Juan Gelman

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PALABRAS PRELIMINARES

PREMIO NACIONAL DE POESÍA 1994-1997

Su discurso

(19 de Junio de 1997)

Señora secretaria de Cultura de la Nación
Autoridades de la Secretaría
Miembros del jurado del Premio Nacional de Poesía 1994-1997
Amigos
Señoras y señores:

        Este acto me parece paradigmático. En un país al que se le están rompiendo las costuras, suponiendo que haya estado revestido contra el plan económico genocida en curso; que navega en una crisis social notoria, aunque el señor presidente de la Nación no la vea o no la quiera ver; que atraviesa una crisis tal vez más grave, la crisis de la credibilidad en su propio ser como pueblo ante el vaciamiento de las promesas de soberanía y justicia social que votó y este Gobierno incumplió; que padece ya como futuro previsible la represión física y no de sus aspiraciones, como repetición de un pasado ominoso; en este país y no en otro hoy se premia a la poesía. Nada pudo nunca ni podrá jamás cortar el hilo humano de la poesía, ése que nos continúa desde el fondo de los siglos como nuestra belleza posible.

        Agradezco profundamente este premio al jurado que lo otorgó. Estuvo integrado por pares que no se guiaron por consideraciones políticas o de otra índole para desviar su independencia de criterio. Es el premio de poesía más antiguo de América y recibirlo en compañía de Rodolfo Alonso y Santiago Sylvester es un honor acompañante. Se estableció en 1914, cuando la Argentina brillaba con un fulgor que cantaron Rubén Darío y Leopoldo Lugones. La Argentina que no es hoy. Hoy los esbirros de la dictadura militar prolongan sus terrores paseando impunemente por las calles del país y por los cargos públicos, perdonados por dos presidentes civiles a quienes, que se sepa, ninguna víctima les dio el mandato de perdonar a los asesinos en su nombre. A las víctimas con vida de la dictadura militar y de sus prolongaciones civiles y neoliberales, a las víctimas que se ha dado en llamar desaparecido, a quienes resisten en los caminos de Jujuy y en las carpas de la Capital, dedico este premio. Me conmueve la presencia de tantos amigos en este acto y me hubiera gustado ver entre ellos a esos grandes escritores y poetas que fueron, pero son, Rodolfo Walsh y Paco Urondo, Haroldo Conti y Miguel Angel Bustos, caídos en combate contra la dictadura militar o torturados a muerte en alguno de los 356 campos de concentración de la dictadura militar. Y a mi hijo y a mi nuera, y a la hija o hijo de ambos. Pero no están y sólo podemos exigir justicia para ellos. Y verdad. Para los atenienses de hace veinticinco siglos el antónimo de olvido no era memoria, era verdad. La verdad de la memoria en la memoria de la verdad. Las dos son formas de la poesía extrema, esa que siempre insiste en develar enigmas velándolos. Alguien dijo que la poesía es la sombra de la memoria. Creo que, en realidad, la poesía es memoria de la sombra de la memoria. Por eso nunca morirá.

        Muchas gracias.

Publicado inicialmente en
http://www.literatura.org/Gelman/jgT4.html

        El jurado que otorgó las distinciones, correspondientes a la producción enmarcada entre 1992 y 1995, estuvo integrado por Joaquín Giannuzzi, Francisco Madariaga, Horacio Salas, Luis Barcia y Héctor Yánover.

Algunas opiniones

        Me parece que la mera difusión de esta noticia resulta inoportuna por tardía. Soy enemigo de los hits parades, de las olimpíadas y de los campeonatos entre escritores y por eso no voy a decir que Gelman es el mejor, superlativo más adecuado a golfistas y caballos de carrera. La distinción del premio es redundante porque Gelman tiene un sitio propio en la poesía de lengua castellana. Su poesía es como una metáfora del ojo, un ojo que no mira ni de arriba ni de abajo, lejos de la aparente nitidez y del lugar común pero muy entrañable y próximo a los hombres.

Héctor Tizón

        Cuando nos llegaron los paquetes con los libros que participaban me llevé una gran alegría cuando vi el primero de Juan Gelman: me dije que la tarea iba a ser fácil. Después, resultó que había cinco en total. Pocas veces tuve el honor de participar de una tarea tan grata como premiar a un poeta tan grande. Debo confesar que entre los miembros del jurado casi no hubo debate respecto a quien debía ser el ganador: lo decidimos por unanimidad con mucha alegría.

Héctor Yánover

        Juan es un viejo conocido mío, pero fundamentalmente es un poeta. Creo que es un premio muy justo. Espero que esto sirva para llamar la atención aún más completa e intensamente sobre su obra, que es muy importante para la poesía argentina y latinoamericana. El hecho de que haya tenido la entrada prohibida al país, su exilio, son circunstancias, al final lo que se impone es el valor de su obra. Todo lo demás es aleatorio.

Leónidas Lamborghini

        Conozco la poesía desde su primer libro, avalado por uno de los grandes poetas del siglo, Raúl González Tuñón. Separados por la distancia perdimos contacto pero siempre lo sentí cercano en la poesía. El mejor elogio que se le puede hacer a un escritor es que su creación sea coherente con el hombre que es, y en eso Gelman fue un luchador por los hombres libres y la liberación de nuestros pueblos. Este premio es hacer justicia a un gran poeta y a la poesía olvidada por los grandes comunicadores sociales.

Jorge Atilio Castelpoggi

        Su poesía se caracterizó siempre por una vocación social que arranca en sus primeros trabajos, nacidos de su admiración por Raúl González Tuñón. Siempre se destacó por su necesidad de experimentar con las formas poéticas, tanto libres como sujetas a las expresiones tradicionales del verso. Ha tenido el reconocimiento de importantes sectores intelectuales marcados por una inclinación ideológica muy definida. Estimamos que este premio es el justo reconocimiento a una labor, no sólo extensa y lograda, sino siempre fiel a la poesía, no obstante los diversos y difíciles avatares de su vida.

Horacio Armani y María Esther Vázquez

        Merecido premio el otorgado a Juan Gelman: Premio Nacional para un poeta del exilio; para los que constituyeron una nación cualquiera en otra parte y aportaron sus dones en el dolor. Y para los que, como todos los poetas, hacen su exilio en el centro mismo del lenguaje, extremado, dado vuelta, contra un "pedacito de frontera". Y como todos llegamos a un fragmento, yo quiero al Gelman de Citas y comentarios, y Carta a mi madre. En ellos encuentro los ecos y el contacto necesario para disponerme a leer.

Delfina Muschietti

Publicado inicialmente en
http://www.literatura.org/Gelman/jgC1.html

PREMIO JUAN RULFO DE LITERATURA LATINOAMERICANA

Y DEL CARIBE OTORGADO A

JUAN GELMAN

26 de noviembre del 2000

Su discurso

        Agradezco profundamente al jurado que me otorgó este premio, el más prestigioso de América Latina y el Caribe, nunca escatimado a los poetas: ha distinguido a varios de nuestros grandes líricos y siento que el de hoy es sobre todo un reconocimiento a la poesía que surge de las entrañas de la región, un reconocimiento a quienes —muy famosos o muy desconocidos— insisten en este duro oficio, intentan expresar el centro de sus obsesiones aun sabiendo que no hay centro y todo es intemperie. En su nombre lo recibo y esto quiero, como Juan Rulfo dijo en parecida circunstancia, aclarar a mis semejantes, a los que deberían estar en mi lugar. Y agradezco profundamente al país que cobija y sostiene a este premio, México, tierra bastante a dos océanos y un mar. No estoy exiliado aquí: ésta es la tierra que elegí para vivir y morir, la tierra que abrió sus puertas generosas a los perseguidos por las dictaduras del Sur.

        ¿Qué nuevas incertidumbres, agonías, interrogantes y tragedias deberá atravesar la palabra en el siglo que asoma, después de haber cruzado tantas en el que termina con el cortejo de un milenio? La palabra que nos vuelve humanos y transforma el instinto en claro deseo ¿se apagará, se extinguirá, será despojo mutilado? No lo creo. Ningún microchip nos convertirá la lengua en trapo. Ningún desastre lo conseguirá.

        Theodor Adorno pronunció alguna vez una frase infeliz: afirmó que no era posible escribir poesía después de Auschwitz. Se equivocaba y ahí está la obra de Paul Celan que lo desmiente. O la de Kenzaburo Oé, después de Hiroshima y Nagasaki. Durante años pensé que el error de Adorno consistía en una omisión, que le faltó un "como antes", que no se podía escribir poesía como antes de Auschwitz, como antes de Hiroshima y Nagasaki, como antes del genocidio argentino. Y ahora pienso que no hay un después de Auschwitz, de Hiroshima y Nagasaki, ni del genocidio argentino, que estamos en un durante, que las matanzas se repiten una y otra vez en algún rincón del planeta, que existe ese genocidio más lento que el de los hornos crematorios, pero no menos brutal llamado hambre, que en el medio siglo que dejamos atrás no ha habido un solo día de paz en el mundo.

        Padecemos un tiempo anterior, en realidad, anterior al sueño posible, a la humanidad posible, a su fulgor posible. Y, sin embargo, la poesía continúa, tal vez porque encuentra, como Juan Rulfo dijo, el olor de la gente como una esperanza.

        Ninguna catástrofe, natural o provocada por el hombre, ha podido jamás cortar el hilo de la poesía, esa sombra sin cuerpo que nace de las huellas del límite para borrarlo de la faz de la sangre. A pesar de los genocidas, la lengua permanece, sortea sus agujeros, el horror que no puede nombrar. El ser humano creó las lenguas y hace cosas que ellas no pueden nombrar. El ser humano está dentro y fuera de la lengua. La poesía, lengua calcinada, tuvo que padecer en nuestro Sur discursos mortíferos, tuvo que atravesarlos y no salió indemne, pero sí más rica. Es que la poesía es un movimiento hacia el Otro, busca ocupar un espacio que en el Otro no existe. Pero, ¿cómo hacer olvidar a la lengua su ayer manchado de espanto? ¿Cómo cicatriza la lengua olvidando su ayer?

        ¿Existe la palabra justa? La palabra, como la utopía, es incesante emulsión de dos pérdidas —lo deseado, lo obtenido—, un paraíso que nunca se tuvo y hay que buscar eternamente. La palabra justa pertenece al reino de la muerte. Y la condición de los poetas es frágil, no encuentran abrigo en su obra, cada momento de esa obra cuestiona los demás y entonces nada sostiene a quien no tiene otro sostén que el acto de escribir. Y, sin embargo, la poesía continúa. La poesía está cargada de más vida. Un poema sin ojos no puede cruzar la calle.

        El trabajo de la poesía es dar forma al vacío para que éste sea posible. El porvenir de la poesía es la palabra liberada del lenguaje. El viaje hacia el poema es más importante que el poema. La poesía es patria de los espacios negros y mira la calandria que sale volando de los ojos de un niño porque él la quiso ver. No hay necesidad de defender a la poesía frente o contra la realidad: la poesía devela la realidad velándola.

        Debo decirte, Olga Orozco: hace dos años tuve la dicha de presentarte aquí en ocasión de la entrega de este premio que honra, y que tu nombre honra. Querías hacer lo mismo por mí, bromeaste medio en serio. Olga, Olga, mitad sombra y mitad astro, no esperaste. Ahora sos únicamente compañía de la sombra, bella como eras, bella como tu poesía, bella como los rastros que dejás en la gente y ella se perfecciona. Nezahualcóyotl sabía ya que libro de escritura era tu corazón.

Publicado inicialmente en La Insignia
http://www.lainsignia.org/2000/noviembre/cul_057.htm

Un acto de estricta justicia poética

Por Fernando D’Addario

Es una de las distinciones más importantes de la lengua castellana.
Gelman, de 70 años, recordó a Olga Orozco,
que obtuvo el mismo premio hace dos años.
Este año el poeta recuperó a su nieta,
tras una búsqueda de 24 años.

        Si el conflicto entre vivencia e imaginación selló el destino literario de Juan Gelman, podría inferirse que la jornada de ayer acercó estas coordenadas a un efímero y gratificante punto de concordia: los sueños ganados y perdidos, la métrica perfecta, los dolores, la belleza poética, encontraron una síntesis de reconocimiento en el premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe 2000, que le otorgó la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. “Este es el premio más importante de América latina, que han ganado grandes poetas y escritores a quienes me siento cercano y cuya obra forma parte de mis lecturas como Augusto Monterroso, Nélida Piñón, Sergio Pitol u Olga Orozco. Olga ya no está con nosotros, pero siempre permanecerá presente y cerca de mí y de todos sus lectores a partir de su obra”, dijo Gelman al agradecer la distinción, la segunda en importancia en la lengua castellana, después del Cervantes.

        En su larga trayectoria, Gelman había sido distinguido anteriormente con el Premio Internacional Mondello de Poesía, Italia (1981), así como con los premios argentinos Boris Vian (1983), Juan Bautista Alberdi (1995) y Premio Nacional de Poesía de Argentina en 1997. También es reconocida su labor como periodista.

        El autor de libros como Gotán (1962), Fábulas (1971), Interrupciones (1988) y Ni el flaco perdón de Dios (1998) se dejó guiar por el itinerario de su ecléctica producción artística sin permitir que ese recorrido fuese anulado o sobredimensionado por los vaivenes políticos. Más bien, la militancia se le coló en la literatura a través de sonoridades enigmáticas, de perplejidades que se sucedieron en pliegues de esperanzas y desencantos, sin un eje preestablecido. Acaso sea el resultado de esta tensión lo que premió el jurado: una poesía que, sin pretenderlo, se constituye en la crónica de un presente continuo, fragmentado por las esquirlas de ese pasado complejo y doloroso. “Su vasta obra se caracteriza por la apropiación de numerosas facetas poéticas y culturales con las que dialoga: la poesía mística española, la hebrea —y sus vertientes bíblica y sefardí—, la poesía norteamericana, la cultura popular”, señaló el jurado integrado por Soledad Alvarez, Gonzalo Celorio, Claude Fell, Jean Franco, Margo Glantz y Juan Gustavo Cobo Borda, en su veredicto, que más adelante también debió agregar sobre la obra de Gelman: “Poesía de duelo y de exilio, vinculada a las utopías latinoamericanas y a la reflexión crítica sobre ellas; poesía sustentada en la ética”. Habría que agregarles a estos considerandos la lista de las obsesiones que justifican su obra y que según él son pocas: “El otoño, la niñez, la revolución, la mujer, la muerte, la belleza de la mujer y la ausencia de Dios. Por eso, a lo más que puedo aspirar es que se repita en forma de espiral a lo largo del tiempo”.

        Es que en Gelman, la estatura poética (para muchos, se trata del mejor poeta vivo en lengua española) es producto de una confabulación entre los códigos genéticos y su aventura de vivir. Su padre era un obrero ucraniano, revolucionario y culto; su madre era amante de la música. A los 11 años, Juan publicó su primer poema, dedicado al amor esquivo de una vecinita. Más tarde trabajó como fletero, como vendedor de repuestos para autos. Vivía en Villa Crespo, hacía vida de barrio, iba a los bares, leía, escribía. Su proceso de maduración política fue acompañando, sin estorbos ni indiferencia, por su evolución artística. La frescura de Violín y otras cuestiones (1956), los tiempos en que fundó con otros escritores el grupo literario El Pan Duro, apadrinado por Raúl González Tuñón, devinieron más tarde en la ebullición del lenguaje que evidenciaban Cólera buey (1965) y Los poemas de Sidney West (1969), a tono con la época, pero sin sobreactuaciones de progresismo intelectual. Desde los años ‘70 (los de su adhesión y posterior ruptura con el movimiento montoneros), y convencido de que la poesía no ayuda a mitigar el dolor, pero sí a expresarlo, Gelman sacudió, con urgencia y elegancia, la conciencia de una realidad que se caía a pedazos. Así quedó plasmado el poema “Glorias”, en homenaje a los caídos en la masacre de Trelew: “Con sangre verdaderamente están regando el país ahora / oh amores 16 que todavía volarán aromando / la justicia por fin conseguida el trabajo furioso de la felicidad / oh sangre así caída condúcenos al triunfo”.

        Pocos años más tarde, en 1976, fueron secuestrados su hijo Marcelo y la mujer, Claudia, que dio a luz en cautiverio a la nieta que marcaría desde entonces la vida de Gelman. Llegó el exilio, el retorno en 1988 a la Argentina democrática de la obediencia debida, el punto final y –ya en tiempos de Menem– el indulto. Y siempre la poesía, allí, “apuntando con el dedo”. Fue entonces el turno del autoexilio, mientras proseguía su búsqueda, que en los últimos años involucró a militares, políticos (los presidentes de Uruguay, Julio Sanguinetti y Jorge Batlle) y a un mundo que asistía azorado al “caso Gelman”. En marzo se anunciaba la identificación de la nieta del poeta. La poesía, ese “buscar el imposible”, seguirá su camino.

Publicado inicialmente en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/2000/00-09/00-09-12/pag24.htm

Poesía es resistencia frente al mundo

Gelman

por Claudia Posadas*

        Juan Gelman (Buenos Aires, Argentina, 1930) ha sido galardonado con el último Premio Juan Rulfo, uno de los más importantes de América Latina. Gelman ha sido distinguido por su trayectoria poética y su militancia vital. Exiliado desde 1975, cuando dejó una Argentina ocupada por los militares, su poesía es un magma donde están disueltas la experimentación con el lenguaje y la experiencia de vida.

        Su poesía, un canto a la “ausencia presente de lo perdido”, astra, como diría el poeta, en una Latinoamérica que lo reconoce como una de sus voces más representativas. Próximamente, publicará en España “Tantear la noche”, un libro que plantea una etapa interesante en la poética del autor, ya que vuelve a una escritura más decantada, menos experimental. “Es un libro de poemas breves, distintos a los que he escrito: no van con cortes, tienen puntuación, etc. En vez de tratar de distorsionar el lenguaje me interesa agrandar el silencio que sirve de sostén de la palabra”, cuenta Gelman en la siguiente entrevista.

        Sus biografías generalmente marcan “Cólera Buey” como su primer libro, pero en esta antología hay volúmenes anteriores a éste, que además tienen una estética muy tradicional, diferente a la experimentación que caracteriza su poesía.

        ¿A partir de qué planteamientos buscó dicha experimentación?

        Antes de Cólera… hubo cuatro libros, “Violín y otras cuestiones” (1956), “El juego en que andamos” (1959), “Velorio del solo” (1961) y “Gotán” (1962). A partir de ese momento pasé varios años sin publicar nada, pero escribiendo muchísimo. En realidad, Cólera es un compendio de nueve libros diferentes.

        Primero publiqué las traducciones de “Sidney West”, un supuesto poeta estadounidense, y luego publiqué Cólera… donde empieza mi experimentación con el lenguaje y con las formas poéticas. Tal vez, si alguien considera ese mi primer libro es por ésto. Sin embargo, en “Gotán” observamos el inicio de toda esa búsqueda. A partir de ese libro empecé a notar las imposibilidades del lenguaje. La lengua, tal como la hablamos, calla más de lo que puede llegar a decir, sobre todo en relación con los sentimientos e incluso con los pensamientos. Claro que había circunstancias exteriores de todo orden en esos años que me hacían sentir cada vez con más fuerza la distancia que hay entre la imaginación que explora la vivencia y la posibilidad de que ésta se pudiera expresar del modo más preciso y rico posible.

        En esta estética, lo sensitivo, biográfico, emocional, social, son el alimento de su poesía; sin embargo, estos elementos se disuelven, se fusionan en su propuesta de lenguaje hasta casi ser imperceptibles.

        ¿Cómo es este proceso?

        Cada vez que me siento a escribir, que por cierto no es una cuestión de voluntad y en general escribo muchos poemas de golpe, es porque una obsesión me obliga a buscar su raíz, que por lo menos en mi caso, no llego a conocer bien de qué se trata.

        No sé muy bien cómo se da el proceso de la forma y el contenido en mi interior, lo que sí conozco es el resultado y lo que me pasa como vivencia llevada a la imaginación y a la palabra. Siempre hay una distancia muy grande entre estos elementos y por eso me ocurre que tengo una gran insatisfacción con lo que he escrito. Me he dado cuenta después de tantos años, que en realidad se persigue lo imposible. Claro que como dice Dylan Thomas, nadie insistiría en este oficio ardiente de la poesía si a veces no se produjera el milagro.

        Este consiste en el encuentro, en la palabra, de lo que uno busca. No puedo ahondar tanto, son elementos que se unen, desde vivencias diarias, lo social, lo que uno lee, pero yo no sé bien cómo es esto. En este sentido me gusta decir una vieja leyenda que me contaba mi mamá, que decía que un día estaba una arañita al borde del camino y pasó el ciempiés. La arañita lo detuvo y le preguntó cómo hacía para caminar, si primero movía las 50 patas de la derecha, luego las 50 de la izquierda, cinco y cinco, dos y dos, una y una. El ciempiés se quedó pensando y no caminó nunca más. A lo mejor es una voluntad de virginidad fingida de mi parte porque estamos hablando de muchos años de leer y escribir poesía; pero en todo caso, hay cosas que no me pregunto. Yo admiro a Pound y Eliot, que han sabido escribir sobre su propia obra. Yo no puedo, lo que hago para mí es un rompecabezas absolutamente infernal.

        Su poesía ha pasado por diversas estaciones: de lo tradicional a la experimentación, y en este registro, ha escrito poemas breves, poemas en prosa, poemas con su corte característico, poemas en verso libre que fluyen gracias a encabalgamientos, etc.

        ¿Ha encontrado su voz poética después de asumir tantas formas?

        En cada libro hay distintos cambios en lo formal, en lo imaginativo, etc. Para decirlo de un modo muy vasto, a veces me da por hacer libros con versos cortitos, a veces largos, no sé. Claro que esto obedece a qué es lo que exige con la expresión, la obsesión del momento. Todo esto son las etapas, estaciones de una búsqueda que a lo largo de los años vuelven como una espiral. Creo que nunca voy a encontrar lo que busco y tal vez por eso sigo escribiendo, con la vana esperanza no de encontrarlo, sino de conocer algunos momentos de felicidad que Dylan Thomas llamaba milagros.

        ¿Destaca en su poesía el uso del habla argentina como lenguaje poético…?

        Cada quien está marcado por la lengua de su lugar, ya que ésta es una visión del mundo. A mí me tocó ser porteño, de Buenos Aires, y naturalmente todo eso que se susurra en el lenguaje, que no está dicho, es lo que me marcó.

        Lo que hago no es una poesía conversacional, más bien, me planteo en qué medida el lenguaje corriente puede producir un temblor poético. Por otro lado, hasta los años 40 ó 50 en Argentina, había la costumbre de escribir con el tú, cosa que en porteño no ocurre, nosotros hablamos con el vos. Al principio había cierto desdén por aquéllos que escribían “vos decís”. Incluso en mis primeros libros hay un acatamiento al tú, pero a mí me cuesta escribir de esa manera. Me gusta el “voseo”.

        En su poesía hay un anhelo por lo ausente, que podría interpretarse como un deseo de lo divino, pero también, se encuentra mucho la duda, la incertidumbre. Usted ha dicho que estos elementos tienen que ver con las ausencias del exilio, más que con lo místico. Sin embargo, ambas lecturas se funden cada vez más.

        ¿Se habrá vertido esta temática sutilmente?

        Creo que hay tres experiencias que se asemejan que son la poesía, la mística y el amor, porque creo que en esas tres se produce lo que se llama el éxtasis, es decir, el salir de sí mismo. En ese sentido encuentro un parentesco absolutamente indudable de estado emocional en cada uno de estos casos.

        Los místicos hablan de Dios y su ausencia, y los releí en el exilio, porque eran como la presencia ausente de lo amado. Entonces para los místicos la ausencia es Dios, para mí mi país, los compañeros que habían caído, una mujer amada, mis hijos, es decir, todo lo que es pérdida presente.

        ¿Por qué Teresa de Ávila y San Juan como personajes con los que dialoga en sus poemas? ¿Qué función tienen estos personajes en su escritura?

        San Juan de la Cruz me parece el poeta más alto que ha dado hasta ahora la lengua española. Teresa de Ávila es una prosista magnífica, saca chispas. Es un diálogo con ellos que toca dos aspectos. El primero y central como dije es la especie de comunión con el sentimiento de la presencia ausente de lo amado. El segundo, es el lenguaje, el español del siglo XV y XVI, que como varios otros idiomas europeos de la época, tenía abiertos muchos caminos que con el tiempo se fueron cerrando, aunque todavía son fértiles, según creo.

        Es como si la lengua radiante hubiera estado en estado naciente y después se fue estratificando. Yo creo que bastante de lo que se ha desechado y ya no se usa, tiene mucha fuerza poética. Teresa y San Juan son ejemplo de esto. Este tipo de verbo me llevó a escribir un libro en sefardí, que es el español que hablaba el Mío Cid, más antiguo que el español de Santa Teresa y San Juan, que los judíos conservaron cuando fueron expulsados en España.

        Lo que me encanta de esa lengua es el candor, los diminutivos, cierto tipo de construcción sintáctica que no se conservó y además porque esa es la zona más exiliada de la lengua. Entonces hay una especie de confluencia de elementos que alimentan la obsesión y obligan a escribir.

        Usted ha dicho que hay tres patrias: la vida, la infancia y la lengua. ¿También son una actitud frente al orden?

        La poesía es resistencia frente a un mundo que se vuelve cada vez más cruel, cada vez más terrible, deshumanizante, porque todo lo que pasa no está fuera de lo humano, y creo que la palabra es una forma de resistencia muy clara frente a todo esto. Por supuesto que hay muchas otras. Lo extraordinario es cómo la poesía pese a todo, a las catástrofes de todo tipo, humanas, naturales, viene del fondo de los siglos y sigue existiendo. Ese es un gran consuelo para mí. Va a seguir existiendo hasta que el mundo se acabe si es que se acaba alguna vez.

Publicado inicialmente en La Prensa Literaria (Nicaragua), 7/10/00
http://www-ni.laprensa.com.ni/archivo/2000/octubre/07/literaria/ensayos/ensayos-20001007-01.html

Opiniones

Poeta en el costado izquierdo

Por Juan Sasturain

        De memoria, uno cita como debe ser, a conmovidos golpes de emoción y de alevosa poesía. “Si tuviera que elegir / yo elegiría esta esperanza / que come panes desesperados”, dijo él. Si tuviera que elegir (para hablar) yo mentaría el primer golpe: Gotán. Gelman entró en nuestra demorada adolescencia con ese libro del ‘62, de “La Rosa Blindada” y con tapa de Gorriarena, chiquito y poderoso: “Esa mujer se parecía a la palabra nunca / Subía de su nuca un encanto muy particular / Una especie de olvido donde guardar los ojos / Esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo”.

        Qué bárbaro. No se parecía a nada de lo (poco) que habíamos leído. Gelman mezclaba los huesos, el otoño, la lluvia y las uñas del terrible Vallejo con la urgencia de los tiempos (“se fue otro mes / y no hicimos la revolución todavía”) y esa sintaxis conversada que sería —en otros— signo y plaga de los ‘60. Y la ironía, claro; la cita jodona contra la imbécil solemnidad, el saltito mortal contra la muerte, siempre ahí.

        Qué pedazo de poeta. Y qué librito ése, que no fue el primero, pero era como si. Porque Gotán pegó el zarpazo, (lo) lastimó el exceso, la huella del reconocimiento: el mismo Gelman se quejó años después en un poema que lo exorcizaba, trataba de sacárselo de encima pudoroso, entre comillas: “Yo nunca escribí libros”. Claro que no: Gelman siempre escribió poesía, que es otra cosa. Los libros son cosas que se publican. Por eso se pasó casi una década sin publicar, acumuló esa Cólera buey que reventó en los ‘70 con tantas cosas. Con esos amorosos pedazos está hecha su poesía, hasta hoy.

Publicado inicialmente en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/2000/00-09/00-09-12/pag24.htm

Los libros y los Gelman

Por Juan Forn

        Conoció la poesía a los cinco años, oyendo a su hermano mayor recitar a Pushkin en ruso. A los nueve se enamoró de una vecinita y, como ella no entendía ruso y él no sabía ni escribirlo ni traducirlo, empezó a mandarle poemas de Almafuerte. Cuando vio que la cosa no daba resultado, empezó a escribir él los envíos. La vecinita nunca se enteró de lo que había originado. El resto del mundo, sí. Juan Gelman ha logrado como pocos lo que pontificaba Paul Eluard con su sabiduría habitual: escribir sobre política cuando la circunstancia exterior coincide con la del corazón. O, como dice Gelman, cuando son una. Llama la atención, como él mismo ha señalado muchas veces, que resalte tanto lo político en su obra cuando, en realidad, no lo ha visitado tanto. Es que su obra ha demostrado que la justicia poética es muchísimo más que una figura del lenguaje.

        Su acercamiento a lo inefable (así define Gelman su oficio), ese “acontecimiento que emerge a través de una trama de palabras para arrancar algo de la nada”, ha combinado las más diversas formas de lo poético. Desde lo puramente lírico a lo ásperamente narrativo, desde la métrica impecable hasta el quiebre por dentro de esa métrica, desde lo místico a lo político, explorando los alcances del verso “conversado” o la textura a contrapelo de las palabras “bellas”, Gelman ha construido una obra de enorme coherencia interna en los sucesivos pasos de su itinerario.

        Alguna vez le preguntaron a Roberto Matta, el pintor chileno, cómo festejaba su cumpleaños y él dijo: “Invito a los Matta que fui y discutimos toda la noche”. Algo similar ocurre con “los” Gelman: sumergirse en cada nuevo libro suyo permite escuchar, por debajo de las palabras, una fascinante beligerancia y complementación entre todos esos modos de decir. Para aquellos que descubrieron sus primeros libros en los ‘70 siendo adolescentes, como fue mi caso, la aparición de sus libros posteriores, cada dos o tres o cinco años, obligaba a bruscos pasos de maduración como lector, se quisiera o no: su profundización progresiva, sin respiro y sin clemencia, en ese territorio llamado poesía ha sido ejemplar.

        A diferencia de muchos grandes, Gelman nunca se repitió, ni se estableció cómodamente en un registro desde el cual seguir mirando el mundo dócilmente. Sin embargo (o a causa de eso), casi cualquier circunstancia de la vida puede retratarse con una frase suya: he ahí una evidencia inequívoca de la grandeza de su obra. De sus libros, mis preferidos son dos: Los poemas de Sydney West y Carta a mi madre (dos extremos de su obra), pero otro de los méritos de Gelman es justamente ése: la cantidad de opciones que ofrece al lector a la hora de elegir sus preferidos. Con el tema de los premios pasa lo mismo: muy pero muy pocos premios parecen absolutamente justos cuando se anuncia su ganador; en el caso de Gelman ocurre lo inverso: no hay premio que no resulte absolutamente merecido cuando él lo gana.

Publicado inicialmente en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/2000/00-09/00-09-12/pag24.htm

La mirada de los escritores

        Me produce una inmensa alegría. El Rulfo es especial, además, porque es uno de esos reconocimientos que responden a un criterio de consagración. La mayor parte de las veces lo ganan quienes ya se ganaron un lugar en la historia. La de Gelman es una obra consumada, de una épica impecable, de altísimo nivel poético, que lo posiciona en primera línea, con los más grandes.

Noé Jitrik
Crítico y escritor

        No me llama la atención: comparto la certeza de que se lo merece. Gelman siempre fue un inmenso poeta. El trabajo de la palabra, su hondura, su profundo compromiso en la búsqueda creativa me convirtieron en uno de sus admiradores confesos, y en uno de sus amigos desde 1952. Él dice que la búsqueda del poeta es siempre frustrante, porque éste nunca llega a alcanzar aquello que persigue, y sin embargo él se acerca tanto a ese centro, tanto...

Héctor Yánover
Escritor y librero

        Estoy encantado con la noticia. Creo que es un premio a la trayectoria de un gran poeta, el mayor que tiene hoy nuestro país, y también a una trayectoria ética. Esta es una muestra más de la vieja y sabia costumbre que tienen los mexicanos de reconocer sin chauvinismos a los talentos. Espero que el premio regocije a toda la literatura argentina. A mí, por lo pronto, me parece una maravilla.

Mempo Giardinelli

        Gelman es uno de nuestros más grandes poetas vivos y me parece muy justo que se lo reconozca. Y más teniendo en cuenta que es un premio tan importante, uno de los pocos que se ha sostenido como una institución a través del tiempo. Me alegro mucho por Juan, porque es un poeta con una obra inmensa y que ha hecho innovaciones sustanciales en la poesía argentina durante los últimos veinte años.

Rodolfo Rabanal

        Creo que es absolutamente merecido que se haya premiado a Gelman, porque para mí es el mayor poeta vivo de la Argentina y uno de los más intensos de América latina. Además, su trayectoria ética y su conducta no dejan lugar a duda de que merece no sólo el Juan Rulfo sino cualquier otro premio. Es absoluta justicia.

Abelardo Castillo

        Cuando me fui de la Argentina en 1976, el único libro que me llevé fue la obra poética de Gelman editada por Corregidor. Todavía lo conservo, aunque está destrozado por el uso. Por entonces yo tenía 18 años y trataba de escribir poesía. Y durante un tiempo bastante largo temí no poder zafar de escribir con el ritmo y las maneras de Gelman. Creo que eso dice lo que siento por su obra, así que es obvio que me alegro de que le den este premio o cualquier otro.

Martín Caparrós

        Que de vez en cuando se haga justicia no deja de ser una buena noticia. Y éste es el caso, porque considero a Gelman uno de los grandes poetas de América. Y tengo esa opinión desde mucho antes de conocer su militancia y todas las tragedias que vivió. Más allá de su obra poética, siempre me pareció un ser humano de una enorme ética. Por eso me alegra que lo hayan distinguido, aunque no sorprende: él se merece todos los premios del mundo.

Vicente Battista

Publicado inicialmente en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/2000/00-09/00-09-12/pag24.htm

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Historias que hacen Historia

Juan Gelman: las extrañas fronteras del mundo

Por Miguel Dalmaroni
dalmaroni@net-alliance.net.ar

        En 1994, a los 64 años de edad, Juan Gelman publicó uno de los libros más raros de la poesía contemporánea en lengua española, y sin dudas uno de los más llamativos de la literatura argentina de las últimas décadas. La idea de rareza se impone para iniciar una descripción de la obra porque su título es dibaxu, es decir porque ya desde la portada resulta inadecuado o insuficiente ubicarlo en el ámbito de la "lengua española": se trata, en realidad, de 29 poemas breves que se repiten uno a uno en dos lenguas: en castellano actual sobre la página impar, y antes, sobre la página par, en sefardí o ladino, el dialecto de los judíos españoles formado y usado sobre todo durante la Edad Media.

        Los poemas de dibaxu son poemas de amor. Pero además, dibaxu ("debajo"), con ese juego de autotraducción, indaga en lo que Gelman ha llamado "el sustrato" de la lengua, y son por tanto poemas sobre el tiempo, sobre el paso del tiempo y sobre lo que en nuestra propia lengua, es decir en el interior más íntimo de nuestra subjetividad y de nuestra historia, ha quedado soterrado pero sigue dialogando, en sordina, con nuestro presente. En este sentido, puede decirse que el libro cierra o culmina toda una etapa de la obra poética de Gelman, lo que podríamos llamar en cierto sentido su obra de madurez, signada por la problemática del exilio forzado y sus consecuencias. Pues esa experiencia colectiva de expulsión, persecución y desarraigo toma en su trabajo literario la forma de una indagación minuciosa sobre historia de las formas del idioma.

        Ese itinerario puede seguirse especialmente en algunos de sus libros, como citas y comentarios (1982) y com/posiciones (1983-1984, incluido en Interrupciones II de 1986), aunque comienza a insinuarse de modo intermitente pero sostenido ya en sus poemarios de principios de los años setenta (las traducciones donde el poeta se inventa voces de poetas extranjeros a través de los que habla su propia voz así extrañada; Fábulas de 1971). En ese recorrido, Gelman ha venido componiendo una lengua poética cuya singularidad consiste en el cruce o la mezcla de diversas variantes del uso o la historia de la lengua, recompuesta en una síntesis que nunca termina de cristalizarse porque su rasgo principal es, precisamente, la inestabilidad o la movilidad del tiempo, de la historia social y personal, y del exilio: por una parte, las formas del español de la época de la conquista de América, el español todavía no fijado ni normatizado de Santa Teresa de Ávila o de San Juan de la Cruz, y junto con eso dialectos como los que compusieron pacientemente los sefardíes, en los que se lee un juego de arraigo/desarraigo entre la lengua propia y la ajena; por otro lado, las formas regularizadas de la lengua infantil previa a la escolarización ("morido", "ponido", "sabió"); finalmente, la lengua incorrecta, inexperta o incompetente del inmigrante o del extranjero, que más o menos involuntariamente, antes del conocimiento de la norma (precisamente a la manera de un niño), la pone en tela de juicio: "la problema", "la mundo". Por eso, por el espacio de libre movilidad que organiza su modo de relacionarse con el idioma, la poesía de Gelman incorpora desde siempre, con visible soltura, materiales culturales provenientes de prácticas o géneros bajos, como el lunfardo y la poesía del tango, que quedan rejerarquizados en su amalgama con los restos de textos y citas procedentes del repertorio más canónico y prestigioso de la literatura.

        Este modo de vérselas con la cultura a través de una exploración desregulada de la lengua tiene, naturalmente, un efecto creciente que podríamos calificar como político o, mejor, ideológico. Preguntas como las que se leen en versos de Gelman ("¿Y si Dios fuera una mujer? alguno dijo"; "¿era rubia la pulpera de santa lucía"?) son consecuencia de esa desregulación del idioma, es decir de una escritura que ignora el orden del mundo que se nos impone mediante el orden del discurso (es decir mediante el sentido común cultural).

        En relación con dibaxu, Enrique Fofani ha señalado así este efecto de la poesía gelmaniana: "Lo que sorprende en el poeta ladino -el poeta lenguaraz- es la familiaridad con la lengua que adopta. Pero esta experiencia extraterritorial combate la figura romántica del escritor enraizado, del genio vernáculo que se siente llamado a construir una nación precisamente a partir de la interpretación ideológica del pasado". Por eso, en el sentido en que Fofani usa aquí el término "ideología", puede decirse que los juegos poéticos con la lengua que se despliegan en la obra de Gelman producen efectos imaginarios y semánticos contra-ideológicos: nos extrañan, nos vuelven por un momento extranjeros de nuestra propia lengua, es decir de nosotros mismos, porque desarticulan las fronteras de nuestro mundo, de nuestros modos de ver el mundo, y así amplifican y enriquecen las posibilidades de nuestra experiencia.

CRONOLOGÍA

1930: Nace en el barrio de Villa Crespo, Buenos Aires, el 3 de mayo. Es el tercer hijo de un matrimonio de inmigrantes ucranianos. Su padre, José Gelman -obrero ferroviario, carpintero, comerciante- había participado de la revolución rusa de 1905. Su madre, Paulina Burichson, hija de un rabino, había sido estudiante de medicina en Odesa. Dos hermanos mayores, Boris y Teodora.

1941: Empieza a escribir "a los once años". A esa edad publica su primer poema en la revista Rojo y Negro, un poema de amor que comenzaba: "Al amor, sueño eterno y poderoso, / el destino furioso lo cambié". Según recuerda, durante esos años de la infancia su hermano Boris le leía poemas de Pushkin en ruso. Lecturas: Dostoiewski, Tolstoi, Andreiev, Victor Hugo.

1943-1947: Estudia en el Colegio Nacional de Buenos Aires. A la edad de quince años ingresa en la Juventud Comunista. "Yo era un muchacho de extracción muy popular, un muchacho de barrio. Eso quiere decir que a los quince años yo iba a la milonga con toda la gente del barrio. Así que incorporé el tango críticamente pero de una manera natural, no intelectualmente preconcebida".

1948: Inicia estudios universitarios de química, que abandonará mientras decide dedicarse a la poesía. Trabaja como camionero, vendedor de autopartes, etc., hasta que comienza a ejercer el periodismo.

1954: Trabaja como redactor en Nuestra Palabra y en el diario comunista La Hora, y como corresponsal de la agencia china Xin Hua. Integra el grupo de jóvenes que se reúnen en torno de la revista Muchachos.

1954-1955: Junto con Héctor Negro, Hugo Ditaranto, Julio César Silvain y otros compañeros más o menos próximos a la juventud comunista crea el grupo de poesía "El pan duro", al que más tarde se incorporaría Juana Bignozzi, con el fin de autopublicar sus libros de poesía mediante un sistema de venta de bonos anticipados y realización de recitales públicos de poesía en bibliotecas y clubes de barrio. En uno de esos recitales, en el teatro La Máscara, toma contacto con Raúl González Tuñón, el poeta consagrado que el grupo toma como referente más importante (le dedican varios homenajes públicos; la revista y el sello editorial que fundarán poco después llevan como nombre el título de un libro de Tuñón, La rosa blindada). Integran además el grupo Alvarez Morgade, Navalesi, Mase, Wainer, Harispe, Santirso, De Luca, Hierba, Castelpoggi, Reches.

1956: El grupo "El pan duro" edita Violín y otras cuestiones, el primer libro de Juan Gelman, con prólogo de González Tuñón, bajo el sello editorial de Manuel Gleizer.

1958: Participa del grupo que edita la revista Nueva Expresión, junto a Juan Carlos Portantiero, Andrés Rivera, Roberto Hozni. Comienza a sumarse a las corrientes internas que —a partir de la Revolución Cubana— critican las políticas del PC argentino, actitud que en alguna medida incidirá en su alejamiento del grupo "El pan duro".

1959: El juego en que andamos.

1961: Velorio del solo.

1962: Gotán.

1963: Se edita la antología El pan duro, con un prólogo dedicado a Gelman, José Luis Mangieri y Navalesi, que están encarcelados tras la proscripción del Partido Comunista y la persecución política desatada desde el Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado). La antología incluye poemas de Gelman, Navalesi, Ditaranto, Harispe, Mase, Wainer, Silvain y Negro. El Movimiento por la Legalidad Democrática edita en Buenos Aires el cuaderno Traigo una voz encarcelada con textos de Gelman y otros escritores presos.

1964: Se aleja definitivamente del PC, "absolutamente convencido de su derechismo". Se suma a la redacción de La rosa blindada, dirigida por Carlos Alberto Brocato y José Luis Mangieri.

1965: Cólera buey.

1969: Traducciones III. Los poemas de Sidney West. Durante estos años su militancia política se ha ligado al peronismo revolucionario. Se desempeña como jefe de redacción de la revista Panorama. Escribe en Primera Plana, Los libros, y otras revistas.

1971: Cólera buey (1962-1968, edición aumentada con las Traducciones I y II). Fábulas. Secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario La opinión (hasta 1973).

1973: Relaciones. Se desempeña como secretario de redacción de la revista Crisis (hasta 1974).

1974: Jefe de redacción del diario Noticias de los montoneros.

1975: Aunque estaba amenazado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina, banda armada de ultraderecha comandada por José López Rega, Ministro de Bienestar Social de Isabel Martínez de Perón) se aleja del país por una resolución política del Movimiento montoneros que integraba; luego su situación se tornará en exilio forzado. Obra poética. En Roma trabaja para la agencia de noticias Inter Press Service.

1976: Pasa clandestinamente por la Argentina. El 26 de agosto la dictadura militar secuestra a sus hijos Nora Eva, de diecinueve años de edad, y Marcelo Ariel, de veinte, y a la mujer de éste, María Claudia Iruretagoyena, de diecinueve, embarazada de siete meses, quienes pasan a engrosar la lista de los detenidos-desaparecidos (Nora Eva aparecerá después, a diferencia de su hermano y cuñada). Su nieta habría nacido en un campo de concentración.

Según Horacio Verbitsky, fue Gelman quien obtuvo la primera declaración pública de repudio al Estado terrorista argentino por parte de varios jefes de gobierno y de la oposición de los principales países de Europa: se publica en Le Monde con las firmas, entre otros, de François Mitterrand y Olof Palme.

En adelante vivirá alternativamente en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México. Alterna su actividad política contra la dictadura militar con trabajos de traducción para la UNESCO (fue el segundo seleccionado entre trescientos postulantes para ese cargo).

Muchos años después se sabrá que su hijo, secuestrado en el campo de concentración Automotores Orletti, fue ejecutado la noche del 13 de octubre, y su cadáver arrojado al canal de San Fernando, oculto en un tambor de aceite.

1977: El 23 de abril de 1977 se anuncia la creación del movimiento peronista montonero de resistencia a la dictadura argentina, al que adhiere Gelman.

1978: Se entera por un cura de la Secretaría de Estado del Vaticano que su nuera había dado a luz en un campo de concentración. A fin de año la dirigencia de montoneros retoma muy claramente su línea militarista y propone la incalificable "contraofensiva estratégica".

1979: Gelman decide abandonar el movimiento, en desacuerdo frontal con su verticalismo militarista, y lo declara en un artículo en Le Monde en febrero de 1979. Como solía hacer en casos como ese, la cúpula de montoneros acusa de traición a Gelman y lo condena a muerte. Trabaja para la agencia nicaragüense de noticias Nueva Nicaragua.

1980: Hechos y relaciones. Si dulcemente. Gotán es traducido al italiano y obtiene el premio "Mondello".

1982: Citas y comentarios; hacia el sur.

1983: bajo la lluvia ajena (notas al pie de una derrota). A pesar del fin de la dictadura militar con la asunción del presidente Alfonsín el 10 de diciembre, queda impedido de regresar al país por una causa judicial.

1985: La junta luz. El juez federal Miguel Guillermo Pons inicia un proceso en su contra por asociación ilícita y en junio ordena su captura.

1986: Interrupciones II. En febrero el juez Pons lo declara en rebeldía.

1987: Gana el premio "Boris Vian" por Com-posiciones y Eso. Comienza a colaborar en el diario Página/12. Muchos escritores e intelectuales reclaman públicamente contra la proscripción judicial de Gelman: Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Alberto Moravia, Mario Vargas Llosa, Eduardo Galeano, Octavio Paz, etc. El 31 de diciembre Horacio Verbitsky, con el patrocinio de Carlos Auyero, solicita nuevamente la eximición de prisión.

1988: El 7 de enero la Cámara Federal de la Capital Federal modifica la resolución del juez Pons, y lo exime de prisión bajo caución juratoria. Regresa a la Argentina en junio, luego de trece años de proscripción y persecución judicial. Interrupciones I. Anunciaciones. Vuelve a marcharse, a México (donde reside actualmente).

1989: Se entera telefónicamente de la muerte de su madre; minutos después recibe una carta de ella fechada veinte días antes. Carta a mi madre. El 8 de octubre Menem indulta a 216 militares condenados o procesados por crímenes violatorios de los derechos humanos, y a 64 ciudadanos considerados miembros de organizaciones guerrilleras, entre ellos a Gelman. El poeta protesta en una nota en Página/12.

1990: El 7 de enero, el equipo de antropología forense identifica los restos de su hijo Marcelo, asesinado de un tiro en la nuca

1992: Compone un libro de sonetos, algunos de los cuales se publican en medios periodísticos.

1993: Salarios del impío. Antología personal. Continúa colaborando periódicamente con Pagina/12. Reside en México.

1994: dibaxu.

1997: Ni el flaco perdón de Dios, en coautoría con su esposa Mara Lamadrid (reúne testimonios de hijos de detenidos-desaparecidos).

        Un jurado integrado, entre otros, por Francisco Madariaga, Horacio Salas, Héctor Yánover y Joaquín Giannuzzi, le otorga el Premio Nacional de Poesía, la máxima distinción que otorga el Estado a los poetas (consistente en 15.000 dólares y en una pensión vitalicia). En el acto de entrega del premio, Gelman habló contra la política socioeconómica del gobierno de Menem, de "los esbirros de la dictadura militar que pasean impunemente por las calles del país y por los cargos públicos" y dedicó su premio a las "víctimas con vida" de la dictadura, "a las víctimas que se dio en llamar desaparecidos, a los que luchan en las rutas de Jujuy, en las carpas [de protesta de los maestros] de Buenos Aires", a su hijo y nuera desaparecidos y "al hijo o hija de ambos".

Incompletamente. Primer volumen de Prosa de prensa.

1999: inicia una campaña judicial y de prensa, que incluye un intercambio público de correspondencia con el Comandante en Jefe del Ejército Teniente General Balza, contra el General Eduardo Cabanillas, responsable del robo de su nieta o nieto nacido en cautiverio; y más tarde, por el mismo motivo, con el presidente Julio María Sanguinetti del Uruguay, país donde se presume residirían su nieta y los apropiadores de esta.

Segundo volumen de Prosa de prensa. Continúa como columnista de Página/12.

Nota: la cronología precedente no menciona las numerosas antologías, ni las traducciones a lenguas extranjeras de sus obras, ni las obras musicales o en disco. Para la bibliografía édita de Juan Gelman (completa hasta 1994) véase la edición de Jorge Fondebrider de Juan Gelman, Antología poética, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1994, "Colección Austral".

Publicado inicialmente en Tiempo
http://psiconet.com/tiempo/historias/gelman.htm

Algunas reseñas de sus libros

Violín y otras cuestiones, Gleizer, Buenos Aires, 1956

        Violín y otras cuestiones (1956). Publicado con el sello de Gleizer, que treinta años antes había editado algunos de los primeros libros de Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón, llevaba precisamente un prólogo de Tuñón, una decisiva influencia en aquel primer Gelman, junto con el peruano César Vallejo. De Tuñón parecen provenir la atención hacia la ciudad, la preocupación política y un lirismo intenso que carga de matices mágicos la realidad cotidiana, y de Vallejo, la aptitud para arraigar la escritura poética en la fuerza y la soltura de la lengua hablada, librándola de solemnidades y exquisitismos. Por los caminos que abre, tanto en la temática como en la actitud espiritual y en el trabajo con el lenguaje, Violín y otras cuestiones puede considerarse el inicio de toda una corriente de la poesía argentina, que en su momento fue identificada con la "generación del 60". (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

El juego en que andamos, Nueva Expresión, Buenos Aires, 1959

        El juego en que andamos (1959) y Velorio del solo (1961) acentúan y depuran los rasgos del primer libro. Gelman maneja mejor los silencios y la síntesis. Tienen mayor presencia la ternura y un tono de confidencialidad, mientras gana progresivamente espacio la temática amorosa. La vida cotidiana aparece matizada por pequeñas maravillas y atisbos de esperanza, pero también por la furia y el dolor ante las injusticias sociales, así como ante la soledad y la previsión de la muerte. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Velorio del solo, Nueva Expresión, Buenos Aires, 1961

Gotán (1956-1962), La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1962. Reeditado en 1996

        Gotán (1962). El disparate, el prosaísmo y el humor, a veces sarcástico, irrumpen con una gracia y un descaro hasta entonces desconocidos en la poesía argentina. Así y todo, persisten muchos rasgos anteriores, tanto que, como si englobara de esa manera una etapa, Gelman eligió el título de Gotán para el volumen aparecido en 1996 que por tercera vez reúne sus cuatro primeros libros. Ya en la primera de estas compilaciones, en 1970, habían sido definitivamente descartados varios poemas de Violín y otras cuestiones y de El juego en que andamos. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Cólera Buey, La Tertulia, La Habana, 1965. Reeditado en 1994

        Cólera buey. Si bien hay una edición cubana de 1965 con ese título, la definitiva es de 1971 y reúne —se avisa al principio— "un poema al comandante Guevara y los restos de nueve libros inéditos escritos en un momento muy particular de mi vida". Se trata, como lo sugieren la propia advertencia y el amplio período abarcado (de 1962 a 1968), de una etapa de crisis: es el tramo donde los modos de hacer poesía de Gelman entran a descalabrarse, a probarse, a jugar, a ponerse en juego y a poner en juego la concepción misma de la poesía, a través de una gran diversidad de recursos. No sólo este es el libro donde Gelman arriba a una madurez y una singularidad que lo colocan en un primer plano de la poesía moderna en lengua castellana, sino también, a partir de Cólera buey, prácticamente cada libro suyo implicará una sorpresa, un desconcierto y la apertura de una nueva posibilidad. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Los poemas de Sidney West, Galerna, Buenos Aires, 1969. Reeditado en 1995

        Traducciones III. Los poemas de Sidney West (1969). Continuando una serie iniciada dentro de Cólera buey con Traducciones I y Traducciones II (subtitulados Los poemas de John Wendell y Los poemas de Yamanokuchi Ando), Gelman inventa un poeta extranjero al que simula traducir, pero además cada poema cuenta la historia de un personaje, ambientadas todas en un pequeño pueblo norteamericano. Lo que más importa, con base en una práctica delirante de la ficción, es el desenfadado juego creador con el lenguaje. La recurrencia a una aparente forma narrativa y la extrema libertad expresiva, aun más exasperada y cargada de humor, reaparecen en el libro siguiente, Fábulas (1971), ahora aplicados a diversos personajes imaginarios o de la historia, con un contenido político más fuerte y dramático. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Fábulas, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1971

Relaciones, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1973

        Relaciones (1973). Usando un lenguaje más directo y coloquial, Gelman entra en una zona reflexiva. Lo hace, sobre todo, por medio de preguntas insistentes, un mecanismo que seguirá aplicando de ahí en adelante, especialmente en Notas, Carta abierta, Citas y relaciones y Carta a mi madre. Por su parte, el uso de barras para establecer períodos rítmicos o zonas de sentido aparece en el libro siguiente, Hechos, y se mantendrá con pocas excepciones hasta Incompletamente. En los cuatro, y cada vez más, la escritura se vuelve un balbuceo obsesivo confiado ante todo a la sabiduría del ritmo y el fluir de la palabra. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Hechos, (1974-1978), Lumen, Barcelona, 1980

        Hechos (publicado, junto con la reedición de Relaciones, como Hechos y relaciones, en 1980) mantiene algo del estilo del libro anterior, pero de un modo más áspero. Es el primer libro del exilio y trata, precisamente, del exilio, el combate, el dolor de las muertes, las interrogaciones sobre la derrota, al igual que Notas, Carta abierta y Si dulcemente, aparecidos, juntos o por separado, en diversas ediciones entre 1980 y 1982. Carta abierta, dedicado al hijo asesinado, es una de las más arduas, hondas y lúcidas indagaciones en el dolor que presenta la poesía de todos los tiempos. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Comentarios (1978-1979)

        Citas y comentarios (1982) es, de hecho, un libro de poesía mística, como en cierto modo también lo serán Composiciones, Anunciaciones, Salarios del impío e Incompletamente. Herméticos, barrocos, perfectos en su construcción, cada uno de los poemas nace de frases o imágenes halladas en otros textos —de Santa Teresa, San Juan, Manzi, Le Pera, Baudelaire y Van Gogh—, entre otros, para armar un murmurado y trémulo canto de amor a una segunda persona que bien puede entenderse, según lo indica la dedicatoria, como la patria lejana. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Citas, 1979

Notas, 1979

Carta Abierta, 1980

Si dulcemente, Lumen, 1980

Bajo la lluvia ajena, 1980

        Bajo la lluvia ajena (1983) es una serie de agudas prosas poéticas que reflexionan sobre el exilio. Integraba, con trabajos de Osvaldo Bayer, un libro titulado precisamente Exilios, y después fue incorporado en Interrupciones II (1986), junto con Hacia el Sur y dos inéditos: Com/posiciones y Eso. En el primero Gelman reelabora, con serena dulzura, textos de poetas judíos o judeo españoles medievales o antiguos, en general de temática amorosa. El mismo tono, y acentuando el vuelco hacia la ternura y la sencillez, se advierte en Eso. Al mismo período pertenece La junta luz (1985), un tenso oratorio dramático en verso dedicado a las Madres de Plaza de Mayo. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Hacia el Sur, Marcha, México, 1982

        Hacia el Sur (1982) retorna en cierto modo las formas narrativas de Los poemas de Sidney West y Fábulas, pero mezclándolas despreocupadamente con rasgos surgidos en todos los libros siguientes del autor. Son poemas extensos, en los que Gelman lleva al colmo el arte de la disgresión, acerca de temas muy diversos —incluso dentro de cada poema— pero sobre un denso telón de fondo político. En dos de las partes reaparecen, aunque ya no como traducciones, los textos atribuidos a otro poeta, en este caso a José Galván y a Julio Grecco, uno desaparecido y otro muerto en combate contra la dictadura. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Com/posiciones (1983-1984), Ediciones del Mall, Barcelona, 1986

Eso (1983-1984)

Dibaxu (1983-1985), Seix Barral, Buenos Aires, 1994. Reeditado en 1994

        En el escolio de Dibaxu, libro de poemas en sefaradí, Gelman escribió: "...Escribí los poemas de Dibaxu en sefaradí, de 1983 a 1985. Soy de origen judío, pero no sefaradí, y supongo que eso algo tuvo que ver con el asunto. Pienso, sin embargo, que estos poemas sobre todo son la culminación o más bien el desemboque de Citas y Comentarios, dos libros que compuse en pleno exilio, en 1978 y 1979, y cuyos textos dialogan con el castellano del siglo XVI. Como si buscar el sustrato, hubiera sido mi obsesión. Como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua, las más profundas y exiliadas de la lengua. Yo tampoco me lo explico..."

Anunciaciones, Visor, Madrid, 1988

        Anunciaciones (1988). Poemas de amor, que por el uso de la segunda persona, recuerdan a Citas y comentarios, pero sobre un trasfondo alucinado de desamparo y destrucción al que la escritura desafía a través de imágenes breves, contundentes y enigmáticas, y de un tono alto y exasperado, como nunca antes ni después, subrayado por el hecho de que los signos de exclamación reemplazan a las preguntas. Probablemente sea el libro más hermético y arduo de leer de Gelman. Igualmente audaz, aunque en otra dirección, es Carta a mi madre (1989), un largo monólogo que despliega encarnizadas interrogaciones en un lenguaje descarnadamente directo. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

Interrupciones I, Libros de Tierra Firme/Último Reino, Buenos Aires, 1988

        Hijos de su combativa desazón, los poemas de Interrupciones I y II son como esas horas pasadas siempre en otro lugar, cuando es tarde de antemano y se espera lo que ya no ocurrió ni ocurrirá. El poeta no calla ante el estupor porque es la materia misma de su escritura, la grieta donde abreva el silencio.

Interrupciones II, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1988

Carta a mi madre, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1989

Salarios del impío (1984-1992), Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1993

        Salarios del impío (1993). Fragmentos como ráfagas de voz, que, más que hablar del amor, la soledad, el exilio, Dios, la incompletud, el terror y la muerte, rozan esas cuestiones sin que ninguna visión ni ninguna idea pueda completarse. Se podría decir que es el libro de epigramas de Gelman, y adelanta la aventura espiritual, un incierto rastreo en el misterio del lenguaje y en la imposibilidad de aferrar lo real, una desvelada búsqueda en el revés de cada cosa que desplegará luego en Incompletamente (1997), en ese caso a través de estructuras derivadas del soneto. Entre ambos libros, aparece el lirismo extremo de Dibaxu (1994), breves o brevísimos poemas de amor en sefaradí y castellano que, de un modo más tenue y delicado, trabajan en tomo de las mismas obsesiones. (Daniel Freidemberg, Especial La Maga, dedicado a Juan Gelman)

La abierta oscuridad, 1993

Incompletamente, Seix Barral, Buenos Aires, 1997

Debí decir te amo (antología personal), 1997

Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos. En coautoría con Mara La Madrid, Planeta, Buenos Aires, 1997

Prosa de prensa. Ediciones B, España, 1997

Nueva prosa de prensa, 1999

Tantear la noche, 2000

Publicado inicialmente en Literatura Hispanoamericana
http://sololiteratura.com/

Antologías

Obra poética, Corregidor, Buenos Aires, 1975


Poemas, Casa de las Américas, La Habana, 1960, al cuidado de Mario Benedetti y Jorge Timossi


Poesía, Casa de las Américas, La Habana, 1985. Prólogo y selección de Víctor Casaus


Antología poética, Vintén, Montevideo, 1993. Selección, prólogo y bibliografía completa de Lilián Uribe


Antología personal, Desde la Gente, Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 1993


En abierta oscuridad, Siglo XXI, México, 1993


Antología poética, Espasa Calpe, Buenos Aires, 1994 (Selección y prólogo de Jorge Fondebrider)


De palabra (1971-1987). Prólogo de Julio Cortázar, Visor, Madrid, 1994


Valer la pena (1998-2000), Era, 2001

Publicado inicialmente en Literatura Hispanoamericana
http://sololiteratura.com/

Algunos libros sobre Gelman

Santiago Bullrich, Recreación y realidad en Pisarello, Gelman y Vallejo, Jorge Álvarez, Buenos Aires, 1964


Daniel Barros, Poesía sudamericana actual (Gelman, Teillier, Benedetti), Miguel Castellote, Madrid, 1972


Mario Benedetti, Juan Gelman y su ardua empresa de matar la melancolía, en Los poetas comunicantes, Marcha, Montevideo, 1972


Edgar O’Hara, Juan Gelman: la realidad contra la poesía, en Desde Melibea, ediciones Ruray, Lima, 1980


Jaime Giordano, Juan Gelman: el dolor de los otros, en Dioses, antidioses/ Ensayos críticos sobre poesía hispanoamericana, ediciones Lar, Santiago, 1987


Miguel Dalmaroni, Juan Gelman contra las fabulaciones del mundo, Almagesto, Buenos Aires, 1993


Jorge Boccanera, Confiar en el misterio (Viaje por la poesía de Juan Gelman), Sudamericana, Buenos Aires, 1994


Críticos varios, Como temblor del aire/ La poesía de Juan Gelman (compilación de artículos a cargo de Lilián Uribe), Vintén, Montevideo, 1995


María del Carmen Sillato, Juan Gelman. Las estrategias de la otredad, Beatriz Viterbo, Buenos Aires, 1996

Publicado inicialmente en Literatura Hispanoamericana
http://sololiteratura.com/

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Juan Gelman
kettylis@citynet.net.ar

POEMAS
Una mujer y un hombre

						
Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, en plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre arados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.
Oración de un desocupado

						
Padre, 
desde los cielos bájate, he olvidado 
las oraciones que me enseñó la abuela, 
pobrecita, ella reposa ahora, 
no tiene que lavar, limpiar, no tiene 
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena, 
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido, 
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla 
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre 
cavándome la carne, 
este dormir así, 
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido 
te digo que no entiendo, Padre, bájate, 
tócame el alma, mírame 
el corazón, 
yo no robé, no asesiné, fui niño 
y en cambio me golpean y golpean, 
te digo que no entiendo, Padre, bájate, 
si estás, que busco 
resignación en mí y no tengo y voy 
a agarrarme la rabia y a afilarla 
para pegar y voy 
a gritar a sangre en cuello.
El juego en que andamos

						
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos, 
esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría 
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría 
este amor con que odio, 
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores, 
que me juego la muerte.
Mi Buenos Aires querido

						
Sentado al borde de una silla desfondada, 
mareado, enfermo, casi vivo, 
escribo versos previamente llorados 
por la ciudad donde nací.
Hay que atraparlos, también aquí 
nacieron hijos dulces míos 
que entre tanto castigo te endulzan bellamente. 
Hay que aprender a resistir.

Ni a irse ni a quedarse, 
a resistir, 
aunque es seguro 
que habrá más penas y olvido.
Opiniones

						
Un hombre deseaba violentamente a una mujer, 
a unas cuantas personas no les parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal, 
un hombre deseaba ardientemente la Revolución 
y contra la opinión de la gendarmería 
trepó sobre muros secos de lo debido, 
abrió el pecho y sacándose 
los alrededores de su corazón, 
agitaba violentamente a una mujer, 
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.
Hechos

						
Mientras el dictador o burócrata de turno hablaba 
en defensa del desorden constituido del régimen 
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro 
entre una piedra y un fulgor de otoño
afuera seguía la lucha de clases / el 
capitalismo brutal / el duro trabajo / la estupidez /
la represión / la muerte / las sirenas policiales cortando 
la noche / él tomó el endecasílabo y
con mano hábil lo abrió en dos cargando 
de un lado más belleza y más 
belleza del otro / cerró el endecasílabo / puso 
el dedo en la palabra inicial / apretó
la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata 
salió el endecasílabo / siguió el discurso / siguió 
la lucha de clases / el 
capitalismo brutal / el duro trabajo / la estupidez / la represión /
la muerte / las sirenas policiales cortando la noche
este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta
ahora a ningún dictador o burócrata aunque 
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata / y también
explica que 
un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor
de otoño o
del encuentro entre la lluvia y un barco y de 
otros encuentros que nadie sabría predecir / o sea 
los nacimientos / casamientos / los 
disparos de la belleza incesante.
Nota I

						
Te nombraré veces y veces. 
me acostaré con vos noche y día. 
noches y días con vos. 
me ensuciaré cogiendo con tu sombra. 
te mostraré mi rabioso corazón. 
te pisaré loco de furia. 
te mataré los pedacitos. 
te mataré una con paco. 
otro lo mato con rodolfo. 
con haroldo te mato un pedacito más. 
te mataré con mi hijo en la mano. 
y con el hijo de mi hijo / muertito. 
voy a venir con diana y te mataré. 
voy a venir con jote y te mataré. 
te voy a matar /derrota. 
nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez. 
vivo o muerto / un rostro amado. 
hasta que mueras / 
dolida como estás / ya lo sé. 
te voy a matar / yo 
te voy a matar.
Nota II

						
Ya que moría mañana 
me moriré anteanoche / 
con un cuchillito fino 
voy a cavar el 76 
para limpiarle las raíces a paco 
las hojitas a paco 
clavado al suelo como una mula rota
gente que me quería ayudar / 
después le toca al 77 
para encontrar los ojos de rodolfo 
como cielos terrestres 
fríos fríos fríos 
diseminados por ahí /  
mirada vacía ahora
va a haber que trabajar 
limpiar huesitos / que no hagan 
negocio con la sombra 
desapareciendo / dejándose ir 
a la tierra ponida sobre 
los huesitos del corazón / 
compañeros denme valor /  
la sombra vuela alrededor
como un objeto en mi pieza / 
ni remedio que la pueda parar /  
ni corazón ni nada / 
ni la palabra nada / 
ni la palabra corazón / 
pañeros /compañeros.
Si dulcemente

						
Si dulcemente por tu cabeza pasaban las olas 
del que se tiró al mar / ¿qué pasa con los hermanitos 
que entierraron? / ¿hojitas les crecen de los dedos? / ¿arbolitos /
otoños que los deshojan como mudos? / en silencio
los hermanitos hablan de la vez 
que estuvieron a dostres dedos de la muerte / sonríen 
recordando / aquel alivio sienten todavía 
como si no hubieran morido / como si
paco brillara y rodolfo mirase 
toda la olvidadera que solía arrastrar 
colgándole del hombro / o haroldo hurgando su amargura
(siempre) 
sacase el as de espadas / puso su boca contra el viento /
aspiró vida / vidas / con sus ojos miró la terrible / 
pero ahora están hablando de cuando 
operaron con suerte / nadie mató / nadie fue muerto / el enemigo 
fue burlado y un poco de la humillación general
se rescató / con corajes / con sueños / tendidos 
en todo eso los compañeros / mudos / 
deshuesándose en la noche de enero / 
quietos por fin /solísimos / sin besos.
La juntaluz (Fragmentos)

						
Madre-coro (candice): 
el frío de los pobres que un día triunfarán / cruje 
en el fondo del país / torturado / callado 
crepita otoñando padeceres / se le caen 
hojitas / olores secos / compañeros / se pudren
alimentando furias que vendrán / alma mía 
que así crecés contra las bestias / dame 
valor o fuego / pueda podrirme / continuar / 
para que coma la victoria /

Madre-árbol (canta): 
solicitud / penas / cuidado 
de vos sin vos / como el beso 
ya prolongado que me das 
por arrabales del amor
donde crecés violentamente / 
flor unitiva / derramada 
como calor de corazón
donde la mundo se amujera
como una música de vos / 
mirada suave de tu mano 
como gorrión de vos / o vos / 
volando amor / durando vidas.

Madre-coro: 
odio / no me dejés /

Madre-árbol: 
dame tu fuerza / amor /

Madre-coro: 
para que no me olvide /

Madre-árbol: 
para que no te olvide /.
Cerezas

						
Esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa 
en el revés de un éxtasis / hace dos o tres besos fue 
mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo 
cuando le dan de amar /  
y un beso antes todavía / 
pisaba el mundo corrigiendo la noche 
con un pretexto cualquiera / en realidad es una nube 
a caballo de una mujer / un corazón 
que avanza en elefante cuando tocan 
el himno nacional y ella 
rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos 
por la llovizna nacional / 
esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas 
que lava con furor / con sangre / con olvido / 
encenderla es como poner en la vitrola un disco de gardel / 
caen calles de fuego de su barrio irrompible 
y una mujer y un hombre que caminan atados 
al delantal de penas con que se pone a lavar / 
igual que mi madre lavando pisos cada día / 
para que el día tenga una perla en los pies / 
es una perla de rocío / 
mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío / 
le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío / 
en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas creciendo / 
el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza / 
siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día / 
limpiaba suciedades del mundo / 
lavaba el piso del sur / 
volviendo a esa mujer / en sus hojas más altas se posan 
los horizontes que miré mañana / 
los pajaritos que volarán ayer / 
yo mismo con su nombre en mis labios /
Está negra la madera de tu casa

						
Está negra la madera de tu casa 
y el verde de tus plantas brilla como lustrado a mano /  
te debe haber llovido mucha ausencia / 
debe haberte apagado los fuegos que encendías 
para leer tus pechos / 
para saber quién anda por ahí / 
en el verano de tu rigidez empujada / 
¿qué sería la muerte sin la lluvia / 
su ciencia de humo y claridad? / 
temblabas como un cafetín / 
pasaban tangos de Gardel y toros ya suavísimos / 
tus piernas ardían al lado de los ángeles 
y volaban cenizas del secreto cremado / 
¿cómo es posible el horror de saber? / 
¡dale / viento! / 
¡raspá la música que hace diamantes 
en cada esquina de la sonreidora! / 
¡la música que separa los nacimientos de los espantapájaros! 
¡los espantapájaros verdaderos! / 
¡que me conocen y no son yo! / 
vos / que sabés hacer cuchillos 
con un instante del amor / 
cantá / sentada en los panes que horneo y nunca comeré / 
¡cantá / para que corra la mañana 
y se subleven los canarios 
que lloran ocultamente! /
Qué fiesta la de la alegría nueva...

						
Qué fiesta la de la alegría nueva 
sobre el viejo color. 
Dafne se hace pluma y vierte
luz y tiempo en la razón de piedra. 
Le escriben versos en la ciudad
que pisotea a la justicia. Dafne huye
de los papeles que la ciñen. 
Nadie la merece, pero
a veces se la encuentra en
humillaciones de la realidad. 
No está escrita aún, como un caballo largo. 
Se la ve tan claramente
en el árbol que fue, convertido en vanidad. 
Ella ocupa la desolación y nada se le concederá. 
Ni el asombro idéntico a ella misma. 
Sólo busca un recuerdo donde pueda
ser suave y, en un momento, niña. 
Cierra los ojos ante el viento
que agita su pollera y
sobre ella cae la vida continua.
VI

						
hojas coloradas y verdes/
hojas secas/hojas frescas/
caen de tu voz/
dormidas/

duermen debajo del sol/
debajo tuyo/
mira cómo esperan
que el espanto se apague/

el sol oye caer
tus hojas/ que
tiemblan en la noche que
enciende el bosque/
De Dibaxu

						
Oh hay bendiciones en esta suave brisa
Que sopla desde las verdes praderas y las nubes
Y desde el cielo: acaricia mi mejilla,
Y parece casi consciente del gozo que otorga
¡Oh, bienvenida mensajera! ¡Oh, bienvenida amiga!
Un cautivo te saluda, procedente de una casa
De ataduras, liberado de las murallas de aquella ciudad,
Una prisión donde había pasado largo tiempo emparedado.
Puedo fijar mi habitación donde desee.
¿Qué hogar me acogerá? ¿en qué arboleda
Emplazaré mi hogar? ¿y qué dulce arroyo
Me acunará con su murmullo hasta que duerma?
Toda la tierra se extiende ante mí. Con corazón
Gozoso, sin miedo ante su propia libertad,
Miro a mi alrededor; y si acaso eligiera como guía
Simplemente a una nube vagabunda,
Tampoco podría perderme. ¡Respiro de nuevo!
Trances del pensamiento y exaltaciones de la mente
Me abordan con rapidez: ha caído,
Como por un milagroso regalo ha caído
Ese peso de mi propio ser innatural,
El enorme peso de muchos días agotadores
No míos, y esos días no fueron hechos para mí.
Largos meses de paz (si tan audaz palabra se ajusta
A cualesquiera promesas de la vida),
Largos meses de serenidad y deleite inmaculado
Son míos en el futuro: por donde quiera que me dirija,
Carretera o sendero, o a través de los campos abiertos.
¿O tal vez una rama o cualquier cosa que flote
Sobre el río me indicará el camino?
De Preludio

Poemas publicados inicialmente en
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