Máximo Simpson

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Máximo Simpson nació en Buenos Aires. Recorrió América Latina y residió largos años en México y Brasil. Ha sido periodista. Es profesor universitario y ha publicado diversos trabajos sobre teoría política y comunicación.

Libros Publicados

Poesía

  • Túpac Amaru, 1960
  • Más poesía, 1962
  • Poemas del hotel melancólico, 1963
  • Estación final, 1981
  • Hacia dónde tan lejos, 1981
  • Estación final, 1985 (edición completa)
  • Elegías americanas, 1992
  • La casa y otras visiones, 1995
  • Alrededores

Premios y distinciones

  • Faja de Honor de la SADE por Túpac Amaru, 1960
  • Premio Consejo del Escritor por Más poesía, 1962
  • Premio Fondo Nacional de las Artes por Poemas del hotel melancólico, 1963
  • Premio Único a Obra Inédita en el Concurso Municipal, Mención Especial en el Premio Nacional de Poesía, Secretaría de Cultura de la Nación, correspondiente a los años 1992/1995, por La casa y otras visiones, 1995
  • Primer Premio de Poesía en el concurso convocado por el diario La Nación, de Buenos Aires, por Alrededores, 1998

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Máximo Simpson
msimpson@arnet.com.ar

POEMAS
La bala perdida

						
Vibra en la contingencia, 
y es casual, improbable, 
aleatoria, fortuita. 

Nadie sabe su origen, 
la fuente o arrebato que la impulsa; 
acaecer absoluto, 
triunfo y esplendor de lo instantáneo,
una bala perdida atraviesa los jardines, 
destroza las ventanas, desbarata la siesta, 
los gestos, las conversaciones. 

Aunque es favorita del azar, 
y ambiguo su destino, 
ha elegido su meta, 
y sin ira, sin odio, sin amor, sin tristeza, 
llega certeramente al corazón.
Morgue (1)

						
Desmedida quietud, 
incomprensible bloque de materia 
expuesta a la intemperie. 

Esta cosa, 
esta humillación que nada sabe de sí misma, 
¿puede ocultar la trama de los días, 
las causas, los efectos, 
el decurso de soles y de lunas?
Morgue (2)

						
Sin pesar, sin nostalgia, 
desnudamente solo, 
el mentón como proa detenida 
y el pecho encandilado por la luz del olvido, 
el muerto era tan sólo un barco a pique 
en un océano de mármol.
Sucesos

						
La vecina del sexto caminó sobre el mar, 
y atravesó las nubes sin ayuda de nadie. 

El tímido señor de planta baja 
ya no cierra las puertas con cadenas, 
cerrojos, pasadores: 
tal vez sin darse cuenta 
se refugió por fin en los espejos. 

El joven impasible 
que deglutía el tiempo sentado en los balcones, 
ya no mira las águilas del alba, 
el crepúsculo incierto. 

La señora soprano ya no entona cantigas, 
endechas, misereres: 
una callada niebla recorre los pasillos 
y se instala en las altas escaleras. 

El amable rabino se acostó con sus padres, 
y vio tal vez al Ángel entre lenguas de fuego. 

El señor escribano 
se fue con la corriente de los meses. 

La anciana de los fondos 
no convoca a la suave mandolina: 
ya no llama a las puertas, 
no pregunta la hora como antes. 

Y el perro de mi infancia ladra y ladra, 
como ayer, como hoy, como mañana.
La hora improbable

						
La hora estaba ahí, como alusión, como promesa. 

El momento inasible, la hora incierta, 
que anunciaba el derrumbe de los trajes, 
el ocaso de cascos y jinetes. 

El tiempo transcurría bajo un cielo difuso, 
y esa hora 
no llegaba a instalarse entre nosotros. 

Pero a tientas nosotros esperábamos. 

Cada día esperábamos, 
         cada brizna de polvo, 
                  cada oscura gaviota, 
	                           cada insomnio. 
Visión 24

						
Abandonado en campo raso, 
ese pañuelo diminuto 
sólo espera un milagro, una señal, 
una canción de cuna. 
Visión 27

						
Asciende hacia la lluvia, 
hacia el sol, hacia el cielo. 
Y se arroja sin norte, sin oeste, 
sin arriba ni abajo, sin espejos ni flores. 

Es él, aquel que vuela sin semblante ni espalda.
Visión 28

						
Pasa un carro tirado por caballos: 
Un carro de otro tiempo, 
y caballos sepultos por las olas. 
Sobre el carro va un hombre derrotado 
por una densa niebla, por el impuro olvido. 
Visión 29

						
Las águilas volaron hacia el lecho del mar, 
y los últimos perros ladraron extenuados. 

Las gaviotas huyeron, y cesaron los vientos. 
Enmudeció el rocío, enloqueció la piedra. 

Los jaguares perdidos cayeron hacia el fondo, 
y las últimas vacas mugieron largamente.

La inclusión de estos poemas de Máximo Simpson en Poéticas es una atención de Julio Carabelli arbecon@hotmail.com