Julia Uceda

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

        Nació en 1925, en Sevilla, España.

        Se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Hispalense donde ejerció la enseñanza durante algunos años, obteniendo el Doctorado, por la misma Universidad, con una tesis sobre el poeta José Luis Hidalgo.

        Fue catedrática en Michigan State University desde 1965 hasta 1973. Después de una breve estancia en España, abandonó nuevamente el país para residir en Irlanda hasta 1976, año en que trasladó su residencia a Galicia, donde actualmente vive.

        Es catedrática de Literatura Española de Institutos Nacionales de Enseñanzas Medias y de Escuelas Universitarias. Se dedica a la enseñanza en España y en Estados Unidos de Norteamérica y ha desarrollado una amplia labor crítica y de investigación, las que han sido publicadas en revistas literarias especializadas de Estados Unidos y  España.

Libros publicados

  • Mariposa en cenizas, Arcos de la Frontera, Colección Alcaraván, Cádiz, 1959
  • Extraña juventud, Madrid, Adonais, 1962
  • Sin mucha esperanza, Ágora, Madrid, 1966
  • Poemas de Cherry Lane, Ágora, Madrid, 1968
  • Campanas en Sansueña, Dulcinea, Madrid, 1977
  • Viejas voces secretas de la noche, Esquío, El Ferrol, 1981
  • Del camino del humo, Renacimiento, Sevilla, 1994
  • En el viento, hacia el mar, Edición de Sara Pujol Russell, Colección  Vandalia Maior, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2002 

Premios y distinciones

  • Accésit del Premio Adonais por Extraña juventud, 1962
  • Premio Nacional de Poesía 2003 por En el viento, hacia el mar (1959-2002)

Antologías

  • Está incluida en antologías editads en diversas publicaciones españolas, italianas, norteamericanas y chinas.
  • Poesía, seleccionada por Francisco Javier Peñas-Bermejo de libros publicados entre 1959 y 1990

Traducciones

Poemas suyos han sido traducidos al portugués, italiano, inglés, chino y hebreo. 

Membresías

  • Es miembro correspondiente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
  • De la Asociación Española de Críticos Literarios
  • De la Asociación Internacional de Hispanistas.
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Julia Uceda

POEMAS
SECRETO

   

No pesa. No se toca, no se mueve. Nacido 
del hueco, del silencio: un hoyo grave, 
un monte, un abandono. 

                      ¿Se querían? 
                                        Silencio. 

Vuelan hacia el oeste 
lejanos se querían. 
Vuelan con llanto y miedo, 
con frío y desventaja. 
Los labios, despoblados de verbos en desuso, 
la palabra, en harapos que los aires esparcen. 

No responden las sombras ni los días plegados. 
No contesta el espejo ni el almario vacío. 
La razón de los pasos se ha borrado en el aire. 
N° 10-11, noviembre-diciembre 1999

Publicado inicialmente en La página literaria de Gandalf, el Gris

DECÍA HIELO

   

¿Qué dijo?
¿Qué decía? Palabras, eso sí,
palabras eran, pero ¿qué palabras?
Caían sobre una mesa. Y había luz.
Una luz muy oscura.
Ahora las manos se agrietaron
buscando los sonidos, revolviendo
agujeros, bolsillos falsos, nidos
abandonados, hojitas de musgo
y hojas secas: todo lo quieto. Sacude
los recursos para encubrir, por si cayeran,
las palabras, al suelo, con un sonido comprensible.

                                                        Pregunta
a los árboles del más allá, de vez en cuando,
si se acuerda, al llanto de los helechos y a la nuez
en que la luz, copo de fe, se encierra.
                                                         Porque asegura
que las oyó y eran como rastrojos, nudos
de alambre, manzanas podridas y un rostro
volcando todo eso, echando todo eso, tan frío,
en la nuca inocente. Y helaba la dulzura.
¿Dónde se han escondido? ¿Desde dónde
la miran, las palabras, agazapadas, riéndose
de que no las encuentre, tan torpe?
Que se muera buscándolas, dirán.
Tal vez al otro lado...
EL TIEMPO ME RECUERDA

   

Recordar no es siempre regresar a lo que ha sido.
En la memoria hay algas que arrastran extrañas maravillas;
objetos que no nos pertenecen o que nunca flotaron.
La luz que recorre los abismos
ilumina años anteriores a mí, que no he vivido
pero recuerdo como ocurrido ayer.
Hacia mil novecientos
paseé por un parque que está en París -estaba-
envuelto por la bruma.
Mi traje tenía el mismo color de la niebla.
La luz era la misma de hoy
-setenta años después-
cuando la breve tormenta ha pasado
y a través de los cristales veo pasar la gente,
desde esta ventana tan cerca de las nubes.
En mis ojos parece llover
un tiempo que no es mío.