Jorge Boccanera

Directorio Inicio

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

      Nació en Bahía Blanca, Argentina, en 1952. Vivió largo tiempo en México y Centroamérica. Poeta y periodista, ha publicado además libros de crónica y de ensayo.

Libros publicados

Poesía

  • Los espantapájaros suicidas, 1974
  • Contraseña, 1976
  • Música de Fagot y piernas de Victoria, 1979
  • Los ojos del pájaro quemado, 1979
  • Polvo para morder, 1986
  • Marimba, 1986
  • Sordomuda, 1991
  • Bestias en un hotel de paso

Historias de vida

  • Ángeles Trotamundos, 1993
  • Ángeles Trotamundos II, 1996
  • Malas Compañías, 1997

Premios y distinciones

  • Premio "Casa de las Américas" de Cuba, 1976
  • Premio Nacional de Poesía Joven de México, 1977

Antologías

Entre 1978 y 1982 preparó un panorama de poesía hispanoamericana en varios volúmenes:

  • La novísima poesía latinoamericana
  • Poesía rebelde en Latinoamérica
  • La nueva poesía amorosa de América Latina
  • Poesía contemporánea de America Latina
  • Palabra de mujer
  • El poeta y la muerte.
  • García Lorca / Poesía, 1994
  • Raúl González Tuñón, Juancito Caminador, 1998

Compilaciones

  • Voces y fragmentos, (poesía argentina), 1981
  • Poesía joven de Argentina, 1982,

Traducciones

Su poesía ha sido traducida a varios idiomas.

.

Jorge Boccanera
boccanera@lol.com.ar

POEMAS
Exilio

					
Expulsados de la selva del sur de Sumatra
por los hombres que vienen a poblarla, 130
elefantes emprendieron hoy una larga marcha
de 35 días hacia la nueva ciudad que les fue
asignada.
(AFP. 18/11/82)
No hay sitio para los elefantes. 
Ayer los expulsaron de la selva en Sumatra, 
mañana alguien les impedirá la entrada al Unión Bar. 
Yo integro esa manada hacia Lebong Hitam, 
yo sigo a la hembra guía, 
cargo con la joroba de todas mis valijas sobre las 
         cuatro patas del infierno. 

Llegarán a destino –dijo un diario en Yakarta. 
Los colmillos embisten telarañas de niebla. 
Llegarán a destino, 
viejas empalizadas que sucumben bajo mareas de carne. 
Llegarán  -dijo el diario. 

Más la estampida cruza por suelos pantanosos 
y mi patria –la mía- es sólo esta manada de elefantes 
       que ha extraviado su rumbo. 

¡Guarde celosamente la selva impenetrable este ulular 
       de bestias! 
Tambores y petardos, acompañan. 
Algo de todo el polvo que levantan, es mío.
Oración para un extranjero

						
VI
Lluvia, 
somos dos extranjeros, 
mi nombre como el tuyo es una travesía, 
un deambular por puertas cerradas para siempre. 

 
La gente entra en mi sueño como por otra casa 
y tus breves colores se deshacen contra el olvido, 
pero ya lo sabemos, 
no hay nada que tratar con su navaja, 
nada que preguntar en sus regiones. 

 
Lluvia, 
somos dos extranjeros, 
nos separa una herida.
Polvo para morder

						
I
A veces la palabra 
como una copa rota donde morder el polvo 
y otras veces un agua 
de alumbrar. 

Asomada a los cielos, la palabra, 
es un tambor de polvo deshecho al primer golpe. 
remando en el infierno, la palabra, 
es un agua posible sobre un manto de cólera. 

 
Entonces, la palabra, 
¿polvo, para morder en la oscuridad? 
¿Agua, para alumbrar este cuerpo callado?
III
Bésale las piernas a la poesía 
aunque diga que no que aquí nos pueden ver. 
Bésale las palabras, hurga su lengua hasta 
que abra los brazos y diga ¡Santo Dios! 
o hasta que santodios abra los brazos de escándalo. 
Bésale a la poesía a la loba 
aunque diga que no que hay mucha gente que aquí 
nos pueden ver. Bésale las piernas las palabras 
hasta que no de más, hasta que pida más 
hasta que cante.
Corría el año 1917

					
Magro, cetrino, casi hierático, me pareció
un árbol deshojado. Su traje era oscuro
como su piel oscura.
Ciro Alegría
Un Santiago de Chuco de labios apretados lo ve 
pasar y dice: como si la victoria y la derrota 
comieran de su plato y dice: como un hueso 
escarbando en el habla de nadie, ¿y tanto así? 

Pasa un zumbido un triste alguna capa un capellán 
un globo sin su niño un ala que saluda las tardes 
son iguales aquí pasa Vallejo navegando en el polvo 
de las demoliciones. 

Como si la victoria (se lo dije) como si la 
derrota (¿no le digo?) comieran de su plato y 
él escupiera el plato porque un dedo de sangre 
va abriéndole los ojos porque hay un aguacero 
que se lo lleva todo. 

Pasa el maestro de escuela por las calles vacías. 
Una mano cortada lo lleva de la mano.
Hada

						
Se alimenta de carne de venado, de hojas grandes y 
         verdes, pero vomita nieve. 
Se desliza a gran velocidad, sube a los altos picos y 
         cuenta lo que todos callamos. 
¿Podría patinar sobre un pie? ¿Dibujar en un pie? 
Voy a decirlo de otro modo: la Sordomuda pasa con su 
         cuerpo ladeado para recuperar el equilibrio. 
Aquí todos la aclaman: “no hay palabras, es única”. 

Con su pasamontañas se desliza. 
Clava sus espolones y mi lengua aterida se 
         enrolla en viejos miedos. 
Y así ella se alimente de frutas amarillas o de peces 
         plateados, siempre vomita nieve. 
Cuando vomite al bosque, yo lo conoceré. 
Ahora está en la pendiente: “no hay palabras, es 
         única”. 
Yo rito del trineo, con mi hocico escarchado poco 
         puedo decir. 
Para ella los aplausos porque puede bailar, dar 
       vueltas como un trompo. 
Y si se lo propone, 
podría leerle los labios a un muñeco de nieve.

La inclusión de estos poemas de Jorge Boccanera en
Poéticas es una atención de Julio Carabelli