Simón S. Esaín

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PALABRAS PRELIMINARES

Aunque así lo crea -y quiera creerlo- no quiero decir que la poesía es indefinible. Sería renunciar al error, al equívoco, cuya fuente es mi estricta relación funcional con ella. Tratar de hacer poesía me ha llevado a equivocarme como ningún otro deseo. Incluido el de ser feliz. ¿Alguien puede, por piedad, llamar nobleza a ésto?

Uno conoce la poesía gracias a los otros, a los que la han plasmado. Esos afortunados, esos increíbles presentadores. Al principio uno supone que podrá emularlos. Con el paso de las décadas se pregunta cómo lo lograron, cómo lo logran. La poesía es un desafío, pues. Lo perseguido. Y los versos son la estela que dejamos en esa vana persecución. En mi caso, un imposible. Estoy a una altura en que podría darme por vencido sin volverme dramático. Pero me parece que la poesía es también un acto de soberbia en el que no importa fracasar si uno reconoce lo primero. Tal vez sea uno de los resultados de su alquimia.

El secreto de la poesía es éste: no tiene fórmulas. ¿Quién recuerda cómo fue que se le ocurrió un buen verso? Hace años me dijeron que la poesía es una técnica en la que hay que especializarse. Hay otra verdad importante: Consiste en el mensaje de los poemas, en la revelación que debe de contener un libro de versos, en esa pulseada que la palabra o el pensamiento militante libran con la actualidad o con la realidad. O esa raya insulsa y diaria donde se cruzan tajos e incertidumbres denominadas hoy, ahora, lo concreto, las noticias. Cuestión ardua a la que es arduo penetrar, desgajar, clavar en su cruz. Por suerte es variada y compleja y uno puede elegir y, a veces, acertar.

Por desgracia, el dolor y la frustración creciente condicionan demasiado nuestras facultades, nuestro corazón, y el horizonte se empequeñece. Creo que la buena poesía contiene una gran dosis de exaltación, sea que se mezcl e con agua o con piedra. En cuanto a la técnica, me parece que me he rendido, aunque no en público. En el círculo maldito del dolor y la frustración es donde me asaltan las visiones inquietantes. Se podría suponer que el mensaje es el que se está imponiendo a la forma. Lo que se quiere decir, expulsar, gritar, pareciera ser lo que convoca y enciende las palabras.

Me deslumbra el Lorca de Poeta en Nueva York. Me deslumbra su conjunción, el modo como maneja su sangre hacia afuera de sí, y cometí la osadía de dedicarle un intento. Me parece que la poesía es un leño que debe arder, que debe aceptar el fósforo, la mecha, la pila, la cercanía. Y producir humo, llamas, luz, calor. Y, luego, un recuerdo grato.

Todo ésto se presenta como algo excesivo para mí a pesar de que me he dedicado a espiar crepúsculos, a buscar -me digo- reflejos. Ese instante visible, demostrativo, como el que provoca el parabrisas de un vehículo al doblar un 0a curva en un camino rural, junto al horizonte. O como la claridad que refractan las curvas de unas manzanas en la penumbra de un mueble. Creo que la poesía es luz porque se la busca a ojos cerrados, o por la noche cuando las sombras crecen o se esparcen y se la siente vibrar allá, como sobre el agua de un pozo al que sólo ella se inclina. También es un rostro bello, o uno amado. Una mirada. A la poesía se la ubica con los ojos nublados o cerrados. La poesía es imagen interior, evocación, rastro, intersticio. Y es aquí donde nace su técnica de laboratorio.

Escribo tanteando en las palabras y en la intención. Y lo habitual es que encuentre sólo mi resistencia. Dar por terminado un poema me lleva años. A menudo tiro a la basura ese resultado, porque se ha vuelto absurdo.

La poesía es testimonio de un ansia, de una falta, de una disconformidad. Pero aunque éstos no debieran ser sus ítems es una de las arquitecturas de la rabia, del consuelo, y abarca las edades. Pero también es algo que acude, que nos sorprende al condensarse adentro. Este más acá de nosotros, nostalgiosos de lo que resulta más arduo destinar al pasado: lo que soñamos ser. Y ello nos convierte en augures ¿de pequeñas porciones a perpetuidad? Eso es lo que uno tiende a creer y, entonces, empieza a equivocarse. O a acertar. No importa. La poesía es expresión, y nada es si la poesía no trata de decirlo.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Simón S. Esaín nació en Maipú, Provincia de Buenos Aires, en 1945. A los 9 años, completamente enamorado, llenó de versos un cuaderno. En similares idas y vueltas, pasó otra década. Deslumbrado por Whitman, malgastó su juventud en larguísimos poemas: “El Hombre Polarizado” y “Amplitud Esencial”. Luego los arrojó a la basura. En algún momento intermedio se mudó a Chascomús, y en otro momento fue padre de una hija. Su admiración por Borges lo llevó hacia intentos igualmente torpes que ni fueron bautizados ni tienen lápida. En 1988-89 participó del taller de Pablo Ingberg donde nacieron La Silla Tibia y un mamotreto inconcluso: “El Año Inútil”. De éste, en edición casera, timídisima, surgió “Indignación de Noviembre”.

Libros publicados

  • Indignación de noviembre, edición casera
  • Mayo de 1989 o El Humo, Alicia Gallegos Editora, 1995
  • Musa Interventora, Alicia Gallegos Editora, 1996
  • El momento de ahogarse, edición artesanal

Inéditos

También extraído de “El Año Inútil”, esperan turno una serie de relatos breves titulados "Totems", "Las Malvinas y otros cuentos" y “Enero y Otros Meses”. Además, otra serie de relatos basados en sueños, “La Espadaña (La Valija) ”, fruto de los años cercanos, pesadillescos. Los libros publicados y el ya casi listo “U.S.Me (El Paraíso del Acobardado)”, vienen a confesarlo todo. Otros proyectos, como “Lobo Mundial” seguramente serán superados por la realidad, como su autor. Amén.

Revista literaria

La Silla Tibia, edición artesanal

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Simón S. Esaín

POEMAS

     
a J.O.A.
viaje hacia su corazón, si puede
viaje diariamente desde el amanecer, si puede
día y noche, si puede
imagine la cantidad de asuntos que encuentra en su camino
si es que le toca desandar el camino cada día
Después de haber pasado la malanoche
en un banco de la estación de Colonia Alvear
caminé hasta la parada del ómnibus mientras todos dormían
vi la pobre luz artificial todavía encendida
en los caños a la orilla del Ande
mientras medio cielo comenzaba a incendiarse
Es la primera imagen que aparece en el camino de ida hacia mi corazón
Es triste y no sé qué significa la luz de las lámparas
Tal vez saliera del velatorio a tomar fresco o fumar
Supongo que para mí también
en el centro del pueblo la estatua de Alvear
iluminandosé de igual manera y llena de melancolía, dice
como inicio de un discurso amnésico
          
..............nosotros
.............. ......nosotros, lustradores del bronce
       

   
tengo una estancia en cierto trino del hornero
cada que alcanzo a oírlo
antes o no bien cancela la lluvia
a un costado
o en medio de la luz
a éste o al otro lado de las ramas
mi estancia parpadea alrededor
desapareciendo
con la sábana verdosa de su relámpago
me tienden la cama para esa noche
en el cuarto del fondo
el más fresco
el silencioso
donde el patrón duerme día y noche
como muerto
y deja vivir
   

Año nuevo '54
   
Luna olvidadiza. Ojo mutuo
No recordás que en Diciembre del '54 te vi
sonrojada y desnuda, abrazando un agujero negro en el oeste?
Nunca olvidar la perversión de tu agonizar zafio
Una mejilla abierta a cada lado, sin mirar hacia abajo
nosotros, la familia
que huía del año viejo entre la cebadilla
iluminabas la pollera de nuestra madre
que extendía y plegaba su rumor delantero en el pastizal
la pollera apurada hacia la que todo se venía
fantasmal que abría y cerraba el rumor delantero sin hablarnos
voluntad con un toque de encía lunar matrimonial, pensábamos
Nos llevaba de nuevo hacia la muerte
apenas terminada la celebración de nuestro modo de vida
Y se apuraba bajo tu luz porque pisábamos
las cenizas del pasado caliente
que no deberían estar ahí mañana temprano
para que el campo prosiguiera creciente
y su cocina madrugara reluciendo
y su hombre se emborrachara siempre en vano
   

El velatorio
     
así dijo mi tío
los ojos pálidos de asombro
levantado en vilo no bien bajó del auto
sobre la boca de un cráter
cuando el sol de atardecer entró
al pozo de la lengua de mi padre
y picoteado y desdentado
antes que su vieja voz lo revistiera mejor
lo empujaron de golpe a tocar
el filo de ese día
que pasaba justo por ahí
ungido por las luces que desarmaban
no esta tarde, que podía resultarles insostenible
sino todas las tardes
agujeros a medio iluminar les hacían ver
ardiendo a pleno
aquellos que habían sido
tuvieron unas horas de oscuridad malva
para tomar mate, cenar cordero, bajar las miradas
ver apagarse el fuego en las brasas
y el tiempo ardiente
en la normalidad del fuego
     

     
a E.O.
Cuánto miedo a la muerte pudieron contener
nuestros bisabuelos, los que llegaron huyendo?
Miren ustedes los rizos de esta niñita
todavía ángel, exhibiendosé en medio de las familias
Aquí, en los modos de su pelo, se aprecia brillar
la cantidad de miedo que existía en los fugitivos
Esta criatura ríe sola, baila sola, gira hacia nosotros
lleva aquel miedo convertido en colores revueltos
Por intermedio de esta niñita, nosotros
seremos vistos alguna vez como ondas limitadas
que han llegado a sentarse alrededor
invitadas a secarse la humeda Nd frente a aquel miedo
Aquel fuego mantenido encendido
casi sin cuidados
    

Como me convertí en espía
    
La Noche es una diosa adulta, vertical
obligada a sentarse afuera, con las piernas abiertas
que te miran como policías
La Oscuridad, en cambio, habita tu ojo
es como una mujer que alcanza a ver tu mirada
a pesar de la Noche
La Noche sigue apostada afuera
mientras la Oscuridad anda suelta
La Noche sabe que estás ahí y vos sabés que sabe
En cambio la Oscuridad se te mete por el ojo
y te lo deja abierto
aunque lo cierres porque querés dormirte
Entonces comprendés que tras de los párpados
no están Noche ni Oscuridad sino una conversación
interminable
que no puede ser oída
pero puede ser sospechada
Yo, espía supersticioso, cobarde, rencoroso
lo hago
La Noche se sabe dueña de lo que me falta
La Oscuridad se parece a no saber
    
Estos poemas pertenecen a "el momento de ahogarse"