Walt Whitman

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PALABRAS PRELIMINARES

Por Harold Alvarado Tenorio

«Whitman fue, a su manera, un poeta intelectual, como profundamente heterodoxo. Tuvo también su lado neurótico, reservado, bisexual, caprichoso, escurridizo, autoritario, bohemio, libidinoso, indolente. Lo cual equivale a decir que las actitudes de Whitman no eran exclusivamente teatrales, sino que tenían su raíz en una profunda inadaptación al ambiente en que vivió…»

dice un profesor norteamericano en un ensayo deleznable. Y continua:

«La constante adhesión de Walt a su madre, casi analfabeta, es una de las realidades más notables de su vida y que más le ennoblecen. Su madre tuvo "el más perfecto y atrayente carácter, la más rara y menos egoísta combinación de virtudes prácticas, morales y espirituales, de cuantas jamás conocí, y fue por mí la más amada". Mas por conmovedoras que sean estas expresiones -hechas en ocasión de la muerte de su madre, no podemos dejar de ver en este hecho el origen de la sexualidad nunca bien determinada de Whitman, de su condición aparentemente bisexual, inclinada más bien hacia la homosexualidad.»

         Explicar la obra por la vida. Las palabras de este crítico hacen recordar cómo Valer aconsejaba superar esa tendencia, cuyo máximo representante había sido Carlos Agustín Sainte-Beuve, donde a través del chisme despellejó cuanta obra pudo en Francia en el siglo pasado. Valer sostiene que si bien no es posible excluir la biografía, lo importante es reducirla a una biografía espiritual de la persona contingente y accidental.

         Vernon Louis Parrington y Ludwing Lewisohn están de acuerdo, después de haber estudiado en detalle el desarrollo de la literatura de su país, que el puritanismo ha sido el principal obstáculo para la libre expresión de la creación artística en los Estados Unidos. La lectura de sus libros nos lleva a comprobar una monstruosa desproporción entre la creación de bienes materiales y la de valores espirituales en esa sociedad .

         Emerson es la figura más importante, en el campo de las ideas más sociales que filosóficas, del diecinueve. Su revolución trascendental contrasta con la teología puritana, racionalista y utilitaria de sus antecesores. Emerson formuló una filosofía basada en la intuición y destinada a permitir el desarrollo, en el individuo, de la self-reliance. A los treinta y seis años formuló la teoría de la oversoul o del espíritu que anima y relaciona las cosas, al tanto que rechazaba la mediocridad de su tiempo, «fruto de la imitación y el conformismo», y animaba a sus coetáneos a liberarse de cualquier vínculo ambiental y a contar solo consigo mismos. Pero Emerson no solo deseaba un cambio de actitud de los hombres ante su tiempo, sino que sabía cuales eran las causas que impedían alcanzar la felicidad.

         Thoreau y Whitman fueron dos de sus discípulos. Como Whitman, Thoreau ha sido calificado de anormal y excéntrico. Sus manifestaciones contra el puritanismo, su pasión por la independencia, su figura de vagabundo, su negativa para pagar impuestos a favor de la guerra contra México lo enfrentaron con las ideas dominantes de la época. «Hay que reducir al mínimo las actividades materiales, decía, a fin de liberar el espíritu.» Los contemporáneos de Poe y Whitman, en especial los poetas, son figuras menores. Longfellow, Lowell o Whittier representan una burguesía recién llegada, satisfecha con extravagantes exquisiteces; poetas de salón, versificadores para damas y caballeros asiduos a la milla de mansiones de la Quinta Avenida de cambio de siglo.

         Se ha llegado a pensar que Poe pudo haber escrito sin vivir en los Estados Unidos. No así Whitman. Sus poemas y su vida habrían sido otras sin los ambientes, luchas, contradicciones, muerte y belleza de esa Norteamérica. En la edición de mil novecientos de Leaves of Grass Whitman dice que nació en Long Island, el treinta y uno de mayo de mil ochocientos diecinueve, de padre inglés y madre holandesa, cuyos antepasados habían llegado a América en la primera mitad del siglo diecisiete. Su padre, carpintero, fracasando en un intento por hacerse granjero, se mudó de West Hills a Brooklyn. Luego de cinco años de escuela primaria fue enviado a una imprenta para que aprendiera el negocio de impresor y en mil ochocientos treinta y cinco comenzó a trabajar en el oficio. Un año después se hizo maestro y de allí en adelante, editor, activista durante la campaña presidencial de Martin Van Buren, maestro y columnista. Por un tiempo vivió en New Orleans y luego regresó a New York a través del Mississipi y la región de los Grandes Lagos. Allí dirigió una imprenta, construyó casas y especuló en negocios de finca raíz.

         Whitman pasó gran parte de sus primeros treinta y seis años caminando y observando New York y Long Island, asistiendo al teatro para ver representaciones de Shakespeare y escuchando cientos de óperas, sin las cuales, dijo, no habría podido escribir Hojas de hierba. Había leído a Tom Paine, recibido la influencia de un predicador cuáquero, Elias Hicks y desarrollado un fuerte sentido racionalista y liberal, bien cercano al anarquismo. Homero, la Biblia, Shakespeare, Coleridge, Dickens, las traducciones de los poemas Ossianicos de Macpherson y Scott, son algunos de los autores que reconocía haber leído con pasión. La primera edición de su libro es de mil ochocientos cincuenta y cinco:

Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta
y con mi aliento puro
comienzo hoy
y no terminará mi canto hasta que me muera.

         Entre mil ochocientos cincuenta y siete y el cincuenta y nueve Whitman llevó una vida turbulenta agobiada por excesos de sexo, bebida y comida. Fruto de esos años es “Calamus”, poemas que recuentan la crisis vivida tras un fracaso amoroso con un joven. Al estallar la Guerra Civil Whitman se había convertido en un hombre de cuarenta años, de carácter apacible, cubierto de canas y bondad. Durante la contienda, uno de sus hermanos fue herido de cierta gravedad y entonces fue hasta los campos de batalla para prestar auxilio a los heridos y gastaba su escaso salario, de pagador de sueldos, comprando pequeños regalos para los convalecientes y agonizantes que encontraba en sus visitas a los hospitales de Washington, y otras veces, ocupando su tiempo con enfermos mentales o mutilados que había conocido durante las batallas. Luego trabajó como oficinista en el ministerio de gobierno, donde fue destituido porque el Secretario de Estado consideraba que Hojas de hierba era indecente. De allí pasó a la oficina del fiscal general e hizo algunos amigos que le acompañarían hasta sus últimos días.

         Sólo a finales de los sesentas Whitman comenzó a ser reconocido como un poeta de importancia, especialmente en Inglaterra, donde llegó, incluso, a formarse una especie de club de sus seguidores. Diez años más tarde estaba paralítico a causa de un infarto, y vivía en Camden, un pueblito de New Jersey donde vivía otro de sus hermanos y estaba muriendo su madre. Sus últimos años fueron una mezcla de odios furibundos de parte de sus enemigos y de amores, que llegaron a la idolatría, del lado de sus admiradores. Pero parece que logró ver lo que había ambicionado: sus poemas eran leídos y repetidos no sólo en su país sino en el extranjero, y aunque inválido y enfermo, lejos de New York de su juventud -que terminó calificando como el sitio más estéril de la tierra- , las visitas de personajes famosos, de poetas de prestigio continental, los asedios de los pintores, sus paseos en coche o en bote, han debido aliviarle los muchos sufrimientos por los que pasó durante sus años de obscuridad y anonimato.

         “Canto a mí mismo” es el conjunto de poemas más memorable de Whitman, es decir, son el Whitman que hoy reconocemos como uno de los poetas singulares del siglo diecinueve y el único de su clase en los Estados Unidos. El resto de su poesía parece repetir esa música que alcanzó en el “Canto” y no podría hacerse, otra gavilla idéntica, escogiendo en el resto de su obra.

         El tan atacado pansexualismo de Whitman no parece ser cosa distinta que la respuesta al creciente reaccionarismo que vivieron los Estados Unidos después de la Guerra Civil, donde sin duda comenzaron a desaparecer los ideales que habían creado esa gran nación. Whitman terminó por escandalizar, no a causa de sus extensas peroratas en verso, sino porque lo que veían a su alrededor, muchos de sus coetáneos, era un mundo de cartón piedra levantado sobre los muertos que habían creído en un mundo donde parecía posible la vida con sólo trabajar, con vender diariamente el fruto de un trabajo. La frase de Thoreau -«Hay que reducir al mínimo las actividades materiales a fin de liberar el espíritu.»- era tan incomprensible a los pragmáticos intelectuales norteamericanos de finales de siglo, como podía serlo este fragmento de “Canto a mí mismo”:

Quédate conmigo hoy,
vive conmigo un día y una noche
y te mostraré el origen de todos los poemas.
Tendrás entonces todo cuanto de grande hay en la tierra y en el sol
y nada tomarás ya de segunda o tercera mano,
ni mirarás más por los ojos de los muertos,
ni te nutrirás con el espectro de los libros.
Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos
ni tocarás las cosas con mis manos.
Aprenderás a escuchar en todas direcciones
y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.

         Whitman cantaba en sus poemas una idea que parecía hacerse realidad ante sus ojos, pero que ya bien entrado en años el siglo, resultaba una extravagancia: los hombres y las mujeres eran iguales, cada uno podía hacer lo que soñara. Por eso en “Canto a mí mismo” no puede haber biografía. Su yo son esos miles de hombres que compartían la idea de la democracia y que murieron en los campos de batalla de la Guerra Civil, donde la victoria terminó por convertirse en derrota: un capitalismo del que habla Emerson y que aparece, difuminado, en el poema cuarenta y dos:

Por todas partes, ojos que buscan monedas en el suelo,
cerebros que se estrujan para alimentar la voracidad
del vientre;
por todas partes revendedores,
hombres que toman boletos, que los compran, que los venden,
y que ni una sola vez van a la fiesta;
por todas partes gentes que sudan,
gentes que aran,
gentes que trillan;
por todas partes la burla de una paga ruin…
Y los ricos perezosos que reclaman trigo sin cesar.

         En una época de sumisión a una estética plegada a los intereses del mercado, Whitman no sólo rechazó el metro y la rima sino que repudió los asuntos de la poesía elegante y convencional que idealizaba los sueños de grandeza de los banqueros e industriales. Sin ser un poema realista, “Canto a mí mismo”, recordando experiencias y empleando, insistente, giros prosaicos, da la sensación de estar en contacto con los seres, los sucesos, e incorpora a la poesía un tipo de ciudad cuyo ritmo era producto de un desarrollo que no habían conocido ni París de Baudelaire ni Londres de Dickens:

El parloteo en la calzada, el ruido de las ruedas de los carruajes,
el barrizal formado por las pisadas, las charla de los paseantes,
el ómnibus, el cochero con el alquila levantado,
el ruido metálico de las herraduras de los caballos sobre el piso de granito…

         Su pasión por la naturaleza y su clara invitación a disfrutar la vida sexual tampoco pudieron ser comprendidas en su tiempo, y quizá tarden mucho en ser compartidas por las mayorías de un mundo que lee, cada vez menos, poesía. Liberación sexual y amor por la tierra son un mismo futuro en los textos de Whitman:

La atmósfera es un perfume, no tiene el gusto de la esencia,
es inodora, ha sido destinada para mi boca desde la eternidad,
estoy enamorado de ella: me iré al otero que está junto al bosque,
me arrancaré el disfraz y me desnudaré,
deseo con frenesí que la atmósfera toque mi cuerpo.


Instinto… instinto… instinto
el instinto siempre procreando el mundo.
El sexo siempre,
siempre una malla de identidades y diferencias
y la preñez y el parto siempre.
Para mí los machos y las hembras
para mí los adolescentes que luego amarán a las mujeres
para mí el hombre altivo que se encabrita ante el desprecio
para mí la novia
y la novicia.
Soy el poeta del cuerpo
y el poeta del alma.
Los placeres del cielo son míos
y los tormentos del infierno también.
Los placeres los injerto y los prolongo en mi mismo
y los tormentos, los traduzco a una nueva lengua.

         Esa es otra de sus contribuciones al porvenir. Haber concebido que la naturaleza de los goces no está más allá de los sentidos, sino que su raíz se encuentra en la imaginación de unos cuerpos que se abrazan y se alejan. Enfrentar cara a cara los deseos y reclamos del erotismo, demanda una ruptura con el estado de cosas imperante. Dar rienda suelta a las pasiones que se acumulan en el lenguaje secreto de los sueños, y realizarlos en la escritura, indican cual fue la capacidad de intuición del futuro, un futuro que no hemos vivido, que tuvo Whitman.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

         Poeta estadounidense cuya obra afirma claramente la importancia y la unicidad de todos los seres humanos. Su valiente ruptura con la poética tradicional, tanto en el plano de los contenidos como en el del estilo, marcó un camino que siguieron posteriores generaciones de poetas de su país. Nació el 31 de mayo de 1819 cerca de Huntington (Nueva York). Fue el segundo de nueve hermanos, hijo de un carpintero. El poeta se sintió siempre muy próximo a su madre. Cuando contaba cuatro años de edad, su familia se trasladó a Brooklyn, donde asistió a una escuela pública durante seis años, antes de trabajar como aprendiz en una imprenta. Dos años más tarde, se mudó a la ciudad de Nueva York, donde trabajó como impresor, pero regresó a Long Island en 1835 para dar clases en distintas escuelas del condado. Entre 1838 y 1839 publicó un periódico, el Long-Islander, en Huntington; aburrido por su estilo de vida, volvió a Nueva York y trabajó como periodista. Se convirtió en asistente asiduo de teatros y, lector omnívoro como fue siempre, de librerías. Durante esos años escribió poemas y cuentos muy poco originales para distintas publicaciones, así como discursos políticos, por los cuales los demócratas de Tammany Hall le permitieron dirigir varios periódicos de corta tirada y vida. Fue editor del famoso Brooklyn Eagle durante dos años, pero perdió su puesto por apoyar al partido Free-Soil. Tras un breve periodo en Nueva Orleans, regresó a Brooklyn, donde intentó publicar un periódico en la órbita del Free-Soil. Después de pasar varios años desempeñando los más diversos trabajos, incluido el de constructor inmobiliario, empezó a escribir una poesía totalmente distinta de la que se estaba escribiendo, y se dedicó por completo a tal actividad.

         En 1855, Whitman publicó la primera de las innumerables ediciones de Hojas de hierba, un libro de poemas cuya principal novedad era un tipo de versificación no usado hasta entonces, y que se alejaba radicalmente del que el poeta había utilizado en los poemas sentimentales que escribió en la década anterior. Puesto que en esta obra alababa el cuerpo humano y glorificaba los gozos de los sentidos, se vio obligado a sufragar él mismo los gastos de su publicación, y a colaborar en las tareas de imprenta. Su nombre no aparecía en la portada de esta edición, pero sí un retrato suyo en camiseta, con los brazos en jarras y el sombrero ladeado, en actitud desafiante.

         En un largo prefacio, el autor saludaba el advenimiento de una nueva literatura democrática -acorde con el pueblo-, sencilla e irreductible, escrita por un nuevo tipo de poeta afectuoso, potente y heroico, que conduciría a los lectores a través de la poesía con la fuerza de su magnética personalidad. Whitman pasó el resto de su vida intentando aproximarse a ese modelo de poeta. La edición de 1855 de Hojas de hierba contenía 12 poemas sin título, escritos en versos largos y cadenciosos que se asemejan a los de la Biblia del rey Jacobo. El más largo y de mayor calidad de ellos, que más tarde recibió el título de -“Canto a mí mismo”- (este largo poema ha sido publicado muchas veces como libro autónomo y el poeta español León Felipe lo tradujo en 1941), consistía en la visión de un 'Yo' simbólico presa de una sensualidad que le hace amar a todas las gentes que se va encontrando en un imaginario vuelo desde el Atlántico hasta el Pacífico. Ninguno de los poemas de esta primera edición alcanza la intensidad de éste, a excepción de -“Los dormidos”-, otro vuelo visionario en el que queda simbolizada la vida, la muerte y el nuevo nacimiento.

         Animado por una carta personal de felicitación que le envió el ensayista y poeta Ralph Waldo Emerson, Whitman se apresuró a preparar una nueva edición de Hojas de hierba (1856), que contenía numerosas revisiones y añadidos, y que fue la primera de una serie de reediciones retocadas que el poeta iría realizando a lo largo de su vida. El poema más significativo de esta edición de 1856 es -“En el transbordador de Brooklyn”-, en el cual el autor reúne a todos sus lectores del pasado y el futuro a bordo de un transbordador marítimo. En la tercera edición del libro (1860), se empiezan a encontrar poemas más alegóricos. Así, en -“La cuna que se mece sin fin”-, un poema cuya musicalidad está tomada de la ópera italiana, de la que el autor era un devoto conocedor, un pájaro (la voz de la naturaleza) revela a un niño (el futuro poeta) el significado de la muerte. En esta edición aparecieron dos nuevos ciclos de poemas, -“Hijos de Adán- y -Calamus”-, que afrontan de lleno los temas de la amistad y la sexualidad, hasta el punto de que se especula con la posibilidad de que -“Calamus”- estuviera inspirado en una relación homosexual del autor.

         “Redobles de tambor” (1865, añadida a la edición de 1867 de Hojas de hierba) refleja la preocupación del poeta por las consecuencias de la Guerra Civil estadounidense, y su esperanza de una rápida reconciliación entre Norte y Sur de los recién creados Estados Unidos. Secuela (1866) a “Redobles de tambor” contiene -“Cuando las lilas florecían en la puerta del patio”-, una gran elegía al asesinado presidente Abraham Lincoln, así como su poema más conocido, -“¡Oh, capitán, mi capitán!”-. Otra obra suya, Paso hacia la India (1871) se basaba en una visión mística de la unión de Oriente y Occidente, paralela a la del alma con Dios, simbolizadas por los modernos medios de comunicación y transporte. En 1881 quedó, por fin, satisfecho con sus poemas, pero no dejó de publicar nuevas ediciones de Hojas de hierba hasta la versión final de 1892. Póstumamente, en 1897, apareció un nuevo ciclo de poemas, -“Ecos de la vejez”-, que entró a formar parte de la versión definitiva de Hojas de hierba, editada en 1965 por Harold W. Blodgett y Sculley Bradley y traducida al español por el escritor argentino Jorge Luis Borges, en 1972.

         Durante la guerra de Secesión, Whitman asistió espiritualmente a soldados heridos en un hospital militar del bando norteño en la ciudad de Washington. Continuó trabajando para el gobierno hasta 1873, en que sufrió un grave ataque que le dejó como secuela una parálisis parcial. Se marchó entonces a vivir con su hermano George en Camden (Nueva Jersey), hasta 1884, año en que compró su propia casa. En ella vivió, revisando y añadiendo poemas a Hojas de hierba, hasta su muerte, acaecida el 26 de marzo de 1892. Durante esos sus últimos años, también escribió obras en prosa de gran calidad, como los ensayos Perspectivas democráticas (1871), que se consideran en la actualidad una exposición clásica de la teoría de la democracia y sus posibilidades. Días ejemplares (1882-1883), por otro lado, contiene antiguos textos sobre la guerra de Secesión y el asesinato del presidente Lincoln, y notas sobre la naturaleza, escritas durante su vejez.

Publicado inicialmente en Arquitrave

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Walt Whitman

POEMAS
Me celebro y me canto a mí mismo
    

                  1

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de para en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.

Versión de León Felipe

Cuando escuché al docto astrónomo
    
Cuando escuché al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas
las pruebas y guarismos,
cuando me mostraron las tablas y diagramas
para medir, sumar y dividir,
cuando escuché al astrónomo discurrir
con gran aplauso de la sala,
qué pronto me sentí inexplicablemente
hastiado,
hasta que me escabullí de mi asiento y
me fui a caminar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
mirando de rato en rato,
en silencio perfecto a las estrellas.

Versión de León Felipe

Una hoja de hierba
    
Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.
Descubro que en mí,
se incorporaron, el gneiss y el carbón,
el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.
Que estoy estucado totalmente
con los cuadrúpedos y los pájaros,
que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
y que puedo hacerlo volver atrás,
y hacia mí, cuando quiera.
Es vano acelerar la vergüenza,
es vano que las plutónicas rocas,
me envíen su calor al acercarme,
es vano que el mastodonte se retrase,
y se oculte detrás del polvo de sus huesos,
es vano que se alejen los objetos muchas leguas
y asuman formas multitudinales,
es vano que el océano esculpa calaveras
y se oculten en ellas los monstruos marinos,
es vano que el aguilucho
use de morada el cielo,
es vano que la serpiente se deslice
entre lianas y troncos,
es vano que el reno huya
refugiándose en lo recóndito del bosque,
es vano que las morsas se dirijan al norte
al Labrador.
Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido
en la fisura del peñasco.

Versión de León Felipe