Nora Didier de Iungman

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PALABRAS PRELIMINARES

Poesía: ser, existencia y locura

Voy a tomar tres rasgos distintivos de la poesía que, entiendo, la definen por sí solos: su comunión con el ser, la genuina simbiosis con la existencia y su cercanía absoluta con la locura (entre comillas). Y lo considero así desde el acto creador (y el creador), la creación y el que espera detrás, en el encuentro, en el acto gratuito que significa todo poema. El proceso lírico es un don, un privilegio (porque -como dice Páscoli- "poeta es aquel que expresa la palabra que todos tenían a flor de labios, pero que ninguno había sabido expresar"), del cual goza el poeta, mundo íntimo que compromete todos los espacios del ser; es también en cuanto creación, un hecho individual, manifestación de un ser humano ubicado en un contexto histórico y en una sociedad. Pero lo que el poeta ve más allá de esa "cáscara", que en cierto modo lo determina, está fuera de los límites geográficos o históricos, porque el creador se ocupa de aquello que pertenece al orden de lo universal; la categoría de lo universal es premisa básica de la poesía. He aquí la primera relación con el ser. De la experiencia particular del poeta, se llega a lo universal. El poeta le afirma al material cuidadosamente moldeado, la intención de ser un resonante para todos los hombres, de todas las épocas, más lejos del aquí y el ahora circunstancial, como inmerso en el Tiempo, en eterno presente que se reactualiza y vigoriza con cada nueva recepción. La poesía se remite al reino de las esencias y ese reino no conoce ni tiempo ni espacio; es verdad del ser, óntica verdad que no sabe de fronteras. Todo hecho poético representa un acontecer estético y específicamente ético. El poeta escucha las voces del ser y las transfigura a través del lenguaje; más que ello: muestra el estado de transfiguración de la naturaleza; da a las palabras una virtud muy allegada a la magia. Él se halla situado en el fondo que lleva de la sensibilidad a la sensibilidad. Si la poesía conduce a una zona sagrada, un todo que tiene de por sí un poder de magia y encantamiento (Octavio Paz dice que "la poesía es la memoria del pueblo y la gran creadora de fantasmas"), su lenguaje es asimismo totalitario, es decir, abarcador, y se otorga una razón absoluta. La palabra poética adquiere su propia identidad gracias a una voluntad creadora que le arrima su cabal espacio semántico y su valiosa intensidad. El poema no "habla" sobre el mundo, no "dice", sino que se equipara al mundo porque expresa "su hacerse constante", revelación de la existencia en movimiento. El poeta, en su libertad, convoca a las palabras, las transforma en la viva percepción de imágenes, de sugerencias, de zonas vedadas. Allí se da entonces la verdadera mutación, que siempre es distinta, es otra, del material que aporta la realidad humana; material que es captado, experimentado, hecho poesía, según la particular, sola manera del poeta.

El poeta concibe un universo, su actividad lúdica semeja el juego del niño (interpretar el sentido); su núcleo de significaciones se corresponde a un lenguaje de símbolos que necesitan ser desentrañados, y sus ojos están muy abiertos, son conocedores de la intimidad del mundo: el creador ve la vida en toda su amplitud porque desconoce la visión estrecha. El alcance ontológico del poeta es penetración inmediata, intuitiva y emocionalmente elaborada, que responde a una búsqueda permanente del fundamento último. El acto creador se presenta en la esfera del arte, en forma de trance, de compromiso (palabras que también se aplican a otros momentos críticos en la vida del hombre: la muerte o el amor), en relación con la urdimbre o textura primigenia (magia, mito, utopía, éxtasis, locura); significa un descenso a los abismos, al nudo conceptual que es origen y desarrollo, génesis virtual que solamente se expresa a partir de la palabra - grito, eco de un énfasis subyacente. Hablo de la intensidad y si reúno totalización, intensidad y pathos, me acerco a los límites, aquellos que utiliza el hombre común para establecer y diferenciar campos: transgresión ¿locura?

Dije ya que la mirada del poeta es intensa, profunda, especial, que compromete su existencia entera, es de hecho, una forma de vida, porque la intensidad consiente lazos con la transgresión y con el concepto de libertad; a su vez, si en el orden estructural la función poética tolera, exige, la transgresión sistemática de las reglas, ilógico es que quien las asuma sea una transgresor. Resulta claro que la palabra es el comienzo de la condición humana, que apunta a la vida y a su permanencia. La poesía, en tanto es manifestación honda del ser y se vale de la palabra, recibe de ella sus connotaciones, y representa una forma del éxtasis por el estado de tensión y de conmoción que implica, una suelta de fuerzas (de diferentes grados de potencia), que nacen y se prolongan en ambos polos del poetizar; es una salida del Yo (de los límites del Yo), una urgencia expresiva, y producto en consecuencia de una goce cognitivo, existencial, en este sentido: una catarsis y una especie de superación. Insisto en la pregunta: ¿es locura? Yo creo más en una transgresión: salirse de fronteras en ejercicio de una libertad, independiente de cualquier reducción que encierre prejuicios, normas, superficialidad; se estrechan de tal manera los vínculos entre los términos: vocación y transgresión.

Cierro mis palabras con un fragmento extraído de El sueño de una noche de verano (Shakespeare): "Los cerebros de amantes y de locos arden siempre, y son sus fantasías tan creadoras que ven lo que no entiende el sano juicio. Lunáticos, amantes y poetas, de su imaginación tan sólo viven".

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Libros publicados

  • Poemas, 1988.
  • Mínimo designio de memoria, 1992.
  • Repetición de los náufragos, 1993.
  • Espacio gestual de la ternura, 1995.
  • Y la luna allá, en lo alto, 1997.
  • También plaquetas y antologías.

Premios y distinciones

Ha obtenido numerosos premios y distinciones.

Congresos, Festivales y Ferias

  • Ha participado en numerosos congresos, encuentros de escritores y ciclos poéticos realizados en distintas ciudades de la Argentina.
  • Ha integrado mesas de lectura en el Festival Iberoamericano de Poesía de Rosario.
  • Ha sido expositora sobre Revistas Literarias grupo APOA y otros, Buenos Aires.
  • Ha sido invitada en diversas ocasiones a exponer en la Feria Internacional - Libro,
    Del Autor al Lector, Buenos Aires.
  • Ha presentado ponencias en el Primer Congreso Abierto de Poesía Argentina (Sociedad SADE) Buenos Aires.
  • Miembro Activo del Panel de Escritores Santafesinos con el escritor africano Pius Ngando Nkashama

Audiovisuales

Ha integrado y presentado distintos audiovisuales en diversas ciudades del país.

Jurado

Ha sido jurado en diversas oportunidades.

Membresías

  • Miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Santafesina de Escritores
  • Secretaria de Redacción de la "Gaceta Literaria" de Santa Fe
  • Miembro de la Comisión Directiva de la Asociación de Poetas Argentinos
    (APOA), Buenos Aires
  • Miembro de la Asociación Internacional de Mujeres Periodistas
  • Coordinadora de la revista "Punto de encuentro", escuela Dante Alighieri.
  • Integrante de programa cultural Radio "Santo Tomé", FM 91.1.

Otras actividades

  • Ha publicado sus trabajos, presentado y reseñado numerosos libros, tanto de poesía como de narrativa y ensayo.
  • Bachillerato para adultos en diversos establecimientos educativos
  • Profesora titular en la Escuela Dante Alighieri

.

Nora Didier de Iungman

POEMAS

II
      
No es decente acariciar
con precisión
el frío perfil de las estatuas.
No es decente tener
entre los dedos
el llanto impersonal
de su hermosura.
En verdad
es necesario guardarlos allí:
donde duerme
con custodia
el horizonte.
Esbozando quizás
la más tímida condena.
      
X
      
Nuestra soledad ha cesado, amor,
mientras terminábamos de mendigar
el alimento.
Y los dioses han decidido
la transformación del ciclo,
esa lógica procesión de blancos hilos
que nace sin pared
de pasos demorados.
Cantares de tu sombra
ya no-soledad, amor,
arriman la noche,
alguna matriz -recién descubierta-,
el árbol
(tan lleno de adhesiones),
y la palabra
ahora ternura
de la vida.
      
EL PASAJERO
      
El dios que nos contempla
adormece los bordes
de la herida.
Bebe por dentro el riesgo
de andar la fronda líquida
su legajo de iniciado
o de valles
acaso entre vapores.
Algo de su red melancólica
silencia antiguos labios
de arlequines
blasfemando.
No está solo: una luz indecible
le nombra los párpados
como esfinge que talla
un dulce entorno.
El dios que nos contempla
sabe mucho. Sabe mucho de la voz
que avanza espacios
en el náufrago.
Sabe que no basta el sonido bondadoso
de las aguas
ni su vuelo entre dos historias blancas.
Otra vez habrá que pronunciar la palabra
casi nacida
detrás de las palabras:
aquellas lentas articulaciones
que tocan cada signo del amor.
Y después
esa memoria sensible
de la esclavitud.
     
CULTO A DIONISOS
      
Después
los días muertos irán a confundirse
con la gruesa piedra del olvido.
Ejercitados por un largo oficio
entre la pena y los capullos
testigos de la oscuridad.
Resbalarán entonces
la memoria de los cazadores
y el sorprendido vientre de las víctimas,
el claro sol, la palabra clara,
las altas curvas
y el acto final del amor
como universo oculto en el universo.
Y nadie podrá comprender jamás
que intrusos del coraje
lleven sobre sus hombros
aquello que no se comprendió.
O que regresen por el flanco abierto
de la hierba aún joven.
(Como esas pocas nubes
que sólo ponen sin lluvias
todo el cielo).
No puedo llorar piedad
sin orillas.
Ni cumplir la señal
de la súbita partida.
      
XVI
      
Se ha vuelto perdón
la lira de Orfeo
arrebatada sin espacio
por los clones de la noche.
Aún habla en sus oídos
aquella Eurídice de amor
repitiendo el llamado,
mientras los héroes seducen
armoniosos
el canto.
La tentación encadena al ojo que confía
y curiosamente cada lágrima de su cuerpo
exige ese mural
de prisión humana.
Claridad de la luz
y de la sombra,
asistido idioma
o habitante dudoso del amparo h.
Entonces,
¿cómo apaciguar al animal triste
que dialoga a solas
con la dulzura de pensarse
vivo?