Pablo Montanaro

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PALABRAS PRELIMINARES

Escribo porque no concibo mi vida sin esa muestra de revelación, juego, sufrimiento, pasión, goce que es la escritura. Todas las veces que enciendo la pantalla de mi computadora o cuando vuelvo a acariciar las teclas de mi vieja máquina de escribir Olivetti, recuerdo aquellas palabras de Cesare Pavese "la única alegría en el mundo es comenzar".

Creo que concebir el poema tiene que ver con un estado general. Quiero decir que en ese espacio, en ese tiempo de escribir, de trabajar la poesía, conviven una gran cantidad de estados conscientes o inconscientes que tienen que ver con la inspiración, la necesidad de revelar, de crear una historia, una imagen, poner la marca de idealismo, cuestiones de la existencia misma. También lo físico tiene mucho que ver. Resumiento, en cuanto a la obra poética creo estar hablando de tres instantes: la necesidad , la inspiración o ese instante que debe ser reflejado o bien susurrado mediante palabras y el trabajo.

Juan Gelman fue el poeta que me hizo descubrir dónde estaba la poesía o dónde podía yo encontrarla. Recuerdo el estremecimiento que me produjo ese maravilloso primer verso del poema "Gotán": "esa mujer se parecía a la palabra nunca". Paralelamente a ese encuentro aparecía entre mis manos la obra poética de Oliverio Girondo, que me parece que es la muestra más acabada de lo que es arriesgar en el lenguaje, en lo estético. Igual César Vallejo. Y después comenzaron a acumularse sobre mi escritorio los libros de Raúl González Tuñón, Francisco Urondo, Pizarnik, desde Baudelaire hasta Rimbaud, Apollinaire, Eluard, Paul Celan, Ezra Pound. T.S.Eliot, Cesare Pavese, Roque Dalton, Octavio Paz. Y un párrafo especial -o todos- para la obra de Julio Cortázar, que en cada línea produce la emoción de hallar la belleza, la certeza de lo que uno vive, sueña o desea.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Pablo Montanaro nació en Buenos Aires, Argentina, en 1964. Es periodista.

Libros publicados

  • El fin vendrá a su tiempo (1988)
  • Seven Poems (1991)
  • El relámpago de su mirada (1992)
  • Ella (1994)
  • Tiempos jamás dibujados (1995)
  • el cuadernillo Oleajes (1999)

Antologías

  • Anuario de Poetas Argentinos 1989 (Ediciones del Dock, 1990)
  • Poetas Argentinos de Hoy (Fundación Argentina para la Poesía, 1991)
  • 70 Poetas Argentinos 1970-1994 (Edit. Plus Ultra, 1994)
  • Breve muestra de poesía contemporánea del Río de la Plata II (Bianchi Editores, Uruguay/Argentina, 1994)
  • Homenaje a Matsuó Bashó, Colección Hispanoamericana de Haikús (Casa Maya de la Poesía, Campeche, México, 1994).

Entrevistas

Es autor -junto a Rubén Salvador- de Palabra de Gelman (en entrevistas y notas periodísticas), publicado por Ediciones Corregidor en 1998.

Premios y distinciones

Al ser premiado en el Concurso Nacional de Poesía Año Internacional del Che Guevara, en 1997, integra el libro editado en 1999 por la Multisectorial de Solidaridad con Cuba.

Colaboraciones y conferencias

Colabora en diversas publicaciones literarias del país (Generación Abierta a la Cultura, El Duende) y del exterior (Ko'eyú y El Ateneo de Venezuela).
Dictó conferencias en Buenos Aires, Santiago de Chile, La Habana (Cuba) y Colonia Suiza (Uruguay).

Otras actividades

Dirige la revista de poesía La Guillotina, publicación de la Asociación de Poetas Argentinos (APOA).
Desde 1990 coordina Talleres de Escritura Poética.

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Pablo Montanaro

POEMAS

evidencias
         
se vive en la mirada/ o se respira el olor a lluvia/
aunque más allá permanezca oscuro/ y todo
se asemeje a una simple fotografía/
que repite los mismos gestos/ o acaso
los fragmentos de una senda/ donde toda memoria
desaparece/
            
suena el instante de la lejanía/
en un poema escrito/
mientras uno se hamaca en medio de la vida,
y todo lo vivido acude/ ahora/
delineando el reverso del atardecer.
									
a plena voz
            
sereno asciende el cielo nocturno/
vuelan interminables apenas,
armónicamente- las banderas/
y el poeta, escribe
por encima de toda conciliación con los silencios.
									
de profundis
										
pregunta por el poema escrito
en el territorio de la derrota/ las hojas en blanco,
humedecidas por tanta ilusión puesta
en recordar ese perfil de palabras
               
ahora permanece solitario (aunque no lo parezca)
detiene sus pasos, mira la calle
y decide hundirse en el sueño
envolverse en la realidad
parecida al destierro
               
reconoce el camino por un largo muro
en donde la nocturna armonía avanza
                y el aire duele.
               
testimonio
               
en la tarde/ la visible
permanencia de los fulgores/
y la respiración cruzando los pliegues
del tiempo que pasa
               
en otro lugar/ lejos de aquí/
la imagen de un hombre
recorta la línea del mar,
                 una metáfora del sueño.
									
desnudez
										
en el origen mismo
al compás de las sonatas
y del viento
el exacto arco iris.									
          
mareas
										
a pesar de tu ausencia
enciendo lámparas/ (digo no
a la oscuridad/ fin al silencio)/
               
el mundo ya no duele/
pronto comenzará a amanecer/
									
cet amour
										
el fulgor de nuestros sueños/ la claridad
que se alza en cada latido, en cada pliegue
del tiempo que vivimos/
               
enciendes los fuegos/ crecen las delicias
y contienes las hermosas palabras del mundo/
expresión radiante del corazón enamorado/
espléndida habitas en mí/ cuando el día amanece
y el mar navega por tu pelo/
bella, real, única.
									
oleajes
										
palabras que empujan los cimientos del miedo
agitación/ claridades/
en superficie con forma de distancia/
indescifrable sensación la de reflejarse
en el vacío/ y del otro lado/
el juego con que nos alumbramos/
alargar las caricias/
reencontrarse con las fábulas/
con la realidad lenta que no acaba.
									
brisas
										
a medianoche encontramos el silencio/
               
la vida:
un rocío
que luego desaparece
con el rumor de los relámpagos.
									
íntimo
										
el sueño sin estaciones/
blancos signos del amor/
a tu lado/ tierno oleaje.
									
sucede
										
como si fuera una sed después del naufragio/
un perfume sobre el cuerpo recién amado/
la dicha sucediendo interminable.
									
caminos
										
los signos del instante/
descubrir en la escritura
el rastro de las visiones/
               
el viento desvanece lo real
e interminable del fuego/
               
un vuelo en el alba/ fuga/
atravesando el silencio
de las horas/
el vacío de las máscaras/
afilada blancura que se dispersa.
									
atardecer en los ojos
										
las montañas son testigos que protegen/
el agua del río/ claridad crepuscular/
nadie quiere dejar de bañarse
en la serenidad de su calidez/
y aparecen las gaviotas curzando sobre todos/
se posan en las piedras más altas/
juegan con la trascendencia de sus sombras/
y sobre el paisaje del río/ dibujan breves formas
de la ternura/
la serenidad del lugar inaugura saudades.
									

del libro oleajes