Nazim Hikmet

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PALABRAS PRELIMINARES

«Soy poeta,
silbando voy por las calles
y dibujando en las paredes
mis poemas en forma de rayos...»

       Desde 1918 hasta su muerte, o sea, durante casi 47 años, Nazim escribió poesía, novelas, cuentos, crónicas y teatro. Fue, ante todo y por encima de todo, un poeta.

       Hikmet, que tenía alma de luchador, aguantó las inaguantables tempestades de la vida, pasó la mayor parte de la suya en la cárcel, y fue fiel a todo lo que creyó justo, aunque estuviese equivocado. Nazim murió en Moscú el 3 de Junio de 1963. Solamente se conocen con exactitud las obras publicadas en Turquía, es decir, desde que empezó a escribir hasta su huida. Sus obras publicadas en el extranjero no han podido ser determinadas con absoluta exactitud.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

       Nació en 1902 en Salónica ciudad hoy griega, que vio nacer igualmente a Mustafá Kemal Atatürk. Su padre fue Hikmet Bey, antiguo director general de prensa, y su madre, una buena pintora: Celile Hanim.

       Estudió en el Liceo Turco de Enseñaza Francesa de Galatasaray primero y en la Academia Naval después. En 1920 fue enviado o se marchó (este punto sigue sin esclarecerse con exactitud) a Rusia, donde estudió ciencias políticas en la Universidad de Moscú. Regresó a la madre patria en 1928. Además del turco conocía perfectamente el francés y el ruso.

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Nazim Hikmet

POEMAS
Autobiografía

					
Escrita en Berlín Oriental el 11.9.1961
Nací en 1902. 
Jamás he vuelto a mi ciudad natal. 
No me gusta volver atrás. 
A los tres años, en Halep, ejercité la profesión de nieto de Pachá, 
a los diez y nueve la de estudiante de la Universidad de Moscú, 
a los cuarenta y nueve otra vez en Moscú: 
y desde los catorce años escribo poesías. 
Hay hombres que conocen mil variedades de hierbas, otros 
conocen variedades de peces, 
       yo, de separaciones. 
Hay hombres que saben de memoria el nombre de cada estrella, 
        yo, el de las nostalgias. 
He dormido en las cárceles y en los grandes hoteles. 
He pasado hambre. Casi no existe plato que no haya probado 
        incluido el de la huelga del hambre. 
A los treinta años han querido ahorcarme, 
a los cuarenta y ocho quisieron concederme la medalla de la Paz 
        y me la concedieron.
A los treinta y seis, necesité seis meses pera recorrer 
cuatro metros cuadrados de sombrío hormigón. 
A los cincuenta y nueve, en diez y ocho horas volé 
desde Praga a La Habana. 
En 1951, en un mar, en compañía de un amigo, 
anduve sobre la muerte. 
En 1952, con un corazón cascado, tendido sobre la espalda, 
esperé a la muerte más de cuatro meses. 
Fui locamente celoso de las mujeres a las que amé. 
No le tuve ninguna envidia a nadie, ni siquiera a Chorlot. 
Engañé a mis mujeres. 
Nunca hablé mal detrás de mis amigos. 
He bebido, sin llegar nunca a borrachín. 
Siempre con el sudor de mi frente 
gané mi dinero ¡Qué suerte pera mí! 
Sentí vergüenza ajena. Mentí. 
Mentí por piedad. 
Pero nunca dije mentiras porque sí. 
He subido en tren, en avión, en coche. 
La mayoría no lo consigue. 
He ido a la Ópera. 
La mayoría no consigue ir 
      a la mezquita, la iglesia, el templo, la sinagoga, los hechiceros; 
ni siquiera ha oído hablar de la Ópera. 
Sin embargo, desde los 21 años no voy 
a muchos de los sitios adonde va la mayoría, 
      pero suelo hecerme leer el porvenir 
           en los posos del café. 
Mis escritos están impresos en cuarenta idiomas 
y prohibidos en mi Turquía, en mi propia lengua. 
No tengo aún el cáncer, 
tampoco es obligación padecerlo.
Nunca seré primer ministro o cosa perecida, 
tampoco me gustaría serlo. 
No fui a la guerra 
pero tampoco bajé a los refugios en medio de la noche. 
No me arrastré en las carreteras 
huyendo de los aviones que vuelan a ras de tierra. 
Cerca de los sesenta me enamoré. 
En pocas palabras, amigos míos 
aunque esté hoy en Berlín, muriendo de nostalgia, 
      puedo afirmar 
      que he vivido como un hombre. 
En el tiempo que me queda por vivir 
         ¿qué podrá ocurrirme aún? 
           ¿Chi lo sa ?
El sauce llorón

						
Corría el agua 
reflejando a los sauces en su espejo.
En el agua los sauces levaban su cabellera.

Golpeando encendidas espadas desnudas contra los sauces
los caballeros rojos galopaban hacia donde el sol se hunde.

¡De pronto, 
    como un pájaro
       tocado en el ala, 
un jinete herido se desplomó de su caballo! 

No gritó. 
No pidió que tornaran a los que seguían.
¡Solamente, con los ojos llenos de lágrimas, contempló 
las herraduras centelleantes de los caballos que se alejaban!

¡Ay qué triste 
    qué triste es pera él 
no poder ya inclinarse sobre el cuello espumoso 
de los caballos galopantes, 
no blandir ya el sable tras los blancos ejércitos!

El rumor de les herraduras se apaga poco a poco. 
Los jinetes se pierden ahí donde el sol se hunde. 
Caballeros, caballeros rojos caballeros, 
cuyos caballos tienen alas de viento, 
caballos con alas de viento 
caballos de viento 
caballos 
caballo 
como los caballeros con alas de viento la vida ha pasado!

Enmudeció el agua que corre. 
    Sombras cayeron sobre las sombras. 
    Se borraron los colores. 
Velos negros descendieron 
      sobre sus ojos azules. 
¡Se inclinaron los sauces 
        sobre 
          sus rubios cabellos!

¡No llores, sauce, 
       no llores!
No implores ante el espejo del agua negra, 
          no implores, 
          no llores!
Traducción de Soliman Salom, 1970
De "Nazim Hikmet: Antología", Alberto Corazón, Editor, 1970, Madrid

Publicado inicialmente por la Universidad de Chile Facultad de Ciencias Sociales
El autor de la semana - 3 al 9 de noviembre de 1997