Horacio Salas

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PALABRAS PRELIMINARES

Horacio Salas: crónica provisoria

Por Esteban Moore

       En la primavera de 1971, aparece en las vidrieras y mesas de algunas librerías de la ciudad, un libro con una tapa en la que su diseñador, Oscar Smöje, realiza en un estilo propio del Pop Art, un collage con diversos personajes del mundo de la historieta. Allí, en un mismo plano, los curiosos y el “…despreocupado lector…” podían ver, entre otros, a Popeye, al ratón Mickey, a Dick Tracy, a la pequeña Lulú, al Llanero solitario, a Langostino, Batman y Superman. Su título, Mate pastor, no aclara significativamente el asunto del mismo; quienes practican el deporte de la inteligencia, incluso podrían confundirlo con un estudio de la clásica combinación del ajedrez.

       En sus páginas no existen alusiones ni se menciona a los mellizos de Éfeso, tampoco a los de Siracusa ni a ningún otro personaje de Una comedia de errores; sin embargo se estaba suscitando una: algunos de los que se consideraban conocedores del género se referían a él como libro de poemas, incluso no faltó quien ebrio de audacia provinciana sostuvo: “eso no es poesía”.

       Ese era ya el sexto libro de Horacio Salas (Buenos Aires, 1938), quien anteriormente había dado a conocer en poesía: El tiempo insuficiente (1962), La soledad en pedazos (1964), El caudillo (1966), Memoria del tiempo (1966) y La corrupción (1969). Mate pastor es un largo poema narrativo, cuya estructura se articula con una serie de pausas que seccionan el relato, creando la ilusión de que las distintas partes, como si se tratara de una novela, puedan ser leídas como capítulos, fracciones de un mismo objeto. Salas recurre a su memoria y experiencia; los elementos autobiográficos se funden con hechos protagonizados por otros individuos en distintas latitudes, los acontecimientos locales se mezclan con los ecos de aquellos que sucedieron y suceden en otros rincones del planeta, integrándose en su discurso poético en el que el pasado y el presente viven un perpetuo cruzamiento.

       Este texto extenso, algo poco frecuente en la poesía argentina de las últimas décadas que se ha inclinado mayormente por el poema breve, tiene un antecedente en su bibliografía. Si no respetamos estrictamente el orden cronológico y realizamos un pequeño salto en el tiempo, podremos observar que en El caudillo, publicado cinco años antes, recurre a un procedimiento similar. En este libro que recoge un conjunto de textos de índole epopéyica y que también puede ser considerado un poema unitario, el poeta licúa su voz en la de su personaje, no sin advertirnos antes desde la portadilla: “Como no existe el bronce riguroso/ y la historia –sabemos- es incierta,/ debo inventar en mi memoria al Chacho”.

       En la evocación que realiza de la figura del general Ángel Vicente Peñaloza y su sufrido via crucis por los llanos de La Rioja, la voz del presente es aplicada al pasado; sin embargo, la intención no es revisar la historia ni colocarse fuera de los márgenes de su causalidad para recrearla, no existe la voluntad de resucitar a Cartago; la idea central gira en torno de la recuperación de una imagen histórica para integrarla metafóricamente a nuestra tradición poética y tensionar, como lo hace en otras oportunidades, ciertas proposiciones culturalmente sancionadas y aceptadas socialmente.

       En El caudillo, según León Benarós: “…Salas transita el ejemplo rector de Borges, que abrió sendas con aquel poema en que Francisco de Laprida conjetura su verdadero destino, mezclando su sangre a la tierra americana, que le da una insospechada y alta dimensión de su ser. Desde ese “Poema conjetural”, y desde antes del también poema borgeano en que el general Quiroga va en coche ‘al muere’, el magisterio de Borges ha encontrado largos ecos. Pero Salas, sin desconocer el nexo posible, asume con verdad su propia voz, y entre sus excelencias debe destacarse lo sostenido del tono, la coherencia, la intensidad de sus poemas…”. Estas líneas, que en su momento lo presentaron desde la contratapa, destacan la presencia de Borges, asfixiante en esos años, y además reconocen en el por entonces joven autor una voz propia. Voz que por otra parte parece haber hecho suya una opinión de Walter Benjamin expresada con cierto énfasis en Tesis sobre la filosofía de la historia: “Toda imagen del pasado que no es reconocida por el presente como una de su propia incumbencia, nos amenaza con su irremediable desaparición”, palabras que Salas considera cuidadosamente cuando ingresa en el resbaladizo terreno de la historia.

       Pero a diferencia de Borges que en poemas como “Isidoro Acevedo”, “Alusión a la muerte del Coronel Francisco Borges (1833-1874)”, “Página para recordar al Coronel Suárez en Junín”, “Acevedo”, “Los Borges” y “Coronel Suárez”, se impone la tarea de re-escribir su genealogía, Salas se propone articular el pasado históricamente, reconocer imágenes pretéritas, rescatarlas en momentos en que el conformismo reinante las pone en peligro en el ámbito difuso de nuestra memoria colectiva.

       En los 60 en la Argentina se renovaría una vez más la maldición de 1930; son años extraños y crueles en los que conviven una larvada violencia política y los happenings del Instituto Di Tella. Es éste un período en el que una melancolía de origen moral comienza a extenderse como un sarcoma en el espíritu de los argentinos. A fines de esa década, Salas da a conocer un volumen cuyo título es sintomático: La corrupción. Dice en “Los viejos”:

Soy casi un prisionero de la muerte.
Me conformo con releer antiguas revistas,
testigos de los años de adolescencia
que reviven en mí los recuerdos dormidos,
los paisajes que el tiempo ha derrotado.
No tengo más que un archivo de sucesos.
He vivido la historia que los jóvenes bucean en los textos,
pero el olvido traiciona mis ojeras.
Largas noches de insomnio acumulan los rostros,
las casas derruidas,
los persistentes sueños
que ya no me atrevo a continuar.
Mis hijos han crecido de mis brazos
y luego los hijos de mis hijos,
mientras el  tiempo fue deteriorando mis sentidos.
Hace ya muchos años que comprendo
que la muerte está en mí,
que se apodera de mis menores gestos,
que me mancha las manos y la frente,
que me prohibe parte de la vida.
Los jóvenes me soportan
extrañados de este irónico azar que me sustenta.
No sin temor me acuesto cada noche.
La mañana es una alegría insólita,
un sabor que no puedo compartir.
Supe del desaliento, del amor, de los sueños;
he visto a la muerte ensañarse con mis viejos amigos;
me doblegó la impudicia de las enfermedades;
conozco la crueldad del  dolor,
la oscuridad, la resignación y el miedo.
Sin embargo –secretamente-,
no quiero convencerme de que mis pocos días
sólo son la certeza de la muerte.

       No obstante el clima de la época, ésta es una etapa de gran actividad para Salas, quien ejerce el periodismo en distintos medios gráficos y en la televisión e incursiona, además, en el ensayo. En 1968 publica La poesía de Buenos Aires, una antología de los poetas de la ciudad que incluye, y ésta no es una decisión menor, a varios letristas de tango. Ese mismo año aparecerá Homero Manzi, en el que reafirma su relación con el tango y su poesía, y, en 1970, se edita Vicente Barbieri y El Salado, trabajo sobre un autor influenciado por el romanticismo que hace uso de formas poéticas tradicionales y a quien muchos críticos le otorgan cierta representatividad entre los integrantes de la promoción del 40.

       Al año siguiente dará a conocer el ya citado Mate pastor, texto que puede ser considerado un punto de inflexión en su obra, el calibrado definitivo de sus instrumentos de percepción. A partir de él, podemos realizar un doble paneo: hacia el pasado y hacia todo lo que sobrevendría posteriormente. En él la voz se afirma, desarrolla sus propias particularidades, tics y desdoblamientos. El poeta ya no actúa como un flanêur que mira con asombro y registra sus observaciones. Asume una nueva actitud, merodea por las calles, camina los barrios, se detiene en los cafés, escucha con mayor atención, les pone el oído a los sonidos, el tono y las inflexiones de su lengua en su medio ambiente: la ciudad.

       Mate pastor sale al encuentro del público en un momento en que los principios activos de la prosodia, aquellos que constituyen lo que denominamos el tono, están siendo sometidos a revisión por distintos poetas. Alberto Girri, quizás uno de los autores más preocupados por la construcción de una nueva retórica, para quien las palabras desplegaban un brío atolondrado y falso para hacérsenos concretas, sostenía en Diario de un libro (1972): “…Que el tono se aproxime al del discurso normal […] discurso corriente transformado en poema”. Alfredo Veiravé a su vez les recomienda a los jóvenes poetas que expresen: “…su propia, íntima canción, la que suena en la cabeza […] la melodía que llevás, el estilo que te pertenece.” Salas sintetiza ambos criterios y su resultado es una escritura que nos recuerda la confesión de Baudelaire en el prólogo de Pequeños poemas en prosa: “¿Quién de nosotros no ha soñado, en sus días de ambición, el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo y sin rima, bastante flexible y bastante conmovida para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño, a los sobresaltos de la conciencia?”

       Lo que nos lleva irremediablemente a la forma. Lo que llamamos verso libre tiene en la actualidad una edad más que centenaria. En 1886 la revista parisina La Vogue, dirigida por Gustave Khan, difundió Marina y Movimiento de Arthur Rimbaud y algunas traducciones de Hojas de hierba realizadas por Jules Laforgue. Ezra Pound en 1913 ya había redactado y publicado en la revista Poetry su manifiesto del Imaginismo, en el que en lo que concierne al ritmo especifica: “se debe componer en la secuencia de la frase musical, no en la secuencia del metrónomo”.

       El verso libre establece los cimientos de una corriente poética que rechaza los modelos cerrados, y en la que el contenido es sometido a una revaloración, asumiendo éste una nueva preeminencia. El poeta cifra su empeño en el enunciado, en sus sueños y visiones. Los poemas serán modelados por sus emociones. En Verso proyectivo (1950) Charles Olson para quien “la forma no es nunca más que la extensión del contenido”, lo define como un verso que nace en la respiración del hombre que escribe y sostiene que es “la línea la que habla por el corazón”, a diferencia de la sílaba que lo hace desde la razón.

       Éste es el sendero seguido en la segunda mitad del siglo XX por aquellos que intentan dar cuenta de una nueva sensibilidad, dotándola de un discurso poético lo suficientemente abarcativo de una modernidad que en la ruptura halla su esencia. Esta tendencia que se afirma definitivamente en el panorama poético luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, sentirá, en muchos casos, un relativo desprecio por los términos “poético” y “poéticamente”. Los integrantes del Movimiento Beat, particularmente Lawrence Ferlinghetti y Allen Ginsberg, los consideran malas palabras; para ellos lo concreto es lo verdaderamente poético: “El detalle exacto sin bordados adicionales. De esto se trata precisamente la ética de los beats”. Desde ese momento los excesos de la sensibilidad poética y el sentimentalismo que los representa, pesarán en la mentalidad contemporánea como un valor negativo.

       En esta atmósfera, que en más de una manera le resulta funcional a su estrategia, Horacio Salas desarrolla una poética que no dudará en aprovecharse de los tópicos en cuestión para expandir los enfoques y el campo visual de su propia tradición. Su visión personal, en un tiempo en que la poesía se enfrenta a la brutalidad de lo real, persigue nuevas perspectivas y ampliar sus registros. El poema ya no se resignará a las comodidades de lo universal, indagará meticulosamente en las particularidades del espectro temático que le brinda el mundo circundante, “... la concepción abstracta / de la experiencia privada en su punto más alto de intensidad / universalizándose, eso que llamamos poesía”; afirmó T.S. Eliot en Nota acerca de la poesía de guerra.

       La voz con su timbre singular será su verdadera máscara, la que comenta la historia, manifestando opiniones y convicciones propias o ajenas; todo es válido, el objetivo lo justifica: la inclusión del otro. No habla para entretenernos, todo lo contrario, aferrada a los pliegues del silencio, comprende que el universo sólo será inteligible desde la locución de la palabra. Recurrirá a diversos procedimientos para erigirse sobre la página, siendo el más notorio la intertextualización. De esta manera penetran en el territorio del poema, en un contrapunto dialógico, los ecos de Quevedo, Borges, Molina, Girri, Ginsberg y Vallejo, viejas pintadas en muros descascarados, escenas de películas, fragmentos de la marcha peronista, el grito de un hombre sobre la mesa de tortura y letras de tango.

       En Salas, la presencia del tango es recurrente; quizás sea ésta la forma más directa de declararse un adepto incondicional, desde el campo poético, del género musical representativo de la ciudad argentina más cosmopolita de nuestro territorio, posiblemente el producto más acabado de la cultura nacional. Esta postura lo diferencia decididamente de muchos de los poetas de los 60. En el prólogo de la antología El ’60 poesía blindada, Ramón Plaza, en una apreciación retrospectiva de la música de Buenos Aires, deja testimonio de los sentimientos que ésta despertaba en los poetas jóvenes de la época: “La mayoría se fascinó con lo coloquial, con lo conversacional. Se interesaron profundamente en la poesía que emanaba del tango, tratando de desentimentalizarla pero no en el tango precisamente, pues éste para casi todos, era un deshecho (sic) en degeneración, una materia que debía transformarse de adentro hacia fuera”.

       En 1975, Salas publica una serie de entrevistas, Conversaciones con Raúl González Tuñón, que escarba el terreno de la poesía urbana y cumple la función de redescubrir para los jóvenes el trabajo del autor de A la sombra de los barrios amados, que había fallecido el año anterior. Con un artículo que aparece en el suplemento del diario Clarín con motivo de la edición de Quien habla no está muerto, de Alberto Girri, obtiene el “Premio de Crítica Literaria” establecido ese año por la Editorial Sudamericana. En este breve ensayo, Salas sesgadamente brinda algunas pautas de su búsqueda y anhelos: “Pero el hilo del laberinto está en el poema de Wittgenstein: ‘Quizá en lo irrebatible, en lo que no puede demostrarse / no puede decirse, ser dicho, / está la clave’. Una clave que es finalmente la de toda la poesía, la de la lucha constante entre las palabras y el silencio, entre lo supuestamente irrefutable y aquello que se intuye más allá de las fronteras de la razón, donde se mueven ‘signos sonoros que por los oídos andan / sin dueños, como rodando, disponibles y expectantes, / ignorantes de sus pautas de significados, de dónde obtenerlos; / y su persistencia, insaciable, para adherírsenos, un yo / instalado en el otro yo, / vigilando por encima de nuestro hombro’.” Palabras que no sólo constatan el amplio abanico de sus intereses y también ciertas coincidencias con una experiencia disímil, sino que además nos develan los alcances impuestos a la práctica de la apropiación en el paciente armado del corpus de su discurso poético.

       La Argentina de esos años, muerto Perón, se debatía al borde del abismo; diversas facciones conjugaban el verbo de la muerte e intentaban imponer sus definiciones ideológicas con plomo y explosivos, mientras entre bambalinas los dueños del poder disponían el futuro institucional del país. El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas, apoyadas por un amplísimo sector de la sociedad que reclamaba orden, inaugurarían el período más oscuro de la historia argentina. Miles de muertos, una guerra inútil y la deuda externa que han marcado a fuego el destino de la República, son los hitos por los cuales se recordará el período que culminaría en 1983.

       Salas, quien había comenzado a recibir amenazas contra su vida antes del golpe militar, decide, frente a la falta de garantías, abandonar con su familia el país, radicándose en Madrid en mayo de 1976. Ese año se publicaría en Buenos Aires su La generación poética del 60.

       El exilio no fue una etapa dulce de su existencia; para subsistir realiza distintas tareas: instalador de carteles de publicidad en las rutas para una empresa petrolera, traductor, escritor fantasma y periodista a destajo. El oficio lo llevó a colaborar con importantes revistas culturales y trabajó en Cuadernos Hispanoamericanos donde dio a conocer ensayos, artículos y notas.

       En 1978 publica su ensayo La España barroca y meses más tarde, luego de ocho años de aparente silencio poético, su nombre integra con Gajes del oficio el catálogo de la colección “Nos queda la palabra” de Ediciones Taranto de Madrid, donde lo acompañan Félix Grande, Gonzalo Rojas y Ángel González. En Gajes del oficio incluirá textos escritos entre 1970 y 1978, que acompaña con una nota aclaratoria en la que señala que los poemas reunidos: “No nacieron pensando en un libro; se dieron aisladamente, como borrosos reflejos de la realidad. De ahí que se reiteren obsesiones, imágenes y temores que me han acompañado en estos años de un lado y otro del Atlántico”. Estos reflejos pueden ser traducidos como interpretaciones; Salas nos convence de que una de las funciones primordiales de la poesía en tanto actividad autónoma de la imaginación, debe ser la de expresar al mundo.

       Los poemas están atravesados por la desazón producida por la pérdida del ámbito de la lengua materna: “...y al preguntar la hora en el teléfono / no responde esa vieja pariente 113 / sino una voz impersonal ajena...”; asimismo están habitados por el dolor y la muerte que planea como un ave carroñera sobre América Latina. Podemos considerarlos culturalistas en el sentido de que aluden reiteradamente a episodios diversos de la civilización y de la historia del hombre y su condición. Los textos publicitarios que promocionan los productos de las grandes empresas transnacionales le serán instrumentales, por ejemplo en “Salmos, XXXVII, 28”, para trazar irónicos paralelos de estas organizaciones y de los espejismos que irradian. “Mientras era conducido en un viejo Renault por / las calles de Lyon / atravesado por el dolor que le producía el ojo que / acababan de vaciarle con el taco de una bota / Michel Rosier intuía que sus compañeros / acaso los mismos que había oído aullar en la rue de Clécy / salvarían a Francia castigarían a esos otros franceses / que aún a regañadientes cumplían las consignas de Laval / porque de esa forma decían alimentaban a sus hijos / eran recibidos / por los vencedores asistían a la Ópera reían con / viejos chistes / en los cabarets de Marsella / No es solamente cómo me siento cómo manejo / Es también cómo me siento cuando llego / Fairlane. La gran manera de llegar”. El poema se arma como un rompecabezas, pero los sucesos o piezas del objeto se integran en un premeditado desorden temporal, a la manera de Ezra Pound en su Canto 100, el tiempo secuencial es pulverizado, aniquilado; argumentando como lo haría Cavafy que las proposiciones contradictorias están gobernadas por la ley de la repetición.

       Resuelto el destino de la dictadura por la derrota de Malvinas, Salas se reencuentra con su ciudad, hecho que parece haber sido anunciado con la edición de Que veinte años no es nada (1982) una selección de su obra poética y el primer libro publicado en la Argentina luego de su obligada ausencia. En 1983 llega a una Buenos Aires encendida por la esperanza de la inminente salida democrática. Retoma su actividad periodística y pone al aire un programa radial llamado “Dar la nota” (1985-1989), de neto contenido cultural y con un formato novedoso que hizo historia en el medio.

       El retorno, simbolizado por el genio de Alfredo Le Pera en la voz de Carlos Gardel, tiene para los argentinos, y muy especialmente para los porteños, el sabor de la victoria. Dulce o amargo, el regreso a “La Reina del Plata”, sólo es comparable a la vuelta al pago o a “la casita de los viejos”; es la acción de ponernos en contacto nuevamente con nuestras raíces, moldeadas por el habla de un monstruo cosmopolita que observa desde los márgenes una imagen deformada del mundo.

       La mudanza de Horacio Salas desde una capital europea a Palermo, uno de los barrios más emblemáticos de los 47 que componen la capital (recordemos a Carriego y Borges), es también la recuperación de un territorio, de un ámbito en el que ajusta una vez más el ritmo de su respiración y el tono de su voz, factores determinantes del estilo. Luego de su arribo termina de corregir los originales de Cuestiones personales, que será publicado en Buenos Aires en 1984 (Premio Municipal de Poesía) y reeditado en Madrid al año siguiente. En él “La literatura teje ese tapiz no personal, sobre la hechura de innúmeras versiones precedentes donde se ha dicho todo y el texto se borra y se reescribe, acaso escolio del anterior. En este eterno retorno que explica la fantasmagoría del presente, somos sombras enigmáticas, como los objetos y los destinos trenzados en infinitas causas secretas, ignorantes móviles de inagotables posibilidades para el porvenir. Así como los hombres somos una continuación levemente alterada del pasado en la tierra y convivimos en el presente con nuestro conjeturable e inconcebible futuro, las formas literarias reeditan viejas destrezas, las comentan y las homenajean o refutan y se heredan y se legan de manera vicaria”.

       En Cuestiones personales confirma la técnica constructiva del poema en el que continuará amalgamando elementos diversos y contrapuestos, sirviéndose de un amplio menú: mitos culturales, fotografías, textos ajenos, deporte, cine. El ojo del poeta anda por el mundo y sus culturas apropiándose de todo aquello que le resulte relevante; no obstante ello, ha de replicar a la absorción de ese todo con una dicción ya inconfundible. Esto pone de manifiesto aspectos paradojales de su génesis: estos textos que fueron escritos en gran parte en Madrid, ratifican una visión del universo que en los dominios de una lengua común es apuntalada por la diferencia, rasgos connotativos que surgen de nuestro propio paisaje y geografía cultural. Cuestión que James Joyce pone en la boca de Stephen Dedallus en A Portrait of the Artist as a Young Man, luego de que éste se entrevistara con el director del colegio jesuita en Dublín, un inglés converso: “El lenguaje que hablamos le pertenece antes a él que a nosotros. Qué diferentes suenan las palabras, hogar, Cristo, cerveza, amo, en sus labios y en los míos. Su lengua, tan familiar y tan extranjera, es siempre para mí una lengua adquirida. Yo no he fabricado ni aceptado sus palabras. Mi voz las mantiene a distancia. Mi alma se inquieta en la sombra de su lenguaje”.

       La cita no es arbitraria ni pretende ser una boutade. El trabajo de Salas tiene muchos puntos de contacto con escritores y poetas de diferentes literaturas postcoloniales que a partir de 1945 se inspiraron en Joyce para acelerar un proceso de inversión de la mirada en el que se niega la pretensión, tan extendida en la metrópoli y la periferia, de considerar a las naciones emergentes y su cultura como efecto de los deseos de los países centrales. Se trata de una respuesta a los guardianes celosos de su tradición que ante cualquier atisbo de insurrección lingüística, remiten al rebelde a la biblioteca de sus clásicos. Esta circunstancia, que se repite a través de los tiempos y de la que existen infinidad de ejemplos, halla uno casi perfecto en una frase de Thomas Macaulay: “un solo estante de una biblioteca europea tiene más valor que toda la literatura nativa de la India y de Arabia”.

       En este contexto, invertir la mirada requiere que la revisión de la historia y el análisis de la cotidianidad se hagan en lo que H. A. Murena denomina una “clave local”. Se trata de someter nuestra incipiente tradición literaria -cuya trama está atravesada por una serie de entrecruzamientos de los que participan distintas tradiciones poéticas- a una nueva lectura. Este ejercicio, un claro acto de traducción, está subordinado a ciertas condiciones. Walter Benjamin pensaba que la falla de la mayoría de las traducciones del siglo XIX se debía al excesivo respeto del traductor por las convenciones de la lengua de destino y el temor de que la lengua de origen perturbara su sintaxis. Por lo tanto, este recorrido, si tiene aspiraciones de releer el campo de lo heredado, debe desembarazarse de la actualización de esos prejuicios: los recortes que impone el periodismo cultural -reemplazados cíclicamente cuando el supuesto canon y sus objetos de culto se disuelven en la memoria- y la aprensión a que los signos aún vitales del pasado estallen en la voz del presente.

       Este mirarse a uno mismo a través de los otros y de un devenir cultural es una característica que fija o radicaliza un rumbo definitorio de la poética de Horacio Salas. La modulación de un decir que en el nosotros halla las razones de su existencia, emparentado carnalmente con los compases y las letras del dos por cuatro, que durante su exilio español se le cruzaban de maneras hasta entonces insospechadas, y que nos son devueltas en imágenes plenas de brillo y efecto, como se da en el recordado “Anclao en Madrid”:

Mientras tomaba mate en el estudio de Velázquez
llegó Quevedo sacudiéndose
los copos de la última nevada
y confirmó lo que pensábamos
los grabados eróticos de Picasso  -dijo-
me resultan auténticamente afrodisíacos.
Después muerto de frío
Levantó el volumen de un disco del Polaco
Y nosotros quedamos en silencio

Garúa...  tristeza...
Hasta el  cielo se ha puesto a llorar.

       En 1986 se distribuye la primera edición argentina de El tango, que lleva un ensayo preliminar de Ernesto Sábato, y en 1990 aparecerán Poesía argentina del siglo XX y El otro, a la fecha su último libro de poemas. En el prólogo nos confía que advierte: “...que el libro está salpicado de preguntas y que se encuentran pocas de las metáforas que en otros tiempos parecían protagónicas. Sólo espero que nuevos chaparrones me permitan responder con los años a algunas (me bastaría un puñado) de las indagaciones que aún no puedo contestar”. Estas palabras que expresan el anhelo de hallar respuestas, se niegan a sí mismas, afirman su contrario cuando leemos: “¿De algo de lo que ocurra / de lo que está ocurriendo / de lo que ocurrirá / de lo que ocurre a miles de kilómetros / podremos algún día descubrir el sentido? [...] ¿los poemas son tan sólo preguntas? / ¿los poemas son tan sólo preguntas sin respuesta?” Toda respuesta en realidad sería una nueva pregunta; incluso en aquellos poemas que prescinden de los signos de interrogación, éstas laten en su efecto poético. El cometido no es verificar la taxabilidad de los enunciados a través de descripciones o imágenes.
       
       La demanda de la poesía como forma del conocimiento, parece decirnos, es la de imaginar el sentido a través de la reafirmación de las preguntas, cuyo fin es reproducirse instalándose como mecanismo primordial del proceso poético. Acto que se lleva a cabo en un escenario donde la volubilidad del objeto tiende a confundir a la mirada: “La cercanía es mezquina / se hipnotiza con las deformaciones de la lupa / se obstina en detalles aparentes / pide peras al olmo / se equivoca”.        

       Estas preguntas que no buscan réplica, refutación o mera conclusión, crean en la falta de correspondencia de los términos, los intersticios o huecos en los que la voz puede callar. En su acertada y reciente “¿Podríamos llamarla vindicación de la poesía?” Raúl Dorra afirma: “La incorporación del silencio en el interior del lenguaje es una conquista de la poesía, una conquista trascendental que hace de la poesía un género único, el único para el cual el no decir puede alcanzar un valor incluso más alto que el decir, el único donde el callar encuentra el modo de expresarse, un modo que tiene que ver con el misterio, con la angustia, con la desgarradora aventura de situarse al otro lado de la palabra”.

       Este colocarse más acá o más allá de los límites de la palabra, espacio en el que la estela de su sonido entabla un duelo con el sentido, revela el muchas veces esquivo efecto poético, territorio donde lo no dicho asume su dimensión semántica. Para ello, el poema deberá guiarnos desde las zonas más oscuras de la expresión poética hacia ese vacío casi mágico donde repentinamente estallarán los fuegos de artificio de la significación.

       Salas lo logra plenamente. Para hacerlo, monta en la página una ajustada organización prosódica. La relación sonido-sentido se apoya en una estructura rítmica en la que el tono del habla coloquial, instalada como una música de fondo, reaparece en un rearmado armónico, combinándose en un doble contrapunto. La primera de sus fases se produce en la línea donde las palabras, como si fueran notas, enfrentan sus sonidos construyendo el primer movimiento de un compás de duración variable cuya disposición acentual entra en tensión, cuando en una segunda instancia, su eco se enfrenta al de la siguiente línea. Este contrapunto regulado y medido obsesivamente por las emisiones de la voz escribe su melodía; es el medio que utiliza “lo expresado” para estimular las correlaciones emocionales en el lector.

       La labor sostenida por Horacio Salas, un autor familiarizado con tradiciones literarias y abierto a las más diversas influencias, puede ser considerada la de un genuino multiculturalista. Un poeta que no cesa de captar mensajes lejanos que luego serán filtrados por esa voz histórica que repta murmurante en las calles de su ciudad.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nació el 13 de agosto de 1938. Está casado con Graciela Mercedes Lía Isnardi y tiene tres hijos: Horacio Federico, María Florencia y Ramiro. Estudió abogacía en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Realizó cursos de perfeccionamiento en España sobre Lingüística, Literatura; en la CEPAL, de Política Internacional y Economía Latinoamericana.

Es:

Académico de Número de la Academia Argentina de la Historia.
Académico de Número de la Academia Nacional del Tango.
Académico de Número de la Academia Porteña del Lunfardo desde 1992, donde ocupa el sillón Roberto Arlt.
Director de la Biblioteca Nacional

Libros publicados

Poesía

  • El tiempo insuficiente, Ed. Cuadernos del Siroco, Buenos Aires, 1962
  • La soledad en pedazos, Ed. Barrilete, Buenos Aires, 1964
  • El Caudillo, Ed. Pleamar, Buenos Aires, 1966
  • Memoria del tiempo, Ed. Losada, Buenos Aires, 1966
  • La corrupción, Ed. Américalee, Buenos Aires, 1969
  • Mate pastor, Ed. de la Flor, Buenos Aires, 1971
  • Gajes del oficio, Ed. Taranto, Madrid, 1979
  • Veinte años no es nada (Antología), Fundación Argentina para la poesía, Buenos Aires, 1982.
  • El Aleph, Ed. Taranto, Madrid, 1983
  • Cuestiones personales. Edición argentina: Ed. Torres Agüero, Buenos Aires, 1985. Edición española: Ed. Playor, Madrid, 1986
  • El otro, Manrique Zago Editor, Buenos Aires, 1990
  • Antología personal, Instituto de Cooperación Iberoamericana. Colección del Quinto Centenario, Madrid 1992
  • Antología incompleta, Ediciones Tierra Firme, Buenos Aires, 1996
  • Antología poética, Ed. Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 1996
  • Dar de nuevo , Ed. Colihue (en prensa)

Ensayo

  • La poesía de Buenos Aires, Ed. Pleamar, Buenos Aires, 1968
  • Homero Manzi, Ed. Brújula, Buenos Aires, 1968
  • Vicente Barbieri y el Salado, Cuadernos del Instituto de Literatura de la Pcia. de Buenos Aires, La Plata, 1971
  • Generación poética del 60, Ed. Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1976.
  • La España barroca, Altalena, Madrid, 1978.
  • El tango, Ed. Planeta Buenos Aires 1986.(Quinta edición, 1995). Hay edición francesa, París, 1989 – 2ª Edición, París, 1992 - 3ª edición: París, 1994. Edición italiana, Milán, 1992.
  • Tango, poesía y prosa de Buenos Aires, Buenos Aires, 1991.
  • Borges, una biografía, Buenos Aires, 1994; 2ª edición: 1994
  • Poesía argentina del siglo XX, Edición bilingüe Francés/castellano, Editorial Fundación Patiño, Ginebra, Suiza, 1996.
  • El Centenario, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1996.
  • El tango. Una guía definitiva, Ed. Aguilar, Buenos Aires, 1996.
  • La Biblioteca Nacional, Editorial Manrique Zago, Buenos Aires, 1997.
  • Tango, poesía de Buenos Aires Manrique Zago, Buenos Aires, 1998 (Hay traducción al inglés de la misma editorial y la misma fecha.)
  • Homero Manzi y su tiempo, Ed. Javier Vergara, Buenos Aires 2001.

Periodístico

Trabajos en libros colectivos

  • Literatura y sociedad en América Latina, Ed.Universidad de Salamanca, Salamanca, 1981
  • Amor y muerte en América Latina, Ed.Hiperión, Madrid, 1980
  • La literatura argentina de hoy, Ed.Vervuert, Frankfurt, 1989.
  • Alberto Girri. Homenaje Fondo Nacional de las Artes - Ed. Sudamericana, 1993
  • Tango tuyo, mío y nuestro, Instituto de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, 1996
  • Museo Histórico Nacional , Ed. Manrique Zago, Buenos Aires, 1997
  • Estados Unidos en la Argentina, Ed. Manrique Zago, Buenos Aires, 1997
  • La cultura de un siglo, Alianza Editorial, Buenos Aires, 1999
  • Buenos Aires 1910. El imaginario para una gran capital, Eudeba, 1999
  • Buenos Aires 1910: Memoria del Porvenir, Ed. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Facultad de Diseño y Urbanismo, Buenos Aires 1999
  • El Universo de Borges, Ed. Secretaria de Cultura, Buenos Aires 1999

Trabajos estrictamente históricos

  • Encargado de la sección Aniversarios del diario Mayoría (1972-1974).
  • Encargado de la sección Aniversarios de la rev. Dinamis (1968 -1974).
  • Libro y conducción del programa televisivo ¿Qué pasó?, Canal 7 (1974).
  • "El 17 de octubre como hecho cultural". Suplemento especial del diario El Cronista Comercial, octubre 1974.
  • Jefe de la sección Historia de Hispanoamérica en la revista Nueva Historia, Barcelona, 1977.
  • "Iberoamérica, entre la dependencia y el saqueo", revista Nueva Historia, Barcelona, abril de 1977.
  • "Panamá, el canal de las discordias", rev. Nueva Historia, Barcelona, noviembre de 1977.
  • La España Barroca, Editorial Altalena, colección La Historia Informal, Madrid, 1978.
  • El tango. (Historia social), Ed. Planeta, Buenos Aires, 1986.
  • "Borges yrigoyenista", rev. Desmemoria N' 3 abril-julio 1994.
  • "1910. El otro Centenario", rev. Desmemoria N' 6, enero-marzo 1995.
  • "La mirada del otro: escritores extranjeros del diez", rev. Desmemoria, nov-diciembre de 1995.
  • "La vida cotidiana de la Belle époque", rev. Desmemoria, febrero-marzo de 1996.
  • El Centenario, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1996.
  • "Prehistoria del Petróleo argentino" in Sol Petrol, editorial Manrique Zago, Buenos Aires, 1996.
  • "Borges político", en Revista de Occidente, Madrid, julio de 1999.
  • "Buenos Aires capital de la euforia" in Buenos Aires 1910. El imaginario de una gran capital Margarita Gutman – Thomas Reese, editores, Eudeba, Buenos Aires, 1999.
  • "La noche, tangos y espectáculos", "Ciudad y poesía" y "Una bomba en el Colón" in Buenos Aires 1910: Memoria del porvenir edición Margarita Gutman, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires – Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires 1999.

Otras publicaciones

  • Conversaciones con Raúl González Tuñón, Ed. La Bastilla, Buenos Aires, 1975.
  • Además, ha publicado más de un centenar de artículos literarios y /o históricos.

Revistas

En 1995, con el sello del Fondo Nacional de las Artes, publicó la edición facsimilar completa de la Revista Martín Fierro (1924-1927), con un estudio introductorio: Salto a la modernidad.

Antologías

Obras suyas figuran en más de cincuenta antologías.

Premios y distinciones

  • Primer premio Fiesta Nacional de las Letras; Necochea, 1964
  • Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, 1964.
  • Premio Jornadas de Poesía de Piriápolis, Uruguay, 1965.
  • Premio Fondo Nacional de las Artes, 1966.
  • Premio Bonafide al mejor libro de autor menor de 30 años, Mendoza, 1967.
  • Tercer Premio Municipal de Poesía, 1969 por La corrupción.
  • Premio Nacional de Poesía, 1969
  • Premiado por las Naciones Unidas en 1970 por su ciclo televisivo Lo que vendrá
  • Premio Nacional de Crítica Literaria, 1975.
  • Premio Internacional de Poesía - Revista Plural, México, 1982.
  • Primer Premio Municipal de Poesía, 1985 por Cuestiones personales.
  • Segundo Premio Municipal de Ensayo, 1986, por El tango.
  • Premio Al maestro con cariño, otorgado por TEA, 1995.
  • Premio Konex de Periodismo, 1997
  • Premio Nacional de Ensayo, 1998, por El Centenario.
  • En 1967, un grupo de más de 250 especialistas (críticos, profesores y poetas) lo eligió entre los ocho mejores poetas jóvenes para integrar la Antología de la joven poesía argentina, que publicó Fabril Editora ese mismo año.
  • En 1991 el Gobierno de Francia lo condecoró con la Orden de Chevalier des Arts et des Lettres.

Condecoraciones

  • Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa, 1991

Traduccciones

Ha sido traducido a doce idiomas.

Prólogos y recopilaciones

Es autor de numerosos prólogos, antologías y recopilaciones.

Cursos y seminarios

Ha dictado cursos, seminarios y conferencias sobre literatura, medios de comunicación e historia del tango en las siguientes universidades de la Argentina y del exterior:

Universidad Nacional del Nordeste (Resistencia, Chaco)
Universidad Nacional del Litoral (Rosario, Santa Fe)
Universidad de Chile (Santiago y Valparaíso)
Universidad Católica de Chile (Santiago)
Universidad de San Marcos (Lima, Perú)
Universidad de Bogotá (Colombia).
Universidad Nacional de Ecuador (Quito)
Universidad Nacional (Asunción, Paraguay)
Universidad Nacional (La Paz, Bolivia)
Universidad Nacional (Tegucigalpa, Honduras)
Universidad Nacional de México (UNAM, Distrito Federal, Morelia y Monterrey, México)
Universidad Rice (Houston, Estados Unidos)
La Sorbonne (París, Francia)
Universidad de Trieste (Italia)
Universidad La Sapienza (Roma, Italia)
Universidad Complutense (Madrid, España)
Universidad Autónoma, (Madrid, España)
Universidad de Salamanca (España)
Universidad de Valencia (España)
Universidad de La Laguna (Canarias, España)
Universidad de Barcelona (España)
Universidad de Edimburgo (Escocia, Gran Bretaña)
Universidad Católica de Eischttat (Alemania)
Universidad de Munich (Alemania)
Universidad de Regensburg (Alemania)
Universidad de Caracas ( Venezuela)
Universidad de Toulouse (Francia)

Congresos

Ha participado en numerosos congresos de literatura e Historia de la Cultura latinoamericana en el país y en el extranjero.

Membresías

Miembro fundador y Académico de número de la Academia Nacional del Tango (1990)
Miembro del Foro de Estudios Argentino-Franceses desde 1992
Director del Fondo Nacional de las Artes. Presidente de las comisiones de Letras, Folklore, y Medios audiovisuales, desde 1992

Actividad docente

Profesor de Medios de Comunicación - Universidad Argentina de la Empresa - Buenos Aires, 1967
Profesor de Medios de Comunicación e Ideología, Universidad del Salvador - Buenos Aires, 1974-1975
Profesor de Cine y Sociedad - Universidad del Cine, Buenos Aires, 1994
Asimismo, ha dirigido y coordinado talleres literarios desde 1986

Actividad periodística en la prensa escrita

En Argentina

Se ha desempeñado como redactor, jefe de sección, Secretario de Redacción, director de suplementos culturales y asesor de la Dirección de diversas publicaciones, entre otras:
Colaborador permanente del diario La Gaceta de Tucumán (1963-1967)
Encargado de la sección teatro de la revista Qué (1964)
Secretario de Redacción de la revista Información Literaria (1965-1966).
Columnista de Política internacional del diario Síntesis de la Industria (1966-1967)
Jefe de la sección Libros de la revista Análisis (1966-1971)
Jefe de la sección Televisión de la revista Panorama (1967-1969)
Encargado de la sección Libros y Cultura de la revista Dinamis (1968-1974)
Colaborador permanente del suplemento cultural del diario Clarín (1967-1974)
Colaborador permanente del diario La Opinión (1971-1972)
Colaborador permanente de la revista Siete días Internacional (1972).
Asesor de la dirección, columnista y editorialista del diario Mayoría (1974-1975).
Director de la revista YPF (1972-1976).
Director de la revista Técnico Comercial (1972-1976).
Director de la revista Sin censura (1983).
Director del Suplemento cultural del diario La Razón (1984-1985).
Columnista del diario El Cronista (1991-1992).

En España

Redactor y Jefe de redacción de la revista Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid (1977-1980)
Jefe de la sección Hispanoamérica de la revista Nueva Historia, Madrid (1976-1977)
Colaborador permanente de la revista Los libros, Madrid (1977)
Colaborador permanente de la revista Cuadernos para el diálogo, Madrid (1977-1978)
Colaborador de la revista Nueva Estafeta, Madrid. (1976-1982)
Colaborador de la revista Geo, Madrid (1993-1994)
Colaborador permanente de La revista de Occidente, Madrid.
Colaborador permanente de la revista Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, desde 1976 hasta el presente.

Radio

Ha trabajado en diversos programas periodísticos y culturales en forma continuada desde mediados de la década del sesenta. Entre 1985 y 1989 condujo una emisión diaria de cuatro horas de duración sobre temas de actualidad por Radio Belgrano de Buenos Aires, con el título de Dar la nota, donde fueron entrevistadas más de quinientas personalidades, argentinas y extranjeras de paso en Buenos Aires, del mundo de la política, las artes y las ciencias.
En la actualidad conduce el programa Buenas Migas que se transmite todos los domingos por Radio Nacional. AM.

Televisión

Ha dirigido y conducido una veintena de programas en los canales 7, 11, 13 y ATC de Buenos Aires. Entre otros espacios destacados, realizó una serie sobre historia política y cultural argentina, titulado ¿Qué Pasó?, en 1974, y en los años 1984 y 1985 condujo el ciclo Televisión abierta, por Canal 13. Asimismo escribió, produjo y condujo más de veinte programas especiales para ATC y Canal 13.
En 1993 dirigió un programa especial de cuatro horas de duración para Canal TV Culture de París, sobre la historia del tango.

Otras actividades

Entre 1973 y marzo de 1976 se desempeñó como Jefe de Prensa y Publicaciones de Yacimientos Petrolíferos Fiscales.
Director de Ciencia y Tecnología del Instituto de Cooperación Iberoamericana, de Madrid (1980-1983)
Entre enero de 1980 y septiembre de 1983 se desempeñó como Secretario Ejecutivo del Proyecto Internacional CYTED D (Ciencia y Tecnología - Comisión Quinto Centenario del Descubrimiento de América), con sede en Madrid.
Entre 1989 y 1991 se desempeñó como Secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
A partir de 1999, dirige la colección "Autobiografías, Memorias y Libros Olvidados", que edita el Fondo Nacional de las Artes, de la cual ya han aparecido doce títulos.
Junto con Saúl Sosnowski editó Borges y yo . Diálogo con las letras latinoamericanas. Ed. Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2000.
En la actualidad – y desde 1995- dirige la Colección "Poetas Argentinos contemporáneos", que ya ha publicado treinta antologías personales

República de la India 2951 – 3º B
1425 Buenos Aires
Argentina
Teléfono/Fax: 402-3175

.

Horacio Salas
ghsalas@ciudad.com.ar

POEMAS
Platos

Platos descoloridos por décadas de almuerzos y de cenas 
confrontando colores con zapallos y paltas 
con morrones ardientes 
combinaciones con el berro o el rojo del gazpacho 
aquellos platos amarillos de mi infancia 
platos para largos diálogos de vino y sobremesa 
platos donde mis hijos desbordaban papillas 
y bananas pisadas 
platos azules que atravesaron el Atlántico 
platos de cerámica de humilde loza o porcelana 
platos para las cazuelas y los curries 
platos para los pescados y los pollos 
platos de sufrimientos y de exilio 
platos vacíos y platos rebosantes de festejos 
o sopas del invierno 
platos que acompañaron nuestra historia 
platos aparecidos en la vida antes de nuestro nacimiento 

platos que perduran más allá de otras muertes 
platos con los que nadie sabrá qué hacer cuando me muera.
Treinta y cinco milímetros

Cuando nos veamos tal como nos ve la Canon 
nuestras sonrisas los ojos entrecerrados por el sol 
serán pasado 
de este momento tendremos unas pocas imágenes 
captadas desde el ángulo barrido por la lente 
con el tiempo una copia de rasgos desteñidos 
será lo único que reste de los gestos de ahora 
esa primera risa de algún hijo 
un movimiento de la mano un guiño 
o el golpe de encontrarnos de pronto a los que han muerto 
que nos miran impávidos 
acusándonos 
porque no los amamos lo bastante 
porque en realidad los hemos olvidado.
El custodio

Como todo poeta que se precie también tengo una novela 
guardada en el ropero junto con el cadáver de un tío 
millonario 
a veces toco como un objeto sacro esos papeles 
marcados por una vieja Underwood con la o despareja 
No me atrevo a leerlos (temor a la autocrítica textos 
amarillentos) 
prefiero reavivar antiguas proyecciones daguerrotipos y 
postales 
los soldados de plomo / la pelota de goma rojiblanca 
el frío del casco con penacho / la coraza / el rifle de dos 
caños 
las sillas tapizadas en verde / la luz anaranjada de la radio 
el álbum de la guerra de trincheras 
acaso estas fotografías intransferibles 
no sean más que metáforas de un sueño rastros inciertos 
de un museo abierto a un solo visitante 
carente de interés para extranjeros.
Obra completa

Todos los dolores y las perplejidades de un hombre 
pueden ser cobijados en un solo volumen 
atareado oculto entre dos tomos en la segunda fila 
Los pasos desde aquel lejano primer día 
el brillo en la mirada que se perdió en la tarde las sonrisas 
y esa voz enronquecida por la almohada 
nombres grabados en un árbol y una fecha 
debajo 
convertidos en una traducción de pocas líneas 
humo de la ambigüedad palabras reunidas en un temblor 
eléctrico 
serán lecturas distraídas antes de un examen 
o el desdén de un hojeo en un insomnio 
la inmovilidad en alguna biblioteca de barrio 

¿Y la mano anónima que subrayó dos versos? 
¿Ese fue el resultado?
De Dar de nuevo

Los poemas fueron tomados de “La Nación”