Jaime Gil de Biedma

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PALABRAS PRELIMINARES

Malditos, heterodoxos y alucinados

Jaime Gil de Biedma, el gran poeta de la experiencia

Por Javier Memba

      Sorprenderá a muchos lectores que en una galería que se pretende de malditos, heterodoxos y alucinados se incluya a uno de los poetas españoles más celebrados del siglo XX. Sin embargo, no fue la de Jaime Gil de Biedma una de esas obras dignas de los más bellos juegos florales, como suele serlo la poesía que se celebra. A poco que se adentre el lector en ella, descubre versos como aquellos que rezan

te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos...

      Precisamente es ése el autorretrato que el poeta nos propone en "Contra Jaime Gil de Biedma". Más aún, habida cuenta de que el mismo quiso dejar clara su opción sexual en "Retrato del artista en 1956", cabe apuntar que quienes le conocieron le recuerdan como "muy homosexual y muy borracho". Las dos son razones más que sobradas para incluirle en cualquier nómina sobre heterodoxia.

      En su sonado apunte biográfico, incluido en "Colección particular" (1969), leemos: "Nací en Barcelona en 1929 y aquí he residido casi siempre. Pasé los tres años de la Guerra Civil en Nava de la Asunción, un pueblo de la provincia de Segovia en donde mi familia posee una casa a la que siempre acabo por volver. (...) La alternancia entre la vida burguesa y la "vie de chateau" ha sido un factor importante en mi mitología personal (...). Mi empleo me ha llevado a vivir largas temporadas en Manila, ciudad que adoro y que me resulta bastante menos exótica que Sevilla (...). He sido de izquierdas y es muy probable que lo siga siendo, pero ya no ejerzo".

      Precisamente es la perspectiva del izquierdista la que inspira Compañeros de viaje (1959), su primer libro de versos. Anclado todavía en la poesía social que impera a la sazón, sus poemas claman contra la injusticia. Pero el verdadero registro del poeta, se aparta de las cuestiones sociales. Será cuando abandone el ejercicio de la izquierda cuando el gran poeta de la experiencia se ponga en marcha.

      Así, en Moralidades (1966) se mezclan poemas alusivos a la huelga que mantuvieron los mineros asturianos en 1962 con poemas tan personales como "Pandémica y celeste", una de sus grandes piezas en la que escribe

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios
como dijo el poeta son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Un amante constantemente derrotado

      Escritor lento, según gustaba declarar, sólo daría a la estampa una nueva colección de versos reunidos bajo el título de Poemas póstumos (1969). Desde entonces hasta nuestros días, el prestigio de Jaime Gil de Biedma fue aumentando hasta convertirle en el gran poeta de la experiencia. Dicen los expertos que toda la poesía nace de la experiencia. En el caso de Gil de Biedma, dicha experiencia es la de un amante constantemente derrotado, la de un noctámbulo empedernido que llega a la "oficina con sueño que vencer" tras "una de esas noches memorables de rara comunión con la botella".

      "¿Por qué escribí?", se preguntaba en la edición definitiva de su obra poética -Las personas del verbo (Seix Barral, 1982)-. Yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema".

      De su vasta experiencia como lector, nació una obra no menos interesante que sus versos de crítica literaria, reunida toda ella en 1980 en "El pie de la letra" (Crítica, 1980). Sin embargo, son mucho más conocidos sus diarios de 1956, concebidos para ejercitarse en la escritura en prosa. El primero de ellos "Diario del artista seriamente enfermo" apareció en 1974. Como su propio título indica, en sus páginas daba cuenta de una convalecencia por una afección tuberculosa. El segundo Retrato del artista en 1956 apareció en 1991. Una año después de la muerte del escritor tal y como él dejó dispuesto. Este último se trataba de una crónica de su experiencia erótica sin concesiones a la galería.

      En su últimos años, el gran poeta de la experiencia recitó sus versos en los más variados foros. Acabados los actos bebía hasta el hartazgo. En Madrid se le recuerda en Oliver, cubriéndose la calva con su gorro ruso -"Me quedé calvo en 1962. La pérdida me fastidia pero no me obsesiona"-. Murió en Barcelona, en 1990. La suya fue una de las primeras vidas que el sida se cobró en España.

Domingo, 28 de Abril de 2002

Publicado inicialmente en El mundo

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

      Nació en Barcelona, en el seno de una familia de la alta burguesía. Estudió Derecho en Barcelona y Salamanca, en cuya universidad se licenció. Su estancia en Oxford, en 1953, le puso en contacto con la poesía anglosajona del momento que influiría en su obra.

      Su poesía, de tono elegíaco, enlaza con la de Vallejo, Antonio Machado y con el delicado erotismo de Cernuda.

      Desde 1955 trabajó en una empresa ligada a su familia. Su obra poética no es muy extensa pero ha sido considerada como una de las más interesantes de su generación, la de los poetas sociales de los años cincuenta. No se limitó a utilizar la poesía para expresar una rebeldía política sino que profundizó en el uso de la palabra como material estético y en la consideración del poema como experiencia. Murió en su Barcelona natal, en 1990.

Libros publicados

Entre otros:

  • Según sentencia del tiempo, 1953
  • Compañeros de viaje, 1959
  • En favor de Venus, 1965
  • Moralidades, 1966
  • Poemas póstumos, 1968
  • Las personas del verbo, 1975 y 1982

Ensayos

Escribió agudos ensayos literarios.

Diario

  • Retrato del artista en 1956, publicado después de su muerte.

Publicado inicialmente en Palabra Virtual

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Jaime Gil de Biedma

POEMAS
LA LÁGRIMA

No veían la lágrima.

Inmóvil
en el centro de la visión, brillando,
demasiado pesada para rodar por mejilla de hombre,
inmensa,
decían que una nube, pretendían -querían
no verla
sobre la tierra oscurecida,
brillar sobre la tierra oscurecida.

Ved en cambio los hombres que sonríen,
los hombres que aconsejan la sonrisa.
Vedlos
presurosos, que acuden.
Frente a la sorda realidad
peroran, recomiendan, imponen confianza.
Solícitos, ya ofrecen sus oficios -y sonríen.
Son los hombres de la sonrisa.
Sonríen, sonríen -y no duele.
                                                            Son los viles
propagandistas diplomados
de la sonrisa sin dolor, los curanderos
sin honra.

(La lágrima refleja
sólo un brillo furtivo
que apenas espejea.
La descubre la sed
-apenas- de los ojos
sobre los doloridos
utensilios humanos
-igual como descubre
el río que, invisible,
espejea en las hojas
movidas-, pero a veces
en cambio, levantada,
manifiesta, terrible
es un mar encendido
que hace daño a los ojos
y su brillo feroz
y dura transparencia
se ensaña en la sonrisa
barata de esos hombres
ciegos que aún sonríen como ventanas rotas.)

He ahora el dolor
de los otros, de muchos,
dolor de muchos otros, dolor de tantos hombres,
océanos de hombres
que los siglos arrastran
por los siglos, sumiéndose en la historia;
dolor de tantos seres injuriados,
rechazados, retrocedidos al último escalón,
pobres bestias que avanzan derrengándose por un
            camino hostil
sin saber dónde van o quién les manda,
sintiendo a cada paso detrás suyo ese ahogado resuelto
y en la nuca ese vaho caliente que es el vértigo
del instinto, el miedo a la estampida,
animal adelante, hacia delante, levantándose
para caer aún, para rendirse
al fin, de bruces, y entregar
el alma,
porque ya
no pueden más con ella.

Así es el mundo
y así los hombres. Ved
nuestra historia, ese mar,
ese inmenso depósito de sufrimiento anónimo,
ved cómo se recoge
todo en él -injusticias
calladamente devoradas, humillaciones, puños
a escondidas crispados
y llantos, conmovedores llantos inaudibles
de los que nada esperan ya de nadie…

Todo, todo aquí se recoge, se atesora, se suma
bajo el silencio oscuramente,
germina
para brotar adelgazado en lágrima,
lágrima transparente igual que un símbolo,
pero reconcentrada, dura, diminuta
como gota explosiva, como estrella
libre, terrible por los aires, fulgurante, fija,
único pensamiento de los que la contemplan
desde la tierra oscurecida,
desde esta tierra todavía oscurecida.