Susana Cattáneo

Directorio Inicio
.

Susana Cattáneo
susanacattaneo@ciudad.com.ar

Casilla de Correo 206
Sucursal 12 "B"
1412- Buenos Aires
Argentina.

POEMAS

(1)

¿Ves los lejanos jardines de piedra?
Un ruiseñor escribe la lluvia.
Brotan ciudades de esquinas.
Las raíces navegan hacia el cielo
y un resplandor de noche
enciende luciérnagas mudas y tibias.


Están detrás de todos tus inviernos.
Gritan estaciones con bufanda
y friccionan sus hojas de frío
al calor de sueños y trincheras.


En ellos las estatuas duermen eternidad.
Con voces de largas historias.
Con ojos secretos; violencia de astros;
movimiento de duda.


Mientras un eco agita la memoria ocre.
Apretada, pequeña, infértil
esperando paciente,
las extrañas flores que nacen en las grietas.


¿Ves los lejanos jardines de piedra?
Están detrás de todos tus inviernos.
En ellos las estatuas duermen eternidad.
Mientras un eco agita la memoria ocre.

(2)

INFINITIVOS

Perder los relojes
        y atravesar con pie de cenizas
el campo de los silenciosos.
        Entre tendones y furia
        gritar con la boca llena de frutos.
Revertir la sangre negra.
                      Desandar alcantarillas.
        Enamorar la luz.
Fundar el viejo verbo:
                      vivir.

(3)

Antes destilaba señales perdidas en la lluvia.
        Alguna que viniera del centro de los bosques,
que tendiera puentes de silencio
       a través de todas las bocas encendidas.
Antes buscaba tu nombre entre ruinas y huracanes.
       Hurgaba la tierra para encontrar las rutas
               hasta tu último grito,
hasta las quietudes finales
               de la carcaza lenta de los días.
Antes perseguía tu soledad poblada de ritos y mares.
Esgrimía palabras adornadas con la empuñadura de tus horas.
Cavaba en tus huesos de animal en celo
hasta encontrar las fantásticas espinas de la resurrección.

Ahora soy un hilo , desteñido y débil
que busca los extremos de este cuadro para huir del paraíso.

(4)

El hombre trepaba marzos ebrios
        y sumergía volcanes
               en su pecho dorado.
Sobre su vida cruzaban
        leopardos melancólicos
               y rotas panteras
                             danzando
                      sobre puentes y tumbas.
El hombre
       había dormido
               el color del desierto.
Olvidaba memorias,
               recorría cárceles,
              libertaba Pegasos sin alas
                                          el hombre.

Y en la inmensidad
               de su infinita pequeñez
                      se enamoraba del amor.

(5)

Vestida de rafia, la paloma
       bebe té a orillas del destino
y arroja barajas de polvo
               sobre opacos futuros.
Descubro el asombro
        en sus plumas de fuego.
A su espalda,
               llamas violetas
                             semejan candiles.

Un tiempo habrá
       en que los ciegos despierten
                                   extraños de luz.

(6)

Una cuerda desanuda
                     victorias:
        Sor Juana pasea con su amante
entre cirios con llamas de alquitrán.
        Gabriela aún proclama:
       "me sobra y no me sobro
con traje de fiesta para fiesta no habida".
        Insiste Alfonsina
                     ser alta y soberbia
en una tarde de octubre.
              Y mi mano que apunta
                            al papel desnudo
con el ropaje más deshabitado
               de mi calendario baldío.

Del libro "La quinta estación"


La inclusión de estos poemas de Susana Cattáneo en
Poéticas es una atención de

Julio Carabelli