Sergio Rigazio

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DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Sergio Rigazio nació en Buenos Aires, 1957

Libros publicados

Poesía

  • Espejo Retrovisor , Puebla, 1979
  • Lo que cuelgan los lunáticos, Cuadernos de Villa Tranquila, Junín, 1984
  • Mandalas Bebop, Ediciones de La Pampa Chata, Junín, 1996

Novela

  • Los Pelados, Beatriz Viterbo Editora, Rosario, 1999

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Sergio Rigazio
sergiorigazio@hotmail.com

beatcincuentaysiete@hotmail.com

POEMAS
El boxeador

						
Están sentados unos metros delante de mi asiento. 
El tiene cara de boxeador, 
o sea, tiene una típica nariz de boxeador 
y le faltan algunos dientes. 
La mujer viaja a su lado con un bebé en los brazos 
y detrás van sus dos hijas. 
El besa al bebé, le acaricia la mejilla a la mujer, 
y al instante está levantándose sobre el respaldo 
de su asiento, mira hacia atrás, 
le da un pañuelo a una de las nenas, 
le dice que se limpie la nariz 
y toma una mano de la otra y se la besa, 
y la hija mayor, la del pañuelo, 
ella también le demuestra que lo quiere 
y le pasa la mano por el pelo 
y él se la retiene ahí, con su propia mano 
y los tres sonríen, 
los tres tomados de la mano. 
Y yo observo las manos del tipo, 
pienso que con esas manos debe pelear en clubes de mala muerte, 
con esas manos golpea la mandíbula de tipos como él, 
con esa misma nariz, 
ese mismo brillo de sábado a la noche en los ojos. 
Ahora vuelve a sonreírle a la esposa, 
y vuelve a besar al bebé, 
porque es su hijo varón 
y el tipo está realmente feliz 
mirando por la ventanilla las luces de la ciudad 
y señalándole cosas a las hijas, 
tal vez la cruz de neón de la iglesia de San Cayetano 
o algo por encima de los monoblocks del Fonavi. 
Entonces yo también miro hacia fuera, 
afuera es sábado a la noche, 
le tomo la mano a mi hija 
y siento que la humanidad todavía se sostiene 
en algunas estupideces santas como el amor.
Pensamientos sobre el no-hacer

						
Así es como se hace 
un asado: 
no haciéndolo. 
Te servís un vaso de vino, 
otro 
y otro. 
Te ponés un pantalón de tu suegro, 
para no ensuciarte los tuyos, 
para no ensuciar los que usarás en el trabajo 
mañana. 
Y tu suegro ya falleció, 
y era buen tipo. 
Y hay algo ahí, 
cuando te ves enfundado en esos pantalones 
enormes. 
Hay algo que te hace sentir bien. 
Es domingo, 
generalmente lo hacés un domingo, 
en una casa que no es tu propia casa. 
Y en medio de todo eso, 
con la cara caliente, 
cerca del fuego, 
pensás que algo está cambiando en tu vida.
Noche Buena bajo la higuera del fondo

						
Mis hijas encienden las velas sobre la mesa, 
bajo la higuera del fondo. 
Hay una vela para cada uno de nosotros. 
Cada uno tiene su luz, 
cada uno tiene una particular manera 
de configurar una luz. 
Con una vela vulgar y silvestre, 
con una mariposa blanca, 
o como dice un amigo, 
con la trompeta de Chet Baker, 
con cosas así se encienden las noches 
y la luz es nuestra.
Nada del otro mundo

						
De pronto aparece un flaco con el pelo verde. 
A primera vista parece una cabeza de cotillón, 
un montón de rulitos verdes. 
Un Alegre Bromista de Ken Kesey recién llegado 
a Buenos Aires. 
El flaco pintado de verde pasa como una ensoñación, 
mezclado con un boxeador que también tiene un tinte verde 
en la piel 
y tres paraguayos de un perfecto par de bolsos verdes, 
y en el medio del pasillo está el tipo de seguridad, 
parado como un buzo táctico 
en el fondo de una pecera extraña. 
Somos todos peces 
abriendo y cerrando nuestras bocas tristes 
entre los vidrios de la terminal de ómnibus de Retiro. 
Dejo veinte centavos en la ranura del mozo que me trajo 
el café de mala gana. 
No se los merece, es mal pez. 
Pero en algunos lugares de esta pecera, 
en cierta parte del tiempo mal repartido, 
uno tiene la sospecha de que tampoco se merece estar ahí, 
ni en las buenas ni en las malas. 
De modo que estamos a mano, 
y estar a mano significa estar en paz. 
Nada del otro mundo.
Anunciaron una lluvia de estrellas en la TV

						
Anunciaron una lluvia de estrellas en la TV. 
Lo dijo Santo Biassati, 
y tipos como Santo Biassati son tipos creíbles. 
En realidad el evento, casi cósmico, 
consistía en un montón de piedras desparramándose 
por el espacio, 
despojos de un cometa que explotó en 1973 
o algo así. 
Lo anunciaron como un espectáculo, 
gratis solamente para toda Sudamérica. 
Nada que ver en el hemisferio norte. 
Es decir, esta vez no habría nada en el cielo de los ricos. 
De modo que con mi mujer y mis hijas 
estuvimos dos noches recostados en el pasto, 
entre el sauce llorón y el falso café, mirando el cielo. 
Pasaban aviones, satélites y bichitos de luz 
y cada tanto un chispazo. 
En el interín no nos poníamos de acuerdo 
si esos chispazos eran o no la lluvia que esperábamos 
ni en la combinación imaginaria de algún grupo de estrellas. 
Hablábamos de distancias, de isósceles y trapecios, 
y Sara mencionó algo acerca de los científicos. 
Entonces pensé en la cantidad de ciencias e indecencias 
que se podían cometer bajo esa insolente cantidad de estrellas. 
Recordé algunas noches parecidas, 
contabilizando una noche en Casbas y otra en Piedra del Aguila, 
y ni hablar del cielo de Chacabuco o de Armaçao. 
Pensé en mis hijas esperando una lluvia de estrellas 
que no eran ni lluvia ni estrellas, 
y supe que volveríamos a pasar, interminablemente, 
por noches así, esperando maravillas 
que pocas veces suceden.
El jazz santifica

						
compro vino barato 
tiro el I Ching 
todo lo que dice es demasiado cierto 
demasiado malo para ser verdad 


afuera hay luna llena 
escucho el viento entre los álamos 
escucho siempre el mismo disco de Steely Dan 


no me cansa 
las cosas buenas no cansan 
y la realidad es apenas la falta de un buen licor 
y de cosas buenas 


un montón de esas cosas se terminaron 
hace meses ya 
pero de a poco nos vamos acostumbrando 
y eso se parece a envejecer 
lo cual no me preocupa 



tengo los antídotos 
no cotizan en ninguna moneda 
están fuera de los mercados 
y la bolsa de valores 

no vale la pena enunciarlos aquí 
algún hijo de puta les pondría precio

Poemas escritos en la Kon-Tiki entre julio y setiembre de 1994 y publicados por Ediciones de La Pampa Chata, Junín, en 1996