José Martí

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PALABRAS PRELIMINARES

Poesía y muerte en los Versos sencillos de José Martí

Por Karina Bonfatti

         La figuración de la muerte en los Versos sencillos de José Martí se abre en series que se expanden hacia redes de relaciones. Yo he trabajado con dos de estas redes que, para abreviar, llamaré "muerte natural" y "muerte violenta", porque convergen en cada una de ellas algunos connotadores distintivos. La primera, pasiva, espiritualizada, bucólica, conlleva una estetización que pone en juego la naturaleza y suele estar colocada en el yo poético; por ejemplo, el deseo de muerte personal que narrativizan los poemas

XXIII y XXV:

Yo quiero salir del mundo
Por la puerta natural:
En un carro de hojas verdes
A morir me han de llevar.

No me pongan en lo oscuro
A morir como un traidor:
Yo soy bueno, y como bueno
¡Moriré de cara al sol! (XXIII) (...)

Yo quiero, cuando me muera,
Sin patria, pero sin amo,
Tener en mi losa un ramo
De flores. ¡y una bandera! (XXV, última estrofa)

         La segunda, más inquietante, activa —una suerte de estetización de lo violento que linda con lo dramático— está construida con imágenes de mayor impacto, con cierta velocidad y en un tono más directo. Se trata aquí de un ritmo caracterizado por el golpe, como si la violencia fuese también la de ese latido, esos tajos de la escritura. Hay un desgarro que la quietud y la visión contemplativa de la "muerte natural" no dejan entrever cuando el tono sentencioso lo soslaya, como en la cuarteta 16 del poema I :

Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante
Antes que luz es carbón.

         El sentido violento de la muerte suele estar colocado en otros, o en relación a hechos que protagonizan otros, por ejemplo, el esclavo muerto en el poema XXX:

Rojo, como en el desierto,
Salió el sol al horizonte:
Y alumbró a un esclavo muerto,
Colgado a un ceibo del monte. (estrofa 4)

         En otras palabras, la "muerte natural" aparece, por lo general, página 1 en la inscripción de la primera persona, y la "muerte violenta", en la tercera persona.

         Por otro lado, "muerte natural" y "muerte violenta", antes que una estructura binaria de términos opuestos aparecen en los poemas como dos instancias de sentido que tanto se interfieren como se diferencian. Porque así como el recuerdo no discurre linealmente -abordando los Versos sencillos como autobiografía lírica [1] -, la figuración de la muerte, atravesada por este desdoblamiento, se vincula con el acto de resignificar. Esta escritura poética parece enfrentarse a la oposición vida-muerte en tanto conceptos canonizados. Porque ni la "muerte natural" es del todo paisajística [2], ni la "muerte violenta" funciona como apología. Hay algo que las vehiculiza como síntesis. Si por un lado funcionan como dicotomía, en ese mismo despliegue hay elementos que migran de una red a otra, por ejemplo, la "tumba desierta" del poema XLI, o la cuarteta 17 del poema I, que dice:

Yo sé que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.

         Aunque la "muerte natural" se lee más en lo sepulcral, en la descripción de tumbas (IX y XXV), y la "muerte violenta" en el instante, en su ocurrir, creo que es desde la dualidad, desde los diferentes recorridos de lectura que suscitan de dónde deviene el sentido. Así, violencia y armonía no pueden ser simples elementos contradictorios, sino complejos y constitutivos, dado que participan de un tratamiento estético en el cual quedan involucrados -y que se caracteriza por una "máxima precisión formal" [3] -.

         El abordaje que hace Angel Rama [4] en su lectura de los dípticos seriados de Versos sencillos de José Martí, puede extenderse a otros poemas de la obra tomando como clave de lectura la relación obligada entre las diversas series que la estructuran. Es decir, se podría leer la trama de estas dos redes a partir de aquella relación que implica un vínculo intelectual y no narrativo.

         Del mismo modo que sería sustraer de su condición crítica no leer el espacio de la amistad contrapuesto al lugar de la enemistad -el amigo recortado sobre el enemigo (XLIV)-, no leer la superposición de las dos redes. la armonía y la violencia en la inscripción de la muerte, supone otra sustracción: la operación por la cual los poemas reformulan el concepto de muerte.

         La presencia activa de los muertos en Versos sencillos es una constante. Amigos, tanto alter ego del poeta como hombres muertos, se caracterizan por lo humano. En el poema XI, donde el esqueleto se recorta como variación graciosa del muerto, casi no hay versos en los que no protagonice una acción (salvo los primeros de cada redondilla, reservados a la primera persona que los introduce). Transcribo el poema:

Yo tengo un paje muy fiel
Que me cuida y que me gruñe,
Y al salir, me limpia y bruñe
Mi corona de laurel.

Yo tengo un paje ejemplar
Que no come, que no duerme,
Y que se acurruca a verme
Trabajar y sollozar.

Salgo, y el vil se desliza
Y en mi bolsillo aparece;
Vuelvo, y el terco me ofrece
Una taza de ceniza.

Si duermo, al rayar el día
Se sienta junto a mi cama:
Si escribo, sangre derrama
Mi paje en la escribanía.

Mi paje, hombre de respeto,
Al andar castañetea:
Hiela mi paje, y chispea:
Mi paje es un esqueleto.

         Hay una gran variedad, en tanto alterna acciones cotidianas (sentarse, comer) o excepcionales (derramar sangre) con otras sorpresivamente propias de un esqueleto (castañetear). En el poema XLV, conocido como "Los héroes de mármol", el trabajo de encabalgamiento confiere a los verbos una fuerza y un ritmo distintivos. El poeta habla con los héroes y describe una serie de movimientos (abren, mueven, tiemblan, empuñan, lloran, etc.) que provienen de partes del cuerpo. Las cualidades vitales, constantes en los muertos, son también las de estos héroes, agregándose ahora otra conexión: la muerte vinculada a la patria y al sacrificio. Este aspecto sobrepasa la referencia heroica y pública, y se encuentra también en niveles de tono aparentemente intimista, como en la confesión al hijo que se encuentra en el poema "Amor Errante" del Ismaelillo ("Por nadie puedo/ Verter mi sangre") o la invitación del poema XXXI de Versos sencillos, en el que la idea de muerte estructura el desenlace ( "... prefiero/ Verte muerto a verte vil!").

         De todas las líneas que podrían retomarse dentro del repertorio de acciones que los muertos de Versos sencillos ejecutan, me interesa destacar el posible contrapunto entre el poema VIII y el XLI.

         La inscripción de voces en el poema VIII -estructurada por el yo poético en la primera y última estrofa y la canción del muerto encerrada por aquella primera voz- pone en contacto vida y muerte como experiencias próximas, mundos que se cruzan en el texto:

Yo tengo un amigo muerto
Que suele venirme a ver:
Mi amigo se sienta y canta;
Canta en voz que ha de doler.

"En un ave de dos alas
"Bogo por el cielo azul;
"Un ala del ave es negra,
"Otra de oro Caribú.

"El corazón es un loco "
Que no sabe de un color;
"O es su amor de dos colores,
"O dice que no es amor.

(...)

En cuanto llega a esta angustia
Rompe el muerto a maldecir:
Le amanso el cráneo: lo acuesto:
Acuesto el muerto a dormir.

         Considerando provisoriamente la posibilidad de lo emblemático, el canto, la cita de la letra del muerto, parece la puesta en escena de la acción que condensa las restantes, que las anticipa funcionando como cifra de la imagen del poeta. Por otra parte, el poema XLI dice:

Pensé en el pobre artillero
Que está en la tumba, callado:
Pensé en mi padre, el soldado:
Pensé en mi padre, el obrero. (estrofa 2)

         Si en el poema VIII el muerto canta, en éste, y como contrapunto de aquél, el muerto permanece callado. Las mediaciones en el espacio de la tumba son cantar o callar, no hay muerte para la voz. Esta textualidad descarta para sí el silencio a que condena la muerte. Aunque el participio ("callado") sugiera un gesto pasivo, éste se vuelve completamente activo en el espacio antitético de la subordinada por la presencia del locativo ("en la tumba"). La acción es más rotunda en la medida que el acto de callar simula una pasividad que el contexto activiza. Así, el artillero, muerto, en la tumba, callado, parece que piensa. Construir una "muerte natural" y una "muerte violenta" permite señalar la inscripción de una muerte que forma parte de lo dado, del orden de lo impuesto, para descartarla. El poema XLVI, que cierra los Versos sencillos, está en segunda persona, lo que parecería indicar que no se tratará aquí específicamente de la "muerte natural" ni de la "muerte violenta". Es una marca que alerta la lectura. En este sentido, quiero hacer hincapié en la última estrofa:

Verso, nos hablan de un Dios
A donde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos.

         Los dos últimos versos plantean una disyuntiva construida por una opción compleja pues, brevemente, el poeta y el verso se han unificado y, como resultante, la segunda opción clausura la inscripción de la muerte como rótulo de lo que estaría debajo (el acabamiento). Hay en la escritura de los versos finales un gesto ideológico en la reformulación que señala lo ajeno, expulsándolo. Porque en la unificación del poema con el verso, igual hay la presencia de un otro ("nos hablan") y, de ese otro lado, es índice el cambio lexical. No elige la palabra "muertos" que ha venido utilizando para los amigos, los esclavos o él mismo. Hay una marca de otredad en "difuntos" que incluso podría pensarse como palabra importada o como cita indirecta del discurso de otro (nos hablan de: "un Dios a donde van los difuntos"). Hasta la forma de construir la oración no parece pertenecer a la misma voz.

         Así, la textura poética sugeriría que "difuntos" y "muertos" no son sinónimos sino todo lo contrario. Porque, como dije antes, la reformulación implica el descarte (de esta escritura para sí) de una muerte ligada a Dios, desprovista de acción, esto es, sin poesía. Leo Dios (como leo rey, ley, duque o presidente) y ahí los muertos tienen que trasponerse al código que esa serie establece: "difuntos". El final, entonces, por oposición, remite a algunos rasgos que connotaban pasividad en la forma de figurar la muerte personal de los poemas anteriores. En la poesía de Martí la antítesis es una constante estructuradora. Dentro de cierta estética de la imprecisión que se percibe en los Versos sencillos —en los restos de diálogos, en la vaguedad espacio-temporal, etc.— más que reponer una referencia concreta a la inscripción del otro, es posible inferir las diversas funciones que comporta en esta escritura aquel enemigo estratégico.

         En el poema "Hijo del Alma", del Ismaelillo, hay un fragmento que dice: "Me hablan de que estás lejos:/ ¡Locuras me hablan!/ Ellos tienen tu sombra;/ Yo tengo tu alma." Aquí, quienes hablan al poeta sobre el hijo se constituyen en un otro similar al del último poema de los Versos sencillos. Como en aquél, hay la imprecisión de los pronombres personales que forman el paralelismo, ya que no se puede saber quiénes son "Ellos" en el poema. Se trata de una colocación descontextualizada de una situación explícita donde pudiera aparecer referido un enemigo (lo mismo podría decirse del posesivo en el poema XXXV: "qué importa que tu puñal"). Más allá de la pérdida que pudiese implicar para el lector no tener esta referencia, hay la ganancia de una manera de leer. O, como dice Angel Rama [5], "la ideología no opera, pues, como simple contenido que se insertara en la poesía, sino como fuerza estructurante (...) y remite ese sentido al trabajo autónomo del lector correlacionando series en el texto poético como podría hacerlo sobre cualquier otra realidad".

         Los rasgos aparentemente pasivos de lo que he llamado "muerte natural" reaparecen traspuestos activamente en la figuración del verso. En este sentido, el "arroyo" es una metáfora que se extiende produciendo líneas que convergen. Voy a seguir uno de sus posibles recorridos de lectura.

         En el poema I, en el que es factible inferir cierto tono programático, hay una cuarteta que dice:

Yo sé bien que cuando el mundo
Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.

         El silencio es dirimido por la permanencia de un rumor que el verbo "murmura" refuerza desde la sonoridad evocativa. Por otro lado, la dedicatoria al hijo que está en el Ismaelillo, finaliza: "Esos riachuelos han pasado por mi corazón,/ lleguen al tuyo!". Se trata de una variación de la imagen anterior. Se ha sumado al verso la cualidad de multiplicarse a la de hacerse oir y estar en movimiento. La metáfora reaparece en el poema "Tábanos Fieros" del Ismaelillo. Allí, la rima de los versos pares hace coincidir "arroyo amable" y "sangre". Estratégicamente colocada en los finales de las últimas tres tiradas de versos, como si el sonido repercutiera, la repetición conlleva una variante en la adjetivación. Primero, aparece el pronombre indefinido apocopado "algún", luego "un", y finalmente el demostrativo "ese". Hay un señalamiento que, por efecto de la gradación, va delimitando la imagen del arroyo. En el contexto "guerrero" del poema, el verso (el arroyo) figura entonces como vivificador de la muerte (sangre). Estos pasos hacen pensar que una red de relaciones se abre en la dedicatoria del Ismaelillo (riachuelos), pasa por el poema "Tábanos Fieros" (arroyo) y llega a los Versos sencillos con una carga particular. Porque allí la metáfora se extiende dentro de este campo semántico, resurgiendo como "surtidor" (poema V), o como "corriente" (poema XLVI). Una variación en el léxico comporta otras; desde el nivel denotativo y en su fuerza connotativa, estos cambios en el despliegue de la metáfora inscriben el verso con un alto grado de actividad.

         En el poema XXIII, la inacción ("me han de llevar", "No me pongan") contrasta tanto con la alta actividad de otros muertos como con el Yo poético que es capaz de reformular la muerte tal como lo he señalado. Si bien es cierto que para llegar a esta operación el texto parece haber necesitado la experiencia de su hechura, de su escritura, a la vez se percibirá que los mismos verbos inducen un futuro, una proyección que posterga la actividad de modo tal que la muerte deja entreverse como vivencia, en la cual las acciones parecen tener reservado un lugar.

         Es decir, a partir de la reformulación que hace el último poema respecto del modo de figurar la muerte, yo creo, y es una conjetura, que es posible leer la especificidad de lo pasivo de la "muerte natural" unida de manera fuerte al rol del poeta, dado que estos rasgos se trasponen activamente cuando se trata del verso. En la opción que plantean los versos finales del libro, "O nos condenan juntos" se correspondería con el par difunto-silencio y "O nos salvamos los dos", con el par muerto-escritura. En consecuencia, la doble estetización entrevista en una primera lectura puede indicar el camino de aquella reformulación por la cual el par muerto-escritura se constituye en antítesis del par difunto-silencio; en él queda inscrito Dios como palabra del discurso del otro.

         La relación escritura/muerte tiene una marca testamentaria. Es decir, la escritura como legado supone siempre una muerte ante la mirada que revive los significados. Este cruce es el que parece estar anunciado en los juegos de la elaboración poética de la muerte, compleja (y a la vez sencilla) configuración que, por un lado, admite la conclusión y, por el otro, la permanencia. El escritor es aquí salvador cuando puede morir sin el refugio del Dios para correr la muerte del lugar del silencio.

Notas

1. Véase al respecto el Estudio Preliminar de Susana Zanetti en Ismaelillo/ Versos sencillos y otras páginas, José Martí, Buenos Aires, CEAL, 1980 (p. XIX).

2. Angel Rama comenta. a propósito de su lectura en Martí, la necesidad de "despojarnos de la idea de naturaleza como descripción del paisaje americano, emparentada con el uso del color local, el pintoresquismo paisajístico", etc., y toma una definición de los cuadernos de Martí: "Naturaleza es todo lo que existe, en toda forma -espíritus y cuerpos (...) el misterioso mundo íntimo, el maravilloso mundo externo". (La dialéctica de la modernidad en José Martí, en Estudios Martianos, Universidad de Puerto Rico, 1971, p.188.

3. Angel Rama, ob. cit. nota 2, p.166.

4. Indagación de la ideología en la poesía (Los dípticos seriados de Versos sencillos), citado por Sarlo y Altamirano en Literatura/Sociedad, Buenos Aires, Hachette.

5. Ob. cit. nota 4, p.221. dados sobre a página

Publicado inicialmente en Banda Hispânica

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

         Nació en la ciudad de La Habana, Cuba, el 28 de enero de 1853. Tomó parte en la Guerra de los Diez Años, el primer conflicto por la independencia cubana, por lo que fue enviado a prisión y condenado a trabajos forzados. Por gestión de su padre la pena le fue conmutada por el destierro, y en 1871 zarpó con rumbo a España, de donde procedían sus padres.

         Publicó en Madrid la denuncia “El Presido Político en Cuba”. Estudió en la Universidad de Madrid y en la de Zaragoza, graduándose en Filosofía y Letras.

         Visitó otras ciudades de Europa. En 1875 se trasladó a México, y regresó a Cuba en 1878, donde trabajó como abogado y maestro. Detenido en septiembre de 1879 bajo cargos de conspiración, fue deportado nuevamente a España. En 1880 llegó a Nueva York, Estados Unidos, donde fundó el Partido Revolucionario Cubano y el periódico Patria.

         En 1894 encabezó un grupo de revolucionarios que pretendían invadir Cuba, pero este intento fue interceptado en Florida. En 1895 desembarcó con Máximo Gómez y otros cuatro compañeros en Playitas, en la provincia de Oriente.

         Fue nombrado Mayor General del Ejército Libertador. Falleció en combate en Boca de Dos Ríos el  19 de mayo de 1895. Entre las obras literarias de Martí se pueden mencionar Versos Sencillos, Ismaelillo (dedicado a su hijo) y la novela Amistad Funesta.
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José Martí

POEMAS
Poema IX (La Niña de Guatemala)

Quiero, a la sombra de un ala, 
Contar este cuento en flor: 
La niña de Guatemala, 
La que se murió de amor. 

Eran de lirio los ramos, 
Y las orlas de reseda 
Y de jazmín; la enterramos 
En una caja de seda. 

... Ella dio al desmemoriado 
Una almohadilla de olor: 
Él volvió, volvió casado: 
Ella se murió de amor. 

Iban cargándola en andas 
Obispos y embajadores: 
Detrás iba el pueblo en tandas, 
Todo cargado de flores. 

... Ella, por volverlo a ver, 
Salió a verlo al mirador: 
Él volvió con su mujer: 
Ella se murió de amor. 

Como de bronce candente 
Al beso de despedida, 
Era su frente ¡la frente 
Que más he amado en mi vida! 

... Se entró de tarde en el río, 
La sacó muerta el doctor: 
Dicen que murió de frío: 
Yo sé que murió de amor. 

Allí, en la bóveda helada, 
La pusieron en dos bancos: 
Besé su mano afilada, 
Besé sus zapatos blancos. 

Callado, al oscurecer, 
Me llamó el enterrador: 
¡Nunca más he vuelto a ver 
A la que murió de amor!
Fuera del mundo

Fuera del mundo que batalla y luce 
Sin recordar a su infeliz cautivo, 
A un trabajo servil sujeto vivo 
Que a la muerte temprano me conduce. 

 Mas hay junto a mi mesa una ventana 
Por donde entra la luz; y no daría 
Este rincón de la ventana mía 
¡Por la mayor esplendidez humana!
Los dos príncipes

Idea de la poeta norteamericana Helen Hunt Jackson
         I

El palacio está de luto
y en el trono llora el rey,
y la reina está llorando
donde no la pueden ver:
en pañuelos de holán fino
lloran la reina y el rey:
los señores del palacio,
están llorando también.
Los caballos llevan negro
el penacho y el arnés:
los caballos no han comido,
porque no quieren comer:
el laurel del patio grande
quedó sin hoja esta vez:
todo el mundo fue al entierro
con coronas de laurel:
-¡El hijo del rey se ha muerto!
¡Se le ha muerto el hijo al rey!

         II

En los álamos del monte
tiene su casa el pastor:
la pastora está diciendo
"¿por qué tiene luz el Sol?"
Las ovejas, cabizbajas,
vienen todas al portón:
¡una caja larga y honda
está forrando el pastor!
Entra y sale un perro triste:
canta allá dentro una voz:
"¡Pajarito, yo estoy loca,
llevadme donde él voló!"
El pastor coge llorando
la pala y el azadón:
abre en la tierra una fosa;
echa en la fosa una flor.
-¡Se quedó el pastor sin hijo!
¡Murió el hijo del pastor!
Águila blanca

De pie cada mañana,
Junto a mi áspero lecho está el verdugo.-
Brilla el sol, nace el mundo, el aire ahuyenta
Del cráneo la malicia,-
Y mi águila infeliz, mi águila blanca
Que cada noche en mi alma se renueva,
Al alba universal las alas tiende
Y camino del sol emprende el vuelo.
Y silencioso el bárbaro verdugo
De un nuevo golpe de puñal le quiebra
El fuerte corazón cada mañana.
Y en vez del claro vuelo al sol altivo
Por entre pies, ensangrentada, rota,
De un grano en busca el águila rastrea.

Oh noche, sol del triste, amable seno
Donde su fuerza el corazón revive,
Perdura, apaga el sol, toma la forma
De mujer, libre y pura, a que yo pueda
Ungir tus pies, y con mis besos locos
Ceñir tu frente y calentar tus manos.
Líbrame, eterna noche, del verdugo,
O dale, a que me dé, con la primera
Alba, una limpia y redentora espada.
¿Que con qué la asta de hacer? ¡Con luz de estrellas!