Johann Wolfgang von Goethe

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PALABRAS PRELIMINARES

Nota y traducción de José María Pérez Gay (*)

       Los Epigramas venecianos (1790) son el fruto del segundo viaje a Italia de Johann Wolfgang von Goethe. Si en las Elegías romanas se exaltaba la pasión amorosa y la imagen de una ciudad, en los Epigramas tiene lugar la desmitificación de Italia.

       Si en las Elegías Faustina se reveló como la amante de la ciudad eterna y el idilio intemporal superaba la muerte, en los Epigramas Goethe se volvió intolerante contra las calles sucias de Venecia, la miseria de las clases desposeídas en contraste con el lujo de los potentados, la corrupción de los funcionarios, el catolicismo romano que no lograba —como el protestantismo alemán— cohesionar a la sociedad de sus creyentes, y las despreciables intrigas y maniobras del gobierno. Los Epigramas son el puesto de un vigía, pequeños ejercicios de crítica y admiración, su manera de ver la época en que vivía. Goethe escribe todo lo que se le ocurre, defiende y amonesta a sus contemporáneos.

       El 4 de mayo de 1790, Goethe le confiesa al duque de Weimar que su amor por Italia ha recibido un golpe mortal y, al mismo tiempo, le anuncia que las Elegías romanas están listas para su publicación. Si Italia había dejado de ser el país de su corazón y sus deseos, entonces ya no existían obstáculos para convertir a la ciudad de Weimar en una Roma antigua o moderna. Si el santo patrono de las Elegías fue Propercio, el de los Epigramas sería Marcial: "Son los frutos que crecen en una gran ciudad —anota Goethe—, se dan por todas partes y no se necesita mucho tiempo para levantarlos. Serán tan diversos como la vida de una ciudad: generosos, malignos y obscenos".

       En realidad, los Epigramas venecianos no pertenecen al género de la sátira personal; Goethe no conocía la sociedad veneciana, ni le interesaba, y la sociedad de Weimar no hubiera tolerado a Marcial ni a Juvenal, a quien Goethe leía en esos meses.

       Los Epigramas reúnen las reflexiones sobre Italia, su relación con Christiane Vulpius y un grupo de poemas en torno a la Venecia turística. Goethe se queja de la lluvia y las calles sucias, la falta de árboles y follaje, se burla de los sacerdotes católicos y el nuncio papal en las fiestas de la Pascua. Una serie de epigramas se ocupa de la Revolución Francesa, el "triste destino de Francia":

"Quieres liberar a muchos, atrévete primero a servir a muchos".

       Según Goethe, la intolerancia se escondía detrás de los apóstoles de la libertad.

       Los Epigramas venecianos son la primera obra anticristiana de Goethe; no hay uno solo de sus escritos posteriores que pueda compararse con la severidad de esta primera crítica. El cristianismo se presenta como una serie de ilusiones, un "estoicismo moral" o un "deísmo", y "ninguna de las dos —escribe— es una religión que le convenga a los hombres". Goethe partía de la certeza de que sólo el epicureísmo tenía la respuesta "a los enigmas Dios, hombre y mundo".

       Los individuos debían regresar a la doble necesidad de Epicuro: la de eliminar el temor a los dioses y la de desprenderse del temor a la muerte. Los dioses eran tan perfectos que estaban más allá del alcance de los hombres, pero sobre todo eran indiferentes a su destino. De acuerdo a la célebre reflexión de Epicuro, el temor a la muerte era un engaño, porque mientras se vive no se tiene la sensación de la muerte y cuando se está muerto no se tiene sensación alguna.

       El secreto más profundo de la vida es la vida misma. Si el poeta viviera siglos no desearía el mañana más que el día de hoy. Jesucristo era un iluso enloquecido que sacrificó su vida y, con la ayuda de su doctrina, condenó a sus seguidores a que repitieran lo mismo. Sus discípulos —los bribones, dice Goethe— se llevaron su cuerpo de la tumba y, al mismo tiempo, hablaron de la resurrección.

       Cristianos, judíos y musulmanes no eran sino ilusos intolerantes y furiosos. A la pregunta religiosa: "¿Qué debo esperar?", Goethe nos da una respuesta inmediata y erótica:

¿Cuál es mi esperanza? Sólo la que hoy me ocupa:
llegar a ver mañana a mi amada,
a quien hace ocho días que no veo.

       El autor de Las tribulaciones del joven Werther, Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, Egmont, Torcuato Tasso, Ifigenia en Táuride, Poesía y verdad, Las afinidades selectivas y Fausto resumió también en los Epigramas venecianos su convicción de que la sexualidad era una de las fuerzas motrices del espíritu.

       Un siglo antes de que Sigmund Freud investigara y escribiera Psicopatología de la vida cotidiana, los Epigramas fueron la continuación de esa etapa priápica en la sensualidad de Goethe, que coincidió con la publicación de sus Escritos y el nacimiento de su primer hijo. Aquí, la esperanza y el deseo aparecieron en su forma más obvia: el prurito sexual, la única realidad detrás del engaño de los sacerdotes y los políticos. Las expresiones o alusiones sexuales le dieron a un grupo de poemas la fuerza retórica suficiente, pero su contenido fue siempre religioso o político.

       Muchos epigramas se conocieron sólo ciento veinte años más tarde, pues ningún editor se hubiese atrevido a publicarlos hasta entonces. Goethe escribió sobre temas imposibles como la desnudez, la erección, la masturbación del hombre y la mujer, la prostitución, las enfermedades venéreas y el coito anal. Por esa época le obsesionaba la relación entre el cristianismo y la represión sexual, y desde esa perspectiva Príapo encarnó siempre para él un tratamiento más efectivo contra la histeria religiosa que los principios cristianos.

       Los Epigramas venecianos están llenos de opiniones y puntos de vista. Goethe jamás escribió de una forma tan poco dramática: aquí el único personaje es él mismo, por eso las Elegías romanas son su forma antagónica. En los Epigramas no hay ficción, ni en Venecia ni en Weimar; sus poemas no quieren ser la renovación de una forma antigua o de un modo de vida antiguo; las alusiones mitológicas o literarias son muy pocas. El mundo intemporal y simbólico de las lámparas y el vino, de la cama y del rey Midas que constituía la atmósfera de las Elegías romanas desaparece: el hechicero feliz ha renunciado al ejercicio de su magia. El mundo de los Epigramas venecianos es el mundo moderno de la incertidumbre, de la parodia, de los cafés, las góndolas, las transacciones financieras, la Revolución Francesa y, por primera vez, el juego del yoyo.

       Goethe no fue un filósofo, sino sobre todo un poeta y un lector, un artista y un científico, un soñador, un visionario y, no obstante, un político. Un teórico apasionado y un hombre de acción. Amó la lucidez y defendió la oscuridad; le fascinaban los nobles y los aristócratas, pero nunca rechazó las manifestaciones plebeyas ni despreció lo que otros críticos llamaron la "inevitable vulgaridad". Ninguna expresión literaria le fue ajena; ningún género artístico, indiferente. Goethe dominó los estilos más diversos, intentó todas las formas y los géneros, nunca se sintió mejor que cuando transitaba por la poesía de todos los tiempos.

       A partir de la publicación del Werther (1774), siempre combatió las muchas ediciones piratas de sus libros, pero se alimentó de las obras de otros escritores y no pocas veces se los apropió sin el menor escrúpulo. Goethe tomó del fondo internacional de la poesía lo que más le gustaba y podía usar; fue muy poco severo en cuanto a la propiedad intelectual, y esa negligencia ante los derechos de autor —por lo demás muy común en esa época— le permitió escribir obras extraordinarias.

       Goethe fue un renovador y un consumador, un defensor de la tradición y un fanático de los experimentos, se transformó incesantemente y, a la vez, permaneció fiel a sí mismo. Los dioses le dieron todo a su hijo predilecto: todas las alegrías y todas las desdichas.

       De esas alegrías y desdichas nacieron sus poemas. La mayor parte de ellos no fueron sino improvisaciones poéticas. "Siempre transformé en un poema o en un cuadro —escribe— lo que me deleitaba, me entristecía o me preocupaba". El poema de ocasión, es decir, el que atrapa sus temas en la vida cotidiana, fue siempre para Goethe el primero y más auténtico de los géneros poéticos.


(*) José María Pérez Gay recibió del gobierno alemán, en 1996, la Medalla Goethe.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

       Goethe nació el 28 de agosto de 1749 en Frankfurt de Main, Alemania. Está considerado como uno de los seis mejores escritores de la literatura universal. Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Leipzig, donde se interesó por la literatura y la pintura. Se trasladó luego a Weimar, uno de los centros intelectuales y literarios de la Alemania de entonces. Conoció al poeta y dramaturgo Friedrich von Schiller, y esa amistad fue transcendental para Goethe. Para el periódico de su amigo escribió Las Horas, una serie de poemas amorosos. Schiller le animó para que volviera a trabajar en Fausto, cuya primera parte había sido publicada en 1808. También escribió varias colecciones de poemas. Falleció el 22 de marzo de 1832.

Libros publicados

Poesía

  • Escritos
  • Poesía y verdad
  • Elegías romanas
  • Epigramas venecianos

Drama en prosa

  • Ifigenia en Táuride
  • Fausto

Novela

  • Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister
  • Las tribulaciones del joven Werther
  • Werther
  • Egmont
  • Torcuato Tasso
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Johann Wolfgang von Goethe

POEMAS
A LA LUNA

						
¡Oh tú, la hermana de la luz primera,
símbolo del amor en la tristeza!
Ciñe tu rostro encantador la bruma,
orlada de argentados resplandores;
Tu sigiloso paso de los antros
durante el día cerrados cual sepulcros,
a los tristes fantasmas despabila,
y a mí también y a las nocturnas aves. 

Tu mirada domina escrutadora
y señorea el dilatado espacio.
¡Oh, elévame hasta ti, ponme a tu vera!
No niegues a mi ensueño esta ventura;
y en plácido reposo el caballero
pueda ver a hurtadillas de su amada,
las noches tras los vidrios enrejados. 

Del contemplar la dicha incomparable,
de la distancia los tormentos calma,
yo tus rayos de luz concentro, ¡oh luna!,
y mi mirada aguzo, escrutadora;
poco a poco voy viendo los contornos
del bello cuerpo libre de tapujos,
y hacia él me inclino, tierno y anhelante,
cual tú hacia el de Endimión en otro tiempo.

La inclusión de Johann Wolfgang von Goethe en
Poéticas es una atención de

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