Osvaldo Picardo

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PALABRAS PRELIMINARES

Sobre mi poesía

a. Como alguien dijo -alguien seguramente conocido y ya muerto-, "todo está dicho y llegamos demasiado tarde". De ahí que hablemos por boca de otros y sobreescribamos un poema infinito que nadie alcanzará a leer sino de a pedazos. ¿No es esa la primera limitación que debemos asumir? Lo nuestro es escribir entre comillas, citar, aún no sabiendo que citamos: "una cita es una cigarra, no calla nunca, retiene el aire y no lo suelta" decía.... Extraña cosa es que encontremos placer en una charla, siempre interrumpida, fragmentaria e incompleta, pero ¿no es eso el lenguaje poético: interrupción y reinicio? Entablamos un diálogo que se había roto por siglos o instantes, cambiamos de dirección hacia el silencio, desalentados, satisfechos, metafísicos o simplente triviales, y con todo ello, alimentamos esa larga amistad, esa "pura alegría" horneada en el fuego lento del dolor. Masoquismo literario y generosidad complacida ante el espejo del poema. Y siempre, una ruta de inicio, una ilusión desvanecida de la belleza, que da trabajo imaginar ante lo que no logramos. Ahí me reconozco y "soy otro".

b. La tarea del poema conduce muy lentamente –toda una vida- a una relación particular con las cosas, un modo de tratarlas y, sobre todo, de sentirlas y pensarlas: "Esa inteligencia ardiente" que "puede tomar y consumir una zona de la realidad e iluminarla"... Nunca hubiera sido posible ese mundo sin el texto. El poema devuelve una experiencia de la que no sabíamos del todo, o mejor aún, es la experiencia misma en perpetua aproximación. Y ¿si algo se aproxima, no es que hay una distancia y "la distancia no es la belleza del alma"? Es ahí, ahora, que "el creador legítimo tiende a ponerse a un costado de lo creado", y toma distancia. El pronombre vos en lugar de tú, la mirada asombrada y no el aburrimiento ante lo cotidiano, la ironía como resistencia contra la resignación, la naturaleza tan lejana en el vecino gorrión... Todo esto se aproxima al lugar del que el autor se aleja. Y ocurre que, otra vez, Titiro y Melibeo hablan de Roma...

c. "Un terremoto contínuo o una fiebre eterna" no permiten ni siquiera el pulso para afeitarse tranquilo. Por eso mismo, no es cierto que el sentimentalismo concesivo, ni las pequeñas diferencias narcisistas puedan considerarse una emoción poética legible: esa posibilidad del poema -a veces de un solo verso- de sacarnos de nuestro lugar, de destrozar todos los refugios. El trabajo transpirado con las ideas y con el lenguaje artesanal –por más realista o surrealista que fuere- necesitan de una inteligencia serena. "Es peligroso dejar escrito lo que está mal escrito".

d. La época y la poesía, el lenguaje y la historia, la naturaleza y el hombre son problemas, no temas. Aparecen desdibujados sobre una constelación de percepciones que empujan a hablar, pero no siempre se concilian con las exigencias del poema. "Poesía/ es lo que se está viendo". Pero las primeras palabras de lo que se ha visto no siempre quedan al principio del poema. Estuvieron en el final de una contemplación y en el inicio de una meditación, pero se desplazan irremediablemente hacia otros lugares del poema, o apenas son su evocación. Buscan siempre su "forma orgánica" entramadas a una ambigüedad que llamamos técnicamente metáfora, imagen, metonimia, fraseo métrico, tono, música de las ideas, etc. Y la ambigüedad es una paradoja: no cesa de aproximarnos a la extensión elástica de lo interpretable.

e. La poesía es "una complicidad que sobrevive". Resiste a pesar de todo y gracias a ese pesar. Pero también, ríe, se burla y juega, sin que le duelan los siglos. No vale de nada solemnizarla. Ella hasta nos disculpa la infamia de escribir.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Osvaldo Picardo nació en la ciudad de Mar del Plata, Buenos Aires, el 22 de noviembre de 1955. Actualmente reside en esa ciudad, donde enseña literatura y dirige la revista y colección La Pecera de Editorial Martin.

Libros publicados

  • Apenas en el mundo, 1988
  • Poemas con tu altura, Mar del Plata
  • Letras en una esfera armilar, 1991
  • Dejar sin ventanas la verdad, 1993
  • Quis quid ubi : Poemas de Quintiliano, 1997, reeditado en 1998
  • Una complicidad que sobrevive, 2001

Premios y distinciones

Fue becado por el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid, para realizar estudios en poesía contemporánea, durante el año 1995.
Premio del Fondo Nacional de las Artes del año 2000, por Una complicidad que sobrevive, 2001

Traducciones

Tradujo en col, 2001.

Publicaciones

Ha escrito artículos y ensayos publicados en revistas culturales y periódicos del interior y de afuera del país.

Otras actividades

Fue secretario de redacción de la revista "Propuesta", del CM de Mar del Plata, entre los años 1988 y1991. La misma volvió a editarse, bajo su dirección, desde 1997 a 1999, período en el que coordinó las actividades del Foro Cultural del Centro Médico de Mar del Plata. Produjo y dirigió el programa radial "El Otro Lado: diario de poesía", en 1994. Organizó el 1er. Encuentro Nacional de Poetas, Mar del Plata 1998, auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. De esa experiencia, surgió el proyecto Mapas de Poesía Argentina, del que fue editado con subvención del Fondo Nacional de las Artes, el "Primer Mapa de Poesía Argentina: Solicitudes y urgencias : Carpa y Tarja", con estudio preliminar del autor y antología de dichos movimientos del noroeste argentino en el período comprendido entre 1943 y 1957.

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Osvaldo Picardo
picardo@mdp.edu.ar

POEMAS
Del libro "Quis Quid Ubi", 1998
PICAFLORES

						
Antes de correr la cortina frente a las calas
la velocidad se congeló en el aire.
Primero fue uno borroneando las alas
en el hilo desatado ante un gladiolo.
El otro cayó al lado en rebote pausado
y giraron trenzando el tallo de la tarde.

No los habías visto hasta entonces.Luego
leíste/ que tienen corazones enormes 
para el tamaño diminuto de sus cuerpos.
Y también 
que mueren de quietud durante el sueño.
 
UN GALPÓN FRENTE A UN JARDÍN

						
El moscardón de panza amarilla
hace un firulete sobre una rosa
y se aquieta en un botón abrochando pétalos 
con sus patas.
Aquí está el nudo fuerte, eterno.
Sujeta la densidad 
de la menta.
El viejo sabe por aquel signo promiscuo 
que es época de anchoita y de vientos.
En el jardín flota la página arrugada 
en que a la hora de la siesta escribe
injertos y guías, márgenes del color:
tallo de lentitud.
Me escondo en el galpón entonces
para ver y escuchar.
Láminas de la luz de la mañana caen 
desde los entresijos
de un techo de ruberoide
en el reino mismo de las sombras.

Las cosas estaban ahí
al fondo
frente a un jardín cuidado.
Anidaban oscuramente felices.
De tan viejas, en aspecto y ser,difícilmente
pudieran pertenecernos.
Cacerolas negras, muñecos con un resorte 
flotando; agujas oxidadas en la medusa
calva de geniol; hornallas vesubianas 
de la cocina económica; herramientas 
con usos imposibles; botellas de Mr. Hyde 
a medio llenar;
y la bicicleta

Oigo su voz 
en un orden de macetas 
y paisajes cambiantes:
Se inclina sobre las azucenas,
viene hacia la hoja lustrosa del limonero,
y se detiene junto a la pasionaria.
Con este viento -murmura-, la menta
no se puede dejar sin atar.

El moscardón de panza amarilla despega
de la quietud de la rosa,
planea decididamente mi cabeza de ahora 
y se espanta 
zigzagueando
en la densidad histórica de las cosas.
 
EN UN VIEJO LABORATORIO DE FOTOGRAFIA

						
Hay una suma de cosas en la sombra que las ventanas clausuradas
dejan crecer desde hace años. Además del piletón, la ampliadora, 
el abrillantador, los frascos de ácido y la luz inactiva.Hay además 
ese presentimiento, el mismo de la primera revelación 
cuando la inexistencia tuvo un colapso y mil partículas
se concentraron en la historia de una sonrisa .
No es algo nuevo sino todo lo contrario, apenas si es algo.
Se parece a los bares oscuros del puerto entre putas 
y algún extranjero. No se trata de palabras ni de costumbres,
hay una suma de cosas flotando como cadáveres 
que nadie podrá identificar.
 
TERRITORIO ANIMAL EN EL JARDÍN DEL EDIFICIO

						
La has visto detrás de los vidrios del hall 
tejiendo sus idas y venidas en el paisaje de las estaciones,
un movimiento 
acompasando el otro,
sutilmente relacionados. 
Poco sabés acerca de esa tarea diaria con que organiza el mundo aquel,
ignorando la propiedad privada del jardín y los oficios temporales del jardinero.
Sabés 
que deja a la vista una red de senderos uniendo puntos distantes 
donde bebe furtiva,se rasca obscena y defeca con prolijidad.
Sabés también 
que oculta su memoria detrás del revés de sí,
anterior al espacio mismo en que la ves moverse.
Contiene -suponés, te lo impone- el secreto del universo, el big bang 
de las estrellas que de noche persigue.

Decidiste un día,para tu perdición, darle de comer y desde entonces,
por razones inciertas te reconoce entre los demás,
 muestra una forma descortés de gratitud 
con la que te culpa de algo,
 maulla detrás del ventanal al verte, como si te esperara desde mucho antes
y escapa de tu mano luego de provocar 
 el tacto desconcertante del deseo.
Otras veces, mientras esperás un taxi,observás su sueño, 
su eternidad indiferente ahuecando la tierra. 
Ese mismo lugar donde regresa desde la noche y desde el celo
con los ojos escapados hacia una contemplación sin límites.
Repite con todo eso  -podrías asegurarlo- 
un destino invisible
que a ella no le interesa anticipar en lo más mínimo.
 
Del libro "Una complicidad que sobrevive", 2001
ÚLTIMAS NOTICIAS

						
¿Para quién he inventado la resolana
del amarillo mar?
O ¿la carretera aburrida a través de los montes
y el baile apurado de tu pelo
con la música de una ventanilla abierta?
O ¿las hélices inverosímiles del colibrí
inverosímil?
O ¿el encuentro arrugado de violeta
en el papel metálico del amanecer?

¿Para mí solo en el parloteo infinito
de los detalles dudosos?

Persistirán después -estoy tan seguro-
las causas reveladas
en el ojo en vuelo de un empecinado insecto.
La flor apenas abierta, la basura al sol
y el deseo renovado.
¿Por qué creer en un parpadeo
y soportar algo tan viejo e innecesario?

"Te amo"me oigo decir a tu oído.
Y me veo inventando de nuevo
el mar, el amanecer, el colibrí.
O algo mejor:
una complicidad
que sobrevive.
 
A TURTLE´S DREAM

					
"And I can swim the ocean
and it´s deep and wide
and in the house above me abide"
 Abby Lincoln
Como el de la tortuga es este sueño 
y puedo nadar en el océano tan lentamente
ancho y profundo.
Y lo pienso y me sorprendo
de cómo ha venido a suceder.
En la lentitud habito mientras tanto, 
y me hundo:
debajo está mi casa.
En las gordas burbujas que me reflejan
entre corales y fulgores sólo yo me veo.
Para ningún otro existo.

Apretado en el silencio de un puño
vacío curioseo en las cuevas. Busco 
tesoros escondidos conociendo
que no existen. Algas como piernas 
y elástica presunción 
del revés de las aguas. 
Lo demás no lo entiendo: sólo pasa.

Podría algún día soportar otro sueño 
y no de esta manera 
en que me olvido flotando en tus manos
la prehistórica coraza de un conciliado
reptil que bucea. Soñarme, por qué no,
pulpo ligero o calamar en su tinta. 
Y si hay hambre, sopa de cangrejos 
o langosta en la trágica cacerola.

No es más que abandono 
enrollado 
a tu almohada y hundida mi cabeza.
Verosimilitud cursi de otro reino,
insoportable de tan real e inútil.

Pero como la tortuga nadar puedo
lentamente en lo profundo y ancho.
Decir, imperdonable, por ejemplo:
naufrago dulcemente en este mar
y dejar que sólo vos me veas
tan ridículo poeta
soñando en seco.
 
UNA CASA

					
"Once it held laughter
Once it held dreams
Did they throw it away
Did they know what it means..." 
T. Waits
La sala había sido construida 
con las geometrías impalpables
de los cuatro vientos. Con un vestíbulo
chiquito, una escalera
de un par de peldaños y a cada lado
una pieza. 
La casa fue desenterrada en Tell Madhur.
Había restos de madera carbonizada 
una noche de invierno
de hace casi seis mil quinientos años.
Dos ollas pintadas, un mortero tallado,
una cuchara abandonada sobre una mesa,
una azada que hablaba del campo
amarillo de trigo.
Y esa urna debajo de la cama 
con los huesos de un niño.

Habrías visto aquí una razón para vivir,
con una ventana igual a esa 
a través de la cual llega el olor áspero 
del agua salada con su grabado de olas.
Y enterrada como la casa, ella
-como lo sabe hacer- se habría llevado
lo escrito y lo aún sin escritura,
apretando tus piernas con sus piernas.

Hubieran reido juntos y llorado 
alguna vez junto al fuego de la cocina 
o ante la puerta cerrada
y sabrían lo que significa esa urna
debajo de la cama.
 
SAGRADAS ESCRITURAS

						
Un graffiti cursi en cal sobre piedra 
dice "Marisol te amo".
Otro encierra 
en un corazón de escudo el nombre 
Florencia y... 
la y de una pausa desmedida.
Se supondrá la pelea o el apuro
con que huyeron el escriba 
anónimo y su amante
a las selvas del silencio. 

Con las nochecitas de verano, 
en los paseos enredados a la costa,
es apropiado escribir en las piedras
el testimonio durable de una situación 
inconstante.
Se enfrían, al mismo tiempo,
los filamentos de la luz de las calles
cuando amanece
y también los sonidos de sus voces.
Los de esos nombres escritos
quedan largamente demorados 
detrás del que oía y ahora no oye.
Lo mismo fue sobre la piel de un becerro,
el pergamino de una oveja, 
el rollo de papiro o el libro,
desde el considerando,
el habida cuenta y el archívese:
Una imperfección que anda con lentitud
los caminos ligeros del momento.

Con las nochecitas de verano, 
mientras el mundo, al fondo, 
se vuelve una escritura repetida, 
algunos, sin pensarlo, desatan la diferencia. 
Una boca repite y otra besa.
 
ZORZAL

						
Los despierta o les recuerda algo
enredado en los hilos de una almohada.
Monótono de silbos, invisible
en las copas tupidas.
Se hace costumbre tanto
que ya se lo espera.
Lo ves cruzar como una serpiente 
desde un tiempo anterior, brumoso,
y volvés a pensarte en la persistencia
con que el viento ensaya sin fin.
La ciudad también, con él, se hunde
entre pliegues de metal fundido y chispas.
Suelta ese olor a mar fuerte del sudeste
que te excita y repele desde que eras un chico
y lamías la sal de tu brazo 
sin imaginarlo demasiado tuyo.

Desde más alto sólo verías un mapa en azul
brillando contra una mancha negra.
Una partitura. Él verá una partitura
llena de notas y rincones inapelables
donde no figuran tu cuerpo 
de pie junto a la ventana
ni el de ella saliendo del baño 
con la bata suelta. El vestigio de ayer,
hoy ni mañana.

Él retoma su eco. Lo vuelve a iniciar
cortito y feliz. Una y otra puntada de aire
en la costura infinita del silencio.
Sísifo. Sísifo. Sísifo
con un fondo de motores, sirenas y palabrerío.
Oye, busca al otro, puntada sin hilo,
respondiendo. Y a veces no sabe si no es él 
su misma respuesta.
 
Inéditos
OTRA VEZ VENECIA

						
Por todas partes, iglesias y palacios
de un lujo descascarado que mucho importa a esta hora.

Las mareas respiran en el sembradío de los palotes
y las góndolas se acuestan recordando sobre el barro púrpura.

Una red de cosas viejas retiene chismes, pasos, agua 
que va, chasquidos de dentadura en una mesa de la Piazza.

En el arco voltaico de la noche hay una trampa,
en agonía romántica se hunde la unidad flotante.

Hay una continua despedida que deshiela los puentes
y se disuelve en  el gesto de un oriente imaginario.

No es el futuro, más irreal que nunca, que nos separa:
una lancha iluminada cruza el canal y el sueño.

¿A dónde se irán las imágenes de los espejos?
No es ésta tu desnudez de ayer con la quietud de una llama

tampoco hay mayor sorpresa cuando el mundo se hunde.
Venecia, 1996
 
TARAB DE AUSENCIA

						
Voló entre las cortinas al sólo lugar por vos visto,
al punto que se volvió encuentro.

Antes -que es siempre- con los ojos que te conocieron,
leyó o preguntó a los otros viajeros: 
A Ziryab el pájaro negro
a Abur Bakr al Turtusi y a las no menos
enigmáticas siete mil cautivas de Barbastro.

Demoró su mano con Ben Ammar jugando
"lo blanco a lo blanco y lo negro a lo negro"
en una partida de amor desesperado. 
No faltó un ciego Muqaddam de Cabra
con su collar de perlas, ni las escritas paredes 
ni los ágiles acróbatas del agua,
presos en las páginas de la Alhambra. 

En el salario ridículo de las palabras
dejó caer el espejo fugitivo de su lengua
en la noche blindada de la berenjena
y la dormida lujuria del damasco,
en la armadura falsa del alcaucil
y la curiosa minucia del azafrán.

Al viento, sin objeto ni camino,
en las callecitas enredadas de la Córdoba Omeya
y en los campos beduinos del Yemen
una y mil veces buscó tu cara
sin encontrarte ni perderte. 

Ningún pájaro supo recordarlo
y todos, sin embargo, allá volaban.
Melilla, 1995 -1999
 
BLUES DE SEPTIEMBRE

					
es donde por vez primera me enamoré de la irrealidad 
									  L. Ferlinghetti
Fue en este mes, en el puerto, que la viste 
entrar a un café que demolieron hace años. 
“En realidad no sé” respondiste cuando preguntó 
por una dirección que vos conocías demasiado bien. 
Y salieron juntos, caminaron por la banquina, 
y cayeron en el vórtice de una irrealidad 
Repitieron una ficción en que la única certeza 
fue su cuerpo llenando tu boca al nombrarla. 
Sin el café, pero como entonces, el mes se parece. 
Sobre la cubierta de madera hecha piedra por la sal 
el lobo de mar abre una noche filosa en su otra boca 
y por su piel de aceite resbala la modorra del puerto. 
Un barco también espera fuera del agua la reparación 
hasta desaparecer entre latas y recuerdos. 
Dos términos en una múltiple metáfora y un hecho sólo. 
Un ahora y un ayer haciéndose el amor entre las ruinas. 
 
UN BLUES DESPUES DE LA FIESTA

						
Alguien debe estar lavando todo eso, debe ahora blanquear 
pisos y manteles, quitar manchas que parecían de sangre, 
callar las voces de los borrachos, ordenar cubiertos 
y aceptar las cosas como se presentan hasta que vuelvan 
a presentarse como fueron aceptadas. 
En esa clase de fiestas las huellas deberían delatar a sus invitados, 
como una sombra independiente de su luz, 
deberían volver del vacío de su final, entre sobras de comida, 
botellas vacías y dispepsias del día que aún no amanece. 
Pero en el silencio de la madrugada están apareciendo 
bandadas de teros que cruzan largamente la ciudad 
y también un hombre negro y sin edad 
que saca algo luminoso de su maletín. 
A esas horas todas las ciudades entran en la eternidad 
y en la radio del taxi del que él bajó hace apenas un instante, 
se oye todavía a Parsons en medio de un “time is flowing like a river”. 
Es un momento después de la fiesta, 
cuando todas las fechas de una vida dejan de importar como antes 
y el negro apoya sus codos sobre la baranda, mira el Río de la Plata, 
enciende un cigarrillo y puede ser que diga: 

Siempre he sido uno de los grandes, antes que esos tipos listos que escriben
libros lo supieran y también después de que hayan dejado de decirlo, y si me
muero mañana,  no encontrarás en mis bolsillos dinero suficiente para pagar
mi entierro. Pero soy  Billy Swann, y cuando yo me muera no habrá nadie en
el mundo que haga sonar esa trompeta como lo hago yo 

Podría decirlo pero no lo dice (está escrito en una novela de cierta fama). 
El prefiere desnudar el saxo en la bruma de la costanera 
y tocar como lo haría Parker o Coltrane, esta vez, sólo para sí mismo, 
porque la fiesta terminó y la música sigue, 
surge de una germinación de cadáveres bailando en el río 
mientras los invitados duermen y la ciudad se vuelve 
un cementerio sin flores. 
 
EN UN VIEJO LABORATORIO DE FOTOGRAFÍA

						
Hay una suma de cosas en la sombra que las ventanas clausuradas 
dejan crecer desde hace años. Además del piletón, la ampliadora, 
el abrillantador, los frascos de ácido y la luz inactiva. Hay además 
ese presentimiento, el mismo de la primera revelación 
cuando la inexistencia tuvo un colapso y mil partículas 
se concentraron en la historia de una sonrisa . 
No es algo nuevo sino todo lo contrario, apenas si es algo. 
Se parece a los bares oscuros del puerto entre putas 
y algún extranjero. No se trata de palabras ni de costumbres, 
hay una suma de cosas flotando como cadáveres 
que nadie podrá identificar. 
 
ÚLTIMAS NOTICIAS

						
¿Para quién he inventado la resolana 
del amarillo mar? 
O ¿la carretera aburrida a través de los montes 
y el baile apurado de tu pelo 
con la música de una ventanilla abierta? 
O ¿las hélices inverosímiles del colibrí 
inverosímil? 
O ¿el encuentro arrugado de violeta 
en el papel metálico del amanecer? 

¿Para mí solo en el parloteo infinito 
de los detalles dudosos? 

Persistirán después -estoy tan seguro- 
las causas reveladas 
en el ojo en vuelo de un empecinado insecto. 
La flor apenas abierta, la basura al sol 
y el deseo renovado. 
¿Por qué creer en un parpadeo 
y soportar algo tan viejo e innecesario? 

“Te amo” me oigo decir a tu oído. 
Y me veo inventando de nuevo 
el mar, el amanecer, el colibrí. 
O algo mejor: 
una complicidad 
que sobrevive. 
Del libro “Una complicidad que sobrevive” (2001)
 
VARIACIONES SOBRE UNA BIOGRAFÍA DE ONETTI

						
I
Onetti recorre Memphis
Te dijeron que ahí estaba la tumba de Faulkner, 
pero era en otra ciudad llamada también Memphis. 

Te dijeron o lo leíste 
que volaban demonios sobre una cruz blanca 
en un prado verde y que habría otros nombres 
como en Spoon River. 

Lo leíste o te dijeron que estaba muerto 
pero a vos te consta -nadie te lo contó- no había tumba. 
Un artista es una criatura impulsada por demonios. 

Lo leiste y en la lectura solitaria -qué otra cosa- 
mezclado a un nombre egipcio y a un país raro 
caminaste equivocado una mañana 
buscando a otro desaparecido. 
II
(la vida imita a la literatura)
onetti nos destroza
“...nos hace llorar, nos pone tristes” 
dice una boca de cereza de la University of Berkeley. 

A veces, el tema tiene la belleza de una estatua griega, 
tiene esa emoción que endulza 
como un beso de bolero 
y tiene esa mentira 
que no es sino un recurso desesperado 
con que puede tragarse el fondo más amargo. 

A veces y entonces, un tipo dentro, un demonio 
se sube a la mano que antes acariciaba 
y desgarra y viola y asesina. 

Y dice: 
“es así la literatura”. 
 
Osvaldo Picardo y Editorial Martin, Mar del Plata, Bs. As., Argentina

La inclusión de BLUES DE SEPTIEMBRE, UN BLUES DESPUÉS DE LA FIESTA y VARIACIONES SOBRE UNA BIOGRAFÍA DE ONETTI de Osvaldo Picardo en Poéticas es una atención de Julio Carabelli arbecon@hotmail.com