Hebe Solves

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Hebe Solves es poeta, narradora, escritora e ilustradora de literatura infantil, docente y autora de libros pedagógicos. Nació en Vicente López, en 1935. Vivió siempre en Buenos Aires, salvo el tiempo en que trabajó como maestra rural.

Libros publicados

Poesía

  • En lugar del piano, 1977
  • Sombra ajena, 1981
  • Fruta de invierno, 1985
  • Desalojados, 1989.
  • El fiel de la memoria, 1994
  • Monólogos de mesa, (con ilustraciones propias). 2001.

Poesía para niños

  • El caracol mochilero, 1983 (libro y CDR)

Ensayo

Taller Literario, una alternativa de aprendizaje creador

Antologías

Cuentos y poemas suyos aparecieron en diarios, revistas y antologías. Parte de sus poemas infantiles han sido musicalizados por María Teresa Corral.

Premios y distinciones

Primera Mención en Ciencias de la Educación de los Premios Nacionales por Taller Literario, una alternativa de aprendizaje creador.

Otras actividades

Coordina su Taller Literario privado desde 1975, y así mismo, jornadas y eventos de expresión literaria y formación de coordinadores de taller en diversos lugares del país.

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Hebe Solves
hsolves@interlink.com.ar

POEMAS
POBLACIÓN

						
Hay en mi casa plantas indefensas 
crecidas en la distracción. 

       Hay panales de avispas 
solidarias y cascarones blandos, 
polillas que esperan nacer. 

 
Hay una paloma demorada en el techo, 
lechuza de la siesta y antena 
       de plumas y pico. 

       Y yo camino 
arrastrando las palmas de las manos 
por las aristas de los muebles, 
las barandas, un imaginario balcón 
que improvisa el domingo. 

Somos una legión de seres sin destino 
       dispersos los unos en los otros, 
dibujados por la casualidad. 

Somos lo que decimos: avispas. 
polillas, cascarones, plantas, picos 
de la siesta en los destellos de un vidrio.
INDOLENCIA

						
¿Quién nos ata a las cosas y a mí, 
compaginándonos a deshora, 
sino la imagen de todas las imágenes 
       de mí sin mí? 

La multitud escancia 
una posible voz, un gesto indivisible 
en los reflejos del aire, 
       una historia propia (¿real?)

Y yo también me miro 
como si mirara las caras 
       de un retrato 
       infinito y único. 

Al fin, un desorden ingobernable 
       reúne  la vida y el olvido; 
peligran en la indolencia los víveres 
y se anulan las razones de saber 
       y las de morir.
EL GOLEM

						
El Golem no era 
correr caer rodar: el barro 
no tiene nombre para el que cae. 

       ¿El llanto? 
Nadie escucha el barro la voz 
       la boca 
se abre en la oscuridad 
       el silencio. 

El Golem    
       conociendo siendo 
era la soledad 
       el que sale y aúlla 
llevándose a sí mismo 
       con los ojos abiertos el blanco 
de los ojos entre pestañas pegoteadas 
       y la boca abierta en la sombra 

en la trampa de los tamariscos 
       en la alambrada 
del pasado en la orilla en el tiempo 
       de alguien 
que se separa del resto y vuelve 
para mostrarse como culpa 
       y solicita 

escupiendo frío desnudo       
       górgola de dos 
en un abrazo corriendo rodando cayendo 
       el barro 
no tiene nombre para los que viran 
       el llanto       nadie 
escucha la boca se abre 
       en la oscuridad el       
silencio. 

 
Y el hombre y la mujer 
       el Golem abrazados 
conociendo siendo la soledad 
los que aúllan anillándose llevándose 
a sí mismos en los brazos del otro, 
       con el blanco de los ojos 
       en el patio de tierra 
donde las piedras tienen diez mil años y son 
       pan de ayer 
rodar correr caer raspar más allá 
       en el bañado de la lluvia 
              en el pasado. 

Así somos ropa del otro, brazo 
              abrazo barro 
       del que debe nacer y se retarda y alarga 
el ceroso cordón de parir barro somos 
       el  hombre para la mujer 
para el hombre capa oscura de envolver 
       los cuerpos para sí    
             noche y blanco 
del ojo donde se  ve el que ve y 
                     resucita.
LA POSESIÓN, EL NOMBRE

						
El ganado a la orilla del monte 
cielo manchado 
que ha de volver a la aguada 
       la querencia 
el rodeo la ejecución. 

La tierra tiene un límite: 
el regreso, el amor, 
       otra intemperie sin camino 
donde estar y morir. 

Veo el agua del balde 
       echarse como río 
en el polvo amarillo de la siesta. 
La picada del perro 
       respirando la tierra. 

Prisionero, el cazador. 
También las avestruces en tropel 
       entre dos pozos ciegos, 
los corrales del tiempo 
husmeando el pedemonte de la soledad. 

Las marcas son la piel de las crías, 
       los nombres y los hombres 
aullidos de la cordillera 
       donde el rebaño sopla, 
       se expande.

Selección de poemas del libro El Fiel de la Memoria editado por Libros de Alejandría en 1994.


SONETOS
LA INSISTENTE

						
Se negó a la amistad, estaba atada 
por  el  ritmo  insistente  de la vida 
en  familia.  Como una casa limpia 
de tierra y  tiempo, donde nada pasa. 

Ni siquiera  dejó un papel escrito 
que marcara sus lunas o las cuentas 
del debe y el haber, sólo los hilos 
de una red que tejió con hebras sueltas. 

A veces pienso que está viva, tanto 
que ni se nota entre las cosas, como 
antes. Su nombre indiferente al canto 

y a los hombres es una hierba  mala. 
Y soy la misma que ella en el asombro 
de no estar, no saberme, no ser nada.
HIJOS

						
Inaudible es el nombre que elegimos 
para decirnos que agoniza el rumbo 
de la mitad que fuimos. Está mudo 
el silencio para siempre unido 

al hueco de la carne, pero escucho 
el velo que sostiene la memoria 
en el olor  del mar, y entre las olas, 
la casa del que  fuera solo uno. 

La cadera sostiene lo que arroja 
y si el dolor regresa alguna noche 
jugando a ser aún lo no nacido 

busco cruzar de nuevo aquel abismo 
vagamente encubierto por el nombre 
del amor, que nos crea y nos despoja.
FUERA DE CASA

						
Cuando oscurece y cae al fin la noche 
y la sospecha, nos estimulamos 
con la pasión secreta de las manos 
que ata los cuerpos acallando voces. 

Miel de alcohol  sin palabras, cómo pude 
endulzar el olvido. Jugueteo 
con muñecos de pan como si en ellos 
modelara las vidas que no tuve: 

todas las que no soy en compañía 
volverán a la casa  con un hombre 
que suspenda en la voz la incertidumbre 

de la luz. Amanece en los rincones     
del pasillo de entrada y borro  el día 
en la semipenumbra que nos une.
LA CENA

						
Aunque quiera encender las ramas secas 
del amor en el fuego y en el vino, 
siguen llegando ocultos enemigos 
a comer, vuelve a  estar la casa abierta 

y la reja del aire teje el marco 
que apuntala el vacío de las puertas. 
Acomodo en el mármol las especias 
y  pico las cebollas y los ajos. 

No vendrá  nadie a completar la escena 
ni a sentarse a la mesa y a mi lado 
cebar el mate mientras yo cocino. 

Y a fuego lento voy leyendo el diario 
como si fuera el pan de un nuevo rito 
destinado a anunciar la última cena.
EL BRILLO DE OSIRIS

						
El amor es lo cierto que no sabe 
decirse. Como niños o niñas 
que espiaran el cuarto de los padres 
el asombro nos contagió la risa, 

la angustia de la muerte y la certeza 
del cuerpo desmembrado: quién olvida 
el nudo de los brazos,  las caderas, 
el sexo poseído  donde brilla 

la estrella  del amor,  la buena nueva 
que es el nombre del mundo. Porque  alguien, 
con una voz burlona,  nos anima 

a ser los cuerpos de las marionetas 
en el lecho del tiempo. Y la voz vibra 
como si fuera nuestra, hasta callarse.
LA VUELTA AL DÍA

						
En dónde estoy cuando me niego 
a mirar  la mañana.   El sueño 
me hizo prisionera y  vuelvo 
al día y a la luz. Al tiempo. 

Soñé otra vez la pesadilla 
de la realidad. El olvido 
del despertar crea el día 
y la manta  tirada  en el piso 

es la noche  acabada. Tantas 
veces amanezco y me mudo 
que en las valijas  algo queda: 

el viaje no dura un segundo, 
pasa, como la madrugada 
y al fin la luz es la ceguera.
EL DESTIERRO

						
Estoy ciega y brilla el sol del verano. 
El día se apodera de mi cuarto: 
Es una esquiva ranura de sombra 
el miedo, un  espesor entre las cosas. 

Golpes, chirridos, voces, risas, timbres, 
la tarde  inquieta olvida  lo que quise 
y el sol es este salto hacia la nada, 
el juego del azar, la doble cara 

donde es lo mismo el bien o el mal. Es tarde 
para salvar ahora a la que pide 
misericordia o al que estando sano 

presiente la enfermedad. Cuando el parto 
de  la luz invasora se termine 
será la casa una tierra de nadie.

La inclusión de estos poemas de Hebe Solves en
Poéticas es una atención de Julio Carabelli