Juan Manuel Roca

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Juan Manuel Roca nació en Medellín, Colombia, en 1946. Es poeta ensayista y periodista cultural.

Libros publicados

  • Memoria del agua, 1973
  • Luna de ciegos, 1975
  • Los ladrones nocturnos, 1977
  • Señal de cuentos, 1979
  • Fabulario real, 1980
  • País secreto, 1987
  • Ciudadano de la noche, 1989
  • Pavana con el diablo, 1990
  • Memoria de encuentros, 1995

Ensayos

Reúne sus ensayos y textos periodísticos.

Premios y distinciones

  • Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus por Luna de ciegos, 1975
  • Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia por Señal de cuentos, 1979
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Juan Manuel Roca

POEMAS
CIUDADANO DE LA NOCHE

       Nunca he escuchado en la noche un clavicordio. La luna agita el agua, acaso altere las mareas que habitan la piel en fuga de los hombres, de ahí que escuchemos el desbordar del cuerpo en luna llena. Nunca he escuchado en la noche un clavicordio ni he visto cruzar barcos cargados con pacas de algodón, pero así se desliza la noche en el silencio.

       Los trenes tórridos me llevan por países de fiesta sonando canecas de metal que tocan los niños antillanos. Por los túneles de piedra que son corredores de la noche resuena la orquesta de los trenes.Nunca he escuchado en la noche un clavicordio y las gitanas han leído en los mapas de mis manos que nunca viajaré al país de los lotos.

       Lejos, algún brujo hace en marfil una mascarilla de la noche.

       La noche viaja hasta la blanca estación de los rocíos O pasa su tiempo colocando en los faroles una danza de sombras y membranas. ¡Qué más puedo decirles de la noche! Va de viaje con el viento decretando la abolición de las fronteras,hace un viaje desde Florida hasta el mar de Java, de los mares del sur a los umbrales de mi casa.

       Mientras un hombre pasa su lengua tras la estampilla engomada de una reina, la noche me trae cartas de azules lejanías.Algo de salitre y un pecho de caracol con memoria de mares. Algo de légamo y de brisas estivales. Un aire de retama y bellas furias secretas me trae la noche de sus viajes.

       Yo acepto el pasaporte del incierto, el papel que me hace ciudadano de la noche. La noche abre sus verjas plateadas y desliza bajo mi puerta sus volantes hojas de papiro, hojas que hablan de un tráfico de sueños, de un delta de invisibles Orinocos y locuaces loros venidos del Caribe.

       Yo oigo el conjuro de la noche en sus ranas y el tiempo se desliza como un Paraná de orillas distantes tocando flores anfibias, orquídeas que crecen
en la caparazón de las tortugas.

       Algo de alquitrán. Algo de olor de mar entre ritos marineros. Algo venido del mar de los augures me trae la noche de sus viajes. La noche va tiznando en mi estancia el blanco aguamanil, la blanca leche dejada para el alba. Afuera, en la plaza amurallada, la mañana se pasea con ojos de lluvia en los cristales.

Publicado inicialmente en Arquitrave

LOS PERROS DE NADIE
    
Callejean,
escarban los restos del día
como quien acude a un tanatorio:
Perros góticos apaleados en misa,
un domingo raído por la lluvia.
Bogotá duerme al fondo de su hartazgo
y los perros de Nadie
rastrean los días en fuga,
la sombra perdida de un Virrey.
Un niño ata en sus colas de cometa
latas de avena con la efigie de un cuáquero
que no pierde su torva dignidad.
Los perros sin dueño
recorren el centro y el sur de la ciudad,
las zonas donde Nadie tiene su reino de olvidos.
¿A quién ladran en la calle vacía?
¿A quién dirigen sus orejas vacilantes?
Acaso descubran el paso de Nadie,
del que se fue una vez, envuelto en brumas.