, la que ni siquiera es acción o vaticinio, y sin embargo nos conduce al amparo de su condición ígnea.

El poema, es decir el deseo, jamás tiene otro rostro.

- IV -

El verso sueña... La narrativa inventa voz a la memoria. Palabras del porvenir o del pasado, mixturas, formas de la luz o de la niebla... La corriente congelada del tiempo o un beso de lluvia...

- V -

Sé cómo el deseo encarna su presente... Lo veo fragmentándose en un cuerpo. Ruptura y adherencia.

Aprendo que todo lo necesito en su riesgo, abatido por la respiración.

Estremecerse, aullar, rasgarse, acunar el sol.

Un puñado de fuego en los ojos... la muerte convertida en nombre.

Semilla, memoria, itinerario del ardor...

Portamos la palabra como una lámpara para poder hallarnos.
Nos arrojamos. Nunca sobrevivimos a la revelación.

Creemos en el peligro. Nuestro sueño vigila, cantamos luz,
escribimos tierra. Cuerpo, puente, sangre. Visitamos el río que nos arranca la sombra.

- VI -

¿De dónde eres Presencia?

Cerca de mí alguien sabe cómo se pronuncia la palabra morir...

De lo perdido

Asisto a una serena devastación: libero mis recuerdos, los escucho golpear en la ventana, aletear contra mi hombro.

Ya no intento olvidar: engañarme... Renacer.

Ellas conocían el deseo que no se destruye a sí mismo: Las vi representar su incesante enigma.

¿Cuántas ofrendaron su dolor?

Ahora siempre estoy solo.

Dejo que el viento venga por mis sueños...

En su cruenta sabiduría de matices, la memoria convierte al amor en un puñado de tierra, en un rostro lacerado por los trabajos del ardor, en una palabra que se resiste a la huida.

El silencio impone sus asedios...

El pasado consagra las imágenes.

Yo olvido morir.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nació en 1963, en Bogotá - Colombia.

Libros publicados

Poesía

  • Apocalipsis de la rosa, primera edición, Quimera del Oro, Bogotá, 1988.
  • Apocalipsis de la rosa, segunda edición, Hojas Sueltas, Bogotá, 1990.
  • La palabra liberada, primera edición, colección Los Conjurados, Bogotá, 2001; segunda edición, 2004.
  • Oscuro Nacimiento, colección Los Conjurados, Bogotá, 2005.

Relato

  • El Tempestario y otros relatos, Común Presencia Editores, Bogotá, 1998.

Novela

  • Ritual de títeres, Tiempos Modernos, Bogotá, 1992.

Premios y distinciones

  • Beca Colcultura mejor novela: Ritual de Títeres, 1990.
  • Beca a primera publicación cultural (Común Presencia), 1994.
  • Primera Mención concurso nacional José Manuel Arango por Oscuro Nacimiento, 2005.

Antologías

  • Liberación del origen, Universidad Nacional de Colombia, 2003.

Como antólogo

  • La casa leída, 1996.
  • Discursos Premios Nobel, 2001.
  • Revelación y caída de Georg Trakl, 2002.
  • Cuentos perversos, 2002.
  • Antología poética de António Ramos Rosa, 2004.

Traducciones

Algunos de sus poemas y relatos han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués.

Comentarios sobre su obra

Entre otros, por los siguientes poetas y pensadores de nuestro tiempo: E.M. Cioran, Roberto Juarroz, José Ángel Valente, Fernand Verhesen, António Ramos Rosa, Alfredo Silva Estrada, Claude Fell, Roger Munier, Olga Orozco, Eugenio Montejo, Jorge Rodríguez Padrón, Franco Volpi, Marco Antonio Campos.

Reportajes

Prepara un libro de reportajes a grandes escritores y artistas contemporáneos.

Otras actividades

  • En 1989 participó en la fundación de la revista cultural Común Presencia, de la cual es su director.
  • Es creador y coordinador de la colección internacional de literatura “Los Conjurados”.
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Gonzalo Márquez Cristo

POEMAS
Restituciones

Pretendo que todo lo perdido se convierta en poema.

Las heridas como los huracanes tienen nombre. Y aunque ignoro por qué a mi alrededor nacen los abismos, desde el origen fui mancillado por la felicidad, por su cima inclemente.

Las invasoras restas del recuerdo. La pugna de la raíz. La antigüedad del silencio...

No pongo flores en el cementerio del sueño, pero continúo a pesar de todas las arenas movedizas del espíritu.

La culpa que no te deja partir es el amor.

Y ahora la niebla, la lluvia, la ausencia...

El desequilibrio llamado belleza, la terrible orfandad de lo sagrado, la rosa ígnea que me guía en la desesperación...

Sé que el camino terminará por encontrarme.

Como todo lo que se hace visible para morir.

Génesis

Para sobrevivir nos arriesgamos a la memoria, nos entregamos al vacío.

Ya conocimos el ave de rapiña del viento y la serpiente del agua. El silencio jamás volverá a separarnos.

Regresamos al sílex, escuchamos la oración del fuego.

Emprendemos el numinoso sobresalto. Vivimos la voracidad de los hallazgos y el juego espectral del deseo.

El único fruto del árbol al que no podemos renunciar es a su sombra. Sufrimos la persecución de la primavera –y fue allí donde la palabra se hizo verde.

Lo que más dura es el instante, lo que más oculta es la luz.

Cuando se interrumpe el tiempo alguien decide nacer.

Nacimientos

El equilibrio sólo puede hallarse prescindiendo de la respiración, en la inmovilidad del salto, en la noche poseída.

Las búsquedas sin señuelo me habían conducido a mi rostro. Desde la infancia padecí de la vida contrariada por la espectral voracidad del poema. Me ejercité en hallar los caminos más escabrosos, más inútiles... Nunca eludí un encuentro que antecediera a la desesperación.

Delaté a los dioses del miedo y al deseo –que inventaba demonios.

Vi al placer cerrando los ojos y al terror sin párpados...

Conocí la verdadera palabra: la que migra, la que abandona su escenario de papel, y fui su víctima.

Vislumbré la montaña a la deriva, el río inmóvil, el ardor sumergido...

Procuré no realizar mis sueños para no perder la fuerza del extravío.

Abracé al miedo para descubrir, dancé en círculo para cuidar al sol y tracé un
signo furtivo, irrevelable...

Protegí mis dudas y aticé mi libertad.

Las palabras son lo visible.

Creo en la riqueza de nuestra adversidad.

Las palabras perdidas

Alguien descifra la escritura de la lluvia y sin embargo no puede escapar.

Un alud de imágenes nos extravía la palabra; acudimos al grito y al llanto, a veces a la indiferencia, pero sabemos que necesitamos de la guerra para ser inocentes.

Todo lo ha ofrendado la ceniza.

Desde que desterramos a la noche desaparecieron las más profundas alianzas y nuestros perseguidores pueden encontrarnos.

Una herida siempre recuerda la vida, todo nacimiento procede de su túnel. Un árbol arde en nuestros ojos de agua.

La verdad –es decir lo prohibido–, impone su reino de terror... y hemos decidido habitarlo con las manos entrelazadas.

Creímos que la poesía nos enseñaría a morir...

Persistimos... Con frecuencia hacemos la extraña sonrisa del miedo. Si huimos, la soledad convertirá a alguien en víctima. Por eso la palabra se pasa de mano en mano para construir una morada invisible.

A veces para sobrevivir renunciamos al conocimiento.

Y cuando todos duermen escribimos... Pero un poema es el fósil de un sueño, el cadáver de un dios...

¿Aún podremos salvarnos?

Oficio de olvido

Una mujer se besa en el espejo, se oculta con su alma, el agua es su soledad.
Un niño escondido en un armario intenta morir.
Las lágrimas de un hombre caen en su taza de café.
Una adolescente con el índice detiene la manecilla del reloj y se estremece.
En el viento hay un mensaje que no comprenderemos.
Tu sombra se rebela.
Nos preparamos para huir de todo lo que amamos.
Quien no parta será olvidado.
El viento dialoga con el fuego.
Espero mi voz.
Viajar también es lo contrario a la muerte.
Mientras la semilla engañe al pájaro no estaremos perdidos.
Nos amaremos en otros rostros.
Nadie se oculta en la memoria.
¿Vendrá alguien a enterrar nuestros nombres?